La comida kósher y el alma: Por qué el libre albedrío comienza con la comida
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Si alguien te preguntara por qué los judíos tienen tantas mitzvot (mandamientos), ¿qué le responderías? La respuesta se encuentra en un lugar inesperado: justo en el medio del código legal más completo de la Torá. Allí, entre las leyes fundamentales que transformarían la civilización humana, encontramos un mandamiento que parece no tener ningún sentido.
Desde la primera línea de la porción de la Torá de esta semana, se presentan leyes que abarcan desde los derechos de los trabajadores hasta el cuidado de los pobres, la justicia penal y los conflictos de propiedad. Estos estatutos crean la base de una sociedad moral, estableciendo principios que más tarde se convertirían en pilares del derecho en muchas civilizaciones. Todo parece perfectamente lógico hasta Éxodo 23:19, cuando la Torá rompe abruptamente el patrón con: “No cocerás el cabrito en la leche de su madre”, la primera aparición de la famosa prohibición de cocinar o comer carne con leche.
Como estudiante de Administración y Salud Preventiva, fanático del fitness desde hace unos 20 años y entrenador personal certificado, he visto pasar toda clase de modas de salud, y puedo asegurarte que nadie ha puesto en una lista negra al pollo parmesano (orgánico y de granja). El comentarista medieval Rabenu Bejaia ofrece varias interpretaciones complejas de este mandamiento y luego (metafóricamente) se encoge de hombros y dice: “El hecho es que toda esta legislación pertenece a la categoría de jukim, estatutos para los cuales no se puede encontrar una razón lógica… El verdadero significado de estos estatutos no nos será revelado hasta después de la llegada del Mesías”.
¿Cómo encaja esta prohibición suprarracional dentro de una lista de 53 de las leyes morales más lógicas que regulan las relaciones humanas? Más aún: ¿cuál es el propósito de toda esta categoría de mandamientos llamados jukim, que están más allá de nuestra comprensión?
Para responder a estas preguntas, demos un paso atrás y preguntemos en primer lugar: ¿por qué Dios nos dio mitzvot?
Aquí hay dos respuestas comunes:
Ambas respuestas contienen una verdad esencial. La Torá vincula explícitamente el cumplimiento de las mitzvot con nuestro destino, y estos mandamientos proporcionan la base moral de un mundo civilizado. Pero hay una verdad más profunda detrás de estas explicaciones. Para descubrirla, déjame compartir una historia:
En un vuelo, Rav Manis Friedman(1) se encontró sentado junto a una cristiana devota. Ella le explicó con seguridad: “Como Jesús expió nuestros pecados, ya no tenemos que cumplir los 613 mandamientos de la Torá. ¡Podemos llegar al Cielo solo a través de la gracia de Dios!”
Él le respondió: “Vaya, ¿y cuidas las leyes de kashrut?”
Ella lo miró confundida y repitió su explicación original. Rav Friedman insistió: “Está bien, pero ¿cuidas las leyes de kashrut?”
Desconcertada, ella balbuceó: “¿Por qué habría de hacerlo?”
“Bueno, parece que amas mucho a Dios. ¿No crees que sería bueno hacer lo que a Él le gusta, incluso si no te ayuda a llegar al Cielo?”
La brillante respuesta de Rav Friedman revela un profundo cambio de paradigma. La mujer veía los mandamientos solo como un medio para un fin: seguirlos tenía sentido únicamente si ellos ayudaban a lograr la salvación. Pero Rav Friedman mostró una verdad más profunda: cada mitzvá nos ofrece la oportunidad de expresar nuestro amor por el Creador. Esta comprensión transforma las mitzvot de obligaciones en oportunidades de relación. Como enseña el Rambam: “Quien sirve a Dios por amor se ocupa de la Torá y las mitzvot y camina por los senderos de la sabiduría sin ningún motivo ulterior: no por temor a que ocurra algo malo ni para obtener un beneficio, sino que hace lo verdadero porque es verdadero”.(2)
Esta idea de las mitzvot como expresiones de amor es aún más profunda e está integrada en la propia palabra mitzvá (מצוה). En la raíz de la palabra está tzav (צו). Rashí define tzav como un mandato para actuar con entusiasmo apasionado, ahora y para siempre.(3) Comentarios cabalísticos(4) posteriores conectan la palabra mitzvá con el término arameo tzavta (צוותא), que significa “conexión”. Uniendo estas definiciones, una mitzvá es una oportunidad de conectarse con Dios siguiendo Su voluntad con entusiasmo apasionado, ahora y para siempre.(5) Ahora podemos entender por qué la Torá coloca esta prohibición aparentemente irracional en medio de leyes perfectamente lógicas. Mientras que estas leyes establecen justicia y determinan recompensa y castigo, esta mitzvá nos enseña que su propósito más profundo es construir nuestra relación con Dios. Piénsalo así: si tu cónyuge te pide algo, comprender su razonamiento puede añadir significado, pero el acto en sí expresa amor incluso si no lo entiendes. De hecho, cumplir una petición que no comprendes del todo puede demostrar un amor aún más profundo que hacer algo que te parece completamente lógico.
Ahora nuestra pregunta inicial casi se responde sola: ¿Por qué tenemos tantas mitzvot? Porque, así como cada pedido explícito o implícito de nuestro cónyuge nos da la oportunidad de fortalecer el matrimonio, cada mitzvá es otra oportunidad para expresar nuestro amor y fortalecer nuestra relación con Dios. Para decirlo de forma simple: ¡las mitzvot son el lenguaje de amor de Dios!
Si aún no observas plenamente las mitzvot, encuentra un aspecto de la Torá (quizás Shabat o Kashrut) que te parezca más allá de la lógica, y asúmelo únicamente como una expresión de amor a Dios.
Si ya eres plenamente observante, elige una mitzvá que ya practiques y añade esta dimensión de amor diciendo antes de cumplirla:
“Hago esto por Ti, porque Te amo”.
Que con cada mitzvá que cumplamos, nuestros corazones se llenen más de amor por nuestro Creador.
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