Cosas que damos por sentadas

12/05/2026

2 min de lectura

Incluso quienes sufren de esclerosis múltiple caen en la trampa de dar las cosas por sentadas.

Esta mañana me senté afuera durante media hora. ¡Qué alegría! Sentarme al aire libre fue un placer especial para mí, ya que siendo cuadripléjico y, por lo tanto, incapaz de moverme, no tengo muchas oportunidades de salir. Como amo estar al aire libre, esto ha sido especialmente difícil para mí.

El simple hecho de ver a la gente conducir de un lado a otro por la calle me hizo pensar en cuánto damos las cosas por sentadas. Mis compañeros que padecen esclerosis múltiple lo saben muy bien. Probablemente somos los últimos que necesitan que se les recuerde que no hay que dar las cosas por sentadas. Hemos observado impotentes cómo fuimos perdiendo una capacidad física tras otra.

¿Cuántas veces hemos dicho: “Antes podía hacer eso”, refiriéndonos a algo que solíamos hacer sin pensarlo dos veces? El que podamos o no dejar el pasado atrás determina si tenemos la mirada puesta en el futuro o en el pasado. Es decir, si estamos preparados para enfrentar el mañana. Pensar en el futuro nos enseña a estar listos para adaptarnos a los cambios que se nos presentan. Toda persona con esclerosis múltiple puede dar testimonio de que adaptarse a los cambios en nuestra condición es una constante en nuestras vidas.

También están aquellas cosas que incluso quienes padecen esclerosis múltiple dan por sentadas, comenzando por la más básica. ¿No damos por sentado que el sol saldrá mañana por la mañana? ¿Alguna vez te has detenido a preguntarte por qué? Después de pensarlo, ¿has considerado alguna vez dar gracias por ello?

¿No asumimos todos que nos despertaremos mañana por la mañana? Basta con preguntar a cualquiera en un hospital o en un hogar de ancianos sobre despertarse mañana. ¿No es un poco presuntuoso asumir que despertaremos mañana? Después de todo, ¿quiénes somos para merecer semejante regalo? Hace falta un poco de humildad.

Años atrás, mi rabino dijo que deberíamos decir 100 bendiciones al día. Ridículo, pensé. Hoy me pregunto: ¿solo eso?

De manera similar, durante varios años, cada vez que escuchaba sobre un accidente automovilístico (durante unos 20 años, yo viajé cada día 72 km hasta mi trabajo universitario en el norte del estado de Nueva York, atravesando muchas tormentas de nieve invernales) o sobre un tiroteo “aleatorio”, me preguntaba: “¿Por qué ellos y no yo? ¿Qué hice yo para merecer salvarme?”

Años atrás, mi rabino dijo que deberíamos decir 100 bendiciones al día. En ese momento, pensé que estaba loco. Claro, decía una bendición antes de comer o beber, pero… ¿100 al día? Eso era ridículo.

Hoy, me pregunto: ¿eso es todo? ¡Eso ni siquiera comienza a cubrirlo! Si lo pensáramos aunque fuera por un segundo, nos daríamos cuenta de que hay miles, sino millones, de cosas por las que deberíamos estar agradecidos. Desde todo lo relativo a las funciones de nuestro cuerpo hasta nuestras circunstancias personales (familia, trabajo, etc.) y el país en el que vivimos. Me doy cuenta de que hay más cosas por las que estar agradecidos de las que jamás podríamos contar.

Haz clic aquí para comentar sobre este artículo
guest
0 Comments
Más reciente
Más antiguo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
EXPLORA
ESTUDIA
MÁS
Explora
Estudia
Más
Contacto
Lenguajes
Menu
Donar
Únete a nuestro newsletter
Redes sociales
.