Desmitificar el colonialismo de asentamiento

23/02/2026

8 min de lectura

Adam Kirsch, editor del Wall Street Journal, explica cómo esta ideología de moda ataca a Israel.

Adam Kirsch recuerda su conmoción tras la masacre mortal de Hamás el 7 de octubre de 2023. “Vi a varios grupos progresistas y académicos aplaudir el ataque”. Kirsch decidió entonces averiguar por qué era así.

Editor de la sección Weekend Review del Wall Street Journal, Kirsch, de 49 años, es un autor prolífico que ha escrito libros sobre el Talmud, literatura judía, biografías y poesía.

Su último libro trata sobre el colonialismo de asentamiento, la ideología tóxica que glorifica a Hamás y busca borrar a Israel del mapa. Su guía breve y accesible sobre este concepto arcano explica cuán dañinos pueden ser los críticos de Israel al repetir esta ideología destructiva. “Estaba al tanto de que la idea del colonialismo de asentamiento como concepto se había puesto de moda en la última década”, explicó en una entrevista con Aishlatino.com. “Pero entonces emergió en el debate político y comenzó a moldear la forma en que la gente reacciona a los eventos políticos”.

Alimentar el extremismo en los campus universitarios

El grupo estudiantil" Students for Justice in Palestine" de la Universidad George Washington, tuvo una reacción típica. Tres días después del ataque de Hamás, emitieron un comunicado elogiando los asesinatos y secuestros como “resistencia” y declararon alegremente: “La descolonización no es una metáfora”. El profesor Joseph Massad de la Universidad de Columbia describió la masacre de Hamás como “resistencia” y un “logro importante” que debilitó a las “colonias de asentamiento”. La “descolonización” de las “colonias de asentamiento” es el objetivo final del colonialismo de asentamiento, que ve a Israel —y a otros países como Estados Unidos, Canadá y Australia— como ilegítimos.

El colonialismo de asentamiento cultiva el odio hacia las personas e instituciones que ve como obstáculos para la redención, e incluso justifica la violencia contra ellos.

Como explica Kirsch en su libro: “Esto cultiva el odio hacia las personas e instituciones que consideran como obstáculos para la redención, y justifica la violencia contra ellos. Ofrece una versión distorsionada de la historia, para facilitar dividir al mundo entre culpables e inocentes”. Las ideas que nacen en libros y artículos académicos sobre el colonialismo de asentamiento se están volviendo más comunes; los supuestos y teorías de esta corriente académica están saliendo de la academia y envenenando las discusiones sobre Israel.

Una nueva forma de ver el colonialismo

Kirsch rastrea los orígenes del colonialismo de asentamiento a la ola de antiguas colonias que obtuvieron su independencia tras la Segunda Guerra Mundial. “De acuerdo con la ONU, el número de personas viviendo bajo dominio colonial cayó de 750 millones en 1945 a 2 millones en el 2020”, escribe. Junto a esta nueva realidad política surgieron nuevas formas de pensar sobre el colonialismo: mientras que algunos poderes establecieron sistemas de extracción para obtener beneficios y riqueza de sus colonias, en algunos casos el colonialismo se caracterizó por el hecho de que ñps europeos se asentaran en grandes números en esos territorios. Kirsch identifica como ejemplos a Sudáfrica (que en 1918 era 20% blanca) y Argelia (15 % europea en 1962) donde los teóricos empezaron a aplicar el término colonialismo de asentamiento.

En las décadas de 1980 y 1990, teóricos en Australia comenzaron a aplicarlo a su propio país. Ellos sostenían que al mudarse a Australia y convertirla en su hogar, los europeos cambiaban permanentemente el país. Cada vez más, los teóricos veían esto no como una evolución histórica neutral, sino como una tragedia continua. El teórico australiano Patrick Woolf describió la visión colonialista de asentamiento de Australia en 1999: “Los colonizadores vinieron para quedarse: la invasión es una estructura, no un evento”. Esto catapultó una injusticia del pasado al presente: cada día que los australianos no indígenas seguían viviendo allí, cada institución en la que participaban, era visto como un nuevo asalto y parte de una injusticia irreparable.

La mera existencia de personas no indígenas comenzó a verse como un insulto. Kirsch resume el nuevo y pernicioso mensaje: “Lo distintivo de la ideología del colonialismo de asentamiento es que propone un nuevo silogismo: si el asentamiento es una invasión genocida, y la invasión es una estructura en curso, no un evento concluido, entonces todo (y quizás todos) lo que sostienen hoy una sociedad de asentamiento también es genocida”.

Redefinir el genocidio

Las acusaciones de genocidio son un componente clave de la ideología actual de colonialismo de asentamiento. El término genocidio se acuñó tras el Holocausto para describir el asesinato de seis millones de judíos por los nazis. También se ha usado para describir matanzas masivas similares, como los 2 millones de camboyanos asesinados por los Jemeres Rojos en los años 70 o los 800.000 tutsis en Ruanda en 1994. Kirsch señala que el colonialismo de asentamiento “lo define mucho más ampliamente. De hecho, Damian Short de la Universidad de Londres argumenta que ‘ni siquiera es necesario que alguien muera para que ocurra un genocidio’”. Esta visión ayuda a explicar las acusaciones desconcertantes de que Israel comete genocidio contra su minoría árabe, incluso cuando la población árabe en Israel, Gaza y Cisjordania crece rápidamente.

Según Short y otros, un amplio rango de actividades de los “colonos” no indígenas —y no sólo matar— constituye genocidio. Short identifica la minería industrial, la agricultura… e incluso los parques nacionales como “genocidio”. Tomar medidas para imponer una identidad “colonialista” a una nación puede llamarse genocidio según estos estudios. Esto tiene consecuencias en el mundo real cuando Israel enfrenta acusaciones de genocidio en la Corte Penal Internacional y ante la opinión pública mundial.

La idealización de las sociedades indígenas

Una obsesión subyacente de los estudios de colonialismo de asentamiento es convencer a los adeptos de que las sociedades indígenas son vastamente superiores —práctica y moralmente— a cualquier cosa que los “colonos” puedan crear. Kirsch señala que este campo “describe la vida de los nativos americanos en términos idealizados y ahistóricos”. Él destaca la creciente práctica de los reconocimientos de tierras (afirmar que uno vive en tierras robadas a los nativos) como una forma en que estas ideas se han filtrado al discurso común. Para los activistas más radicales, cualquier persona o institución no indígena se considera ilegítima.

En los Estados Unidos, Australia y Canadá, el 99% de las personas son colonos: todos los que no son indígenas.

El movimiento marginaliza a todos, sin importar cuál sea su historia o su rol en una sociedad colonialista de asentamiento. " En los Estados Unidos, Australia y Canadá, el 99% de las personas son colonos: todos los que no son indígenas. Esto incluye a los inmigrantes recientes y a los descendientes de esclavos. El problema no es con unas pocas personas sino con todo el mundo" señaló Kirsch a Aishlatino.com. En su opinión, esto rompe con el progresismo del pasado, que buscaba reordenar las instituciones para crear una sociedad más justa. “Históricamente, los movimientos progresistas consistían en quitar poder a quienes no debían tenerlo y dárselo a otros. Esto (el colonialismo de asentamiento) cambia la dinámica. Es una idea muy elitista. No puede ser un movimiento popular”. (Una tragedia del movimiento es cómo rechaza soluciones reales por perseguir un ideal imposible: la “restauración” de una sociedad perfecta y ahistórica).

“Descolonización” se ha vuelto un término popular en gran parte de Occidente, inspirado en estos estudios. Pero aunque la gente hable de “descolonizar” su jardín plantando especies nativas o su biblioteca añadiendo voces diversas, en países donde la gran mayoría de la población es considerada “colona”, no hay forma práctica de “descolonizar” un país entero. Con una excepción: el movimiento ha centrado su atención en Israel, donde un movimiento indígena idealizado podría, en teoría, expulsar a quienes el colonialismo de asentamiento considera “ilegítimos”: los judíos.

La centralidad de Palestina en los estudios del colonialismo de asentamiento

Llamar a Israel un estado colonialista es absurdo: desde la antigüedad hubo presencia judía en la tierra. Los judíos comenzaron a mudarse a lo que hoy es Israel legalmente y en gran número mientras la tierra estaba bajo dominio otomano; y los árabes continúan viviendo en el Israel moderno, manteniendo sus costumbres, idioma y religión. “Lo más importante”, escribe Kirsch, “el estado judío no borró ni reemplazó a la población ya existente en Palestina, aunque sí los desplazó en algunos casos”.

En lugar de abogar por soluciones realistas a los problemas en Gaza y otros lugares, los activistas piden la eliminación de Israel. El desmantelamiento de Israel —considerado necesario para impulsar una causa palestina mal definida— se ha convertido en un pilar de los estudios de colonialismo del asentamiento. “Es doctrinario. En un grado que a los de afuera puede sorprenderles, para la ideología del colonialismo de asentamiento, Palestina es el referente de todo tipo de mal social”, escribe Kirsch.

La demonización de Israel ha impregnado todos los rincones de las visiones radicales actuales, cada vez más informadas por la ideología del colonialismo de asentamiento.

Cada problema social se relaciona con la falsa noción de que los judíos ocupan ilegítimamente Palestina. Los activistas protestan contra oleoductos en los Estados Unidos invocando la causa palestina. Los canadienses que se oponen al trato de las personas sin hogar en Toronto lo comparan con la supuesta “limpieza étnica” de Israel en Palestina. Los activistas climáticos británicos comparan la contaminación con los males que supuestamente los judíos infligen a los palestinos. La demonización de Israel se ha infiltrado en todos los rincones de las visiones radicales contemporáneas cada vez más informadas por la ideología del colonialismo de asentamiento.

“Esa retórica hace que sea natural para los jóvenes educados en la ideología del colonialismo de asentamiento concluir que el conflicto entre Israel y Palestina encarna el conflicto entre el bien y el mal en la historia humana”, explica Kirsch en su libro.

El apoyo a los terroristas

Para Kirsch, gran parte de la razón por la que los adeptos se enfocan desproporcionadamente en Israel es porque Hamás y otros grupos terroristas atacan al estado judío. “Israel es el único lugar en el mundo donde hay un conflicto activo que involucra lo que se considera colonialismo de asentamiento”, explicó Kirsch a Aishlatino.com. Mientras que un derrocamiento violento de las poblaciones no indígenas en los Estados Unidos, Canadá o Australia es virtualmente imposible, en Israel, “es un lugar donde podemos poner esto en práctica”. Para algunos activistas, la “descolonización” parece posible. Que esto requiera apoyar a Hamás, cuyo objetivo declarado es matar a todos los judíos, es irrelevante.

El apoyo a Hamás, Hezbollah, la Yihad Islámica y otros grupos terroristas es uno de los aspectos más desconcertantes de la ideología del colonialismo de asentamiento.

El apoyo a Hamás, Hezbollah, la Yihad Islámica y otros grupos terroristas es uno de los aspectos más desconcertantes de la ideología del colonialismo de asentamiento. Para Kirsch, que quienes siguen esta ideología Apoyen a terroristas e islamistas (siempre y cuando s eopongan a Israel). Es parte de una larga tradición de radicales “abrazando regímenes terroristas en nombre de la política de izquierda. Hay una contradicción muy obvia que discuto en el libro, de activistas de izquierda occidentales apoyando a un régimen patriarcal y homofóbico” como Hamás. Kirsch señala que algunos activistas se conmueven genuinamente por el alto número de muertes en Gaza y no comprenden los matices del conflicto árabe-israelí ni el deseo genocida de Hamás de destruir Israel. La visión anti-Israel radical que promueve esta ideología es “adoptada por personas que no tienen un conocimiento real de lo que ocurre allí”.

La demonización de los judíos

Al asociar a Israel con todo lo malo del mundo, el colonialismo de asentamiento facilita caer en patrones ancestrales de demonización de los judíos. “De este modo, el antisionismo converge con patrones más antiguos de antisemitismo y pensamiento antijudío”, escribe Kirsch. Muchas de las formas en que la ideología del colonialismo de asentamiento ve a Israel —como “terco, despiadado y materialista”— coinciden con estereotipos antisemitas tradicionales.

Kirsch cita al historiador David Nirenberg: “Vivimos en una era en la que millones de personas están expuestas diariamente a alguna variante del argumento de que los desafíos del mundo en que viven se explican mejor en términos de ‘Israel,’ excepto que hoy Israel no se refiere al pueblo judío sino al estado judío. Mientras que en el pasado, los judíos codiciaban el oro u otras riquezas, hoy se acusa a Israel de codiciar tierras. En el pasado se acusaba a los judíos de disfrutar sádicamente matando niños cristianos; hoy, se acusa sin ninguna base a los israelíes de oprimir a los palestinos y regodearse en el sufrimiento árabe”.

Los jóvenes que hoy celebran la masacre de israelíes y acosan a sus compañeros judíos en las universidades no se avergüenzan, por la misma razón que generaciones anteriores no se avergonzaban de perseguir y matar judíos: porque se les ha enseñado que eso es una expresión de virtud.

Este odio al único estado judío del mundo sale de la academia y llega al conflicto del mundo real. Kirsch advierte que los teóricos del movimiento no llaman a la violencia, pero abrazar la lucha armada es una consecuencia lógica de esta visión radical.

“Los jóvenes que hoy celebran la masacre de israelíes y acosan a sus compañeros judíos en las universidades no se avergüenzan, por la misma razón que generaciones anteriores no se avergonzaban de perseguir y matar judíos: porque se les ha enseñado que eso es una expresión de virtud”, observa Kirsch en su libro.

Enfrentar las suposiciones del colonialismo de asentamiento

Kirsch espera que su trabajo ayude a los estudiantes y a otros a pensar críticamente sobre la ideología del colonialismo. “Lo que espero lograr con este libro es exponer algunas de las fallas básicas de este pensamiento y mostrar que hay formas de criticarlo”. Puede ser difícil evaluar las afirmaciones y los supuestos del colonialismo de asentamiento, especialmente para estudiantes en entornos académicos donde hay poco cuestionamiento de esta ideología.

“Quiero abrirlo al mercado de ideas”, señala, y transmitir a los lectores que “estas ideas pueden debatirse y criticarse”.


On Settler Colonialism: Ideology, Violence, and Justice de Adam Kirsch (Norton: 2024)

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