¿Se puede odiar a Dios?


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En un mundo que se siente abrumador, con rehenes aún en cautiverio, el antisemitismo en aumento y la agitación política, el judaísmo enseña que nunca estamos indefensos.
En un mundo que se siente abrumador, con rehenes aún en cautiverio, el antisemitismo en aumento y la agitación política, el judaísmo enseña que nunca estamos indefensos.
Muchos judíos hoy se sienten impotentes: para liberar a los rehenes, eliminar a Hamás, acabar con el antisemitismo y resolver el estancamiento político de Israel. La frustración y la decepción fácilmente pueden llevar a lo que los psicólogos llaman “indefensión aprendida”.
Los experimentos revelaron que cuando los animales fueron expuestos a descargas eléctricas que no podían detener a pesar de sus intentos, eventualmente dejaban de intentarlo. Más tarde, en una situación diferente donde podían haber escapado fácilmente de las descargas, esos animales ni siquiera lo intentaron.
Este comportamiento surge de una región del cerebro llamada núcleo dorsal del rafe, que libera serotonina y hace que los animales se sientan ansiosos y paralizados. En circunstancias donde la situación puede aliviarse, la corteza prefrontal interviene para tomar el control mediante decisiones y planes. Pero cuando el cambio es imposible, el cerebro del animal queda atrapado en la reacción pasiva del núcleo dorsal del rafe, incluso cuando más tarde se enfrenta a situaciones nuevas y donde el cambio es posible.
Cuando esta reacción ocurre en los seres humanos, lo llamamos desesperación.
Sin embargo, los judíos parecen ser resistentes a la “indefensión aprendida”. Se han escrito volúmenes sobre la “resiliencia judía”. Incluso después de 2.000 años de persecuciones, expulsiones y falta de poder político, incluso después del Holocausto, incluso después de la masacre de Hamás del 7 de octubre, los judíos han resurgido con celo y entusiasmo para cambiar y mejorar el mundo. En cada país donde viven, los activistas judíos lideran organizaciones para el mejoramiento social. Israel tiene el mayor número de ONG per cápita de cualquier país del mundo.
De hecho, la creencia en la capacidad de cambiar, a uno mismo y al mundo, es un pilar del judaísmo. ¿Por qué?
Ahora estamos en el mes hebreo de Elul que conduce a Rosh Hashaná. Durante este mes, se alienta a los judíos a asumir pequeños cambios en su conducta, ya sea adoptando un nuevo hábito positivo o eliminando un patrón de comportamiento negativo.
Por ejemplo, al admitir mi adicción a quedarme despierta hasta muy tarde en la noche con la computadora y sabiendo que dormir lo suficiente es clave para la salud física/mental, me propuse acostarme a las 11:00 p.m. todas las noches de este mes. Esto significa cerrar mi computadora a las 10:30 para darme suficiente tiempo para prepararme y estar en la cama a las 11:00. Incluso puse carteles en mi computadora para recordarlo, así como una alarma a las 10:27.

Resulta que un par de milenios después de que los sabios del judaísmo ordenaran tales cambios en Elul, los científicos descubrieron el mismo mecanismo. Investigadores en un estudio del 2023 titulado “De la indefensión al control: hacia una neurociencia de la resiliencia” revelaron que la indefensión aprendida puede contrarrestarse construyendo activamente experiencias de control, incluso pasos muy pequeños.
Iddo Gefen, un estudiante israelí de doctorado en neurociencia cognitiva en la Universidad de Columbia, escribe:
“Elegir una meta concreta y alcanzable, hacer algo que tenga un efecto visible o ayudar a alguien cercano a nosotros puede reactivar estos circuitos cerebrales. Tales acciones pueden no cambiar el mundo, pero lentamente le recuerdan al cerebro que lo que hacemos puede marcar una diferencia”.
Resulta que el cerebro reacciona de manera muy diferente cuando tenemos incluso un pequeño sentido de influencia sobre lo que sucede. Por ejemplo, hacer voluntariado con ancianos o adoptar un animal rescatado son pequeñas acciones que nos recuerdan que lo que hacemos puede hacer el mundo un poco mejor. Las experiencias de control actúan como una “vacuna” para el cerebro. Cuando una persona enfrenta una situación en la que sus acciones marcan una diferencia, se activan los circuitos en la corteza prefrontal medial. Esta parte del cerebro, que está involucrada en la planificación y la autorregulación, silencia las señales de estrés provenientes de regiones más profundas como el núcleo del rafe dorsal, y con el tiempo estos circuitos se fortalecen.
Entonces, ¿qué “objetivo concreto, pequeño y alcanzable” elegirás en preparación para Rosh Hashaná? Elige sólo uno o como máximo dos cambios para emprender. Los sabios del Talmud advirtieron: “Quien agarra demasiado no se queda con nada; quien agarra un poco se queda con algo”. Comprométete a un pequeño cambio donde tengas garantizado el éxito.
Aquí hay algunas sugerencias en las tres diferentes clases de relaciones que tienes en tu vida:
De acuerdo, podemos cambiarnos a nosotros mismos. Pero, ¿cómo cambiamos el mundo?
Iddo Gefen, el estudiante israelí de doctorado previamente citado, lucha, como la mayoría de nosotros, con la dificultad de resolver los problemas del mundo. Él escribe:
“El sentimiento de que intentas cambiar algo en el mundo, vas a protestas, votas, donas a organizaciones, firmas peticiones y publicas en redes sociales, y aún así está la aplastante sensación de que nada de eso hace una diferencia en lo que realmente está pasando”.
A pesar de su conocimiento de cómo los pequeños cambios pueden reconfigurar los circuitos cerebrales, él quiere concretar cambios a nivel macro. Y, como judío, cree que eso también es posible.
Sé que muchos de ustedes pueden sentir que estas pequeñas acciones no son suficientes, que están muy lejos de cambiar el mundo, que no harán nada para mejorar la grave situación en Israel y Gaza. Y la verdad es que tienen razón. La negativa a rendirse a la indefensión aprendida no cambiará el mundo, y probablemente ni siquiera la realidad inmediata. Pero al igual que el cerebro humano, creo que la realidad también puede cambiar, para bien.
¿De dónde viene esa creencia?
El judaísmo introdujo en el mundo el concepto de progreso, que la historia avanza hacia la redención. Los profetas del Tanaj profetizaron repetidamente que el pueblo judío sería exiliado de la tierra de Israel, pero no se perdería entre las naciones. En el pacto que Dios hizo con Israel, Él prometió que el pueblo judío sería eterno, que nunca nos abandonaría, y que eventualmente regresaríamos a la tierra de Israel.
Como proclamó Moshé: “Dios te esparcirá entre los pueblos, y quedarás pocos en número entre las naciones adonde Dios te conducirá. … Desde allí buscarás a Hashem tu Dios, y lo encontrarás, si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma”. [Deuteronomio 4:27-29]
Elul no es sólo un mes de superación personal. Es un mes de “teshuvá”, que significa regresar a nuestro yo superior y a Dios. Ya que Dios es el poder causal supremo en el universo, cambiar el mundo depende de Dios, y de alinearnos con la voluntad Divina. Elul es el momento de buscar sinceramente a Dios, confiados en que Él quiere hacer bien al mundo si tan sólo dejamos de bloquear los canales de Su beneficencia con nuestras malas acciones.
Sí, la difícil situación de los rehenes, Gaza, el antisemitismo y el estancamiento político de Israel pueden parecer irresolubles. Sin embargo, mientras generaciones de nuestros antepasados, expulsados de un país a otro, apenas podían imaginar regresar a su propia tierra, yo escribo estas palabras desde mi hogar en Israel. Mientras los antepasados de Iddo Gefen y los míos rezaban tres veces al día por “la reconstrucción de Jerusalem”, durante siglos un punto escasamente poblado y empobrecido (12.000 habitantes en 1820), yo miro por mi ventana la vista extensa de la Jerusalem reconstruida.
Mientras Israel se preocupaba durante décadas por la vociferante promesa de Irán de destruir el estado judío y construía un programa nuclear para aniquilarlo, en 12 días de junio gran parte de las capacidades nucleares de Irán fueron eliminadas.
Si los judíos a lo largo de las épocas de persecuciones, expulsiones e impotencia nunca sucumbieron a la indefensión aprendida, ¿cómo podemos atrevernos nosotros, que vivimos en el regazo de los milagros, a no sentirnos empoderados para cambiarnos a nosotros mismos y cambiar el mundo?
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Bastante reflexivo exelente!!