La lucha de una estudiante turca que fue censurada por decir la verdad sobre Israel

18/05/2025

5 min de lectura

Marcada como traidora. Amenazada con violencia. Todo por decir la verdad sobre Israel.

Cuando Turku Avci, una estudiante turca de la Universidad Hebrea, comenzó a compartir sus experiencias positivas en Israel, se convirtió en una paria en su país de origen. Fue blanco de islamistas radicales y ya no puede regresar a Turquía ni visitar a su familia.

Quebrar mitos

Criada en una familia musulmana secular en Marmaris, Turku nunca había conocido a un judío ni a un israelí. Sin embargo, ella creció escuchando que “los judíos son el pueblo más poderoso y controlan el mundo”. La sociedad israelí se describía como arrogante y explotadora, mientras que los palestinos eran idealizados como víctimas del imperialismo.

Sus amigos le advirtieron que no fuera a estudiar en Israel, diciéndole que estaría aislada. Pero la curiosidad de Turku creció al observar cómo el gobierno islamista de Turquía usaba la causa palestina con fines políticos. “Están usando la causa palestina de forma estratégica”, afirma.

En la universidad en Estambul, conoció activistas pro-palestinos que le parecieron autoritarios. “Solo quieren controlar tu vida... boicotear lo que ellos dicen que hay que boicotear”. El contraste fue impactante: “Siempre dicen que Israel va a controlar nuestro país”, pero eran los pro-palestinos, no los israelíes, quienes constantemente intentaban decirle en qué creer.

Irónicamente, las primeras interacciones de Turku con israelíes ocurrieron en Marmaris, donde a menudo llegaban barcos con turistas israelíes cerca del barco de su familia. “Nos volvimos vecinos y empezamos a conectar”, dice. Sus amigos judíos resultaron ser personas comunes y cálidas, que la alentaron a estudiar en Israel.

Una nueva realidad en Jerusalem

En la Universidad Hebrea, Turku encontró un Israel muy diferente al retratado en los medios de comunicación turcos. “Entré a la sala y vi estudiantes de Ramala... estudiantes judíos y musulmanes trabajando juntos en grupo, siempre juntos”.

En la Ciudad Vieja de Jerusalem

Turku se sorprendió al descubrir que Israel financia a estudiantes palestinos y permite protestas y banderas palestinas en el campus… difícilmente el “estado de apartheid” del que le habían advertido.

Visitar la mezquita de Al Aqsa reveló otra mentira. Los medios turcos afirmaban que los judíos prohibían a los musulmanes entrar al sitio, pero ella descubrió que tanto los soldados israelíes como los guardias musulmanes “realmente deben asegurarse de que eres musulmana y entonces te dejan entrar”. En contraste, son los judíos quienes tienen restringido el ingreso a Al Aqsa y a ciertos barrios árabes.

Turku abrazó la diversidad de su grupo de amigos. “Gente secular, judíos muy religiosos, musulmanes, cristianos, drusos... ¡éramos tan buenos amigos!”, dice. “Israel realmente trajo paz a su país”.

El 7 de octubre: Un punto de quiebre

Cuando Hamás atacó a Israel el 7 de octubre, Turku sintió terror. “Pensé que también venían por nosotros”. Turku tenía razones para temer. Los terroristas de Hamás asesinaron y secuestraron no sólo a judíos, sino también a musulmanes israelíes, trabajadores extranjeros y a cualquiera que se cruzara en su camino. Le indignó que los medios extranjeros omitieran ese hecho. “Los terroristas secuestraron musulmanes, destruyeron barrios musulmanes también, y lanzaron cohetes contra Al Aqsa y otras mezquitas”, dice. “Es la Cúpula de Hierro la que está salvando a Al Aqsa de los islamistas”.

La cobertura mediática en Turquía la enfureció. “¡Estaban celebrando la guerra! Decían que los palestinos finalmente estaban resistiendo. La forma en que secuestraron a la familia Bibas… ¡la manera en que lo reportaron fue terrible! ¡Como si los hubieran invitado como huéspedes! Y qué bien trataron los soldados de Hamás a la familia porque le pusieron una manta a Shiri Bibas”.

Cuando Israel se defendió, los medios turcos lo llamaron genocidio. “Estaban tan a favor de la guerra el 7 de octubre, pero en el momento en que Israel respondió… ahora odiaban la guerra”.

Amigos de muchos años se volvieron en su contra. “Incluso mis amigos me atacaban, ‘¿Cómo puedes apoyar a estos asesinos de bebés?’ Y yo decía: un momento, Israel ni siquiera ha respondido todavía”.

Turku se alejó de las redes sociales, abrumada por el odio. “Decidí dejar de ver las noticias turcas... y cerré mi cuenta de Instagram por un tiempo”.

Incluso su familia extendida la condenó. “¿Qué hace Turku en Israel? ¡Qué vergüenza!” Sus padres son simpatizantes de la oposición de izquierda. Aunque esta oposición nunca ha sido pro-Israel, su liderazgo no apoya el terrorismo y ha condenado públicamente a Hamás. No colaboran con islamistas radicales. Aunque los padres de Turku están comprensiblemente preocupados por ella, se han mantenido firmes, apoyando plenamente su búsqueda de la verdad en el periodismo y la política. “Mi padre dice: ‘Ahora tienes que quedarte más tiempo en Israel. ¡No puedes rendirte!’”

En contraste con la izquierda turca, Turku encuentra inquietante el activismo izquierdista en los campus occidentales. “Hay demasiado respeto hacia un grupo que no los va a respetar a ellos”, señala. “La izquierda trabajando junto con islamistas radicales... usando las mismas palabras como resistencia”.

La reacción al 7 de octubre le dio a Turku una dosis de claridad. “Aquí es donde debo estar, no sólo por Israel sino también por mi país. Puedo ver desde afuera cómo Hamás está ganando fuerza en Turquía. Me molesta mucho, y quiero hablar en contra. Y por eso me volví un objetivo”.

Una voz solitaria por la verdad

A medida que avanzaba la guerra, Turku sintió que debía alzar su voz y llegar a una audiencia más amplia. Comenzó a crear videos y escribir en inglés para llegar a públicos internacionales. Sus esfuerzos fueron notados por los medios turcos, que la tildaron de traidora. “De alguna forma me encontraron, aunque hago mis videos en inglés”.

La reacción fue aterradora. “Te vamos a violar en grupo” y “Te vamos a decapitar” fueron sólo algunas de las amenazas que recibió. Sin saber cómo responder, acudió a su padre. “‘Estábamos esperando esto’, le dijo. ‘Hiciste algo que nadie puede hacer fácilmente’”. Su padre la alienta a seguir enfocada en convertirse en una buena periodista.

Ahora exiliada de su patria, Turku no ha visto a sus padres desde junio. Debido a la situación política en Turquía, sus padres tampoco pueden visitarla en Israel. Turku extraña mucho a sus padres y a su hermano menor.

Se ríe de que los medios turcos la hayan acusado de ser una espía israelí pagada por Israel, cuando en realidad tiene dificultades económicas con una visa de estudiante y no está segura de cuánto tiempo podrá permanecer en Israel.

Turku no sabe cómo afectará a largo plazo su vida el haber dicho la verdad. Por el momento, la situación es difícil y abrumadora, pero el apoyo de sus amigos israelíes la mantiene en pie. Una familia judía local la invitó a quedarse con ellos. “Me dijeron: ‘No deberías estar sola. Si no, vas a pensar demasiado las cosas’”.

A pesar del costo, Turku no se detiene. “Creo que puedo hacer cosas buenas para todos: para Israel, para mi país, para el Medio Oriente”.

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