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Demasiadas opciones

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19/11/2014 | por Rav Benjamín Blech

La crisis matrimonial y por qué los solteros de hoy no se quieren comprometer.

¿Fuiste invitado a una boda en el último tiempo? Aprovecha la oportunidad de ir antes de que se conviertan en una extraña ocasión.

Al menos eso es lo que algunos eruditos como Charles Martel, profesor de ciencia informática en la Universidad de California, creen después de analizar cuidadosamente la información preparada por el “Proyecto Nacional de Matrimonio” de la Universidad de Virginia en relación a las estadísticas de matrimonio desde 1960.

Las estadísticas son sorprendentes. Desde 1970 hasta 2009, la tasa de matrimonio en Estados Unidos cayó de 76,5 a 37,4 matrimonios al año por cada 1.000 mujeres solteras. Y no es sólo que la cantidad de matrimonios esté declinando, sino que también la tasa del declive se está acelerando. Creando una nueva línea de evolución, Martel llega a la asombrosa conclusión de que si la tasa actual continúa, ¡entre el 2028 y el 2034 la tasa de matrimonio en Estados Unidos llegará a cero!

¿Ridículo? Por supuesto. La gente seguramente continuará casándose. Pero no podemos ignorar la realidad del abrupto decline en los números de quienes eligen caminar hasta el altar.

En 1960, el 72% de los adultos (mayores de 18) estaba casado. De acuerdo a Pew, un prestigioso centro de investigación Estadounidense, actualmente es sólo el 51%, y 5% de esa caída ocurrió entre los años 2009 y 2010. La tasa de matrimonios cayó aún más para los jóvenes adultos. En 1960, el 59% de las personas entre 18 y 29 años estaba casado, mientras que hoy sólo el 20% lo está. La edad promedio para casarse es 26,5 años para las mujeres y 28,7 para los hombres, en comparación a 20,3 y 22,8 de 1960.

¿Qué pasó?

La gente simplemente no parece querer comprometerse.

Algunos culpan a la economía por la pérdida de popularidad del matrimonio. Ellos afirman que ésta es otra desafortunada consecuencia de la gran recesión que estamos viviendo. Pero las tendencias que hoy están batiendo records tuvieron su comienzo hace décadas, y han seguido consistentemente el mismo camino en bajada a través de los vaivenes de la economía.

La pura verdad pareciera ser que la gente no se quiere comprometer. Y yo tengo mi propia teoría para explicar esta triste realidad.

Sé que mi investigación es sólo anecdótica y que no tengo pruebas para respaldar mi afirmación, pero creo que en lugar de una nueva aversión cultural al matrimonio, lo que está pasando aquí es otra cosa. La bendición de estar casado sigue siendo un ideal; los hombres y las mujeres siguen fantaseando con tener familia y sueñan con una pareja perfecta con la que vivir felizmente para siempre. Lo que estamos viendo en cambio es el resultado de DO – demasiadas opciones - un concepto que deriva de los hallazgos de un destacable estudio de la profesora de la Universidad de Columbia, Sheena Iyengar, en un paper de investigación llamado "Cuando la Variedad es Desmotivadora".

Durante 10 años, la profesora Iyengar ha analizando el concepto de realizar elecciones. Para su investigación, ella y su grupo de trabajo realizaron una prueba en la que pusieron un puesto en un almacén con seis mermeladas diferentes. El 40% de los clientes se detuvo para degustar. El 30% eligió comprar algo.

Tener demasiadas opciones los hizo tener una probabilidad de comprar 10 veces menor.

Una semana después, pusieron el mismo puesto en la misma tienda, pero esta vez con 24 mermeladas diferentes. El 60% de los clientes se detuvo para degustar, pero sólo el 3% compró algo.

El tener demasiadas opciones los hizo tener una probabilidad de comprar 10 veces menor.

A pesar de que la creencia popular es que no existe tal cosa como “tener demasiadas opciones”, a medida que los sicólogos y los economistas profundizan en el tema han ido convergiendo a la conclusión de que una sobrecarga de opciones puede realmente paralizar a la gente o empujarla hacia decisiones que estén en contra de su propio interés. DO – demasiadas opciones - nos deja con miedo de tomar cualquier decisión, no sea que tengamos que vivir con el consecuente descubrimiento de que hemos tomado la decisión equivocada.

Al comprometernos, optamos por no seguir evaluando – ¡y tan sólo mira todas las opciones que hemos dejado de lado que quizás hubieran sido mejores!

‘DO’ nos paraliza con miedo, privándonos de nuestra confianza en la sabiduría de nuestra elección; terminamos prefiriendo no hacer nada en lugar de tener que vivir angustiados por la posibilidad de haber elegido mal. La Profesora Iyengar lo resumió de esta forma: "La presencia de opciones puede ser tentadora en teoría, pero la verdad es que la gente encuentra que el incremento de las mismas puede ser, en realidad, debilitador".

Si esto es cierto para algo tan insignificante como la elección del sabor de una mermelada, imagina cuánto más puede incapacitar nuestra capacidad para elegir una pareja. En la era de los matrimonios arreglados, un pretendiente podía haber sido presentado a media docena de candidatas posibles, quienes eran elegidas en base a la compatibilidad en términos de entorno familiar, educación y valores religiosos. En las comunidades muy unidas, los jóvenes elegían a quienes conocían del vecindario. La persona de al lado era considerada una candidata viable para lo que era considerado un mercado limitado.

Hoy, tanto para bien como para mal, es un mundo diferente: la era de la globalización e internet; los servicios de citas ofrecen acceso a gente literalmente de todo el mundo, brindándoles a los solteros opciones ilimitadas. No estamos hablando de sólo 24 tipos de mermeladas, sino que estamos hablando de la posibilidad de encontrar a alguien entre los cientos de miles de personas que podrían quizás ser esa persona ideal que estamos buscando.

Lori Gottlieb, autora de “Cásate con Él: El Caso de Conformarse con el Sr. Aceptable”, concluyó que demasiadas mujeres – su libro está enfocado en las mujeres, pero lo mismo es cierto para los hombres - "creen que hay que elegir al Sr. Correcto. En lugar de preguntarse: '¿Soy feliz?', se preguntan: '¿Es esto lo mejor que puedo conseguir?'". Y como aún no han visto todos los otros tipos de "mermelada" que hay en el mercado, sienten que para ser justas con ellas mismas deben posponer cualquier decisión. Por lo tanto, continúan esperando, y esperando, y esperando, prolongando así su búsqueda por la mermelada perfecta antes de permitirse tomar una decisión.

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Esto seguramente las dejará frustradas para siempre, porque como dice el proverbio: "Las únicas personas perfectas son las esposas de los solteros y los hijos de las ancianas que nunca tuvieron hijos".

El miedo a comprometernos a una opción debido a las otras muchas alternativas que existen no sólo es contraproducente, sino que desde una perspectiva espiritual ignora una verdad fundamental sobre el envolvimiento de Dios en los temas humanos.

Nuestra tradición nos enseña que Dios es el más grande casamentero. Los Sabios preguntan: ¿qué ha estado haciendo Dios desde la creación?, y contestan: Ha estado realizando la sagrada tarea de formar matrimonios. La felicidad humana es un objetivo divino. La Torá nos enseña que Dios quiso que todo sea tov, bueno, y "no es bueno que un ser humano esté solo".

Es por eso que el Talmud dice que 40 días antes del nacimiento, una voz celestial anuncia: "La hija de tal y tal para tal". Los matrimonios son formados en el cielo; Dios creó a alguien adecuado para cada persona en la tierra.

En idish hay una hermosa palabra que expresa este concepto de un alma gemela decretada divinamente: es una bashert. Todos tenemos una bashert y Dios, en Su infinita bondad, se asegura de poner a esa persona en nuestro camino en algún momento apropiado de nuestra vida.

Y esa perspectiva puede hacer toda la diferencia cuando luchamos contra la parálisis inducida por DO – demasiadas opciones.

Sin una bashert, nuestras elecciones están plagadas por la duda de que quizás no haya nadie en el mundo que sea lo suficientemente bueno para mí. Somos tentados a seguir buscando sin ninguna seguridad de que alguna vez encontraremos a alguien que no pueda ser mejorado. Podríamos ya tener al Sr. o a la Sra. Correcto/a de acuerdo a la opinión de Dios, y dejarlo pasar por estar buscando al Sr. o Sra. Perfecto/a – que, por supuesto, no existe (e incluso si en teoría pudiera existir, ¿por qué lo merecería una persona imperfecta como yo?).

Saber que tenemos una bashert nos reasegura que debemos tomar una decisión, porque Dios ya hizo esa selección para nosotros antes de que naciéramos. Nuestra búsqueda de pareja debe tener su énfasis en encontrar a quien ha sido designado para nosotros, en lugar de descubrir razones para excluir a todos los que no satisfagan nuestros estándares imposibles. En lugar de estar constantemente rechazando, podemos sentirnos seguros por saber que hay alguien que es perfecto para nosotros, a pesar de que esta persona no sea inherentemente perfecta. Como si fuera una pieza faltante en un rompecabezas, Dios nos provee lo que necesitamos para completar una hermosa imagen –una pieza que complementa nuestras propias fortalezas y debilidades para que, trabajando junto a nuestra bashert, podamos encontrar felicidad y satisfacción. El objetivo de salir de citas es encontrar a esa persona que, a pesar de todos sus defectos, nos hace sentir completos al vivir la vida juntos.

He hablado con incontables solteros, y todos me aseguran lo desesperados que están por casarse. "Entonces, ¿qué te detiene?", les pregunto. La respuesta casi siempre es la misma: "Aún no estoy seguro que no pueda conseguir algo mejor". Su fobia al compromiso no está basada en estar insatisfechos con la gente que han conocido hasta ahora, sino que es simplemente miedo a ya no poder continuar buscando una mermelada mejor – y por eso, continúan viviendo vidas de soledad sin la dulzura de ningún compañero.

La parálisis inducida por DO es una aflicción que necesitamos superar desesperadamente para preservar los ideales del matrimonio y la familia. Sí, los solteros deben elegir con sabiduría - pero igual de importante es el hecho que deben elegir.




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