De la inspiración a la acción

25/09/2025

2 min de lectura

Vaiélej (Deuteronomio 31 )

La parashá de esta semana comienza con las palabras: “Vaiélej Moshé” —“Y Moshé fue”. Esta parashá suele leerse junto con la anterior, Nitzavim (que significa “estar de pie”). ¿Qué podemos aprender de la yuxtaposición de “estar de pie” en la parashá de la semana pasada y esta parashá que significa “fue”?

Lección:

La semana pasada reflexionamos sobre el increíble poder de estar quietos, de guardar silencio para escuchar mejor los mensajes que Dios siempre nos susurra. Estar quietos y en silencio para oír esos mensajes es el requisito previo para la autoevaluación y el crecimiento.

Sin embargo, hay momentos en los que debemos movernos e ir. Debemos ir con la nueva inspiración que nos brindó el “estar de pie” e incorporarla en nuestras vidas cotidianas y ocupadas. Inspiración sin implementación es como tener un cheque, pero no llevarlo al banco a cobrar: no vale mucho.

¿Cómo traducimos la inspiración y la claridad en un cambio práctico? Supongamos, por ejemplo, que te das cuenta de que necesitas mejorar tu estado de ánimo general durante el día. Esa es la inspiración, pero ahora necesitamos implementación. Como no podemos cambiar de la noche a la mañana (ni se supone que debamos hacerlo), podemos tratar de identificar una acción muy pequeña y manejable que podamos implementar. Una cosa práctica sería poner un temporizador de un minuto al día y sonreír, pase lo que pase, durante ese minuto. Alguien podría objetar: “¡Pero quiero mejorar mi estado de ánimo general, no sólo un minuto al día!”. Sin embargo, los pasos pequeños, poco a poco, construyen cambios duraderos.

Un famoso sabio de la Torá, Rabí Akiva, era un pastor analfabeto a los 40 años, a quien se le ofreció casarse con una mujer hermosa y sabia de una familia adinerada si estudiaba Torá. La tarea parecía demasiado abrumadora. Un día se encontró con un arroyo y notó una gran roca con un agujero en el centro. Sobre la piedra caían gotas de agua, una tras otra, exactamente en el lugar del agujero. Rabía Akiva entendió el poder que tiene una gota de agua cuando cae con constancia. Pensó que si el agua blanda podía desgastar la dura piedra gota a gota, con mayor razón las dulces palabras de la Torá podían penetrar un corazón de piedra, palabra por palabra. Una gota sola puede no ser poderosa, pero junto a otras gotas y con constancia, tienen una gran fuerza.

Cuando implementamos cosas pequeñas pero de forma constante, puede que no parezca que el cambio está ocurriendo. Pero esas pequeñas y constantes acciones se acumulan y se multiplican para crear resultados duraderos y hermosos. Cada día veremos que, poco a poco, gota a gota, nos estamos transformando en las personas que queremos llegar a ser. Así que cuando te inspires en algo, piensa que ya tienes el cheque… ¡Ahora sólo tienes que llevarlo al banco!

Ejercicio:

Toma algo que te haya inspirado o algo en lo que hayas querido trabajar o lograr. Piensa en una acción muy pequeña y manejable que puedas realizar de manera constante cada día para avanzar hacia esa meta. Escríbela para recordártela y… ¡hazlo!

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