¿Cómo unas lápidas judías medievales terminaron en un monumento italiano?

16/03/2025

5 min de lectura

La espantosa historia de las lápidas profanadas del cementerio sefaradí del siglo XVI en Ferrara, Italia.

Las columnas habían adornado la entrada de la corte ducal en Ferrara, Italia durante 500 años. A la derecha, una versión en miniatura del Arco de Tito de Roma coronado por el marqués Nicolás III cabalgando y a la izquierda, una inusual columna bicromatada representando a Borso D’Este, el duque de Ferrara (1413-1471).

Reconocido mecenas de las artes, él y sus sucesores inmediatos también convirtieron a Ferrara en un refugio para los judíos, especialmente para aquellos expulsados de España y los refugiados de la Inquisición en territorios italianos del sur. Bajo la Casa de Este, la vida judía floreció en Ferrara hasta 1598, cuando los Estados Pontificios impusieron su control sobre la ciudad del norte de Italia.

Poco tiempo después se instituyó la insignia judía y los judíos de Ferrara, que antes vivían y trabajaban por toda la ciudad, se encontraron confinados una vez más dentro de un gueto.

El Palacio de Ferrara del siglo XV con la torre Volto del Cavallo a la derecha, acompañada por las columnas de Borso d’Este (izquierda) y Marqués Nicolás III (derecha). Fuente: Wikimedia Commons.

En 1960, las excéntricas y desparejas columnas (una característica artística importante del centro de Ferrara) necesitaban ser restauradas. La columna d’Este era especialmente compleja: trabajadores de construcción etiquetaron cuidadosamente los anillos concéntricos de piedra que estaban por prácticamente toda la columna, preparándose para removerlos de la estructura.

Izquierda: Trabajadores de restauración etiquetaron las piedras antes de desarmar la columna (1960). Fuente: Flavio Baroni, Ferrara Ebraica. Derecha: La columna de Borso D’Este.

Cuando desmantelaron la columna, se sorprendieron por lo que vieron. Liberadas de la columna, las piedras revelaron su verdadera identidad como lápidas judías, cubiertas de escritura en hebreo.

Fragmentos de lápidas. A la izquierda, la inscripción menciona a Ester la esposa de Shlomo de Fano (fallecida en abril de 1680). A la derecha: lápida de Shlomo de Fano (fallecido en diciembre de 1680)

Treinta y seis fragmentos de lápidas profanadas fueron cortadas y talladas para adecuarse a las dimensiones de la columna. Juntando las inscripciones, los académicos identificaron que pertenecían a los miembros de la comunidad judía de Ferrara que fallecieron entre los años 1577 y 1690, como por ejemplo Rav Shlomo de Fano y su esposa Ester, quienes murieron con unos meses de diferencia.

Juntando las inscripciones, los académicos identificaron que pertenecían a miembros de la comunidad judía de Ferrara que fallecieron entre los años 1577 y 1690.

¿Cómo llegaron estas lápidas a ser usadas para construir la columna de Borso d’Este?

El “por qué” es fácil de entender: a nivel práctico, las lápidas habían sido cuidadosamente medidas y labradas, tomadas por su resistencia, durabilidad y belleza. Retiradas de sus sitios sagrados originales, habrían representado un ahorro de tiempo significativo, aunque reprochable, para los constructores.

En cambio, la pregunta de “cómo” sigue siendo un gran misterio hasta el día de hoy.

La columna fue erigida por primera vez en 1450 y estuvo en pie durante más de 200 años antes de sufrir graves daños por un incendio el 23 de diciembre de 1716. Un historiador de la época, Nicolo Baruffaldi, menciona que el marqués Francesco Sacrati consiguió las piedras de los cementerios judíos, “pagando completamente su valor a los Maestros del Gueto”. Es altamente improbable que la comunidad judía hubiera cedido voluntariamente las lápidas de sus ancestros, especialmente dado que las tumbas pertenecían a personas que los judíos contemporáneos de Ferrara de la época habían conocido en vida: los abuelos e incluso los padres de la generación que estaba viva.

Escudo de armas de un fragmento de lápida. Fuente: Flavio Baroni, Ferrara Ebraica.

El libro de registro comunitario, o pinkás, de Ferrara para ese periodo desgraciadamente se ha perdido, pero registros de apenas unos años más tarde transmiten una gran controversia que tuvo lugar respecto al uso de las lápidas para reparaciones conectadas con los daños causados por las inundaciones del río Po. Muchos declararon –razonablemente– que fueron confiscadas ilegalmente de la comunidad sefaradí de Ferrara, mientras que sus compradores sostuvieron que fueron adecuadamente compradas y pagadas.

Entre los compradores de las lápidas estaba el obispo local, Taddeo Luigi Dal Verme, quien había emitido antes un edicto prohibiendo por completo la colocación de nuevas lápidas en las tumbas judías, como si intentara eliminar la presencia de sus muertos de la ciudad. En cuanto a las lápidas de los siglos XVI y XVII adquiridas por el Obispo, el pinkás afirma que fueron utilizadas para pavimentar el establo de sus caballos.

El registro con fecha del 8 de abril de 1717 del libro de registro comunitario (pinkás) de Ferrara. Fuente: Biblioteca Nacional de Israel.

Durante la restauración de 1960-61, las lápidas fueron fotografiadas, preservando el registro histórico. Increíblemente, no fueron devueltas a la comunidad judía, sino que volvieron a colocarlas en la columna,donde continúan hasta el día de hoy. De hecho, fueron profanadas todavía más porque sacaron y desecharon pedazos para hacer espacio para una estructura central de concreto para proteger a la columna de la actividad sísmica (un devastador terremoto ocurrió en Ferrara en 1570, por el cual el Papa Pío V culpó a la familia Este por su histórica protección de los judíos).

Reconstruir esta trágica historia se ha convertido en la tarea de jóvenes historiadores como el Dr. Antonio Spagnuolo de la Universidad de Bologna, dedicados a investigar el destino de las lápidas pérdidas de la comunidad judía de Ferrara. Su trabajo se ha enfocado en fuentes claves como los archivos de la comunidad, conservados ahora en la Biblioteca Nacional de Israel, pero él afirma que el silencio de la comunidad judía cuando las piedras fueron descubiertas en 1960 sigue siendo un misterio. Con pocos documentos que describen los detalles del trabajo de restauración, es posible que la pequeña comunidad judía de Ferrara después de la guerra simplemente no supiera de su existencia o quizás no tuvieron los medios para protestar efectivamente.

Dr. Antonio Spagnuolo de la Universidad de Bologna

Así es que las lápidas permanecen hasta hoy sepultadas, no en un espacio sagrado, sino en una columna monumental dedicada a la memoria de un duque italiano.

Sin embargo, a esta triste historia no le falta un poco de ironía poética histórica. El Duque Borso D’Este no tuvo nada que ver con la profanación de las lápidas. Su estatua fue erigida 250 años antes de que las lápidas fueran utilizadas para reforzar la columna. Por el contrario, la Casa del Este era conocida por su inusual historial de bondades hacia la minoría judía.

Ahora, casi 600 años después, la comunidad judía de Ferrara sigue sosteniendo –literalmente– su memoria con las lápidas de sus ancestros reforzando la columna monumental del Volto del Cavallo.

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