Cuando los bancos suizos se quedaron con el dinero de las víctimas judías

06/11/2025

8 min de lectura

Antes del Holocausto, muchos judíos depositaron su dinero en bancos suizos intentando asegurar el futuro de sus familias. Llevó décadas y demandas legales para que los herederos recuperaran el dinero. Algunos nunca lo lograron.

Durante su infancia en Cernăuti, Rumania, en la década de 1920, Greta Deligdisch y su hermano Otto no carecían de nada. Su padre, Siegfried Deligdisch, era dueño de una fábrica textil que empleaba a más de 1.000 personas. La familia tomaba vacaciones caras en Italia. Siegfried viajaba ocasionalmente a Suiza, donde depositaba dinero en una cuenta bancaria suiza. Él le aseguraba a su familia que no tenían de qué preocuparse. Los fondos en el banco suizo podían mantenerlos durante muchos años.

La Gran Sinagoga en Cernăuti, Rumania, antes de la Segunda Guerra Mundial

Pero la salud es algo que el dinero no puede comprar. Siegfried sufría de una enfermedad renal y en 1940, sucumbió a su enfermedad.

En ese momento, con los nazis conquistando Europa e implementando su "solución final", Greta, Otto y su madre estaban más preocupados por la supervivencia básica que por el dinero en un lejano banco suizo. Ellos pasaron los años de la guerra en Brașov, una ciudad en los Montes Cárpatos, viviendo en el departamento de un amigo.

El fin de la Segunda Guerra Mundial no trajo la libertad para los judíos de Brașov, ya que se encontraron bajo el dominio soviético. Greta decidió huir de Rumanía. El escape estuvo llena de peligros e incluyó saltar de un tren y esconderse en un camión para pasar por Hungría. Finalmente, Greta llegó a un campo de refugiados en Viena.

Allí conoció y se casó con su esposo, Simon Beer. Juntos emigraron a los Estados Unidos y más tarde la siguieron su madre y su hermano.

Cuando su vida finalmente alcanzó cierta estabilidad, Greta decidió que era hora de reclamar la herencia que su padre había dejado en un banco suizo. Pero resultó ser mucho más complicado de lo que ella había pensado.

Greta Beer en el 2018, cuando tenía 96 años. Greta falleció en el 2020.

Greta y su madre fueron de banco en banco en Suiza, pero los bancos las rechazaban una y otra vez. Greta recordó:(1) “La primera vez que nos dejaron entrar a mi madre y a mí, nos dijeron: ‘No encontramos nada, pero seguimos buscando’. Tenían muchas excusas. Sé que el dinero estaba allí. Mi padre depositó el dinero, y luego desapareció. Lo borraron”.

La lucha por recuperar el dinero de su familia duró muchos años y finalmente llevó a Greta a testificar en el Congreso de los Estados Unidos.

El dinero judío en los bancos suizos

La familia Deligdisch fue sólo una de muchas familias judías que tenían dinero en cuentas suizas antes del Holocausto y tuvieron problemas para acceder a sus ahorros después del Holocausto.

Aunque pocos judíos conocían la magnitud de los horribles planes de los nazis, muchos judíos en toda Europa experimentaron el incremento del antisemitismo y sintieron que debían tomar medidas para proteger sus activos y el futuro de sus familias. Los bancos suizos eran el lugar natural para cualquiera que quisiera garantizar que su dinero estuviera a salvo.

Sede del Banco Nacional Suizo en Bundesplatz, Berna, Suiza

Durante siglos, los bancos suizos gozaron de la reputación de ser los más seguros, en parte por su independencia de cualquier entidad gobernante local o influencia extranjera.

Los ciudadanos de Suiza valoran la independencia, la autosuficiencia y el trabajo arduo. Desde la Edad Media, se resistieron a la atracción de los movimientos nacionales o políticos, se negaron a participar en conflictos militares o alianzas internacionales, e insistieron en su neutralidad. La independencia y neutralidad suiza fueron garantizadas por Napoleón en 1802 y aceptadas por el derecho internacional desde entonces.

Dentro de Suiza, la población resistió el establecimiento de un gobierno centralizado, prefiriendo la autonomía de cantones soberanos. Finalmente, en 1848, se adoptó una constitución federal, con la idea de un gobierno federal.

Los poderes del gobierno federal suizo son muy limitados y no extienden autoridad alguna sobre la industria bancaria. Hasta el día de hoy, los bancos suizos tienen más autonomía que cualquier otro banco en el mundo.

En los tumultuosos años previos al Holocausto, muchos judíos acudieron a los bancos suizos para proteger sus ahorros de toda la vida. Algunos abrieron cuentas bancarias suizas a su propio nombre, mientras que otros abrieron cuentas numeradas sin nombre o depositaron su dinero en cuentas que, en papel, pertenecían a amigos no judíos. Miles de estos clientes de bancos suizos fueron asesinados en el Holocausto y no pudieron recuperar su dinero.

Esfuerzos para recuperar los activos judíos

Los sobrevivientes del Holocausto, o sus herederos, comenzaron el proceso de recuperar sus activos poco después del Holocausto. Algunos lograron conservar la documentación que probaba la propiedad de las cuentas, y para ellos, el proceso fue sencillo. Ya en 1946, los bancos suizos devolvieron varios millones de dólares a herederos de las víctimas del Holocausto.

Pero la mayoría de los sobrevivientes no tenían la documentación adecuada en su poder, y el proceso resultó ser difícil y emocionalmente desgarrador. También hubo cuentas dejadas sin herederos legales. La pregunta de a quién pertenecía ese dinero ocupó a tribunales y medios de comunicación durante décadas.

En 1954, el gobierno israelí demandó a los bancos suizos en nombre de "huérfanos y herederos judíos", insistiendo en que los bancos suizos estaban reteniendo 30 millones de dólares de fondos judíos no reclamados. Tanto el gobierno suizo como la Asociación de Banqueros Suizos rechazaron rotundamente el reclamo de Israel, insistiendo en que los bancos habían hecho todo lo posible por localizar a los herederos judíos y devolverles su dinero, y que el gobierno israelí no podía reclamar ser el heredero de las cuentas de las víctimas del Holocausto que no tenían herederos legales sobrevivientes.

Los aspectos legales y morales del caso fueron debatidos en todo el mundo occidental durante años. Finalmente, en 1962, el Consejo Federal Suizo aprobó la primera ley que interfería con la autonomía de los bancos suizos. El Consejo ordenó a los bancos que revelaran la información sobre los activos dormidos de “extranjeros o personas apátridas perseguidas por motivos raciales, políticos o religiosos”.

Sin embargo, la ley era imposible de hacer cumplir sin derribar todo el sistema bancario suizo. Se dejó a discreción de los bancos determinar qué cuentas pertenecían a individuos perseguidos. El gobierno israelí quedó decepcionado con el resultado de su demanda.

Pero los herederos sobrevivientes, como Greta Beer, no se dieron por vencidos. Ellos continuaron hablando en los medios hasta que su sufrimiento fue escuchado y su caso fue tomado por abogados estadounidenses.

La demanda en los Estados Unidos

En 1995, The Wall Street Journal publicó un artículo de Peter Gumbel entrevistando a Greta Beer y denunciando la indiferencia del mundo hacia la negativa de los bancos suizos de devolver a los legítimos herederos el dinero que les habían confiado.

Greta Beer al dar testimonio ante el Comité Bancario del Senado en 1996

El artículo llamó la atención de Stuart Eizenstat, diplomático y abogado estadounidense, quien en ese momento era embajador de los Estados Unidos ante la Unión Europea. Siendo él mismo judío, Eizenstat tenía experiencia ayudando a sobrevivientes del Holocausto a recibir compensación de Alemania. Eizenstat decidió involucrarse en el caso contra los bancos suizos.

En sus memorias, Eizenstat escribe:(2) "Estados Unidos fue el único país que se preocupó lo suficiente como para interesarse en esta causa en una fecha tan tardía y tenía la influencia para hacer una diferencia".

Stuart Eizenstat, Departamento del Tesoro de los Estados Unidos

Se involucraron norteamericanos influyentes, incluyendo al senador Alfonse D’Amato, presidente de la Comisión Bancaria, quien finalmente invitó a Greta Beer a testificar en Washington.

En una entrevista en video, el senador D’Amato dijo:(3) "Hoy en día, las personas que están vivas están siendo privadas de sus derechos sobre estos activos después de años de súplicas, de intentos... La gran mano de los bancos dijo: 'No'". El senador D’Amato quería asegurar que se hiciera justicia.

Edgar Bronfman, presidente del Congreso Judío Mundial, llevó el asunto a la atención del entonces presidente y primera dama, Bill y Hillary Clinton. Eizenstat escribe:(4) "Porque la memoria del Holocausto es uno de los pocos temas unificadores en la vida judía estadounidense, la intervención de Bronfman con el presidente encontró una puerta abierta".

Eizenstat continúa:(5)

"Mi propia contribución fue traer un nivel especial de compromiso y perseverancia. Para mí, esto no era sólo otro desafío de política pública, sino una oportunidad para ayudar a eliminar una nube sobre la historia de los Estados Unidos, que había sacrificado tanto para ganar la guerra, pero había hecho tan poco para prevenir el genocidio civil y luego ayudar a sus sobrevivientes después del conflicto".

Dientes de oro 

A medida que la demanda avanzaba, salió a la luz más información sobre la conducta de los bancos suizos durante el Holocausto, revelando cómo los nazis usaron los bancos suizos para almacenar y comercializar arte, joyas y otras pertenencias valiosas robadas a los judíos.

En mayo de 1997, Eizenstat publicó un informe sobre el comercio de oro de los bancos suizos con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El informe decía que el Banco Nacional Suizo recibió grandes cantidades de oro saqueado, incluyendo oro de los dientes de las víctimas del Holocausto. En la introducción del informe, Eizenstat escribió: "Los neutrales continuaron beneficiándose de sus vínculos comerciales con Alemania y, por lo tanto, contribuyeron a prolongar uno de los conflictos más sangrientos de la historia".

Mucho después, en una entrevista en video, Eizenstat dijo: "Creo que Suiza se salvó de la invasión alemana porque no era del interés de Alemania invadir Suiza... porque se beneficiaban del intercambio de su oro saqueado... y no había mucho más que pudieran haber obtenido de Suiza".

El juez Edward R. Korman, quien supervisó el caso judicial, dijo en una entrevista en video:(8) "Para los nazis era útil tener a Suiza como neutral... Suiza no sólo sobrevivió a la guerra completamente intacta, sino que también ganó mucho dinero con un comercio que técnicamente podría haber sido legalmente permitido porque eran neutrales".

La famosa neutralidad suiza resultó ser más siniestra de lo que se pensaba.

El acuerdo 

Aunque en Suiza los descubrimientos y acusaciones fueron recibidos con indignada negación, finalmente, bajo presión internacional, el pueblo suizo tuvo que enfrentar su pasado y admitir que los bancos suizos estuvieron involucrados en tratos de guerra con los nazis y se beneficiaron de ellos.

En agosto de 1998, el senador D’Amato anunció que se había alcanzado un acuerdo con los bancos suizos, acordando pagar 1.250 millones de dólares a los sobrevivientes del Holocausto y sus herederos. Llevó otros 15 años hasta que los fondos se pagaron por completo.

Senador Alfonse D'Amato

En una conferencia de prensa, el senador D’Amato dijo:(9)

"Estoy tremendamente complacido y gratificado de anunciar que hemos alcanzado un acuerdo histórico con los bancos suizos que traerá justicia moral y material a aquellos que han sufrido durante tanto tiempo y pondrá fin a estos problemas en todo el mundo y en Suiza".

Aunque el testimonio de Greta Beer ayudó en la demanda, ella nunca pudo recuperar la cuenta de su padre. En el 2002, el juez Korman le otorgó 100.000 dólares de los honorarios de un bufete de abogados por su ayuda en alcanzar el acuerdo.


FUENTES:

  1. Richard Sandomir. Greta Beer, Who Fought Swiss Banks for Family Assets, Dies at 98. Disponible en línea at https://www.nytimes.com/2020/02/06/us/greta-beer-dead.html, consultado el 15 de julio, 2024.
  2. Stuart E. Eizenstat. Imperfect Justice: Looted Assets, Slave Labor, and the Unfinished Business of World War II. PublicAffairs, 2009.
  3. https://www.swissinfo.ch/eng/life-aging/01-alfonse-d-amato/44318212, consultado el 15 de julio, 2024.
  4. Stuart E. Eizenstat. Imperfect Justice: Looted Assets, Slave Labor, and the Unfinished Business of World War II. PublicAffairs, 2009.
  5. Ibid.
  6. Gregg J. Rickman. In Search of Justice: The World Jewish Congress and the Swiss Banks https://www.worldjewishcongress.org/en/85th-anniversary/in-search-of-justice-the-world-jewish-congress-and-the-swiss-banks, consultado el 15 de julio, 2024.
  7. Disponible en línea https://offenerechnungen.ch/movie/chapter_1_#chapter_1_Stuart-Eizenstat, consultado el 15 de julio, 2024.
  8. Disponible en línea https://offenerechnungen.ch/movie/chapter_1_#chapter_1_Edward-R-Korman, consultado el 15 de julio, 2024.
  9. Gregg J. Rickman. In Search of Justice: The World Jewish Congress and the Swiss Banks. https://www.worldjewishcongress.org/en/85th-anniversary/in-search-of-justice-the-world-jewish-congress-and-the-swiss-banks, consultado el 15 de julio, 2024.
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