El hombre que acuñó el término "genocidio" se horrorizaría ante esto


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El relato de Debra parece sacado de una novela de suspenso. Después de años de silencio, finalmente decidió contar su historia.
A sus veintitantos años, Debra Balson* era una idealista estadounidense pro-Palestina que se mudó al Líbano para luchar por el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP). No entendió realmente en qué se había metido hasta que fue demasiado tarde. Ahora, Debra ha tomado la difícil decisión de compartir su historia “porque el mundo debe conocer la verdad”.
Debra nació en Francia en una familia militar cristiana estadounidense, o la mayor de cinco hermanos. En la década de 1960, cuando Debra tenía nueve años, la familia se mudó a Libia.
Su familia vivía fuera de la base, al otro lado de Trípoli, en un barrio internacional donde eran una de las pocas familias cristianas estadounidenses. La mayoría de los vecinos eran árabes musulmanes. Debra jugaba en las calles con niños musulmanes.
Aunque iban a la iglesia todos los domingos, Debra se aburría y odiaba ir. No conectaba con esa versión diluida de la religión. Sin embargo, siempre llevaba una cruz al cuello.
Un día, un niño musulmán le arrancó la cruz y la arrojó al suelo, llamándola "niña mimada de la Fuerza Aérea". “Tuve que aprender a pelear, especialmente porque era una niña,” explica Debra. “Como una niña estadounidense, me veían como promiscua y de menor valor, simplemente porque era norteamericana”.
Una pandilla de chicos notoriamente peligrosos rondaba el vecindario. Tenían entre 7 y 20 años y buscaban en las calles niñas para agredir y violar. No había policías a quienes acudir pidiendo ayuda. Debra aprendió a defenderse usando ramas para ahuyentar a los atacantes.
“Si no peleas, es una señal de debilidad y te atacan con más fuerza. Debes luchar. Aunque pierdas, respetan que lo intentaste, y muchas veces no vuelven a atacarte. Después de pelear un par de veces, me dejaron en paz. Así es ser una niña norteamericana en un país musulmán”.
Papá llegó a casa y dijó: “Tienen dos horas. Hagan las maletas, nos vamos”.
Había otros niños estadounidenses vivían frente a la casa de Debra, pero ellos nunca salían de las murallas de su casa porque temían por su seguridad.
Debra recuerda una noche en que sus padres salieron y dejaron a dos hermanas estadounidenses rubias como niñeras. “Unos hombres del barrio de veintitantos años se emborracharon e intentaron derribar la puerta para entrar a la casa. Sabían que mis padres no estaban y que no había hombres para protegernos. Bloqueamos la puerta con el sofá, tomamos bates de béisbol y esperamos a que volvieran mis padres”.
El padre de Debra reportó del incidente a la Fuerza Aérea y nunca volvió a ocurrir.
“Algunos árabes musulmanes eran maravillosos y hospitalarios, y te darían hasta la camisa que llevaban puesta”, dice Debra, “pero la mayoría del vecindario era sumamente antiestadounidense”.
Durante la Guerra de los Seis Días en 1967, el ejército decidió evacuar a los civiles porque el entorno era peligroso. “Papá llegó a casa y dijo: ‘Tienen dos horas. Hagan las maletas, nos vamos’”.
Escondió su uniforme bajo un vestido de su esposa, ya que había disturbios en las calles de Trípoli debido a la guerra.
“Era un caos. Vi a alguien arrojar a un hombre desde un edificio y a otros corriendo como locos en la calle. Tomamos un desvío y llegamos a la base. Volamos en aviones de carga C130 preparados para los paracaidistas. Tenía 12 años cuando escapamos”.
Eventualmente la familia llegó a Mississippi, y su padre se reunió con ellos unos meses después.
El padre de Debra decidió terminar su servicio militar en Vietnam. Luego volvió a estudiar y estableció una nueva vida para la familia en Texas.
En Texas, Debra recordaba lo que era sentirse extranjera y ayudaba a los estudiantes extranjeros en su integración. “Simpatizaba con los musulmanes porque crecí en Libia y conocía sus normas no escritas”.
Ella continuó ayudando a los estudiantes en la universidad, donde conoció a quien luego sería su esposo.
Farhad convenció a Debra para que asistiera a una reunión del FDLP, una organización para estudiantes árabes en los Estados Unidos y Canadá. Buscaban luchadores para la guerra civil libanesa.
"Farhad* era palestino. También era comunista. Era una persona muy intensa y me dejé arrastrar completamente por la causa pro-Palestina. Le creí cuando me dijo que los judíos les habían quitado su tierra y que habían sido desplazados. Podía hablar contigo durante horas hasta que le dieras la razón. No se podía discutir con él”.
Mientras salían, Farhad convenció a Debra para que asistiera a una reunión del FDLP, una organización para estudiantes árabes en los Estados Unidos y Canadá. Buscaban luchadores para la guerra civil libanesa. Debra decidió irse al Líbano con su novio. Como en ese momento ella estaba distanciada de su familia, la vieron como una candidata ideal.
Una vez en el Líbano, Debra y su novio intentaron convencer a los terroristas de que necesitaban cambiar su mensaje si querían apoyo internacional. “Les decíamos que secuestrar un autobús lleno de niños de jardín de infantes no era una buena táctica”.
Trataron de convencer a los terroristas de que no matar niños o empujar a un hombre en silla de ruedas de un bote no era un mensaje que funcionaba. Debra los alentaba a dejar en paz a los civiles y en cambio enfocarse en objetivos militares.
Pero el grupo los vio como una amenaza. Debra y Farhad pronto se dieron cuenta de que el FDLP trataba de matar a Farhad. “Allí, si no gusta lo que dices, ‘accidentalmente’ mueres y te convierten en mártir”.
Por ejemplo, apenas llegaron Debra vio pelear a dos hombres. "Uno escupió al otro. Un par de semanas más tarde, el que había escupido fue encontrado muerto. Lo enviaron al frente y allí lo abandonaron".
Está de más decir que el mensaje de Farhad y Debra no estaba teniendo impacto, y el grupo los consideraba una amenaza. Los separaron y a Debra le dieron una nueva identidad. “Les daban a las personas identificaciones falsas de un pueblo que había sido incendiado. Los edificios que contenían registros oficiales se quemaban todo el tiempo. No había nadie que pudiera verificar los registros porque no existían registros que verificar. Así que, voilà, emitían una nueva identidad".
Aunque el FDLP trataba activamente de matar a Farhad, deseaban conservar viva a Debra porque ella era norteamericana y valiosa como material de propaganda. La pareja decidió que había llegado el momento de marcharse y buscó refugio en casa de los padres de Farhad en Tiro. En un momento, cuando su novio no estaba en la casa, cinco hombres entraron y secuestraron a Debra. El hermano de Farhad no hizo nada para protegerla.
Cinco hombres entraron y secuestraron a Debra. El hermano de Farhad no hizo nada para protegerla.
Debra explicó: “Cuando el FDLP vino a buscarme a la casa de mi novio, no irrumpieron en la casa. Sólo tuvieron que entrar como si fueran de visita y decir que venían a llevarme de regreso. Es como la mafia, no te puedes negar”.
Mientras estaba retenida como rehén, un periodista de Associated Press se acercó a Debra y la “ayudó” a llamar a casa. El periodista llamó a la casa y el padre de Debra contestó. El periodista dijo en tono críptico: “Niña perdida en el Líbano”.
“Gracias a Dios que mi papá contestó el teléfono. Al menos mis padres sabían dónde estaba”.
Durante su cautiverio, Debra descubrió, leyendo sus libros y periódicos, que los árabes palestinos nunca habían gobernado Israel.
Cuando compartió esta observación con alguien, le dijo: “Nunca digas eso a un palestino”.
En un momento de su cautiverio, Debra fue puesta con un grupo de mujeres en Beirut.
El periodista de Associated Press le había pedido que llevara un diario. En medio de la noche, vio a alguien entrar en su habitación para robar su diario y luego devolverlo.
Debra entendió que iban a intentar decir que ella era una espía y matarla. Tenía que irse de inmediato.
Cuando Farhad regresó a casa, se dio cuenta de que Debra había sido secuestrada en Beirut.
El documento libanés falso de Debra
La tía de Farhad tenía una casa en Beirut. Debra estaba escondida en la sede del FDLP. Farhad contactó al FDLP y de alguna manera los convenció para que permitieran salir a Debra y que regresara a su casa en Tiro.
Debra explicó: “Él tenía algún tipo de influencia con ellos y un poder de persuasión increíble”.
Volvieron juntos a Tiro y elaboraron un plan de escape. Como el aeropuerto estaba cerrado, la única forma de huir era por el puerto, lo cual era demasiado arriesgado. Cuando milagrosamente el aeropuerto abrió, Debra se vistió con un hiyab completo, dejando sólo sus ojos al descubierto, y salió tarde en la noche rumbo al aeropuerto.
Debra tuvo que casarse con su novio en El Líbano para que él pudiera obtener una visa para regresar a los Estados Unidos. Si se quedaba en Líbano, lo habrían matado.
Después de la boda y de algunos sobornos, les dieron las visas y los papeles con los sellos apropiados que los legitimaban. Los recién casados partieron y llegaron a Grecia, y eventualmente a Texas, donde vivieron juntos.
Regresar a Texas fue un gran choque cultural para Debra. Cuando la gente se quejaba por inconvenientes menores, ella no podía sentir empatía. “Acababa de regresar de una zona de guerra y de encuentros frecuentes con la muerte”.
En Texas, Debra comenzó a procesar sus experiencias en El Líbano. Había estado apasionadamente comprometida con la causa palestina y comunista, pero su continua investigación le mostró que la causa palestina se basaba en una mentira y que el comunismo no funcionaba. Sintió que se le había derrumbado el piso bajo los pies.

"Todavía amaba a mi esposo e intenté convencerlo de que lo que él creía no era correcto". Pero sus palabras cayeron en oídos sordos. Vivían juntos de manera más o menos armoniosa porque ambos trabajaban y estudiaban a tiempo completo, por lo que apenas interactuaban.
Después de cinco años, Farhad sugirió tener hijos “por la causa palestina”, es decir, tener hijos que dieran su vida por los palestinos. Farhad dejó claro que sus intenciones eran formar una familia que volara de regreso al Líbano para luchar o que tuviera hijos que intentaran adoctrinar a los estadounidenses contra Israel. En esencia, quería que sus futuros hijos hicieran todo lo posible por luchar por la causa palestina.
La visión del mundo de Farhad seguía alineada con la de la mayoría de las personas con las que habían interactuado en el Líbano. "Cuando llegamos al Líbano, me llevaron a un campamento del FDLP. Un niño de nueve años entró y dijo que quería ser combatiente. Su madre vino después a buscarlo. Le dijeron: 'No, ya está inscrito'".
Esa fue la gota que colmó el vaso para Debra, y finalmente se divorció de Farhad. Él intentó convencerla de quedarse, pero Debra fue firme. Durante varios meses después del divorcio, Farhad la seguía al supermercado o a donde fuera, pero finalmente ella se mudó a otra ciudad y él no la volvió a perseguir.
Una vez que estuvo sola, la vida de Debra tomó un mal rumbo. Comenzó a salir con otro hombre que consumía drogas, y también ella cayó en las drogas. Estaba tan adicta a la cocaína que llegó a pesar 38 kilos. Oficialmente había tocado fondo.
Desesperada por un cambio, rezó desde lo más profundo de su alma: "Dios, si eres real, por favor quítame esto. No puedo dejarlo por mí misma. Necesito que me quites esta adicción".
Debra describe que a la mañana siguiente se despertó sin compulsión por consumir drogas ese día. "De alguna manera, el deseo se había ido".
Debra estaba atónita. Ese momento le dio fuerzas para dejar a su novio y comenzar de nuevo. Se mudó nuevamente con sus padres, decidida a dar un giro a su vida.
"Pero no tenía emociones. Recuerdo haber pensado que incluso si mi madre moría, no tendría la capacidad de sentir absolutamente nada. Estaba tan insensible por dentro, como si estuviera muerta. Eso fue profundamente doloroso".
Debra comenzó a asistir a una iglesia evangélica y empezó a sanar. Le ofrecieron un trabajo en Noruega y allí conoció a un hombre danés. Se casaron y adoptaron a una niña de la India.
Juntos asistieron a otra iglesia, donde un hombre llamado David Lund era el pastor luterano.
"En Noruega, en invierno, el sol nunca sale. Así que todo lo que había para hacer era estudiar la Biblia. El pastor nos guio por los cinco libros de Moisés y complementó el estudio con un texto de Joseph Telushkin, un comentarista judío. Quería que los participantes vieran la Biblia a través del lente original del judaísmo".
La Biblia le empezó a tener mucho sentido para Debra. "La Biblia afirma que Dios es Uno y que no hay otro. También menciona que no se debe añadir ni quitar nada de ella". Debra pensó: Bueno, aquí mucha gente está añadiendo cosas a la Biblia, ¿y cómo se pueden unir tres dioses en Uno?
Cuando Debra habló en privado con el pastor sobre sus dudas, él no pareció tener ninguna respuesta para ella.
Unos meses después, Debra y su esposo decidieron regresar a los Estados Unidos para acceder a recursos que ayudaran a su hija con necesidades especiales. Allí asistieron a una nueva iglesia, pero en ese punto, ya nada resonaba con ella. A medida que seguía leyendo la Biblia, sintió que Dios quería que se convirtiera al judaísmo. Debra sintió la inspiración de volver a rezar.
Fue un proceso largo, pero finalmente toda la familia se convirtió y hoy viven como judíos.
"Muy bien Dios, tengo la sensación de que quieres que me convierta al judaísmo. Pero, número uno, eso me asusta porque sólo conozco a un judío. Si ese es el caso, Dios, vas a tener que dejármelo claro, y voy a necesitar dos formas de verificación independientes entre sí. Y una de ellas tiene que venir de mi esposo".
Poco tiempo después, una noche conversaba con su esposo y, sin que nadie lo sugiriera, él dijo: "El judaísmo podría ser interesante, quizás deberíamos tomar algunas clases…". También a su hija parecía interesarle el judaísmo. Fue un proceso largo, pero finalmente toda la familia se convirtió y hoy viven como judíos. Han estado casados 32 años.
Después de su conversión, Debra descubrió que su madre era una antisemita furiosa.
"Mientras encendía las velas un viernes por la noche, mi madre escupió: 'Espero que gane Yasser Arafat'”.
El odio de su madre no la afectó. "La verdad es divisiva en un mundo de mentiras. Por eso los judíos son blanco de ataques, porque somos portadores de la Torá, que es la verdad y la luz del mundo. Quienes desean oscuridad atacarán. Quieren extinguir esa luz".
Aunque la historia de Debra parece el argumento de una novela de suspenso, en realidad ella vivió todo esto, atravesando mucha oscuridad hasta encontrar la luz.
* Se usan seudónimos.
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Waooo que historia! Me la leí toda y me impacto