Cómo un hombre dejó el alcohol "para siempre"

03/05/2026

4 min de lectura

La base de la recuperación y el crecimiento espiritual: en lugar de pensar en “para siempre”, enfócate en "hoy".

Hace veinte años, una mujer que conocía vino a hablar conmigo preocupada. Su esposo se había convertido en alcohólico. No era solo que bebía socialmente o “un poco de más en el kidush”, sino un patrón que vaciaba lentamente su vida y su hogar. Ella sabía que algo tenía que cambiar, pero no tenía el valor de confrontarlo. Me preguntó si yo lo haría.

Yo era un joven rabino, inexperto en este tema (y en la mayoría de los demás), pero sabía una cosa: la confrontación puede humillar o puede sanar. Puede llevar a una persona más profundo en la negación, o convertirse en el inicio de la redención. Acepté hablar con él porque permanecer en silencio ya no era una opción.

Lo llamé y pregunté si podía pasar por su casa. No expliqué por qué, solo dije que quería ponerme al día. Nunca olvidaré aquella noche: el miedo al llegar, la plegaria que susurré pidiendo a Dios las palabras correctas. Nos sentamos afuera. En su típica hospitalidad, abrió dos cervezas, una para él y otra para mí. En la superficie, parecíamos dos amigos charlando en una cálida noche de Florida. Hablamos de trabajo, familia, la vida. Todo parecía casual.

Pero bajo la superficie, yo sabía por qué estaba allí. No para juzgarlo o etiquetarlo, sino para compartir una verdad que su esposa, algunos amigos cercanos y yo veíamos claramente, y que él probablemente sabía, pero no había enfrentado. En un momento, guie la conversación suavemente hacia donde debía ir.

“Mira, no vine solo a pasar el rato. Vine porque tu esposa, algunos amigos cercanos y yo estamos muy preocupados. Vemos el papel que el alcohol juega en tu vida, y no es saludable. Se ha salido de control. No es fácil decir esto, pero es más difícil verte continuar así y no decir nada”.

En un momento así, uno se prepara para la ira o la negación: “Todos beben. Ocúpate de tus asuntos.” Esperas que el otros e ponga a la defensiva.

Sin dramatismo, él dejó su cerveza y no bebió otro sorbo. En ese simple acto, se había tomado una decisión.

Él no hizo nada de eso. Me miró, realmente me miró, con una mirada larga y penetrante. No era de odio, ni siquiera particularmente enojada. Era la mirada de un hombre que de repente se enfrenta a un espejo que ya no podía evitar. Parecía preguntarse a sí mismo: “¿Es esto realmente lo que la gente ve? ¿Soy un alcohólico? ¿He perdido el control?”

Luego, silenciosamente, sin dramatismo, dejó su cerveza y no bebió otro sorbo. Seguimos hablando. No hubo explosión emocional, ni declaración dramática. Pero en ese simple acto, se trazó una línea. Se había tomado una decisión.

Su último trago 

Esa cerveza fue la última que tomó en su vida. Desde ese día, se entregó a la recuperación. No lo hizo solo. Se unió a un programa, asistió a reuniones, consiguió un patrocinador y se rodeó de personas que comprendían su lucha. Desde entonces, no ha vuelto a tocar el alcohol.

Veinte años de sobriedad han significado veinte años de mostrarse diferente para su familia, para él mismo, para su carrera y para Dios. Desde afuera, parece una decisión mantenida durante dos décadas. Pero la recuperación no se vive en bloques de veinte años. Se vive de a un día a la vez.

“Para siempre” parece tan grande que paraliza antes del primer paso. Enfócate en cambio en un día a la vez.

Cuando alguien confronta un hábito destructivo (alcohol, drogas, ira, deshonestidad, impaciencia, cualquier cosa) y escucha “Nunca más puedes hacer esto por el resto de tu vida”, la reacción natural es pánico. “¿Nunca más? ¿Para siempre? Eso es imposible. Estoy condenado a fallar”. “Para siempre” parece tan grande que paraliza antes del primer paso.

No estamos hechos para vivir para “siempre”. Solo podemos vivir hoy. Cuando dices: “Hoy no beberé”, algo cambia. Hoy es manejable. Hoy es concreto. Si llevas el desafío a “para siempre”, parece imposible. Redúcelo a “un día más”, y se vuelve posible.

Ese es el secreto de la recuperación: de a un día a la vez. No “nunca más beberé”, sino “hoy no beberé. Hoy permaneceré sobrio”. Mañana, con la ayuda de Dios, lo dices otra vez. No permaneces sobrio durante veinte años. Permaneces sobrio esta mañana, esta tarde, esta noche. Suficientes "hoy" suman algo enorme.

Los largos siete años de Iaakov

Cuando Iaakov aceptó trabajar para Labán durante siete largos y desafiantes años para casarse con Rajel, la Torá dice que esos siete años parecieron “keiamim ajadim”, como unos pocos días, debido a su amor por ella. A primera vista, esto parece difícil de entender. Cuando se espera y anhela algo, el tiempo parece avanzar lentamente.

Rav Dr. Abraham Twerski z”l, experto mundial en adicciones y recuperación, sugiere una hermosa idea: “ajadim” comparte la raíz con “ejad”, uno. Iaakov no vivió esos siete años como un bloque aplastante de tiempo. Los vivió como “iamim ejadim”, un día a la vez. Cada día era un día más cerca, un día de compromiso, un día confiando en Dios. Siete años son abrumadores. Hoy no lo es. Vive en el hoy, e incluso siete años pueden pasar “como unos pocos días.”

Cuando mi amigo dejó su cerveza, no creo que estuviera pensando en veinte años de perfección. Estaba dando el siguiente paso correcto: enfrentar la verdad, buscar ayuda, asistir a una primera reunión, decir no al impulso inmediato. Dios tomó ese valiente “hoy” y, de a un día a la vez, lo convirtió en veinte años.

Un poder superior

Recientemente nos reunimos para hablar de nuevo y celebrar ese aniversario. Mi amigo me dijo: “Cuando dejé la cerveza, ocurrió algo. Algo inexplicable humanamente. El único atributo podía ser Dios. Él fue el catalizador que comenzó este camino”.

En la recuperación, el paso tres es someterse a un poder superior. Hace veinte años, mi amigo descubrió una relación real con Dios, una conversación continua con Dios.

Mientras admiraba su fortaleza, pensé: cada uno de nosotros tiene algo en lo que trabajar, un temperamento, palabras ligeras, pereza, celos, un comportamiento privado del que nos arrepentimos. Cuando dices: “Nunca más debo hacer esto por el resto de mi vida”, te preparas para sentirte aplastado.

El para siempre no está en tus manos. Hoy sí.

¿Qué tal si en cambio hablas como enseña la Torá y el proceso de la recuperación?: “Hoy seré cuidadoso con mis palabras. Hoy seré más paciente. Hoy no abriré ese sitio, esa botella, esa puerta. Hoy me mostraré como el cónyuge, padre, amigo, judío que sé que puedo ser”. Y mañana, si Dios quiere, lo repites.

El "para siempre" no está en tus manos. El "hoy" sí.

Hace veinte años, el miedo de una esposa, la preparación oculta de un esposo y una conversación difícil pero afectuosa se encontraron en un porche. Todavía puedo escuchar el sonido de él dejando esa cerveza. Ese pequeño gesto, casi insignificante, no solo terminó una bebida… comenzó una nueva vida.

Haz clic aquí para comentar sobre este artículo
guest
1 Comment
Más reciente
Más antiguo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Gloria
Gloria
12 días hace

Excelente artículo. Enseñanza y más enseñanza, encontrando elementos útiles para la recuperación en nuestra Torá. Recomiendo este valioso artículo para quienes están atravesando este proceso, sus familiares y amigos.

EXPLORA
ESTUDIA
MÁS
Explora
Estudia
Más
Contacto
Lenguajes
Menu
Donar
Únete a nuestro newsletter
Redes sociales
.