Después de la masacre en Australia, es hora de reafirmar nuestra identidad judía

15/12/2025

4 min de lectura

Tras el ataque de Janucá en Australia, el llamado es claro: mantente firme como judío, aprende tu historia y lleva adelante la luz judía.

A la luz de la trágica masacre de judíos en Australia, personas que simplemente estaban celebrando juntas la primera noche de Janucá como una comunidad judía, es imperativo que los judíos respondan una pregunta fundamental:

¿Cómo puede un pueblo tan pequeño en número, con una tierra tan pequeña en tamaño, absorber una porción tan vasta del odio, la condena y la obsesión del mundo?

El pueblo judío constituye menos del 0,2% de la población mundial y, sin embargo, enfrenta un nivel de atención y hostilidad sin parangón en la historia hacia cualquier otra nación o grupo. Más de la mitad de todas las resoluciones de condena a países de la Asamblea General de las Naciones Unidas han estado dirigidas a un solo estado: Israel. Ninguna otra nación, por grande, poderosa, violenta u opresiva que sea, se acerca a este nivel de escrutinio.

Hay una explicación que da cuenta de este fenómeno, una que muchos judíos se sienten incómodos de articular: el pueblo judío no es insignificante. Es profundamente significativo.

El pueblo en el libro del mundo

Considera el libro más ampliamente distribuido de la historia humana: la Biblia. Cada año se venden más de 100 millones de copias, traducidas a más de 700 idiomas, leídas y veneradas por miles de millones de personas a través de continentes y culturas.

Si abres una Biblia (unas 1.200 páginas), ¿cuántas de esas páginas son judías?

Los judíos no son meramente el pueblo del libro; son el pueblo en el libro.

Aproximadamente 900 páginas, o tres cuartas partes del libro, consisten en la Torá, los Profetas y los Escritos: la historia, las leyes, la teología, la poesía y la visión moral del pueblo judío. Solo unas 300 páginas son añadidos posteriores. E incluso esas páginas contienen cientos de referencias directas al texto judío original.

Los judíos no son meramente el pueblo del libro; son el pueblo en el libro.

La historia del pueblo judío está incrustada en la conciencia moral y espiritual de la humanidad a través del texto más influyente jamás escrito.

Una asimetría incómoda

Hay un sorprendente punto de acuerdo entre el cristianismo y el islam, religiones que juntas representan a casi dos mil millones de personas en todo el mundo. Ambas afirman que Dios dio la Torá al pueblo judío en el Monte Sinaí, a ellos les reveló los Diez Mandamientos y les confió una misión para convertirse en una bendición para la humanidad. Ambas religiones aceptan que a Abraham se le prometió una tierra y un destino, afirmando que el pueblo judío fue elegido para ser una luz para las naciones.

El cristianismo y el islam están construidos sobre la historia judía. El judaísmo no surgió junto a ellos como un hermano igual. El pueblo judío existía como nación 1.300 años antes del cristianismo y 1.900 años antes del islam.

Para los judíos, el cristianismo y el islam son históricamente irrelevantes para su existencia. Para los cristianos y los musulmanes, el judaísmo es indispensable.

Esa asimetría importa.

La nación con mayor continuidad histórica

Cuando las naciones del mundo se reúnen en las Naciones Unidas y condenan obsesivamente a Israel, los judíos se sienten tentados a preguntar: ¿por qué nosotros?

Pero considera lo que en realidad ellos están mirando.

Están mirando a un pueblo que sobrevivió a la esclavitud en Egipto y emergió como nación; que recibió una constitución moral en el Sinaí que reformuló la ética humana; que resistió a los imperios babilónico, persa, griego y romano; que se rebeló contra Roma, la superpotencia del mundo antiguo; que soportó dos mil años de exilio, persecución, conversiones forzadas, masacres y expulsiones; y al que se le dijo repetidamente (tanto por el mundo cristiano como musulmán) que su regreso a la historia era imposible.

Sin embargo, los judíos regresaron.

Contra toda predicción, contra todo precedente histórico, el pueblo judío regresó a su tierra ancestral como una nación soberana.

Contra toda predicción, contra todo precedente histórico, el pueblo judío regresó a su tierra ancestral como una nación soberana. Los judíos han existido por más tiempo que la mayoría de las naciones que integran las Naciones Unidas combinadas.

La verdadera razón de la obsesión

Israel no es condenado porque sea débil y pequeño. Israel es condenado porque se niega a desaparecer.

El pueblo judío representa una verdad incómoda para el mundo: que la historia no es aleatoria, que la identidad persiste y que las reivindicaciones morales perduran. Una nación diminuta puede sobrevivir a imperios, ideologías y civilizaciones.

Por eso la atención es desproporcionada. Por eso el odio es irracional. Y por eso la obsesión nunca se desvanece.

Responder a la tragedia

Janucá nos recuerda que la supervivencia judía nunca ha dependido de los números ni del poder, sino del coraje para mantenernos firmes en nuestra identidad.

La respuesta más potente al odio contra los judíos es incrementar el orgullo y el entendimiento judío. Es momento de redoblar esfuerzos para convertirnos en judíos informados que saben, se preocupan apasionadamente por ser judíos y viven esa identidad con alegría, confianza y propósito.

El mundo entero ha estado leyendo sobre el pueblo judío durante milenios, mientras que tantos judíos nunca han abierto el libro que cuenta la historia del pueblo judío.

Aquí hay un paso sencillo. Seas o no observante, toma una Torá, los Cinco Libros de Moshé, y comienza a leer. Aprende sobre tu pueblo, tu historia y tu legado espiritual.

El mundo entero ha estado leyendo sobre el pueblo judío durante milenios, mientras que tantos judíos nunca han abierto el libro que cuenta la historia del pueblo judío.

Los imperios se alzaron para borrar lo que los judíos representan. El odio contra los judíos no va a desaparecer. Pero la historia no pertenece a los imperios. Pertenece a las ideas, y al pueblo al que se le confiaron.

Janucá enseña esta lección con precisión. No fue el poder judío lo que derrotó al imperio griego. Fue la luz judía. Y tú eres el portador de la antorcha de esta generación.

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