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Dar Por Sentado

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13/05/2012 | por Slovie Jungreis-Wolff

¿Estoy siendo amable o sólo estoy haciendo lo que se supone que debo hacer por mi familia?

“Dime si me equivoco”, me dijo el esposo. “Y si soy yo, me disculparé con mi esposa y reconsideraré el modo en que vivo como marido y como padre”.

La tensión en el cuarto era alta.

“Este es mi versión de la historia”, continuó el esposo. “En las mañanas, mi esposa está cansada y estresada. Sé lo difícil que es preparar a los chicos, y cualquier imprevisto puede hacer que todos los planes se den vuelta. La semana pasada, nuestra hija se levantó sintiéndose enferma. Se veía mal, era claro que necesitaba ir al doctor. Decidí llevarla, aunque eso me iba a significar llegar tarde al trabajo. Pensé que estaba haciendo algo agradable por mi esposa, además de ser un buen padre para mi hija. Esa noche tuve que quedarme en el trabajo tiempo extra para recuperar el tiempo que había perdido. Volví a casa exhausto. Pensé que, por lo menos, mi esposa me agradecería por mi ayuda. En cambio, estaba molesta conmigo porque yo creía que merecía un ‘gracias’”.

“¿Gracias?”, dijo la esposa. “¿Estás bromeando? ¿No es parte de ser padre? ¿No se supone que eso es lo que debes hacer? ¿Crees que llevar a nuestra hija al doctor te convierte en un tipo de persona que hace buenas acciones?”.

“¿Y tú crees que es lo mismo que pedir que me pases el kétchup? ¿Es simplemente lo que se supone que debo hacer y listo?”.

“Definitivamente. Que llegues a pensar que tengo que agradecerte por llevar a nuestra hija al doctor demuestra lo egoísta que eres”.

Los dos se dirigieron a mí, esperando oír mi respuesta.

La Base de Cada Hogar

“Escuchen”, dije. “No les diré lo que pienso, porque sólo soy un ser humano y pueden no estar de acuerdo con cualquier cosa que yo diga. En cambio, les diré lo que dice la Torá, y luego podremos resolver esto con su sabiduría”.

“Cuando Moisés era un bebé, fue puesto en una canasta en el Río Nilo. Cuando creció, volvió a Egipto para traer las diez plagas. Pero Dios no le permitió golpear el río y traer la primera plaga. En cambio, fue su hermano Aarón quien llevó a cabo esta misión. ¿Saben por qué? Porque cuando Moisés era bebé, el río salvó su vida. Dios quiso que Moisés apreciara la bondad del río, y por eso no podía golpear el agua que lo había salvado”.

Los miré a ambos, esperando estar segura de que habían absorbido mis palabras antes de continuar.

“Ahora déjenme preguntar algo. ¿El río siente? Y además, ¿no estaba el río fluyendo igual? ¿Cuál fue la gran cosa?”.

“Entonces esta es la respuesta a su conflicto. A pesar de que el río debía fluir, se esperaba que Moisés expresara su gratitud. Y si así es como se debe tratar al agua, que no tiene sentimientos, ¡cuánto más debemos mostrar gratitud a las personas que nos rodean!”.

“Los esposos y las esposas tienen sentimientos. Una palabra de agradecimiento puede hacer una diferencia inmensa”.

Un hogar lleno de gratitud es un hogar lleno de respeto y amor.

La gratitud es la base espiritual de todo hogar. Un hogar lleno de gratitud es un hogar lleno de respeto y amor. Creer que sólo porque mi esposo o esposa está haciendo lo que se supone que debe hacer, no tengo la obligación de decir gracias, es un error.

Es cierto, yo espero que mi pareja colabore con la dura labor diaria. Por supuesto, hay obligaciones financieras, cuidado de hijos y compromisos, y el matrimonio necesita que cumplamos con todo. Pero pensar que puedo dar todo esto por sentado va en contra de los valores más básicos de la Torá.

La Conexión que Falta

Le pedí a esta pareja que fueran crudamente honestos al responder la siguiente pregunta:

“¿Su hija es insolente? ¿A menudo les habla de modo descarado? ¿Los desafía y les hace sentir que cualquier cosa que hacen no es suficiente?”.

Hubo un incómodo silencio en el cuarto.

Finalmente, la esposa respondió con sólo una triste palabra.

“Sí”.

A menudo nos preguntamos por qué los chicos de hoy parecen tener dicha actitud. ¿De dónde viene ese sentimiento de merecimiento? ¿Por qué la arrogancia?

Cuando los chicos crecen en hogares donde los padres nunca se expresan agradecimiento mutuo, absorben este sentimiento de ser merecedores. Dar por sentado al otro hace que los hijos vivan libremente con una actitud despreocupada e insolente.

Se supone que debes hacer esto, ¿por qué debería agradecerte?

Transforma a Tu Familia, Transfórmate a Ti Mismo

Los padres agradecidos crían hijos agradecidos, que viven entendiendo que cada cosa que hacemos debe ser apreciada y valorada. No importa si debería hacerte el almuerzo, o llevarte a la escuela, o comprarte zapatillas y vestimenta. Sigues teniendo que expresar tus ‘gracias’. Y cuando lo haces, te transformas. En lugar de ser alguien que se siente merecedor y arrogante, te conviertes en una persona agradecida y humilde.

Los padres agradecidos crían hijos agradecidos que viven entendiendo que cada cosa que hacemos debe ser apreciada y valorada.

Hay una fuerte relación entre los padres que expresan gratitud mutuamente y los chicos criados con una cierta ‘actitud de gratitud’. Y sí, incluso aquellas pequeñas cosas que esperamos y damos por sentado no deben pasar inadvertidas. Cuando abrimos nuestros ojos y apreciamos los actos fortuitos que esperamos a diario, llegamos a amar mucho más a quienes nos rodean. Nos damos cuenta de que no le hemos prestado atención a la bendición de la familia y a todas las bondades diarias que hacemos el uno por el otro.

Esta actitud puede marcar una gran diferencia, tanto en nuestro matrimonio como en el carácter de nuestros hijos.




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