Descubrir la voz divina interior

06/07/2026

6 min de lectura

Pinjas (Números 25:10-30:1 )

¿Qué nos impulsa a arriesgarlo todo por un principio? ¿Qué nos permite actuar cuando todos los demás se paralizan? ¿Y qué hace falta para asegurarnos de que, en ese momento, nuestras motivaciones sean puras?

La historia de Pinjás es la respuesta de la Torá a estas preguntas, y contiene la clave para encontrar y confiar en la voz divina que llevamos dentro.

El vigilante sagrado

Después de fracasar en su intento de maldecir al pueblo judío, el malvado profeta Bilam y el rey moabita Balak elaboran un plan perverso para destruir a la nación desde dentro. Las hijas de Midián y Moab se infiltran en el campamento israelita y, mediante distintos niveles de seducción, conducen a los hombres judíos a la promiscuidad y la idolatría. Como castigo, Dios envía una plaga mortal entre los israelitas.

El episodio alcanza su punto culminante cuando Zimrí, un príncipe de la tribu de Shimón, lleva a una princesa midianita frente al Tabernáculo, donde Moshé y los ancianos están reunidos. Según el Midrash,(1) Zimrí desafía a Moshé: “¿Esta mujer está permitida o prohibida? La mujer que es tu esposa también es midianita. ¿Quién te permitió casarte con ella?”. Sorprendido, Moshé vacila y olvida momentáneamente la ley correspondiente.

Entonces, a plena luz del día y ante los ojos de los hombres más santos de la historia, Zimrí continúa públicamente con su acto inmoral. Al presenciar esta atrocidad, Pinjás, nieto de Aharón, siente una indignación sagrada. Toma una lanza y, con un solo golpe, atraviesa a Zimrí y a su compañera midianita, matándolos y poniendo fin a la plaga. Como recompensa, Dios concede a Pinjás Su “Pacto de Paz” y el acceso al sacerdocio eterno.

El filo de la navaja del celo religioso

Esta dramática secuencia representa un momento único en la historia, no un modelo para ser imitado. La ley judía permite actuar como un zelota únicamente bajo condiciones extremadamente restringidas; ver a un hombre judío tener relaciones con una mujer no judía en publico, durante el acto mismo, después de haberle advertido dos testigos.(2). Además, el zelota no puede consultar previamente a un tribunal rabínico; si lo hace, el tribunal le ordena no actuar.(3) El Talmud(4) considera tan improbable la convergencia de todas estas condiciones que trata la acción de Pinjás como algo casi milagroso.

Sin embargo, el texto revela algo aún más sorprendente. Dios describe la acción de Pinjás como: “vengar Mi venganza”.(5) ¿Qué significa que Dios llame a la venganza de Pinjás “Mi venganza”? El Or HaJaim, el célebre comentarista bíblico marroquí del siglo XVIII, explica: "Cuando una persona cumple una mitzvá con motivaciones absolutamente puras, sin el menor interés personal, ese acto es especialmente amado por Dios. Por eso la Torá lo llama 'Mi venganza'". Debido a la absoluta pureza de sus intenciones, la acción de Pinjás dejó de ser únicamente suya y se convirtió, en cierto sentido, en una acción divina. Su altruismo fue tan completo que recibió el Pacto de Paz eterno.(6)

Esta es la imagen que la Torá nos presenta de Pinjás, y nos inspira humildad. Las condiciones que hicieron válida su acción eran tan específicas y restringidas, y su perfección interior tan completa, que ninguna de las dos volverá a repetirse jamás. Entonces, ¿qué se supone exactamente que debemos aprender de alguien que está tan fuera de nuestro alcance?.

Liderazgo de servicio

En primer lugar, Pinjás nos invita a examinar algo que rara vez observamos con honestidad: ¿cuánto de lo que hacemos es realmente por la causa y cuánto es por nosotros mismos?

A finales del siglo XVIII, preocupado por la devastación espiritual que la Ilustración estaba causando entre los judíos europeos, Rav Jaim de Volozhin se acercó a su maestro, el Gaón de Vilna, con la idea de fundar una ieshivá. El Gaón rechazó la propuesta. Meses después, Rav Jaim volvió a insistir. Nuevamente fue rechazado. Finalmente, Rav Jaim regresó una tercera vez y declaró: “Voy a abrir una ieshivá”. Entonces el Gaón respondió: “Tienes mi bendición. Ahora hazlo”.

La tradición explica que el Gaón estaba poniendo a prueba la pureza de sus motivaciones. Solo cuando la ieshivá dejó de tratarse de él mismo y pasó a tratarse exclusivamente de salvar el estudio de la Torá, recibió la bendición.(7) Como resultado, la Ieshivá de Volozhin se convirtió luego en el modelo de todas las instituciones modernas de estudio de la Torá. No fue construida sobre el carisma de un hombre, sino sobre la pureza de una misión.

El mundo secular ha confirmado independientemente el poder de una motivación pura. Al investigar para su libro "Empresas que sobresalen" (Good to Great), Jim Collins y su equipo estudiaron durante cinco años 1.435 empresas, identificando finalmente once empresas que lograron rendimientos al menos tres veces superiores al promedio del mercado durante quince años. ¿Qué las diferenciaba? El factor decisivo no fue la estrategia, ni el talento, ni la visión. Fue lo que Collins llamó liderazgo de Nivel 5. Él escribe: "Los líderes de Nivel 5 son increíblemente ambiciosos, pero su ambición está dirigida ante todo a la causa y no a sí mismos".(8) Los líderes que hicieron historia fueron aquellos que más se preocuparon por la causa y menos por recibir el crédito.

Este estándar no está reservado para gigantes de la Torá ni para leyendas empresariales. Es una práctica accesible para cualquiera que esté dispuesto a examinar honestamente sus propias motivaciones. En la práctica, esto significa reconocer y redirigirte cada vez que el protagonismo o la atención parezcan importantes. No se trata de reprimir la ambición, sino de preguntarte: ¿qué necesita la misión en este momento y cómo puedo servirle de la mejor manera?

Alinear tu brújula interior

Purificar nuestras motivaciones abre el canal hacia la claridad divina, pero existe un segundo paso. Como vimos, una de las condiciones para el zelota es que debe actuar desde una convicción desarrollada internamente; no podía consultar a una autoridad antes de actuar.(9) Esa capacidad de pensar por uno mismo es lo que la tradición judía llama daat (discernimiento profundo), y cada persona tiene la capacidad de desarrollarlo.

Puedes protestar: “¡Pero nosotros no somos profetas!” Es cierto. Sin embargo, el judaísmo enseña que cada persona posee una chispa de intuición profética. Rav Shlomo Wolbe explica en Alei Shur(10) que el versículo: “Muchos son los pensamientos en el corazón del hombre, pero el consejo de Dios prevalecerá” (Proverbios 19:21), contiene una enseñanza oculta. El consejo de Dios vive dentro de la multiplicidad de nuestros propios pensamientos. La tarea consiste en aprender a distinguir la voz de Dios del ruido generado por nuestro ego, nuestros miedos y nuestros deseos.

Para construir esta capacidad, Rav Wolbe prescribe dos prácticas:

  • Estudiar Torá: Quien estudia Jumash o Talmud constantemente encontrará preguntas en el texto. Resiste la tentación de consultar inmediatamente a Rashi u otros comentarios buscando la respuesta. En cambio, siéntate con la pregunta y forma tu propio entendimiento. Luego mira Rashi. Cuando su explicación difiera de tu idea, pregúntate: ¿Qué vio él que yo no vi? Con el tiempo, esto entrena la mente para pensar como las grandes mentes de Torá.
  • Decisiones de vida: Te enfrentas a una decisión importante en tu vida. Con buen criterio, programas una reunión con tu mentor. Eso está bien, pero antes de esa reunión, detente, identifica las opciones, evalúalas honestamente y llega a una conclusión provisional. Luego, expón tu razonamiento a tu mentor. Él confirmará aquello que viste con claridad y te mostrará dónde te equivocaste. Con el tiempo, la sabiduría divina que guía a tu mentor comenzará a guiarte también a ti.

En una época en la que las personas delegan cada vez más su pensamiento a las redes sociales, los medios de comunicación y la inteligencia artificial, debemos dominar la práctica contracultural del daat. La sabiduría no puede descargarse. Solo puede ganarse mediante la disciplina de pensar por uno mismo. Cuando combinamos el daat con la pureza de intención que exploramos antes, nos acercamos a la claridad y perfección de Pinjás. Y quizás, mientras caminamos por ese camino, también nosotros podamos merecer nuestro propio Pacto de Paz: la armonía interior que surge de actuar puramente por Dios.

Que podamos desarrollar la claridad interior para escuchar el consejo de Dios dentro de nosotros, y la pureza de corazón para actuar conforme a él únicamente por Su causa.


  1. Tanjuma, Balak 20

  2. La Mishná (Sanedrín 81b) añade otros dos casos en los que la Torá permite el celo religioso: una persona que roba un objeto del Templo, alguien que realiza deliberadamente el servicio en el Templo estando en estado de impureza ritual, y quien maldice a Dios en el contexto de la idolatría. En todos estos casos, testigos deben advertirle al infractor sobre las consecuencias de sus actos, y aun así él debe continuar voluntariamente violando la ley. Solo si persiste en su desafío consciente y deliberado, otros pueden tomar la justicia en sus propias manos.
  3. Sanedrín 82a. Rambam, Hiljot Isurei Biá 12:5. Además, el Talmud registra que si Zimrí se hubiera vuelto contra Pinjás y lo hubiera matado en defensa propia, Pinjás no habría tenido ningún recurso legal; incluso un acto permitido de celo religioso no otorgaba protección.
  4. Sanedrín 82b
  5. Bamidbar 25:11
  6. Quizás te preguntes:“¿Qué tiene que ver la paz con un acto de violencia?” El Malbim, un destacado comentarista de la Torá del siglo XIX en Europa oriental, explica sobre este versículo (Bamidbar 25:12): La muerte surge de la oposición y separación de las fuerzas internas dentro de una persona. La paz es la armonía de todas las fuerzas interiores de una persona unificadas bajo el alma divina. Cuando cada parte de una persona se mueve en la misma dirección (hacia Dios, sin que nada tire de ella hacia otro lado) entonces reina la paz interior. El Pacto de Paz no fue una recompensa externa; fue el reconocimiento de quién era Pinjás en su interior.
  7. Escuchado de Rav David Steinhauer. La versión registrada en jewishhistory.or presenta la tradición de las palabras del Gaón así: la primera vez dijo: “Había demasiado de tu ego involucrado”. La diferencia histórica entre las primeras conversaciones de Rav Jaim con el Gaón (aproximadamente 1792) y la fundación de la ieshivá (1803) sugiere por sí misma un largo proceso de refinamiento interior antes de recibir la bendición.
  8. Jim Collins, “Level 5 Leadership: The Triumph of Humility and Fierce Resolve”, Harvard Business Review, enero del 2001. Disponible en jimcollins.co. Los hallazgos fueron ampliados en su libro: Good to Great: Why Some Companies Make the Leap and Others Don’t (HarperBusiness, 2001), Chapter 2
  9. Sanedrín 82a; Rambam, Hiljot Isurei Biá 12:5.
  10. Alei Shur, volumen 2, sección Daat — Vaad 4, páginas 251–252.
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