Conoce al hombre más feliz del mundo

18/02/2026

8 min de lectura

La inspiradora historia de supervivencia, perdón y amor de Eddie Jaku.

Eddie Jaku sobrevivió a Auschwitz y se convirtió en un amante de la humanidad que predicó el amor y el perdón en su país adoptivo, Australia. Hacia el final de su vida, que se extendió por 101 años, dio una charla TEDx titulada “El hombre más feliz del mundo”, que cuenta con más de 2 millones de vistas en YouTube.

Eddie logró todo eso después de pasar siete años como prisionero en cuatro campos de concentración, escapar dos veces, colarse de nuevo una vez, y sobrevivir a una marcha forzada que mató a 15.000 prisioneros.

Eddie Jaku nos demostró que la esperanza nunca se extingue.

Cuando Abraham se convirtió en Walter

Abraham Salomón Jakubowicz nació en Leipzig, Alemania, el 14 de abril de 1920. Tuvo una infancia feliz junto a sus padres, su hermanita Johanna y Lulu, el perro salchicha de la familia. Sus amigos lo llamaban Abie, luego Adie, y finalmente Eddie. Su educación en ingeniería le serviría mucho más adelante, aunque comenzó mal para él y otros niños judíos que fueron expulsados de la escuela cuando los nazis subieron al poder.

Eddie (al frente, a la derecha) con su familia en 1932. Él fue el único que sobrevivió.

Su padre le inventó una nueva identidad, y así fue como, a los 13 años, Abraham se convirtió en “Walter Schleif” para ocultar su herencia judía y poder continuar sus estudios de ingeniería mecánica en Tuttlingen, al sur de Leipzig. Mientras estudió allí vivió en un orfanato. Se graduó e hizo una pasantía en un prestigioso sindicato de ingeniería.

La Noche de los Cristales Rotos

Abraham/Walter decidió arriesgarse a visitar a su familia y viajó nueve horas en tren para celebrar el 20° aniversario de bodas de sus padres. Lo llamó “el mayor error de mi joven vida”. No sabía que su familia había huido ante el aumento del antisemitismo. En la casa sólo quedaba Lulu, el perro. Se acostó a dormir, y a las 5:00 a.m. del 9 de noviembre de 1938, diez soldados nazis irrumpieron a golpes en su casa. Lo golpearon brutalmente, le grabaron una esvástica en el brazo y mataron a Lulu con una bayoneta. Lo sacaron afuera, y Abraham vio su barrio en llamas. Lo forzaron a ver cómo su casa de 200 años era reducida a cenizas.

Había comenzado Kristallnacht, la Noche de los Cristales Rotos. Eddie escribió en su biografía:

Esa noche, alemanes civilizados cometieron atrocidades en toda Leipzig y en todo el país. Casi todos los hogares y negocios judíos fueron saqueados, incendiados o destruidos, al igual que nuestras sinagogas… y nuestra gente. Cuando terminaron de destruir propiedades, arrojaron judíos —muchos eran niños pequeños— al río donde yo solía patinar. El hielo era delgado y el agua estaba helada. Hombres y mujeres con los que había crecido estaban en la orilla, escupiendo y burlándose mientras otros luchaban por salir. '¡Dispárenles!' gritaban. '¡Dispárenles a los perros judíos!'"

Lo subieron a un camión y lo llevaron a Buchenwald y, eventualmente, lo llevaron en tren a Auschwitz. Durante los siguientes siete años, fue prisionero en cuatro campos de concentración.

Auschwitz

En Auschwitz, le tatuaron en el brazo el número 172338. Supo que sus padres habían sido asesinados en las cámaras de gas. Dormía desnudo, amontonado con otros diez hombres, a temperaturas de -22°C. Marchaba una hora y media para trabajar, retirando escombros de un depósito de municiones o picando carbón en turnos de 12 horas.

Al enterarse de su formación en ingeniería, lo hicieron capataz en la fábrica química IG Farben, donde fue responsable de regular la presión de aire en 200 máquinas. Uno de los productos principales de la empresa era el gas venenoso usado en las cámaras de gas nazis.

Un día reconoció a su hermana operando una máquina. Entendieron que no podían hablar ni mirarse frente a sus captores. Se cruzaban en silencio cada día.

Una vez escapó escondiéndose en un enorme contenedor de comida y rodando desde un camión repartidor. Todavía vestido con su pijama de prisionero, se estaba congelando y se detuvo en una cabaña para pedir ayuda. Lo recibió un campesino polaco con su rifle. Las primeras cinco balas erraron, pero la sexta lo hirió en la pantorrilla. Tuvo que regresar a Auschwitz, donde un médico francés usó un antiguo abrecartas de marfil y sus dedos para abrir la herida y extraer la bala. Planearon la cirugía para que coincidiera con el momento en que sonaban las campanas de la iglesia católica vecina para ocultar sus gritos de dolor.

Eddie adolescente (a la izquierda) con su madre Lina, su padre Isadore y su hermana Henni.

¿Y qué pensaba Eddie del hombre que le disparó? “¿Odio a ese hombre? No, no odio a nadie. Él era débil y probablemente estaba tan asustado como yo. Dejó que su miedo venciera a su moral. Y sé que por cada persona cruel que hay en el mundo, hay alguien bondadoso”.

A inicios de 1945, las tropas rusas avanzaban y el esfuerzo de guerra nazi se iba debilitando. Evacuaron Auschwitz y los alemanes destruyeron sus cámaras de gas y forzaron a los prisioneros a una marcha de la muerte adentrándose al territorio ocupado por Alemania. De los 60.000 prisioneros que comenzaron esta marcha de la muerte, 15.000 murieron.

Los prisioneros que sobrevivían subieron a un tren con destino a Buchenwald, y a Eddie se le asignó un taller de maquinaria para fabricar engranajes. Para entonces, el esfuerzo bélico aliado estaba logrando avances sólidos contra los nazis, y se oían diariamente los disparos de la artillería rusa y los bombardeos británicos. Los prisioneros fueron obligados a marchar alejándose de los rusos que avanzaban hacia el este, sólo para acercarse a los estadounidenses que avanzaban hacia el oeste. Los soldados nazis comenzaron a desertar de sus puestos.

Sobrevivió

Eddie escapó escondiéndose en una zanja, luego en cuevas donde comía caracoles y babosas. Moribundo, se arrastraba por una carretera hasta que lo encontró un tanque estadounidense. Pesaba 28 kilos.

Eddie escribió en su biografía: “Esos hermosos soldados americanos. Nunca los olvidaré. Me envolvieron en una manta, y desperté una semana después en un hospital alemán. Al principio pensé que estaba loco. Ayer estaba en una cueva y hoy en una cama con sábanas blancas, almohadas y rodeado de enfermeras”.

Seis semanas después, fue dado de alta y caminó hasta Bélgica. Juró no volver nunca más a Alemania. En Bélgica, se unió a una organización de asistencia judía donde refugiados judíos y soldados del ejército aliado se reunían para compartir almuerzos y amistades.

Encontró trabajó como ingeniero de precisión y rápidamente se convirtió en capataz de una fábrica supervisando a 25 maquinistas. Un periódico local publicó una historia con fotos de sobrevivientes del Holocausto y su hermana Johanna lo reconoció. Se reencontraron y vivieron juntos en Bruselas hasta que ella emigró a Australia.

La boda de Flore y Eddie, 20 de abril de 1946

El 20 de abril de 1946, se casó con Flore Molho, una judía sefaradí criada en Bélgica. Estuvieron casados 75 años. Ella trabajaba distribuyendo cupones de alimentos en el ayuntamiento de Bruselas, y allí se conocieron. Un año después nació su hijo Mijael.

“¡Qué milagro estar vivo y sostener a mi hermoso bebé, a mi bella esposa! Si alguien me hubiera dicho mientras era torturado y moría de hambre en los campos que esto ocurriría, no lo habría creído. Lo más grande que harás es ser amado por otra persona”.

“Cada año, con Flore celebramos nuestro aniversario el 20 de abril, el día que cumplía años Hitler. Nosotros seguimos aquí; él está allá abajo. En mi mente, esa es mi mejor venganza: ser el hombre más feliz del mundo”.

En 1950, la joven familia se mudó a Australia para reunirse con su hermana, y Eddie consiguió trabajo en una fábrica de instrumentos médicos en Sídney. Pronto entró en el negocio de la reparación automotriz y abrió su propia estación de servicio.

Luego, él y Flore abrieron una oficina de bienes raíces, recuperó su nombre original y llamó al negocio E. Jaku Real Estate. Eddie y Flore trabajaron allí hasta cumplir los 90 años.

Poco a poco, Eddie comenzó a hablar sobre sus años de brutal encarcelamiento. En 1972, se unió a un grupo de 20 sobrevivientes del Holocausto para crear un lugar de encuentro. Diez años después, se fundó la Asociación Australiana de Sobrevivientes Judíos del Holocausto y sus Descendientes. Eddie fue fundamental en la fundación del Museo Judío de Sídney en 1992 y de una organización separada exclusivamente para sobrevivientes en 2011.

En el 2013, Eddie recibió la Medalla de la Orden de Australia. En mayo del 2019, dio una charla TEDx ante 5.000 personas. Su charla, "El hombre más feliz del mundo", fue vista más de dos millones de veces. Aquí están algunos de sus mensajes:

  • No odio a nadie. El odio es una enfermedad que destruye tanto al enemigo como a ti.
  • El día que nació mi hijo, prometí que a partir de ese día hasta el fin de mi vida sería feliz, sonreiría, sería amable, ayudaría y sería bondadoso.
  • Hoy en día, enseño y comparto la felicidad con todos los que conozco. La felicidad no cae del cielo; está en tus manos. Si estas sano y eres feliz, eres millonario. La felicidad también trae buena salud al cuerpo y la mente, y yo atribuyo mis 99 años de salud principalmente a la actitud positiva y feliz. Una flor es mi jardín; un buen amigo es mi mundo.
  • Los jóvenes de hoy se olvidan de parar. Corren constantemente y no saben adónde van. Debes tomarte el tiempo para ser feliz y disfrutar de la vida. Hay un momento para reír y hay un momento para llorar. Yo veo cosas buenas en la vida. Invita a un amigo o a un miembro de la familia a una comida. Da un paseo. El mañana llegará, ¡pero primero disfruta del hoy!

Su biografía de 2020, “El hombre más feliz del mundo”, fue un éxito internacional.

Eddie Jaku murió en Sídney el 12 de octubre del 2021, a los 101 años. Su esposa Flore falleció el 6 de julio de 2022, a los 98 años.

El Tesorero de Australia, Josh Frydenberg escribió en su honor: “Australia ha perdido a un gigante. Él dedicó su vida a educar sobre los peligros de la intolerancia y el valor de la esperanza. Marcado por el pasado, sólo miró hacia adelante. Que su historia sea contada a las futuras generaciones”.

La Junta Judía de Nueva Gales del Sur escribió: “Eddie Jaku fue un faro de luz y esperanza no sólo para nuestra comunidad sino para el mundo. Siempre será recordado por la alegría que irradiaba y su resiliencia ante la adversidad”.


FUENTES

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Rebeca Rothleder
Rebeca Rothleder
3 meses hace

Muy bueno y emocionante el artículo. Un ejemplo para todos nosotros

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