Unidos por el Mundial de Fútbol
2 min de lectura
Moshé usa la palabra hebrea vaetjanán, que significa suplicar, para pedirle a Dios que le permita entrar a la tierra de Israel. Vaetjanán proviene de dos palabras hebreas: jen (hallar gracia o favor) y jinam (gratis). Es interesante que Moshé haya usado esta palabra, ya que existen otros términos hebreos para “rezar” que son mucho más comunes. ¿Qué podemos aprender de esta palabra tan interesante?
Cuando rezamos, pedimos hallar favor (jen) a los ojos de Dios. Pedimos que incluso si no lo merecemos, por favor nos lo dé de todos modos —como un regalo gratuito (jinam).
Muchas veces, cuando rezamos, lo único por lo que estamos pidiendo opaca todo lo demás que tenemos en la vida. Dios nos ha otorgado tantas bendiciones, regalos gratuitos (jinam), y es importante mantenernos enfocados en ellos. La vista, el uso de los brazos y las piernas, son cosas que damos por sentadas, pero son regalos ENORMES e invaluables que Dios nos concede a cada momento. ¡Mira cuántas bendiciones tienes!
Cuando nos enfocamos en las cosas hermosas que Dios nos ha otorgado, nuestra actitud cambia de una de exigencia a una de aprecio y gratitud. Con esta nueva perspectiva, hallaremos gracia (jen) ante los ojos de Dios y seremos bendecidos con aquello que estamos pidiendo.
Rav Shlomo Carlebach dijo que no había nada que él pudiera haber hecho para merecer a sus hijos. Tiene razón: no hay nada que podamos hacer para merecer a nuestros hijos, ya que son la mayor bendición que recibimos bejinam, como un regalo verdaderamente gratuito. Sin embargo, con qué frecuencia escuchamos a padres que se quejan de sus hijos. “Mi hijo no me escucha, mi hijo no se duerme a tiempo, etc.” Aunque criar hijos a veces puede ser frustrante, ¿estamos permitiendo que ese aspecto frustrante opaque el enorme regalo que significa tener hijos? Cuando nos enfocamos en los dones que Dios nos ha otorgado, nos convertimos en personas mucho más agradecidas, hallando más jen, favor, ante los ojos de Dios, si Dios quiere.
Mi sobrina de cinco años estaba muy emocionada de contarme por teléfono que había recibido algo nuevo. Su emoción desbordaba, pero yo no lograba entender exactamente qué había recibido. Por la intensidad de su emoción, pensé que se trataba de un juguete o una muñeca, pero cuando le pedí que aclarara, exclamó: “¡Un cepillo de dientes!” Si tan sólo todos compartiéramos la emoción de una niña de cinco años por las cosas nuevas, viviríamos vidas mucho más felices y llenas de gratitud.
No te enfoques en la frustración, sino en las bendiciones de tu vida. Durante una experiencia frustrante, enfócate en la bendición. En vez de concentrarte en la frustración que te provoca tu hijo, enfócate en la bendición de tener un hijo. En vez de enfocarte en la gotera en el sótano, enfócate en la bendición de tener una casa. En vez de enfocarte en el aire acondicionado roto de tu auto, enfócate en la bendición de tener un auto que te lleva a donde necesitas ir.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.