Mamdani y las publicaciones de su esposa en favor de Hamás


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Arrepiéntete por no haber desarrollado tu potencial. Desbloquea tu grandeza interior y actúa como la persona que estás destinado a ser.
Recientemente leí la historia de uno de los empresarios de revistas más exitosos del mundo. El hombre fue criado por una madre soltera en el Medio Oeste, pasó dificultades al crecer y estuvo a punto de abandonar la secundaria. Le prometió a su madre que haría el examen de ingreso a la universidad, aunque no esperaba obtener una buena puntuación. Se sorprendió al saber que había sacado 1480 de 1600 en el examen. La madre, conociendo a su hijo, le preguntó: "¿Hiciste trampa?" Él le juró que no. Y de repente, las cosas comenzaron a cambiar.
En su último año de secundaria decidió que, como era inteligente, debía asistir a clases. Dejó de juntarse con su antigua pandilla. Los profesores y los chicos empezaron a notarlo. Comenzaron a tratarlo diferente. Se graduó, asistió a un colegio comunitario, luego a Wichita State y finalmente a una universidad de elite. Llegó a ser un empresario exitoso en el mundo de las revistas.
Esta historia no trata de alguien que siempre fue muy inteligente y sólo necesitaba el examen estandarizado para desbloquear su potencial. Doce años después de su fatídico examen, el hombre recibió por correo una carta desde Princeton, Nueva Jersey. No le dio mucha importancia. Al día siguiente, su esposa le preguntó si iba a abrir la carta.
La abrió. Resultó que la junta del SAT revisa periódicamente sus procedimientos y políticas de calificación. Él fue una de 13 personas a las que se les envió la puntuación equivocada. Su puntaje real era la mitad de lo que pensó haber obtenido: 740. La gente decía que su vida entera cambió cuando obtuvo 1480. Lo que realmente sucedió fue que su conducta cambió. Empezó a comportarse como una persona con un 1480.
En cierto modo, de eso se trata Iom Kipur. Muchos creen equivocadamente que Iom Kipur es un día para sentirse indigno, un fracaso total, alguien que no alcanzó su potencial. Al fin y al cabo, literalmente pasamos este día golpeándonos el pecho y enumerando una por una las maneras en que hemos fallado, los errores que hemos cometido. Parece exagerado. Sí, es solemne y productivo, pero ¿no podríamos simplemente decir la confesión (vidui) una vez y seguir adelante? ¿Por qué nos golpeamos el pecho y confesamos una y otra y otra vez? ¿Acaso el propósito de este día es castigarnos perpetuamente?
Hacia el final de nuestra plegaria silenciosa de Iom Kipur decimos: "Dios, antes de que yo fuera formado, no era digno, y ahora que he sido formado es como si no hubiera sido formado". Estas palabras parecen debilitantes y desmoralizadoras. Provienen del Talmud (Berajot 17a): Rava las decía al concluir la Amidá cada día. "Yo no era nada antes, no soy nada ahora" —¿cuál es entonces el sentido de vivir?
Rav Abraham Itzjak HaCohen Kook interpreta esta plegaria desalentadora de un modo muy distinto: en realidad ella empodera, inspira y motiva. Es la respuesta al síndrome del impostor, a sentirse un fraude sin valor. Rav Kook explica que "antes de que yo fuera formado, no era digno" significa que cada uno entra al mundo en el momento exacto en que se nos necesita. Antes de ser formados, no había necesidad de nosotros. Dios nos envía a Su mundo en el momento preciso en que nuestras habilidades, talentos, capacidades e incluso nuestros desafíos son necesarios de forma única para el mundo, para nuestros vecinos, familia y amigos. Somos exactamente lo que el mundo necesita en el instante en que llegamos y durante el tiempo en que estamos en él.
Iom Kipur no se trata de castigarnos; se trata de elevarnos. Usar 25 horas para mirarnos honesta y profundamente en el espejo, admitir el potencial que hay dentro de nosotros, lamentar las formas en que no lo desarrollamos y comprometernos a dar a nuestra existencia propósito, significado e impacto.
Hasta ahora no me necesitaban, pero si estoy aquí, debo responder al llamado, vivir a la altura de ese potencial en mí, reconocer mi capacidad y ser la persona que el mundo estaba esperando y necesita en este momento. Rav Kook nos enseña que la confesión (vidui) de Iom Kipur no es tanto una lista de normas que violamos, sino más bien una admisión y reconocimiento de que hemos fallado en desarrollar el potencial interior, que nos hemos dejado llevar por tentaciones, impulsos y distracciones que nos alejaron de nuestra misión central, de aquello para lo que estamos destinados. Si abandonamos nuestra misión, si malgastamos nuestro tiempo y recursos, si no vemos el potencial que tenemos ni creemos en nuestro poder, entonces "ahora que he sido formado es como si no hubiera sido formado".
Iom Kipur no se trata de castigarnos; se trata de elevarnos. Usar 25 horas para mirarnos sinceramente en el espejo, admitir el potencial que hay dentro de nosotros, lamentar las maneras en que no lo hemos desarrollado y comprometernos a dar a nuestra existencia propósito, significado e impacto.
El mundo no te necesitaba hasta que naciste. Esa fue decisión de Dios. Pero ahora que estás aquí, ¿qué harás con ello? Da un paso a la vez. Un gran momento como padre o un instante en el matrimonio lleno de paciencia, amor y afecto. Un gesto de bondad. Un acto de tzedaká. Una clase de Torá. Una bendición. Una demostración de fe y confianza en Dios.
No esperes a que el mundo reconozca tu grandeza. Desbloquea tu potencial, actúa como la persona que estás destinado a ser, y la gente te tratará como tal. Más importante aún: te verás a ti mismo, te tratarás y creerás en ti mismo como esa persona.
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