Tras el terremoto en Venezuela, la comunidad judía responde con solidaridad
6 min de lectura
¿Qué nos impulsa a arriesgarlo todo por un principio? ¿Qué nos permite actuar cuando todos los demás se paralizan? ¿Y qué hace falta para asegurarnos de que, en ese momento, nuestras motivaciones sean puras?
La historia de Pinjás es la respuesta de la Torá a estas preguntas, y contiene la clave para encontrar y confiar en la voz divina que llevamos dentro.
Después de fracasar en su intento de maldecir al pueblo judío, el malvado profeta Bilam y el rey moabita Balak elaboran un plan perverso para destruir a la nación desde dentro. Las hijas de Midián y Moab se infiltran en el campamento israelita y, mediante distintos niveles de seducción, conducen a los hombres judíos a la promiscuidad y la idolatría. Como castigo, Dios envía una plaga mortal entre los israelitas.
El episodio alcanza su punto culminante cuando Zimrí, un príncipe de la tribu de Shimón, lleva a una princesa midianita frente al Tabernáculo, donde Moshé y los ancianos están reunidos. Según el Midrash,(1) Zimrí desafía a Moshé: “¿Esta mujer está permitida o prohibida? La mujer que es tu esposa también es midianita. ¿Quién te permitió casarte con ella?”. Sorprendido, Moshé vacila y olvida momentáneamente la ley correspondiente.
Entonces, a plena luz del día y ante los ojos de los hombres más santos de la historia, Zimrí continúa públicamente con su acto inmoral. Al presenciar esta atrocidad, Pinjás, nieto de Aharón, siente una indignación sagrada. Toma una lanza y, con un solo golpe, atraviesa a Zimrí y a su compañera midianita, matándolos y poniendo fin a la plaga. Como recompensa, Dios concede a Pinjás Su “Pacto de Paz” y el acceso al sacerdocio eterno.
Esta dramática secuencia representa un momento único en la historia, no un modelo para ser imitado. La ley judía permite actuar como un zelota únicamente bajo condiciones extremadamente restringidas; ver a un hombre judío tener relaciones con una mujer no judía en publico, durante el acto mismo, después de haberle advertido dos testigos.(2). Además, el zelota no puede consultar previamente a un tribunal rabínico; si lo hace, el tribunal le ordena no actuar.(3) El Talmud(4) considera tan improbable la convergencia de todas estas condiciones que trata la acción de Pinjás como algo casi milagroso.
Sin embargo, el texto revela algo aún más sorprendente. Dios describe la acción de Pinjás como: “vengar Mi venganza”.(5) ¿Qué significa que Dios llame a la venganza de Pinjás “Mi venganza”? El Or HaJaim, el célebre comentarista bíblico marroquí del siglo XVIII, explica: "Cuando una persona cumple una mitzvá con motivaciones absolutamente puras, sin el menor interés personal, ese acto es especialmente amado por Dios. Por eso la Torá lo llama 'Mi venganza'". Debido a la absoluta pureza de sus intenciones, la acción de Pinjás dejó de ser únicamente suya y se convirtió, en cierto sentido, en una acción divina. Su altruismo fue tan completo que recibió el Pacto de Paz eterno.(6)
Esta es la imagen que la Torá nos presenta de Pinjás, y nos inspira humildad. Las condiciones que hicieron válida su acción eran tan específicas y restringidas, y su perfección interior tan completa, que ninguna de las dos volverá a repetirse jamás. Entonces, ¿qué se supone exactamente que debemos aprender de alguien que está tan fuera de nuestro alcance?.
En primer lugar, Pinjás nos invita a examinar algo que rara vez observamos con honestidad: ¿cuánto de lo que hacemos es realmente por la causa y cuánto es por nosotros mismos?
A finales del siglo XVIII, preocupado por la devastación espiritual que la Ilustración estaba causando entre los judíos europeos, Rav Jaim de Volozhin se acercó a su maestro, el Gaón de Vilna, con la idea de fundar una ieshivá. El Gaón rechazó la propuesta. Meses después, Rav Jaim volvió a insistir. Nuevamente fue rechazado. Finalmente, Rav Jaim regresó una tercera vez y declaró: “Voy a abrir una ieshivá”. Entonces el Gaón respondió: “Tienes mi bendición. Ahora hazlo”.
La tradición explica que el Gaón estaba poniendo a prueba la pureza de sus motivaciones. Solo cuando la ieshivá dejó de tratarse de él mismo y pasó a tratarse exclusivamente de salvar el estudio de la Torá, recibió la bendición.(7) Como resultado, la Ieshivá de Volozhin se convirtió luego en el modelo de todas las instituciones modernas de estudio de la Torá. No fue construida sobre el carisma de un hombre, sino sobre la pureza de una misión.
El mundo secular ha confirmado independientemente el poder de una motivación pura. Al investigar para su libro "Empresas que sobresalen" (Good to Great), Jim Collins y su equipo estudiaron durante cinco años 1.435 empresas, identificando finalmente once empresas que lograron rendimientos al menos tres veces superiores al promedio del mercado durante quince años. ¿Qué las diferenciaba? El factor decisivo no fue la estrategia, ni el talento, ni la visión. Fue lo que Collins llamó liderazgo de Nivel 5. Él escribe: "Los líderes de Nivel 5 son increíblemente ambiciosos, pero su ambición está dirigida ante todo a la causa y no a sí mismos".(8) Los líderes que hicieron historia fueron aquellos que más se preocuparon por la causa y menos por recibir el crédito.
Este estándar no está reservado para gigantes de la Torá ni para leyendas empresariales. Es una práctica accesible para cualquiera que esté dispuesto a examinar honestamente sus propias motivaciones. En la práctica, esto significa reconocer y redirigirte cada vez que el protagonismo o la atención parezcan importantes. No se trata de reprimir la ambición, sino de preguntarte: ¿qué necesita la misión en este momento y cómo puedo servirle de la mejor manera?
Purificar nuestras motivaciones abre el canal hacia la claridad divina, pero existe un segundo paso. Como vimos, una de las condiciones para el zelota es que debe actuar desde una convicción desarrollada internamente; no podía consultar a una autoridad antes de actuar.(9) Esa capacidad de pensar por uno mismo es lo que la tradición judía llama daat (discernimiento profundo), y cada persona tiene la capacidad de desarrollarlo.
Puedes protestar: “¡Pero nosotros no somos profetas!” Es cierto. Sin embargo, el judaísmo enseña que cada persona posee una chispa de intuición profética. Rav Shlomo Wolbe explica en Alei Shur(10) que el versículo: “Muchos son los pensamientos en el corazón del hombre, pero el consejo de Dios prevalecerá” (Proverbios 19:21), contiene una enseñanza oculta. El consejo de Dios vive dentro de la multiplicidad de nuestros propios pensamientos. La tarea consiste en aprender a distinguir la voz de Dios del ruido generado por nuestro ego, nuestros miedos y nuestros deseos.
Para construir esta capacidad, Rav Wolbe prescribe dos prácticas:
En una época en la que las personas delegan cada vez más su pensamiento a las redes sociales, los medios de comunicación y la inteligencia artificial, debemos dominar la práctica contracultural del daat. La sabiduría no puede descargarse. Solo puede ganarse mediante la disciplina de pensar por uno mismo. Cuando combinamos el daat con la pureza de intención que exploramos antes, nos acercamos a la claridad y perfección de Pinjás. Y quizás, mientras caminamos por ese camino, también nosotros podamos merecer nuestro propio Pacto de Paz: la armonía interior que surge de actuar puramente por Dios.
Que podamos desarrollar la claridad interior para escuchar el consejo de Dios dentro de nosotros, y la pureza de corazón para actuar conforme a él únicamente por Su causa.
Tanjuma, Balak 20
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.