Después de 44 años, Israel recupera el cuerpo del soldado caído Yehuda Katz

30/08/2026

3 min de lectura

Yehuda Katz desapareció en combate en 1982. Durante 44 años, su familia se negó a perder la esperanza.

En 1982, Yehuda Katz, un soldado de infantería blindada (tanques) de 22 años, desapareció durante la batalla de Sultán Yacoub, en el valle de la Becá, en el Líbano. Su batallón blindado había caído en una emboscada siria y luchó desesperadamente durante toda la noche. La batalla se cobró la vida de 21 soldados israelíes. Yehuda estuvo entre los declarados desaparecidos.

Durante 44 años, se desconoció su destino.

En agosto de 2026, las FDI y el Mossad anunciaron que habían recuperado los restos de Yehuda en una operación encubierta. Fue llevado de regreso a casa y enterrado en el Monte de los Olivos, en Jerusalem.

De izquierda a izquierda: Zechariah Baumel, Zvi Feldman, Yehuda Katz

¿En qué momento pierdes la esperanza?

Durante la shivá, hablé con su hermano Avi y su hermana Perachia.

“Esta es una shivá inusual”, dije. “Esto llega después de 44 años de espera. Seguramente lloraron la muerte de Yehuda hace mucho tiempo”.

“Nunca hicimos duelo por él”, dijeron. “Nunca perdimos la esperanza de que, en cualquier momento, Yehuda pudiera entrar por la puerta”.

Cada viernes por la noche, antes del Kidush, la familia recitaba una plegaria especial para que Yehuda regresara esa semana. Cuando se iban de viaje, dejaban una nota: “Yehuda, si llegas mientras no estamos, ¡bienvenido a casa! Aquí es donde nos estamos quedando. Hay mucha comida en el refrigerador...”.

Durante 44 años, la familia Katz se aferró a una esperanza obstinada y audaz.

Señales sutiles

La familia tenía motivos para mantener abierta la incógnita.

En 1985, tres años después de la fatídica batalla, Hezi Shai, uno de los soldados capturados junto con Yehuda y dado por muerto, fue liberado del cautiverio. Su historia fortaleció la posibilidad de que Yehuda también pudiera regresar con vida.

Su esperanza se avivó aún más cuando Shai contó que había oído a los terroristas hablar sobre Yehuda de una manera que sugería que estaba vivo.

Mientras la incógnita sobre el destino de Yehuda siguiera abierta, la familia Katz se negaba a cerrar la puerta.

En otra ocasión, las FDI recibieron cuatro ataúdes que supuestamente contenían los restos de soldados israelíes cautivos. Al examinarlos, se descubrió que solo uno de los ataúdes contenía los restos de un soldado judío; los otros tres cuerpos eran árabes.

Mientras la incógnita sobre el destino de Yehuda siguiera abierta, la familia Katz se negaba a cerrar la puerta.

La familia Katz sentía que renunciar a la esperanza significaría abandonar a Yehuda, quien todavía podía estar esperándolos.

Imagina que alguien regresara después de décadas en cautiverio y descubriera que todos habían seguido adelante con sus vidas. “¿Por qué perdieron la esperanza en mí?”.

La familia Katz no puso su vida en pausa ni fingió que todo estaba bien. Sin embargo, no estaban dispuestos a declarar que la historia había terminado antes de que se escribiera el último capítulo.

Un futuro prometedor

El propio Yehuda encarnaba esa misma lealtad. Era un brillante pero humilde erudito de Torá y ayudaba al rabino Jaim Yaakov Goldvicht, director de la Yeshiva Kerem BeYavneh, a preparar su principal clase semanal.

La agudeza mental de Yehuda estaba acompañada por un corazón extraordinario. A los nueve años, al enterarse de que un niño menor de su escuela había perdido a uno de sus padres, se nombró a sí mismo “hermano mayor” del niño, cuidándolo y asegurándose de que nunca fuera excluido.

Desde muy joven, Yehuda ya entendía: nadie debería quedarse solo.

No se abandona a nadie

Cuando Hezi Shai, el cautivo que posteriormente fue liberado, estuvo encarcelado en Siria, se sostuvo con la convicción de que su país haría todo lo posible para llevarlo de regreso a casa. Cada día imaginaba un rescate al estilo Entebbe, en el que soldados israelíes irrumpían repentinamente a través del suelo de su celda.

Este compromiso desmoraliza a los enemigos de Israel. Ellos ven con cuánta tenacidad Israel lucha por cada soldado y cada rehén, cuánto están dispuestos a sacrificar y cuán profundamente ese compromiso une a la nación.

Durante 44 años, la familia de Yehuda se negó a llorar su muerte mientras existiera alguna posibilidad de que estuviera vivo. Lamentablemente, los padres de Yehuda, Sarah y Yosef, no vivieron para verlo regresar a casa.

Pero ahora, el círculo de Sultán Yacoub finalmente se ha cerrado, con Yehuda de regreso en la tierra del país que amaba.

“Hay esperanza para tu futuro”, le dice Dios a Rajel. “Tus hijos regresarán a sus fronteras” (Irmiyahu 31:16).

La esperanza no tiene fecha de vencimiento. Nadie es olvidado.

La hermana de Yehuda me dijo: “Dios nos dio fuerza hasta ahora. Y Dios nos dará fuerza para seguir adelante”.

El pueblo eterno no teme al largo camino...

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