Compárate sólo contigo mismo

22/06/2025

2 min de lectura

Koraj (Números 16-18 )

Dios no ocultó que había elegido a Moshé como líder. El pueblo judío fue testigo de su grandeza. Moshé fue quien se presentó ante el faraón exigiendo la liberación de los judíos. Moshé, con la ayuda de su hermano Aharón, fue quien inició las plagas en Egipto. Moshé fue quien alzó el bastón sobre el mar, dando inicio al milagro por excelencia de la partición del Mar Rojo. Moshé fue quien subió al monte Sinaí, sin comida ni agua durante 40 días, para recibir la Torá. Aun así, Kóraj trató de convencer al pueblo judío de que no era necesario un líder, argumentando que cada persona tiene su propia conexión directa con Dios y que eso debería ser suficiente.

¿Qué impulsó a Kóraj a iniciar tal rebelión contra Moshé, especialmente considerando todo lo que Moshé había hecho por el pueblo judío?

Lección:

La lección de Kóraj cala hondo porque surge de un deseo humano que la mayoría tenemos de forma innata. Aunque el argumento de Kóraj contra Moshé parecía lógico, la verdadera razón que lo impulsaba era la envidia.

El ietzer hará (la inclinación al mal) es astuto. Puede identificar con precisión aquello que no tienes, nublando todas las bendiciones que sí posees. Para Kóraj, no importaba que fuera inmensamente rico, con 300 burros sólo para cargar las llaves de cuero de su cofre del tesoro; ni que fuera el director del coro de la tribu de Leví en el Mishkán (el tabernáculo sagrado); ni que fuera uno de los cuatro encargados de transportar el Arca sagrada. Nada de eso era suficiente. Él quería tenerlo todo. Esta fue la caída que lo llevó a perder todo lo que sí tenía.

En la historia de Ester, vemos que el malvado Hamán actuó de manera similar. Toda la nación se postraba ante Hamán, excepto una persona: Mordejai el judío. Porque una sola persona no se inclinó ante él, dijo que era como si no tuviera nada. Esa única excepción anuló a los millones que sí lo hacían. Eso es lo que hace la envidia.

Todos queremos destacarnos en algo, ser los mejores. Dios nos creó con un impulso por superarnos y, cuando no lo logramos, muchas veces pasamos al siguiente proyecto. Es difícil ser el segundo, el tercero o el décimo en algo. Sólo una persona puede ser la mejor, y eso está bien. Sin embargo, la única persona con la que deberíamos compararnos es con nosotros mismos. ¿Estamos siendo lo mejor que podemos ser?

Hay una historia del famoso Rab Zusha, quien enseñaba que cuando llegara al Cielo, Dios no le preguntaría por qué no fue como Moshé. Dios le preguntaría: ¿por qué no fuiste como Zusha? Uno sólo es responsable de lograr aquello para lo que Dios le dio las herramientas.

Compararnos con otros no sólo es contraproducente, sino que oscurece todas las bendiciones que Dios nos ha dado. Lo que otros tienen y logran es completamente independiente de nosotros. Cuando enfocamos nuestra atención en nuestras propias bendiciones, cuando nuestros corazones están llenos de gratitud hacia Dios, no sólo podemos sentirnos satisfechos con nuestras vidas, sino que también podemos alegrarnos por los logros de los demás.

Ejercicio:

Elogia a alguien que sea mejor que tú en algo.

Haz clic aquí para comentar sobre este artículo
guest
0 Comments
Más reciente
Más antiguo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
EXPLORA
ESTUDIA
MÁS
Explora
Estudia
Más
Contacto
Lenguajes
Menu
Donar
Únete a nuestro newsletter
Redes sociales
.