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Crecer a partir de las adversidades: Dios, ¿no me puedes dejar un poco en paz?

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13/02/2022 | por Rav Nejemia Coopersmith

Elige la vida. Porque la alternativa es la muerte.

¿Por qué un Dios bueno, omnisciente y omnipotente decide poner adversidad y desafíos a mi vida? En artículos previos hemos explorado dos enfoques judíos respecto a esta difícil pregunta. (Puedes leerlos aquí y aquí) Este artículo se refiere a un tercer (y último) enfoque que debemos considerar.

El siguiente ejemplo lo escuché de Elana Rosenblatt, la esposa de mi amigo Rav Shaúl Rosenblatt. Ella sucumbió al cáncer de mama a los 29 años, y dejó 4 niños. La fuerza, la gracia y la claridad espiritual que representó durante sus últimos años trajo una luz enorme e inolvidable al mundo.

Elana describió a tres atletas que entrenan para las olimpiadas. Al final de un día arduo, el entrenador les dice a dos de los atletas que se pueden ir a casa, pero el tercero se tiene que quedar a una hora adicional de entrenamiento y práctica.

¿Por qué el entrenador hace esta diferencia?

A veces necesitamos ese empujón adicional para acceder a nuestra grandeza interior.

Porque él es el que tiene más posibilidades de ganar la medalla de oro. El entrenador invierte más tiempo y energía en él para sacar a la luz su formidable potencial. El tercer atleta necesita ese empujón adicional para acceder a su grandeza interior.

Podemos dudar de nosotros mismos y no creer que somos capaces de lograr la grandeza personal, pero Dios es Quien creó nuestra alma y Él sabe de qué estamos hechos. Él tiene íntima consciencia de nuestro potencial interior y no está dispuesto a arrojar la toalla y renunciar a nosotros, aunque eso sea lo que sentimos que queremos hacer. Dios invierte en cada uno de nosotros. Si no estamos trabajando con todos los cilindros, Él puede aumentar la temperatura y darnos las circunstancias y los desafíos que necesitamos para estar a la altura de las circunstancias y esforzarnos más, a veces más allá de lo que podríamos imaginar.

Limonada

Yo experimenté esto en mi vida. En un primer momento nos sentimos abrumados ante el desafío de educar a un niño con necesidades especiales. Pero mirando hacia atrás, ahora puedo ver cómo la bendición incomparable de nuestro hijo me ayudó a cambiar a mí y a toda mi familia. Yehudá me obliga a trabajar para ser más paciente, una cualidad por la que reconozco no me destacaba. Él enseñó a nuestra familia el lenguaje de los abrazos y volvió a sus hermanos más sensibles, empáticos y respetuosos de las personas que son diferentes.

Podemos responder a la adversidad aceptándola y utilizándola para motivarnos a trabajar más para lograr nuestro propósito en la vida.

Eso fue lo que hizo la familia Bergman cuando su hijo Brian fue diagnosticado con la enfermedad de Gaucher tipo 1, una rara enfermedad genética que provoca la falta de una enzima que descompone las sustancias grasas llamadas lípidos. En ese entonces no había un tratamiento disponible para esa enfermedad. En un primer momento los padres se preguntaron: "¿Por qué yo, por qué nosotros?", pero luego entraron en acción. Ellos investigaron por todas partes y encontraron a un médico que estaba logrando avances impresionantes en el tratamiento de la enfermedad.

Su hijo Brian fue la primera persona que recibió un tratamiento exitoso. Gracias a los esfuerzos encabezados por la familia Berman, hoy existe tratamiento para la enfermedad de Gaucher. Brian es una persona sana y activa, esposo y padre de cinco hijos, el presidente de la Fundación Gaucher, la misma fundación que sus padres crearon décadas atrás.

La batalla de la vida y la muerte

¿Pero por qué Dios hace que nos resulte tan difícil desarrollar nuestro potencial? ¿Por qué necesitamos esforzarnos tanto? ¿Qué problema hay si estoy feliz mirando todo el día películas por Netflix? ¡Dios, déjame tranquilo con mis papas fritas!

La explicación radica en entender la naturaleza del libre albedrío.

Al enmarcar la esencia del libre albedrío, la Torá dice: "Mira: he puesto hoy delante de ti la vida y lo bueno, y la muerte y lo malo… Escoge la vida para que vivas" (Deuteronomio 30:15,19). El libre albedrío no es simplemente una elección entre lo bueno y lo malo; es una elección entre la vida y la muerte.

¿Cómo es posible? ¿Quién elige la muerte?

Todos lo hacemos.

Rav Nóaj Weinberg demostraba este punto preguntándoles a sus alumnos: "¿Qué es lo opuesto al dolor?". La mayoría le respondía: "El placer".

Lo opuesto al dolor no es el placer, es la ausencia de dolor, el bienestar. No confundas bienestar con placer.

Rav Weinberg respondía: "Incorrecto. Lo opuesto al dolor no es el placer, es la ausencia de dolor, el bienestar. No confundas bienestar con placer".

El bienestar es la ausencia de dolor, estar acostado en la playa sin ninguna preocupación, el efecto adormecedor de la novocaína, dormir hasta tarde… La máxima experiencia de no dolor es la muerte misma. El suicidio. El Talmud dice que todos tenemos un deseo de muerte, hay una parte nuestra que desea enterrarnos y acabar con todo. Y una vez que el Ietzer Hará, nuestro ser más inferior, no puede ganar esa batalla, pasa a la siguiente mejor opción: el suicidio en cuotas.

Esta tentación llega de todas las formas y tamaños. Todos tenemos nuestras tentaciones y nuestras formas de escape, y es algo que nunca cesa.

Del otro lado de nuestra batalla del libre albedrío está la opción de elegir la vida. Nuestra alma anhela elevarse, crecer y tener logros. El verdadero placer requiere dolor y esfuerzo, no escaparse de eso. "Sin dolor no hay logros", suelen decir. Los momentos más significativos que tenemos llegan a partir de la lucha.

Dios, que es infinito y completo, nos colocó en el mundo para obtener el máximo significado y perfección, lo cual se logra al esforzar nuestros músculos de libre albedrío, superar el impulso de quedarnos en lo que es cómodo y elegir el placer genuino.

No podría ser de otra forma, porque el libre albedrío es lo que nos asemeja a Dios, Quien es libre e independiente. El deseo de permanecer inertes y arrojar por la borda nuestro potencial porque es lo más cómodo, simplemente es un escape, una forma de muerte. Es elegir la falta de sentido. Es exactamente lo contrario de Dios, Quien es la vida eterna.

Como un padre que no puede tolerar ver a su hijo dormir hasta tarde, fumar marihuana y jugar todo el día en la computadora, Dios quiere ver que nos levantamos del sofá, conquistamos nuestros demonios y sentimos el sabor del profundo placer y el significado que está ahí esperando que lo aprovechemos, si lo deseamos lo suficiente.

Elige la vida. Porque la alternativa es la muerte.




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