Cuando tu corazón deja de latir: el mensaje oculto de Sucot

25/09/2026

4 min de lectura

No esperes a estar al borde de la muerte para valorar tu vida.

Imagina por un momento que tu corazón deja de latir. No tienes pulso, no respiras y, de pronto, ya no puedes controlar lo que sucederá después. Una mujer de nuestra comunidad vivió exactamente eso cuando, durante una cena de cumpleaños, se desplomó de repente y su corazón dejó de latir por completo.

En el restaurante llamaron a una ambulancia y, mientras esperaban que llegara la ayuda, su corazón comenzó a latir de nuevo. Pero, al llegar al hospital, su corazón volvió a detenerse y, literalmente, murió. Su esposo estaba allí, aterrorizado e impotente. Como no podía hacer nada desde el punto de vista médico, comenzó a rezar con una intensidad que nunca antes había sentido. Había pronunciado esas palabras innumerables veces, pero nunca así, nunca con la vida de su esposa en juego, mientras le suplicaba a Dios que resucitara a los muertos.

Gracias a Dios, después de lo que debió de parecer una eternidad, su corazón volvió a latir.

Hoy está viva y bien, lleva un marcapasos y tiene una perspectiva completamente distinta de la vida. Piensa a menudo en lo fácil que habría sido que la historia tuviera otro desenlace. Podría haberle ocurrido mientras conducía, podría haber estado sola o en algún lugar donde no hubiera podido recibir ayuda inmediata. Pero Dios le dio otra oportunidad.

Quienes pasan por algo así suelen dividir su vida en dos etapas: todo lo que ocurrió antes de esa experiencia y todo lo que vino después, porque no se trata simplemente de recuperarse de algo así. En cierto sentido, vuelven a nacer.

Quizá así sea exactamente como deberíamos sentirnos en la festividad de Sucot.

Recuperar tu vida

Un versículo de Salmos dice: "Un pueblo que ha sido creado alabará a Dios". El Midrash explica que se trata de personas que estaban destinadas a morir y a quienes Dios crea de nuevo. ¿Y qué deben hacer después de recibir esta nueva vida? Toman un lulav y un etrog y alaban a Dios.

Según este Midrash, el lulav y el etrog son lo que sostienes en las manos cuando comprendes que te acaban de devolver la vida.

Un ensayo general de la muerte

Piensa en lo que acabamos de vivir en Iom Kipur, que en muchos sentidos es un ensayo general de la muerte. Los hombres usan un kitel, la prenda blanca con la que algún día serán enterrados. Recitamos la confesión del vidui, tal como lo hace una persona al final de su vida. No comemos ni bebemos y nos apartamos de los placeres y las comodidades del cuerpo. Durante un día, intentamos trascender nuestro cuerpo y vivir casi por completo como almas, no porque el judaísmo esté obsesionado con la muerte, sino precisamente porque está obsesionado con la vida, y a veces necesitamos enfrentarnos a la muerte para valorar la vida.

A veces necesitamos enfrentarnos a la muerte para valorar la vida.

Luego termina Iom Kipur y volvemos a comer y a beber, construimos una sucá, tomamos las cuatro especies, cantamos, bailamos y celebramos porque nuestro corazón ha vuelto a latir. Sucot es la celebración de una nueva oportunidad, de otro año y de otra ocasión para hacer las cosas bien. La alegría de Sucot nace de comprender que se nos ha devuelto la vida misma.

Tenía que respirar

El 7 de octubre, Itai Sagi, soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel, combatía con su unidad de élite Maglan cerca de la frontera con Gaza cuando su unidad fue atacada. Los disparos llegaban de todas partes y las granadas explotaban a su alrededor. Seis de sus amigos resultaron heridos de extrema gravedad casi de inmediato, e Itai comprendió que debía seguir combatiendo, aunque solo fuera para darles tiempo a los demás. Entonces una granada explotó cerca de él y, de pronto, estaba tendido en el suelo.

Después contó que tuvo la sensación de que su alma había abandonado su cuerpo y de que podía verse a sí mismo tendido allí. Durante unos instantes experimentó una extraña sensación de paz. Luego comenzaron a aparecer imágenes fugaces de un futuro que aún no había vivido: el hogar que esperaba formar, su familia, el rostro de su sobrina y toda una vida que quizá nunca llegaría a vivir. Algo en su interior comenzó a gritarle que tenía que respirar y luchar por volver.

Sus amigos lograron ponerlo a salvo, fue sometido a una cirugía que le salvó la vida y sobrevivió. Pero sobrevivir lo cambió, porque no se trataba solo de haber escapado de la muerte. Comprendió que se le había dado más vida, y cuando comprendes que te han devuelto la vida, la pregunta inevitable es qué vas a hacer con ella.

Quizá esta sea la verdadera pregunta de Sucot.

El primer día del resto de tu vida

La Torá llama al primer día de Sucot "el primer día". Y quizá, después de la experiencia de Iom Kipur, realmente lo sea: el primer día del resto de nuestras vidas. En el mandamiento de agitar las cuatro especies, Dios nos dice: "Tomen para ustedes". Pero quizá se refiera a algo más que a tomar el lulav. Aprovecha este año, aférrate a las personas que amas, fortalece tu relación con Dios y haz esas cosas que siempre te prometes que harás algún día.

Hay llamadas que debemos hacer, relaciones que debemos reparar, cosas que debemos empezar a estudiar y personas que amamos que necesitan escuchar cuánto significan para nosotros. Tras los compromisos que asumimos en Iom Kipur, ahora se nos ha dado vida, y el desafío no es simplemente seguir vivos, sino vivir de verdad.

Dios nos ha dado otro año y nos ha preguntado qué vamos a hacer con él.

Entonces vamos a sentarnos en una sucá, una estructura frágil y temporal cuyo techo nos recuerda lo poco que hay en este mundo que sea realmente permanente. Nuestras casas no son permanentes, nuestras posesiones no son permanentes, nuestros cuerpos no son permanentes y nosotros tampoco. Y justo allí, rodeados de fragilidad y de cosas pasajeras, la Torá nos dice que seamos felices. Quizá no seamos felices a pesar de esa fragilidad, sino porque reconocer lo frágil que es la vida nos permite, por fin, apreciar lo valiosa que es.

Se nos ha confiado la vida. Dios nos ha dado otro año y nos ha preguntado qué vamos a hacer con él. A veces no nos damos cuenta de los regalos verdaderamente importantes que hemos recibido.

La mujer cuyo corazón se detuvo lo sabe, Itai lo sabe y cualquiera que haya estado entre la vida y la muerte lo sabe de una manera que los demás solo podemos imaginar.

Sucot nos desafía a no esperar a estar a punto de perder la vida para valorar que la tenemos. Tomamos el lulav y lo agitamos con todas nuestras fuerzas para expresar nuestra inmensa gratitud a Dios, que nos ha devuelto la vida. Gracias por un latido más, una respiración más, un año más, otra oportunidad de amar a las personas que nos rodean y otra oportunidad de llegar a ser quienes somos capaces de ser.

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