¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


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Dos compañeros de estudio del Talmud solían discutir cada punto durante horas. Resulta que esa es exactamente la manera de lograr que la IA realmente te enseñe algo.
Vivimos en una generación en la que las respuestas a casi cualquier pregunta están disponibles al instante. Cuando nos asignan tareas en la escuela o en el trabajo, simplemente escribimos una breve instrucción a la IA y ella se encarga del resto.
Cuando no entiendes la tarea, tómale una foto y, ¡BUM!, tienes la respuesta con todo el procedimiento en un segundo.
Cuando tienes clase en un par de minutos y no has leído los libros asignados, no te preocupes. Simplemente escribe el título en ChatGPT y problema resuelto.
Cuando no sabes qué pensar, pídele a la IA que formule tu opinión por ti.
¿Qué nos está haciendo esta herramienta, utilizada en exceso y de fácil acceso?
En un estudio realizado en 2025, se examinó a 580 estudiantes universitarios para evaluar las implicaciones cognitivas de la IA en la educación. Los resultados revelaron que una mayor dependencia de la IA estaba asociada con un menor pensamiento crítico y una mayor fatiga cognitiva.
La descarga cognitiva, que consiste en utilizar ayudas externas para reducir el esfuerzo mental y las exigencias de la memoria, puede tener parte de la culpa. La descarga cognitiva siempre ha existido, desde los ábacos hasta el papel y los cuadernos. La IA es simplemente una versión más potente de esta misma idea.
Ante el impacto negativo de la IA en la educación, algunos piden que dejemos de utilizarla por completo. Por ejemplo, el sistema de escuelas públicas de la ciudad de Nueva York ha implementado una estricta moratoria que prohíbe las herramientas de IA generativa dirigidas a estudiantes desde preescolar hasta octavo grado.
El problema no es que la IA pueda hacer estas cosas; es que seguimos pidiéndole que las haga.
Pero me pregunto si estamos centrándonos en el culpable equivocado. ¿Qué hizo mal exactamente la IA?
ChatGPT no decidió un día, de la nada, escribir tu tarea por ti. Tú se lo pediste.
La IA no decidió resolver todos tus problemas de matemáticas por ti. Tú los pegaste allí.
El problema no es que la IA pueda hacer estas cosas; es que seguimos pidiéndole que las haga.
La IA no tiene por qué ser una carga negativa para nuestro sistema educativo. Así como utilizamos los cuadernos y el papel para descargar parte del esfuerzo cognitivo como una herramienta para mejorar nuestro aprendizaje, podemos hacer lo mismo con la IA. Un cuaderno nos ayuda a recordar; no reemplaza la comprensión. La IA puede utilizarse de la misma manera, convirtiéndose en una ayuda en lugar de un sustituto.
Para comenzar a utilizar la IA de manera eficaz, debemos reconocer por qué actualmente se está utilizando de manera ineficaz. Piensa en la última tarea que realmente completaste enteramente por tu cuenta. Probablemente te sentiste atascado, intentaste algo, fallaste, volviste a intentarlo y quizá una vez más, hasta que, finalmente, algo de lo que hiciste empezó a funcionar y lograste resolverlo.
Ese momento se sintió diferente a simplemente haber leído la solución, porque realmente construiste tu comprensión.
El arduo esfuerzo te lleva a involucrarte en el problema, haciendo que la respuesta sea algo que realmente comprendes.
Este es un concepto llamado esfuerzo productivo. Cuando una tarea es difícil, no significa que sea un obstáculo para tu aprendizaje. De hecho, en las condiciones adecuadas, esa dificultad se convierte en una parte clave de cómo ocurre el aprendizaje. Cuando te ves obligado a trabajar en algo por tu cuenta, cometer errores e intentar diferentes enfoques, estás construyendo una comprensión en lugar de simplemente recibirla. El arduo esfuerzo te lleva a involucrarte en el problema, haciendo que la respuesta sea algo que realmente comprendes.
El estudio judío concede un valor extraordinario al esfuerzo productivo. Piensa en el estudio judío tradicional: dos judíos se sientan uno frente al otro con un texto, uno piensa una cosa y el otro no está de acuerdo. Discuten al respecto y explican su razonamiento, consultan otras fuentes, discuten un poco más, siguen intentándolo y finalmente llegan a una conclusión.
Alguien ajeno a esto podría observarlo y pensar: «Eso parece extremadamente ineficiente, ¿por qué no le preguntan simplemente a un rabino? ¿O a alguien que sepa la respuesta?».
Hay una historia significativa sobre dos rabinos que ejemplifican este concepto, una historia sobre rabí Iojanán y Reish Lakish (Bava Metzia 84a). Estos dos rabinos fueron compañeros de estudio hasta que Reish Lakish falleció. A rabí Iojanán le asignaron un nuevo compañero y, cuando presentaba un argumento, su compañero le aportaba pruebas que demostraban que tenía razón.
Rabí Iojanán no necesitaba a alguien que demostrara que tenía razón; necesitaba a alguien que lo cuestionara, obligándolo a demostrar por qué tenía razón.
Rabí Iojanán no estaba contento. No porque su nuevo compañero no fuera inteligente, sino porque no lo cuestionaba. Cuando él y Reish Lakish estudiaban juntos, Reish Lakish atacaba sus argumentos con 24 objeciones y rabí Iojanán respondía con 24 respuestas, en un intercambio que se repetía hasta que el tema quedaba más claro.
Rabí Iojanán no necesitaba a alguien que demostrara que tenía razón; necesitaba a alguien que lo cuestionara, obligándolo a demostrar por qué tenía razón.
El aprendizaje eficaz implica muchos pasos:
Pregunta -> intento -> desafío -> fracaso -> reconsideración -> comprensión -> respuesta
Sin embargo, a menudo utilizamos la IA así:
Pregunta -> respuesta
En lugar de eliminar la IA, ¿qué pasaría si aplicáramos estos mismos principios a la IA?
La IA puede desafiarte, comprender tu nivel y adaptarse a él, generar objeciones, darte pistas, hacerte preguntas, identificar malentendidos, evaluar tus conocimientos, ponerte a prueba y mucho más.
Y puede hacerlo en cualquier momento, con respuestas extremadamente rápidas.
No estoy diciendo que debamos utilizar la IA para reemplazar la enseñanza; sin embargo, sí creo que puede tener un impacto positivo en el propio sistema educativo. También hay pruebas sólidas que respaldan esto.
En un ensayo aleatorizado de 2025 en el que participaron 194 estudiantes de grado de física de Harvard, los investigadores compararon el aprendizaje en una clase de aprendizaje activo con el obtenido mediante un tutor de IA diseñado según principios educativos establecidos.
Los resultados fueron sorprendentes: los estudiantes que utilizaron el tutor de IA mostraron mayores avances en el aprendizaje en menos tiempo, así como una mayor participación y motivación.
¿Cómo puedes aplicar esto a tu propio aprendizaje?
En lugar de simplemente hacer que la IA resuelva tus problemas por ti, pídele que te haga preguntas y te apoye hasta que los resuelvas por tu cuenta.
Puedes pedirle pistas cuando estés atascado y pedirle que te ayude a orientarte ante las dificultades que surjan por el camino. En lugar de hacer que la IA te explique un concepto, intenta explicar lo que sabes sobre él y deja que la IA identifique las lagunas.
En lugar de hacer que te resuma un capítulo, léelo y pídele a la IA que te haga preguntas sobre él.
En lugar de hacer que escriba un argumento por ti, escribe tu argumento y pídele que cuestione todas las suposiciones y los puntos débiles que planteas.
Deja que la IA se convierta en tu Reish Lakish.
Que la IA fortalezca o debilite tu aprendizaje depende, en última instancia, de ti. La IA amplifica la manera en que eliges aprender.
Utilízala para eludir el esfuerzo y te frenará. Utilízala para desafiarte e impulsarte y se convertirá en un increíble tutor personalizado.
Hace miles de años, el estudio judío se construyó en torno a una idea que ahora nos vemos obligados a redescubrir. El camino más rápido hacia una respuesta no siempre es el mejor camino hacia la comprensión.
No te limites a perseguir la solución: valora el proceso y permítete llegar a la conclusión.
Dejemos de culpar a la IA y, en cambio, reconozcamos nuestros propios hábitos y comencemos a utilizar la IA como una herramienta, no como una vía de escape.
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