Masacre en un evento de Janucá en Australia


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Con la sutileza de un mazo, el 7 de octubre le recordó a Steve Tsentserensky que era judío.
Hasta el 7 de octubre, Steve Tsentserensky se consideraba ateo, políticamente liberal y, en general, opuesto a cualquier religión organizada. Como especialista en marketing y redactor publicitario, recorrió el globo hasta que fue testigo de cómo el mundo se volvía en su contra y contra su pueblo. Sintiendo que estaba en un desierto, de repente a la deriva y desconectado de su propia vida, Steve se reconectó con la comunidad judía y su herencia, y finalmente se mudó a Israel.
Steve nació en los años 80 en Cleveland, Ohio. Sus padres eran inmigrantes judíos de la Unión Soviética que escaparon de Moscú hacia la libertad en cuanto tuvieron oportunidad. Steve sabía que la vida de sus padres bajo el régimen soviético había estado llena de peligros y que el antisemitismo siempre estaba presente.

Una vez en los Estados Unidos, los padres de Steve asistieron ocasionalmente a una sinagoga conservadora, siendo los clásicos “judíos de las Altas Fiestas”, como él los llama, y enviaron a sus hijos a la escuela dominical de la sinagoga y a un campamento de verano judío. Aunque Steve disfrutaba del campamento, encontraba opresivos los servicios religiosos. “No había luz ni vida en ello”, recuerda. “Cada experiencia era más como: terminemos esto para poder irnos. Y era súper molesto tener que levantarse el fin de semana para ir a la escuela dominical”.
Los padres de Steve insistieron en que tuviera un bar mitzvá. “El trato era que tenías que hacer el bar mitzvá y después nunca más tenías que poner un pie en una sinagoga. Acepté el trato. Y fiel a eso, básicamente no fui a una sinagoga durante los siguientes 25 años”.
Sus padres ya no lo presionaban, pero a veces le comentaban: “Algún día te darás cuenta de que eres judío, te guste o no.”
A los 28 años trabajaba a bordo de cruceros; ya había vivido en varios estados y en otros países antes de eso. Estaba permanentemente en movimiento, sin un hogar propio. Durante ese tiempo, Steve exploró sitios históricos judíos, pero su interés era puramente cultural.
Israel no estaba muy alto en la lista de lugares que Steve quería visitar. Pero a los 26 años entendió que se acercaba la edad límite para participar en el programa gratuito Birthright. Se inscribió en “el viaje más secular”.

“Fue realmente divertido”, recuerda, “pero lo vi como algo propagandístico, mostrándonos sólo lo mejor de todo.” Sin embargo, hubo momentos durante el viaje en que Steve fue testigo de la devoción genuina de otras personas y se sintió conmovido. “En la Ciudad Vieja de Jerusalén, vi a personas llorando desconsoladamente. Era algo palpable, podías sentir su espiritualidad. Y al ver el lugar más sagrado para nosotros, me quedé asombrado de que existiera. Es algo diferente cuando estás allí físicamente”.
El viaje no tuvo un efecto duradero. “Era demasiado inmaduro para procesar esos sentimientos”, dice Steve. Continuando con un estilo de vida algo nómada, comenzó a trabajar en marketing para líneas de cruceros, ocupándose del marketing digital a bordo y de la creación de contenido, mientras producía videos de viajes y música entre contratos.
Para el 2019, Steve sentía que quería establecerse en tierra firme.
Durante la pandemia de Covid en el 2020, cambió su carrera a la redacción publicitaria y, al trabajar de forma remota, podía vivir en cualquier parte del mundo. Después de un viaje fortuito a Croacia con alguien que conoció a bordo, le tomó cariño al país y alquiló un apartamento en Zagreb, con la intención de quedarse allí por un tiempo indefinido.
Disfrutando de su trabajo y haciendo amigos, se sentía cómodo en Croacia. Entonces llegó el 7 de octubre.
La mañana del 7 de octubre, Steve vio en las noticias que había tenido lugar un ataque terrorista en Israel, pero no lo percibió como algo inusual. Desafortunadamente, esas noticias eran frecuentes desde Israel.

Sólo más tarde entendió la magnitud del ataque asesino sin precedentes de Hamás. Estaba pegado al teléfono, “desplazándome por lo peor y viendo antisemitismo casi de inmediato. Apenas ocurrió el ataque, ya veía a gente culpando a los judíos e Israel por esto y aquello”.
Steve estaba conmocionado por la escala y la crueldad del ataque, pero aún más “conmocionado hasta lo más profundo por la intensa respuesta antisemita. No vi que nadie apoyara a Israel. No me había dado cuenta del grado en que la gente tenía, justo bajo la piel, antisemitismo listo para desplegarse. Sólo necesitaban una excusa, y en ese momento, de alguna manera, se volvió normal. Había personas que conocía personalmente que al final del día ya tenían banderas palestinas en sus perfiles. Aún no había habido represalias, los cuerpos seguían calientes, y ya veía a la gente haciendo esto”.
Steve entendió entonces lo que sus padres querían decir cuando le decían que algún día descubriría que era judío. “El mundo te lo recordará”, dice.
Steve había estado políticamente alineado con la izquierda. “Me parecía que les importaba más la gente. Todos esos movimientos por los derechos sociales me resultaban atractivos”. Tenía muchos amigos en comunidades minoritarias y se consideraba a sí mismo una minoría como judío. “Hasta el 8 de octubre, no me daba cuenta que ninguno de ellos veía a los judíos como una minoría”, cuenta.
“Recuerdo que cuando ocurrieron las protestas de 'Black Lives Matter', yo las apoyé mucho”, recuerda Steve. “Y todavía entiendo de qué trataba ese movimiento, pero fue acaparado por voces más radicales que no se preocupaban y sólo lo usaban como un proxy para otras cosas, que es lo que está pasando también hoy”.
En los días de las protestas de BLM, Steve recuerda haber tenido largas conversaciones con amigos que se veían afectados, preguntándoles cómo estaban y apoyándolos. Después del 7 de octubre, prácticamente ninguno de sus amigos hizo lo mismo con él. Y cuando él intentaba iniciar una conversación y expresar lo que sentía, lo interrumpían con frases como: “¿Y qué pasa con los palestinos?”
“Yo estaba dispuesto a tener esa conversación, pero era increíblemente difícil simplemente expresar lo que sentía como judío en esos momentos sin tener primero que considerar y validar el sufrimiento de todos los demás”.
“En cierto modo pensé: ‘ahora nos toca a los de mi grupo, los judíos, tenemos un problema’”, dice Steve. “Pero muchos en la izquierda dijeron: ‘¡No, es culpa de ustedes! ¡Y ni siquiera son una minoría! ¿De qué estás hablando?’ Yo estaba perplejo. Fue un abandono total por parte de la izquierda y los progresistas. Ahí fue cuando ocurrió el cambio en mí. Me di cuenta de que todo eso era una actuación. Es la forma más fácil de sentirse una buena persona en lugar de ser una buena persona. Bueno, tal vez no todo. Hay un núcleo genuino de personas que se preocupan y realmente intentan avanzar en una buena dirección, pero es muy fácil que lo desvirtúen. Y cuando lo ves, eso te afecta.
“Comprendí que la izquierda no es tan inclusiva como dice ser. Y cuando miro a la derecha, hay diversidad de opiniones. En la derecha, si le dices a la gente que votaste por Biden o Harris, no te expulsan de sus círculos de amistad. No parece funcionar así en la dirección opuesta, especialmente en esta última elección. No tienes que vigilar tus propios pensamientos”.

Steve intentó defender a Israel y combatir el antisemitismo publicando fragmentos sobre la historia judía y la conexión judía con la Tierra de Israel. En ese momento, Steve tenía unos 6.500 seguidores que disfrutaban de sus publicaciones de viajes. Tan pronto como empezó a publicar sobre Israel, sus seguidores comenzaron a dejar de seguirlo. Perdió cerca de mil seguidores en las semanas posteriores al 7 de octubre. El nivel de interacción en sus publicaciones también se desplomó.
Sintiendo que estaba en una isla, Steve pensó: “Probablemente debería hablar con alguien que sea judío”.
Steve encontró el mail de Bet Israel, una sinagoga sefaradí ortodoxa moderna en Zagreb, Croacia. Se puso en contacto y lo invitaron a visitarla. Pronto, Steve se encontró hablando con el rabino de la sinagoga.
Hablaron por más de una hora. Finalmente se sintió escuchado y comprendido.
Aunque Steve todavía se consideraba ateo, aceptó la invitación del rabino para asistir a los servicios de Shabat. Dado que no había ido a un servicio en más de veinte años, le resultó muy difícil seguir el ritmo, por decir lo menos.
La comunidad judía de Croacia es muy pequeña y ese Shabat no hubo minián, lo que por supuesto significó que la congregación no leyó de la Torá, lo que sólo aumentó la confusión de Steve. Así que hizo lo más lógico: se quedó en silencio y leyó cientos de páginas del Sidur. Se quedó para el almuerzo y disfrutó de conocer a los miembros de la comunidad, quienes lo tranquilizaron diciéndole que estaba bien no entender, que simplemente estar allí era suficiente… y que no tuviera miedo de hacer preguntas.
En los meses siguientes, Steve continuó asistiendo ocasionalmente a la sinagoga sefaradí, así como a la sinagoga más grande de Jabad, que generalmente lograba reunir un minián para los servicios de Shabat. “Necesitaba estar cerca de la comunidad judía”, recuerda Steve. “Sentía un impulso y una atracción por reconectarme, aprender cosas y redescubrir cosas que ya sabía”.
Aunque Steve perdió amigos por su apoyo a Israel, los nuevos amigos que hizo en la comunidad judía compensaron con creces esa pérdida. “Gané enormemente”, dice. “De hecho, no siento que haya perdido nada. Por el contrario, he ganado toda la comunidad judía”.

Durante ese tiempo, Steve comenzó a replantearse sus ideas ateas. “Pensaba en cómo nuestro pequeño grupo, los judíos, ha durado tanto tiempo. Han existido grupos y sociedades mucho más grandes que no han sobrevivido. Es absurdo que todavía existamos cuando hemos sido objeto de desprecio y persecución durante milenios. Sí, los judíos somos un pueblo inherentemente terco, pero no sé si eso es suficiente razón. Así que tal vez Alguien nos está ayudando”.
En ese momento, Steve tomó una decisión importante. Decidió que sólo saldría con mujeres judías. Hasta entonces, nunca había salido con jóvenes judías ni le importaba casarse con alguien de la misma fe. Después de vivir tantos años en Croacia, imaginaba que sus futuros hijos serían criados nominalmente católicos, tal vez con una celebración simbólica de Janucá.
“A nivel práctico, si me caso con alguien que no es judío, mis hijos no serían judíos según la ley judía, y de alguna manera eso ahora me importa mucho, aunque antes no me preocupaba. Además, está el hecho de que me tomó años (más de dos décadas) apreciar mi cultura, tradición y religión. Yo digo que el 7 de octubre me recordaron, con la sutileza de un mazo, que yo era judío. Y no quiero eso para mis hijos. Quiero que tengan su identidad central construida desde el primer día”.
Otro factor fue comprender que algunas de las mujeres en las que antes había estado interesado adoptaban posturas fuertemente antiisraelíes. Steve se preguntó si eran antisemitas y le horrorizaba la idea de que podría haber terminado casado con una antisemita y haberse dado cuenta demasiado tarde.
“Eso no es viable”, dice. “Hay ciertas cosas que querría en la madre de mis hijos que no son negociables, y eso es que seamos judíos y que no tenga que explicarle mi identidad a nadie. Cuando combinas todas esas cosas, simplemente no tenía sentido no buscar a alguien dentro de la fe”.
Cuando Steve vio que sus intentos de ayudar a Israel en línea no llegaban a su audiencia, decidió hacer algo más tangible. Se inscribió en una misión de voluntariado en Israel.
Una vez en Israel, casi de inmediato Steve se sintió como en casa. Era marzo del 2024, y aún había relativamente pocos visitantes en Israel. “Pero veías que la vida seguía”, dice Steve. “Salí a correr a las seis de la mañana, pensando que no habría nadie afuera, ¡pero estaba lleno! La gente simplemente vivía y trabajaba. Con plena consciencia de la guerra, porque no puedes caminar cinco metros sin ver un cartel de los rehenes. Así es esta doble realidad, donde todos están hiper-concentrados en lo que pasa con la guerra, pero al mismo tiempo la vida sigue. Eso fue lo primero que vi: perseverancia judía, y también alegría. Algo así como ‘la mejor venganza es vivir bien’”.
Cuando Steve se inscribió en el programa de voluntariado, había pedido específicamente ser asignado con adultos y no con jóvenes estudiantes universitarios. Para su consternación, cuando llegó descubrió que sólo el guía tenía su edad. Los demás eran estudiantes universitarios ortodoxos de los Estados Unidos. El guía y Steve se hicieron amigos y siguen en contacto.
A pesar de su decepción inicial por tener 15 años más que los demás participantes, Steve estaba emocionado de poder ayudar a Israel. Resultó que estar rodeado de jóvenes judíos norteamericanos religiosos fue una experiencia reveladora.
La noche del viernes, los estudiantes invitaron a Steve a ir con ellos a la Gran Sinagoga de Tel Aviv. “Entramos en grupo, y lo primero que recuerdo es que la puerta estaba simplemente abierta. No había seguridad. Había cámaras, pero nadie te detenía para entrar a rezar. Eso fue inmediatamente impactante porque [en Europa], para visitar una sinagoga, tienes que pasar por detectores de metales y hay patrullas policiales alrededor del barrio judío todo el tiempo”.
“Por primera vez experimenté un judaísmo alegre”.
Pero lo que más impresionó a Steve fue la palpable alegría y emoción en esa sinagoga. “Por primera vez experimenté un judaísmo alegre”, dice. “Había cantos y bailes y una abundancia de cosas edificantes”. Fue un gran contraste con la experiencia de su infancia, donde el judaísmo le parecía opresivo y seco.
Un hombre mayor repartía caramelos a los niños, y Steve se conmovió con la escena. “Había una comunidad real”, recuerda. “Y estaban felices y emocionados de recibir el Shabat”.

Otras experiencias que tuvo en Israel también acercaron a Steve a una creencia en Dios. Cuando visitó el museo ANU en Tel Aviv, vio una pantalla interactiva de sinagogas de todo el mundo. Cuando hizo clic en Ohio, apareció en la pantalla precisamente la sinagoga donde Steve había hecho su bar mitzvá. “Se me puso la piel de gallina”, dice. “¿Es como una guiñada cósmica?”
Escuchar historias de supervivencia judía, tanto recientes como a lo largo de la historia, también llevó a Steve a pensar: “Alguien debe haber tenido una mano en esto”.
Durante su estancia en Israel, la idea de mudarse allí cruzó por la mente de Steve muchas veces. Al regresar a Croacia, ya no se sentía en casa y ansiaba volver a Israel. “Croacia no cambió. Yo cambié”.
En menos de un año, Steve estaba encantado de regresar a Israel de forma permanente como inmigrante.
Desde febrero, vive en Tel Aviv. Continúa trabajando desde su casa y en su tiempo libre disfruta conociendo a sus nuevos vecinos y su entorno. “Todo el mundo aquí es increíblemente acogedor”, dice. “Tel Aviv es el lugar más fácil de aterrizaje en ese sentido, porque es muy internacional”.
Steve también disfruta de experimentar el Shabat y las festividades judías. Recibe frecuentes invitaciones para Shabat, que acepta encantado.
“Hay una frase que había escuchado antes, pero nunca entendí lo que significaba: 'No es que los judíos guarden el Shabat, es que el Shabat guarda a los judíos'. Incluso en el hiper-secular Tel Aviv, la gente ‘tiene que hacer Shabat’. Ahora entiendo lo que significa: estos rituales, estos pequeños detalles de la vida judía, son lo que nos mantiene, y el Shabat es un faro de eso en muchos sentidos. Es lo más simple y lo más profundo”.
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