El hombre que acuñó el término "genocidio" se horrorizaría ante esto
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
La parashá de esta semana contiene la impactante historia de Pinjás (sobrino nieto de Moshé), quien ve un acto de inmoralidad cometido entre Zimrí, el príncipe de la tribu de Shimón, y Kozbí, una princesa midianita. Pinjás actúa rápidamente y elimina a estas dos personas. Como consecuencia, detiene la plaga que Dios había enviado como castigo, salvando así innumerables vidas judías.
El Talmud (Sanedrín 82a) amplía la imagen de lo que ocurrió antes de que Zimrí se uniera con Kozbí públicamente. Zimrí desafió a Moshé: “¡Hijo de Amram! ¿Esta mujer midianita está prohibida o permitida para mí? Si dices que está prohibida, ¿quién te permitió casarte con tu esposa midianita, Tzipora?”
(Moshé se casó con Tzipora antes de la entrega de la Torá, cuando todavía no existía la prohibición de casarse con mujeres midianitas. En cambio, el acto de Zimrí ocurrió después de la entrega de la Torá, cuando la prohibición ya estaba vigente. Además, Moshé convirtió a Tzipora al judaísmo previo a la Torá, mientras que Zimrí no tenía tales intenciones. Sin embargo, estos detalles no le importaban a Zimrí. A veces, las personas simplemente no están interesadas en escuchar respuestas).
De acuerdo con el Talmud, en el momento en que Zimrí presentó su desafío, Moshé olvidó la ley que había recibido de Dios en el Sinaí: que un zelota debe actuar para eliminar al israelita que comete públicamente semejante acto inmoral. El olvido momentáneo de Moshé provocó que todo el pueblo comenzara a llorar (Números 25:6).
Esta historia presenta varias dificultades. Primero: ¿por qué el hecho de que Moshé olvidara una ley provocó tantas lágrimas? ¡Hay tragedias mucho mayores por las cuales llorar! Además, la situación no era irreversible. Moshé podía simplemente preguntarle a Dios cuál era la ley.
Otro punto difícil aparece en el comentario del Talmud (Sanedrín 82a): fue Pinjás quien recordó a Moshé la ley olvidada y, aun después de que Moshé la recordara, fue Pinjás (y no Moshé) quien castigó a Zimrí. Esto parece extraño. Una vez que Moshé recordó el mandamiento, ¿no debería haberlo cumplido él mismo?
Esto parece lógico por dos razones. Primero, siempre es mejor realizar personalmente una mitzvá que delegarla a otra persona (Kidushín 41a). Segundo, Pinjás provenía de un linaje considerado menos ideal, y su acción podría haber sido criticada: “¿Cómo puede un descendiente de idólatras atreverse a eliminar a un príncipe de Israel?” En cambio, si Moshé hubiera sido quien castigaba a Zimrí, nadie se habría atrevido a cuestionarlo.
Podemos obtener una enseñanza útil del Talmud (Bava Batra 116a), que dice que quien tiene un familiar enfermo debe acudir a un tzadik (una persona justa) para que rece por esa persona. Esto plantea una pregunta: ¿Por qué necesitamos que una persona santa rece por nosotros? ¿Acaso no podemos rezar por nuestra cuenta?
El Meiri (en Beit HaBejirá) explica que se nos enseña a acudir a una persona justa para observar cómo reza. Al ver rezar a alguien justo, aprendemos cómo rezar nosotros mismos. A partir de esto, Rav Zev Leff señala que el papel de un líder es enseñar a las personas a funcionar por sí mismas. Un líder no está destinado a actuar en lugar de los demás; un verdadero maestro debe formar nuevos líderes, no simplemente seguidores.
Esta idea nos ayuda a resolver las dos dificultades anteriores. El pueblo no lloró porque Moshé hubiera olvidado la ley. Más bien, lloraron porque el olvido de Moshé les hizo reconocer su propia falta de iniciativa. Todo el pueblo sabía que Moshé estaba por morir y comenzaron a sentir miedo por su futuro. ¿Quién sería el nos líder después de Moshé? ¿Serían incapaces de actuar cuando él ya no estuviera? Durante unos momentos todos quedaron mirando a los demás, sin saber qué hacer. Ese era realmente un motivo para llorar, porque Moshé habría fracasado como líder si no hubiera producido personas capaces de liderar en su ausencia.
Esta misma idea explica por qué debía actuar Pinjás y no Moshé. Incluso después de que Moshé recordara la ley, decidió deliberadamente no intervenir. Lo hizo para comprobar si había tenido éxito como líder; es decir, si había logrado formar personas capaces de tomar responsabilidad y actuar correctamente.
Que todos tengamos el mérito de comprender que un líder judío no actúa en lugar del pueblo, sino que proporciona un modelo que los demás pueden seguir. Con esta idea en mente, aprendamos de los grandes líderes que nos rodean e inculquemos en nuestros hijos la confianza y las habilidades necesarias para convertirse en los líderes de la próxima generación.
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