Cuando la victoria está asegurada

12/07/2026

3 min de lectura

Devarim (Deuteronomio 1:1-3:22 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

Esta semana comenzamos Deuteronomio, el último libro de la Torá, que contiene las últimas palabras de Moshé al pueblo judío antes de su entrada en la Tierra de Israel. En la parashá de esta semana, Moshé recuerda algunos de los acontecimientos más conocidos de los cuarenta años anteriores, como el episodio de los espías. Moshé repite las palabras que dirigió al pueblo en aquel momento: "Hashem, tu Dios, te ha dado (natán) la tierra. Sube y toma posesión de ella" (Deuteronomio 1:21).

Este versículo presenta varias dificultades. En primer lugar, ¿por qué Moshé dice que Dios ya ha dado la tierra al pueblo judío? Los israelitas todavía no habían entrado en la Tierra de Israel y, por lo tanto, aún no habían tomado posesión oficial de ella. ¿Por qué entonces el verbo "dar" aparece en tiempo pasado (natán)? Además, ¿por qué Moshé dice: "Sube y herédala", si sabe que el pueblo tendrá que librar una guerra antes de heredarla? Parecería más apropiado decir: "Sube y pelea".

Podemos sugerir una manera de comprender la guerra que se avecina a partir de las palabras que Moshé dirigió al pueblo inmediatamente antes de la apertura del Mar Rojo: "Hashem peleará por ustedes" (Éxodo 14:14). Cuando Dios promete luchar por el pueblo judío, no existe ninguna duda acerca del resultado. Por eso, aunque el pueblo está a punto de enfrentarse a una batalla, se trata de una guerra que Dios mismo les ha ordenado librar y, en consecuencia, la victoria ya puede considerarse asegurada.

Esto explica la afirmación de Moshé: "Dios... les ha dado la tierra". En esencia, la tierra ya pertenece al pueblo judío, aunque todavía no haya combatido contra las naciones cananeas. Esto también explica por qué Moshé dice: "Suban y herédenla". Si la guerra está prácticamente ganada desde el principio, lo único que queda es tomar posesión de la tierra que Dios les ha prometido. Quizá por eso Moshé concluye el versículo diciendo: "No tengan miedo". El resultado de la batalla está garantizado; no hay motivo para estar nerviosos.

Esta interpretación recibe apoyo más adelante en la parashá, cuando Moshé recuerda la guerra contra Sijón, rey de los amorreos (Deuteronomio 2:31-34). Primero, Dios le dice a Moshé: "Comienza a tomar posesión de su tierra" (Deuteronomio 2:31). Después, el ejército de Sijón sale a combatir contra Israel (2:32), y solo entonces Dios concede la victoria al pueblo judío (2:33). El orden de estos versículos ilustra precisamente esta idea: el pueblo de Israel comenzó a poseer el territorio de Sijón antes incluso de que Sijón atacara. Cuando Dios combate por nosotros, la victoria está asegurada desde el comienzo.

***

La esperanza de Israel

Al finalizar la guerra contra Sijón, el pueblo judío destruyó por completo todas sus ciudades, junto con hombres, mujeres y niños (Deuteronomio 2:34). La palabra utilizada para "hombres" en este versículo es "mtim", un término muy poco habitual. ¿Por qué Moshé emplea esta palabra en lugar del término más común, "anashim"?

Podemos sugerir que la palabra "mtim" se lea como "metim", que significa "personas muertas". En otras palabras, cuando las fuerzas israelitas conquistaron las ciudades de Sijón, sus habitantes ya eran considerados, por así decirlo, "muertos". Esta sutil alusión del texto enfatiza que la promesa de Dios garantiza el resultado final.

Maimónides explica ampliamente que esta es la perspectiva judía respecto a toda guerra que el pueblo de Israel libra: "Cuando el pueblo judío entra en guerra, deposita su confianza en la Esperanza de Israel y en su Salvador [Dios], Aquel que nos rescata en tiempos de angustia. Sabemos que combatimos por la unificación del Nombre de Dios. Pon tu alma en Sus manos y no tengas miedo ni te acobardes... Quien lucha con todo su corazón y sin temor, con el único propósito de santificar el Nombre de Dios, no sufrirá daño alguno ni le acontecerá ningún mal..." (Hiljot Melajim 7:15).

El libro de Deuteronomio también recibe el nombre de Mishné Torá, "repetición de la Torá", porque vuelve sobre acontecimientos anteriores. De manera similar, la historia del pueblo judío también parece repetirse. No sabemos cómo continuarán desarrollándose los acontecimientos actuales en la Tierra de Israel, pero sí sabemos que, a lo largo de los siglos, el pueblo judío ha depositado su confianza en Dios con la certeza de que finalmente alcanzará la victoria.

Que todos tengamos el mérito de presenciar la paz que nace del amor y del respeto hacia todo ser humano, de vivir en armonía y de servir juntos a Dios.

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