Masacre en un evento de Janucá en Australia
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Después de soportar 20 años de trabajo manual bajo su suegro estafador, Laván, Iaakov emprende el regreso a Israel junto con su creciente familia y sus rebaños, buscando un futuro más prometedor. Pero cuando comienza la porción de esta semana, Iaakov se encuentra rumbo a una colisión con Esav, su hermano gemelo, quien aún alberga intenciones asesinas. En la víspera de este temido encuentro, Iaakov se aventura solo para recuperar algunas posesiones finales. En ese momento de vulnerabilidad, el ángel de Esav (su fuerza espiritual) lo ataca.
Este no era un ser celestial común. Nuestros sabios revelan que este oponente era el Ángel de la Muerte; el Satán; la Inclinación al Mal. Lo que siguió se convertiría quizá en el combate más trascendental de la historia.
Podemos imaginar el anuncio cósmico:
"Entrando al ring… Estudió Torá sin dormir durante 14 años(1)… Se mantuvo honesto mientras vivía bajo el maestro del engaño… Es el padre de las 12 tribus… El único… ¡¡¡Iaakov!!!" [La multitud estalla]
"Y el retador de todos los retadores… La fuerza de toda muerte y destrucción… El mal encarnado en su estado más puro… Por favor, permítanle presentarse (referencia a los Rolling Stones)… ¡¡¡El Ieeeeetzerrrrrrrr Hará (Inclinación al Mal)!!!» [La multitud se estremece]
Bueno, tal vez no exactamente así… Pero dejando las bromas a un lado, las profundas implicaciones de este conflicto exigen nuestra atención. El Iétzer Hará (la Inclinación al Mal) es la fuerza que desata toda miseria, ansiedad y sufrimiento en nuestro mundo. A nivel individual, es la voz interna negativa que impulsa nuestro interminable diálogo mental, la duda sobre nosotros mismos y la persecución imprudente de placeres pasajeros. En su forma más destructiva, alimenta tanto el odio hacia uno mismo como el odio hacia los demás, sacando lo peor de la humanidad.
La lucha entre Iaakov y la Inclinación al Mal representa la batalla más fundamental de la humanidad: la lucha eterna entre nuestras aspiraciones más elevadas y nuestros impulsos más oscuros.
Cuando el alba irrumpe tras la lucha nocturna, el ángel le suplica a Iaakov que lo libere. Iaakov se mantiene firme: "No te soltaré hasta que me bendigas". Accediendo, el ángel declara: "Tu nombre ya no será llamado Iaakov, sino Israel, porque has luchado con Elohim (Dios) y con los hombres, y has prevalecido". El nombre Israel deriva de שרית עם־אלהים (sarita im Elohim) – “lucha con Dios”.(2)
Este encuentro extraordinario plantea tres preguntas profundas:
Para comenzar a resolver el misterio, pensemos en algo con lo que todos nos podemos identificar: ¿alguna vez te has preguntado por qué casi todas las grandes historias tienen un villano? En un nivel simple, el villano aporta dramatismo a la historia. Pero si profundizas más, descubrirás que el villano cumple un propósito aún más esencial: él empuja al héroe a alcanzar su máximo potencial. Solo cuando se encuentran atrapados y golpeados, los héroes buscan en su interior y liberan sus verdaderas capacidades, forjando las leyendas que conocemos y amamos.
Al igual que nuestros héroes, cada uno de nosotros tiene su propio archienemigo; una fuerza que trabaja constantemente para frustrar nuestras aspiraciones más elevadas. Ese villano es nuestra Inclinación al Mal. ¿Por qué existe? Como todo villano digno de tal nombre, su plan es el dominio mundial (y si miramos a nuestro alrededor, está haciendo un trabajo bastante bueno). Pero formulemos la pregunta con más precisión: ¿por qué Dios crearía una fuerza así? ¿Acaso Dios no quiere un mundo lleno de bondad y bendición? ¿Por qué diseñar un ser responsable del suicidio, la guerra y el genocidio?
Ahora conocemos la respuesta: así como un autor introduce a un villano para sacar lo mejor del héroe, Dios nos brinda la máxima oposición para extraer nuestro mayor potencial. Cada día despertamos en un campo de batalla, un hermoso y santo tira y afloja entre nuestra Inclinación al Bien y nuestra Inclinación al Mal. A través de este combate diario con nuestro yo inferior, nos formamos como los héroes de nuestra propia historia.
Esta idea resuelve nuestra primera pregunta: la Inclinación al Mal se identifica como “Elohim” porque, en última instancia, sirve como agente de Dios, específicamente designado para catalizar nuestro crecimiento hacia la grandeza.
La respuesta a nuestra segunda pregunta surge naturalmente: ¿por qué el ángel debe partir al amanecer? Rabenu Bejaia, uno de los contemporáneos de Rashi, explica que, al completar su misión, un ángel regresa a Dios para entonar alabanzas.(3) ¿Cómo cumplió el Iétzer Hará su propósito al luchar contra Iaakov? Fue derrotado. Así es: el Zóhar nos dice que el Iétzer Hará cumple su propósito precisamente a través de la derrota.(4) Se presenta como nuestro mayor enemigo hasta que resistimos activamente, entonces revela su verdadera naturaleza como un mensajero divino, que asciende al cielo para celebrar nuestra victoria sobre sus desafíos.(5)
Por último, ¿por qué el nombre de Israel conmemora la lucha más que el triunfo? Porque la victoria sobre el Iétzer Hará siempre es temporal. Cada derrota hace que regrese más fuerte, más inteligente, más astuto. La verdadera victoria no está en la conquista final, sino en el compromiso con la lucha interminable, en el esfuerzo por mejorar día tras día. El nombre Israel nos recuerda que debemos prepararnos para toda una vida enfrentando a nuestro adversario interior, perfeccionándonos a nosotros mismos y a nuestro mundo en cada encuentro.(6)
Esta batalla diaria puede tomar muchas formas, como lo ilustra una famosa historia sobre el Jafetz Jaim, el líder del judaísmo europeo en la era previa a la guerra. Una fría mañana de invierno, al levantarse temprano para rezar, su Iétzer Hará le susurró: “¿Cómo puedes levantarte tan temprano? ¡Eres un anciano y hace un frío terrible afuera!”
El Jafetz Jaim respondió con su característico ingenio: “¡Tú eres mucho más viejo que yo, y ya estás despierto!”
El campo de batalla entre el bien y el mal existe, ante todo, dentro de nuestra mente. Elegimos qué pensamientos aceptar y cuáles rechazar. Lo que creemos, lo fortalecemos. Cuando damos poder a pensamientos negativos, ayudamos al Iétzer Hará a crear una realidad más oscura, cediendo terreno en la lucha definitiva de la vida.
El desafío de hoy: vigila tus pensamientos. Cuando sorprendas tratando de surgir un pensamiento negativo, enfréntalo con una sonrisa y declara: “¡Estás aquí para hacerme mejor!” Luego elige conscientemente la alternativa positiva. Cada victoria, por pequeña que sea, te acerca a tu máximo potencial.
Recuerda: estas batallas no están destinadas a rompernos, sino a construirnos. El Iétzer Hará puede parecer nuestro mayor enemigo, pero en verdad es un ángel creado con un solo propósito: ayudarnos a liberar nuestra verdadera grandeza.
¡A luchar, hermanos israelitas!
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