De la adicción a la fe: el camino de una familia hacia el judaísmo

26/07/2026

9 min de lectura

Una década de adicción y duelo, un viaje a Israel y un matrimonio transformado. El camino improbable de una familia hacia una vida judía.

La madre de Yosef Waslow era judía y blanca. Su padre era negro y se había criado en un hogar bautista. Al crecer en Logan, un barrio del norte de Filadelfia que alguna vez fue hogar de muchas familias judías, pasó buena parte de su infancia preguntándose a dónde pertenecía. Entre sus amigos negros era, casi siempre, "el chico blanco". Entre sus compañeros blancos, se sentía "el negro".

"Era confuso", recuerda. "No encajaba en ningún lado".

Mientras muchos de los chicos a su alrededor crecían sin ambos padres, Yosef volvía a casa con un padre y una madre que se amaban profundamente. "Por extraño que suene", dice, "una familia sana resultaba algo inusual".

Yosef y su hermana

Pero su padre cargaba heridas que pocos podrían imaginar. Criado en un hogar abusivo, más tarde sirvió en Vietnam, donde le tocó recuperar los cuerpos de los soldados caídos. A pesar de sus propias batallas, Yosef lo recuerda por su bondad. "Era increíblemente amoroso".

Yosef recuerda cómo la pérdida marcó su infancia. Su abuela murió cuando él tenía 11 años. Su mejor amigo murió de leucemia por esa misma época, y otro amigo se quitó la vida. Luego, a los 16, perdió a su padre por problemas de salud y adicciones, consecuencia de su paso por Vietnam.

"Fue mucha muerte". Buscando alivio, recurrió al alcohol.

Tomé mi primer trago a los 13. Quería más. Me ayudaba a anestesiar el dolor.

"Tomé mi primer trago a los 13. Quería más. Me ayudaba a anestesiar el dolor".

Durante casi una década, el alcohol fue su escape. Las relaciones se deshicieron, la confianza desapareció y, con el tiempo, ni siquiera quienes más lo querían sabían cómo ayudarlo.

Los padres de Yosef

Su madre, Terry, reflexiona: "Crié a mis hijos como judíos seculares. Mi esposo y yo celebrábamos tanto Janucá como Navidad. Algunos de los momentos más difíciles de mi vida fueron aquellos en los que vi a mi hijo luchar contra sus demonios internos".

En agosto de 2012, mientras Yosef estaba internado en un centro de rehabilitación, su entonces novia Sonya, a quien había conocido ese mismo año, habló con su madre sobre lo que pasaría cuando él volviera a casa.

"Lo único que puede ayudarlo es Dios", dijo Sonya. Ella misma había crecido en un hogar evangélico disfuncional y había emprendido su propia búsqueda de sentido y pertenencia, así que entendía lo que hacía falta para enfrentar una adicción.

From Addiction to Faith_htm_785b924cYosef y Sonya de novios, en 2012

Yosef ya era padre de dos hijos cuando conoció a Sonya, y entendía la importancia de su recuperación. Tenía apenas 16 años cuando conoció a una mujer que tenía un hijo, a quien él adoptó tiempo después. Dos años más tarde, a los 18, él y su novia recibieron a una hija. La relación terminó cuando Yosef tenía 20 años, y él sigue presente en la vida de ambos hijos.

Recuperación

Yosef recuerda su regreso de la rehabilitación. "El comentario de Sonya sobre Dios realmente me llegó". Por una de las primeras veces en su vida, intentó rezar. "Le pedí a Dios que me ayudara a mejorar. Mientras rezaba, mi hijo pequeño entró a la habitación. En el segundo en que lo vi, todo encajó. Pensé: no puedo hacerle esto. Empecé de nuevo, como un niño".

Yosef, a los 19 años, con sus dos primeros hijos

Mirando hacia atrás, le atribuye a su esposa el haber sostenido a la familia mientras él aprendía a volver a ser esposo y padre.

La recuperación le enseñó algo que más tarde daría forma a su judaísmo: el cambio duradero empieza con la honestidad.

La recuperación le enseñó algo que más tarde daría forma a su judaísmo: el cambio duradero empieza con la honestidad.

Una vez que el ruido de la adicción se acalló, surgió otra pregunta: ¿Quién es Dios?

Yosef siempre había creído en un Creador, pero quería la verdad. Estudió distintas religiones, habló con pastores y otros líderes religiosos, y finalmente compró un Jumash, los Cinco Libros de Moisés.

Al leer la Torá, le asombró que los judíos siguieran viviendo según los mismos preceptos miles de años después. "Seguían viviendo el mismo libro".

Despertar en Israel

Aprendió hebreo por su cuenta y, en 2014, viajó a Israel con Birthright. Allí se encontró con algo inesperado.

"Los judíos que cumplían mitzvot eran personas normales con las que podía conectar", dice. "Simplemente viviendo sus vidas".

Volvió a casa con una kipá, tzitzit, un sidur y unas ganas crecientes de aprender. "Cuando estuve en Israel, me sentí conectado al judaísmo por primera vez en mi vida. Todavía no estaba ni cerca de ser observante, pero esa experiencia despertó mi corazón".

Sonya recuerda el regreso de Yosef de aquel viaje. "Yo pensaba que lo estaba ayudando a encontrar su camino", dice. "No esperaba que lo cambiara todo. Fue abrumador verlo hacer tantos cambios".

Para su propia sorpresa, ella empezó a hacerse preguntas sobre su propio camino.

La búsqueda de Sonya

Sonya, que más tarde tomó el nombre hebreo de Nejama, comparte su historia:

"Crecí en un hogar cristiano donde la religión estaba siempre presente y, sin embargo, con frecuencia me dejaba más preguntas que respuestas. Mi padre luchaba con la adicción, y mi madre buscaba incansablemente paz y felicidad, pasando de una iglesia a otra con la esperanza de encontrar algo que por fin le calzara. Verla buscar me enseñó que la fe no siempre es simple. Puede ser complicada, confusa y profundamente personal.

Mi idea de Dios estaba envuelta en ansiedad e incertidumbre. Quería respuestas que tuvieran sentido, pero me decían que simplemente creyera y no preguntara tanto.

"De niña me atormentaban pesadillas recurrentes. El miedo era abrumador. En lugar de darme consuelo, mi idea de Dios estaba envuelta en ansiedad e incertidumbre. Ya entonces cuestionaba lo que me enseñaban. Quería respuestas que tuvieran sentido, pero muchas veces me decían que simplemente creyera y no fuera tan preguntona. Al crecer, esas preguntas nunca desaparecieron. Con el tiempo dejé de practicar por completo. No fue un acto de rebeldía. Sencillamente no podía obligarme a abrazar creencias de las que no estaba convencida.

"A los 21 me casé. Juntos tuvimos tres hijos: una niña y dos varones. Pero la adicción, algo que ya había presenciado en mi infancia, volvió a entrar en mi vida. Mi marido se hizo adicto a las drogas y, pese a mis esperanzas de que las cosas cambiaran, nuestro matrimonio terminó a causa de su consumo. Años después, él falleció.

"La vida siguió y, con el tiempo, conocí a Yosef, con quien terminaría casándome. En 2015, la hermana de Yosef aceptó un puesto docente en Israel por un año. Cuando surgió la oportunidad de visitarla, no tenía idea de que ese viaje cambiaría el curso de mi vida para siempre.

"Había algo en Israel que no logro explicar del todo. Caminar la tierra, vivir su historia y presenciar un judaísmo que se vivía en lugar de solo describirse despertó algo muy profundo en mí. No fue una euforia emocional ni una fascinación pasajera. Se sintió como si algo hubiera estado esperando en silencio dentro de mi corazón durante años.

"Cuando volví a casa, intenté ignorarlo. Me dije que era simplemente la emoción del viaje. Aparté esos sentimientos y traté de seguir adelante con mi vida. Pero el llamado solo se hizo más fuerte. Se convirtió en una búsqueda profundamente personal de la verdad.

Yosef se estaba volviendo cada vez más religioso y yo no quería que sus opiniones influyeran en mis conclusiones. Si iba a tomar una decisión que me cambiaría la vida, quería que fuera solo mía.

"Mantuve mis estudios completamente ocultos de mi marido. Para ese momento él se estaba volviendo cada vez más religioso, y yo no quería que sus opiniones, a favor o en contra, influyeran en mis conclusiones. Si iba a tomar una decisión que me cambiaría la vida, quería que fuera solo mía.

"La verdad es que fueron meses solitarios. Guardé silencio sobre todo lo que iba descubriendo porque quería darme el espacio y el tiempo para aclararme. Mientras más aprendía, más me daba cuenta de que esto no era simplemente interés por otra religión. Creía haber encontrado la verdad que había buscado toda mi vida. Al final, guardármelo se volvió imposible.

Con su hija Tikvi y el esposo de ella, en su boda

"Un día de 2018 tomé el teléfono y llamé a mi marido. Con el corazón acelerado, le dije las palabras que había guardado por tanto tiempo: 'Quiero convertirme al judaísmo'.

"Esa conversación marcó el comienzo de un nuevo capítulo, tanto en mi fe como en mi identidad. Mirando atrás, puedo ver que mi camino no empezó en Israel. Empezó años antes, con una niña que hacía preguntas difíciles y batallaba por reconciliar el miedo con la fe, y que finalmente la llevaron a donde debía estar".

Volverse parte de la comunidad judía

Yosef y Nejama compartían un mismo temor. "Estábamos convencidos de que los judíos ortodoxos nunca aceptarían a gente como nosotros".

En cambio, encontraron calidez, amistad y rabinos que los recibieron sin juzgarlos. El camino no siempre fue fácil, sobre todo para los hijos.

"Son chicos increíbles", dice Yosef. "Buenos judíos, buenas personas. Pero ellos no eligieron esto de la misma manera que nosotros".

Hubo partes del sistema que les resultaron difíciles y momentos en que no terminaban de encajar.

"Tenemos una comunidad hermosa", agrega. "Pero, como en todos lados, hay rincones donde a la gente le cuesta aceptar a quienes son tan distintos. Los dos varones del primer matrimonio de Nejama se convirtieron junto con ella, pero mis hijos de mi relación anterior no son judíos. Juntos, Nejama y yo recibimos a cuatro hermosas niñas".

Yosef y Nejama en la boda de su hija, 2025

Lo que los sostuvo fue el apoyo de personas que les mostraron cómo se ve el judaísmo cuando se vive con bondad.

La madre de Yosef dice: "Me siento bendecida de ver a mi hijo vivir este estilo de vida tan hermoso y lleno de sentido. Cada abrazo de sus hijos y cada sonrisa en sus hermosos rostros me confirman que él y su encantadora esposa están creciendo y trabajando juntos para sumar energía positiva a este mundo".

Después de la conversión, la familia se mudó a Bensalem, un suburbio de Filadelfia, y se integró plenamente a la comunidad judía.

Nejama cuenta: "También nos volvimos a casar según la ley judía. Sentimos que era mucho más rico y significativo que nuestra primera boda civil. Nuestra jupá fue la culminación de nuestro camino juntos. La boda ocurrió el mismo día de mi conversión, y hubo varios momentos durante el día en que simplemente nos abrazamos y lloramos de alegría".

En 2019, la hija de Nejama, Gianna, se convirtió y recibió el nombre judío de Tikvá, que en hebreo significa "esperanza".

El camino continúa

Hoy, dice Nejama, el camino sigue. "Estamos construyendo un hogar enraizado en la Torá, y somos muy conscientes de que la recuperación de mi esposo es un compromiso diario".

Mis luchas me enseñaron empatía, y mi búsqueda de sentido me dio la fortaleza para encontrar la verdad.

Cuando se le pregunta por las lecciones que aprendió a través del dolor, la adicción, la pérdida y la búsqueda, Yosef reflexiona: "Mis luchas me enseñaron empatía, y mi búsqueda de sentido me dio la fortaleza para encontrar la verdad. Siento gratitud por cada pequeña cosa, porque la pérdida me enseñó a apreciar profundamente cada momento".

Yosef piensa a menudo en lo que diría su padre si pudiera verlo hoy.

Yosef y su familia en el brit de su nieto

"Creo que estaría orgulloso", dice. "En algún momento de su vida, mi madre me contó que él incluso usaba una Estrella de David. Hace poco me enteré de que, cuando su familia compró la casa a un dueño judío, su madre dejó la mezuzá puesta durante un tiempo. Creo que estaría orgulloso de que crecí comprometido con mi familia y con mi Creador. Solo querría agradecerle por haberme dado semejante ejemplo".

La recuperación le había enseñado a Yosef que el cambio duradero empieza por dentro. Las prácticas espirituales judías le dieron un lenguaje para entender ese trabajo interior, enseñándole que cada desafío, cada experiencia y cada persona tiene un propósito, porque Dios guía a cada alma a través de su camino único.

"Cuando tu vida se siente inmanejable, es muy fácil decir: 'Es por culpa de esta persona' o 'Es por mis circunstancias'. Ya sea que estés luchando con una adicción, tratando de mantener tu negocio a flote, criando una familia o simplemente sobrellevando la vida, la pregunta real siempre es la misma: ¿Qué puedo hacer distinto? ¿Qué puedo cambiar en mí?

Es fácil culpar a otros. Es mucho más difícil mirar hacia adentro y preguntarse: ¿Qué necesito cambiar?

"Es fácil culpar a otros. Es mucho más difícil mirar hacia adentro y preguntarse: '¿Qué necesito cambiar?'.

"No hay nada de malo en pedir ayuda. Encuentra a alguien con quien hablar. Simplemente habla con alguien. Todos experimentamos soledad, miedo, ansiedad y presión.

"Creo plenamente que Dios le da a cada persona los desafíos que necesita. Algunos viven con discapacidades físicas. Otros, con luchas emocionales. Algunos enfrentan adicciones. No sé exactamente por qué me tocó este desafío. Tal vez fue para poder ayudar a otro. Tal vez era lo que necesitaba para convertirme en la persona que debía ser".

En 2026, la familia recibió una bendición enorme: Tikvá y su esposo tuvieron un hijo.

"No hay palabras para describir lo que sentimos cuando nos reunimos para el brit de nuestro nieto. Somos muy bendecidos".

Como lo expresó Yosef de manera tan profunda: "Una vida verdaderamente bendecida es el viaje de toda alma dispuesta a buscar la verdad con el corazón abierto".

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Jaime Alberto Levy
Jaime Alberto Levy
19 días hace

Felicidades x ellos lo lograron!
Espero algún día encontrar ese apoyo y también lograrlo.

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