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Cuando el "yo" se acalla

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Vaietzé (Génesis 28:10-32:3 )

por Rav Jonathan Sacks

Cuando el "yo" se silencia, podemos encontrarnos con Dios.

La parashá de esta semana presenta una importante perspectiva sobre la plegaria. Iaakov, solo y lejos de su hogar, se acuesta para pasar la noche con piedras como almohada, y sueña con una escalera y ángeles que ascienden y descienden por ella. Este es el encuentro inicial con la "casa de Dios" que un día se convertiría en la sinagoga, el primer sueño de una "puerta al cielo" que permite acceder a Dios, quien está arriba, y finalmente nos deja saber que "Dios realmente está en este lugar".

Sin embargo, hay un matiz en el texto que se pierde con la traducción y necesitamos que los maestros jasídicos llegaran a recordárnoslo. En su declinación, los verbos hebreos llevan una indicación de su sujeto. De esta forma, la palabra iadati significa "yo supe" y lo iadati, "yo no sabía". Sin embargo, cuando Iaakov se despierta, dice: "Por cierto Dios está en este lugar veanojí lo iadati". Anojí significa "yo", lo cual en esta sentencia es superfluo. Para traducir esta frase literalmente deberíamos decir: "Y yo, yo no lo sabía". ¿Por qué el doble uso de "yo"?

Rav Pinjas Horowitz (Panim Iafot) da una maravillosa respuesta. Él pregunta: ¿cómo llegamos a saber que "Dios está en este lugar"? Por "veanojí lo iadati – no conocer el yo". Conocemos a Dios cuando nos olvidamos del "yo". Podemos sentir el "Tú" de la Presencia Divina cuando vamos más allá del "yo" del egocentrismo. Sólo cuando dejamos de pensar en nosotros mismos nos abrimos realmente al mundo y al Creador. Aquí está la respuesta a algunas de las más grandes preguntas respecto a la plegaria: ¿Qué diferencia hace si rezo o no? ¿Realmente puede cambiar a Dios mi plegaria? Sin duda Dios no va a cambiar. Además: ¿la plegaria no contradice el principio más fundamental de la fe, que es que debemos cumplir la voluntad de Dios en vez de pedirle a Dios que haga lo que nosotros queremos? ¿Qué es realmente lo que ocurre cuando rezamos?

La plegaria tiene dos dimensiones, una misteriosa, la otra no, Simplemente hay demasiados casos de plegarias que obtuvieron respuesta como para que neguemos que la plegaria puede marcar una diferencia en nuestro destino. Lo hace. Una vez escuché la siguiente historia. En un campo de concentración nazi, un hombre había perdido la voluntad de seguir vivo. Esa noche derramó su corazón en plegarias. A la mañana siguiente lo transfirieron a trabajar en la cocina del campo. Allí, cuando los guardias no lo miraban, podía robar algunas cáscaras de papa. Esas cáscaras fueron las que lo mantuvieron vivo. Esta historia la escuché de su hijo.

Quizás cada persona tiene alguna historia similar. En los momentos de crisis clamamos desde lo más profundo de nuestra alma, y algo ocurre. A veces, sólo podemos verlo más tarde, al mirar hacia atrás. La plegaria marca una diferencia en el mundo, pero cómo lo hace es un misterio.

Sin embargo, hay otra dimensión que no es misteriosa. Menos de lo que la plegaria cambia al mundo, nos cambia a nosotros. El verbo hebreo lehitpalel, que significa "rezar", es reflexivo, implica una acción que se hace sobre uno mismo. Literalmente, lehitpalel significa "juzgarse a uno mismo". Esto implica escaparse de la prisión del "yo" y ver el mundo, incluidos nosotros mismos, desde el exterior. La plegaria es donde la implacable primera persona del singular, el "yo", se queda en silencio por un momento y nos damos cuenta que no somos el centro del universo. Hay una realidad afuera. Este es un momento de transformación.

Si tan sólo pudiéramos dejar de preguntarnos: "¿Cómo me afecta esto a mí?", veríamos que estamos rodeados de milagros. Existe una complejidad y belleza casi infinita en el mundo natural. Está la palabra divina, nuestro mayor legado como judíos, la biblioteca de libros que llamamos la Biblia. Y también el drama sin paralelo, que se extiende durante más de cuarenta siglos, de tragedias y triunfos que vivenció el pueblo judío. Respectivamente, estos representan las tres dimensiones de nuestro conocimiento de Dios: creación (Dios en la naturaleza), revelación (Dios en las palabras sagradas) y redención (Dios en la historia).

A veces hace falta una gran crisis para permitirnos tomar consciencia de cuán centrados habíamos estado en nosotros mismos. La única pregunta suficientemente fuerte para dar significado a nuestra existencia no es "¿qué es lo que yo necesito de la vida?", sino "¿Qué es lo que la vida necesita de mí?". Esta es la pregunta que escuchamos cuando realmente rezamos. Más que un acto de hablar, la plegaria es un acto de escuchar lo que Dios quiere de nosotros, aquí y ahora. Lo que descubrimos, si somos capaces de crear ese silencio en el alma, es que no estamos solos. Estamos aquí porque alguien, Dios, quiso que estuviéramos, y Él nos fijó una tarea que sólo nosotros podemos llevar a cabo. Emergemos fortalecidos, transformados.

Más de lo que las plegarias cambian a Dios, nos cambian a nosotros. Nos permiten ver, sentir, saber que "Dios está en este lugar". ¿Cómo llegamos a esa consciencia? Yendo más allá de la primera persona del singular, para que por un momento, al igual que Iaakov, podamos decir: "Yo no conozco el 'yo'". En el silencio del "yo" encontramos el "Tú" de Dios.

Shabat Shalom




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