Dios está con nosotros, desde el Éxodo de Egipto a la guerra con Irán

29/03/2026

5 min de lectura

Las noticias nos ofrecen análisis, predicciones y especulaciones. Pero ignoran el único factor que realmente explica lo que está sucediendo en Israel en este momento.

Viviendo en Israel durante la actual guerra con Irán, entre las corridas a nuestro refugio antiaéreo durante ataques con misiles balísticos, suelo intentar relajarme leyendo las noticias. (Sí, sé que esto es una locura, pero un cerebro que se ve interrumpido repetidamente por sirenas durante los ciclos de sueño no piensa con claridad).

Lo que me irrita es que solo alrededor del 20% de las noticias comunica lo que realmente pasó. El otro 80% son expertos prediciendo, especulando y pontificando sobre lo que sucederá, lo que probablemente sucederá y lo que es imposible que suceda. ¿Ayudarán los aliados de Estados Unidos a asegurar el Estrecho de Ormuz? ¿Atacarán Arabia Saudita y Omán a Irán? ¿Si sube el precio del petróleo eso provocará una recesión? ¿Detendrá Trump la guerra con un acuerdo negociado? ¿Queda alguna posibilidad de un cambio de régimen en Irán?

La compulsión humana de querer saber qué sucederá proviene de nuestro deseo de control, lo que nos pone en competencia directa con Dios.

El propósito del Éxodo

Mientras los judíos de todo el mundo se preparan para su Séder de Pésaj celebrando el Éxodo de Egipto, una pregunta relevante para reflexionar es: ¿Cuál fue el propósito del Éxodo?

Podrías responder: “Libertad”, pero Dios tenía un propósito diferente en mente. A lo largo del relato bíblico de las Diez Plagas que precedieron al gran desenlace de los esclavos israelitas saliendo de Egipto, Dios declaró repetidamente Su propósito:

  • “Así dice Dios: con esto sabrás que Yo soy Dios” (Éxodo 7:17).
  • “Para que sepas que no hay otro como Dios, nuestro Dios” (Éxodo 8:6).
  • “Para que sepas que Yo soy Dios en medio de la tierra” (Éxodo 8:18).
  • “Por esta vez, enviaré todas mis plagas contra tu corazón… para que sepas que no hay otro como Yo en todo el mundo” (Éxodo 9:14).

Y en caso de que las generaciones posteriores no entendieran el punto, Dios lo explica claramente mucho después de que los israelitas son liberados: “Yo soy Hashem tu Dios, que te saqué de Egipto para ser tu Dios” (Números 15:41).

Saber que Dios es Dios es la esencia del primero de los Diez Mandamientos que toda la nación escuchó en el Sinaí. Lo que suena como una simple declaración introductoria (“Yo soy Hashem tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre”) es, de acuerdo con nuestros Sabios, un mandamiento de creer en Dios, un Dios que actúa en la historia para nuestro beneficio.

En pocas palabras, la descripción del trabajo de Dios es que Dios tiene el control. Aunque los seres humanos tienen libre albedrío en el ámbito moral para elegir entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo que realmente sucede está determinado por Dios, Quien nos ama y actúa en el mundo y en nuestras vidas personales para nuestro beneficio espiritual.

Ignorar el Factor Dios

¿Puedes imaginar a los medios de comunicación del antiguo Egipto reportando las noticias durante el período posterior al primer encuentro de Moshé con el Faraón?

Los funcionarios del gobierno declaran que no hay posibilidad de que el Faraón, jefe del imperio más poderoso del mundo, acceda a la exigencia escandalosa del líder judío Moshé de liberar a la fuerza laboral israelita.

De acuerdo con fuentes autorizadas, que Aharón convierta su vara en serpiente y el agua en sangre son solo trucos de magia bien conocidos por los académicos egipcios. Moshé y Aharón no representan una amenaza para la estabilidad de la administración del Faraón.

Los expertos predicen: a pesar del costo devastador de las plagas para la economía, el régimen egipcio sigue intacto, sin ofrecer ninguna posibilidad de que los esclavos israelitas sean liberados.

De hecho, Egipto fue el imperio más poderoso y duradero que el mundo haya conocido. La Gran Pirámide de Giza, que dominó el paisaje durante mil años antes de Moshé, fue la estructura artificial más alta del mundo hasta 1889, cuando se construyó la Torre Eiffel. Ramsés II, probablemente el Faraón del Éxodo, había erigido cuatro enormes estatuas sentadas de sí mismo en la entrada del templo de Abu Simbel. Cada estatua (todavía existen) tiene 20 metros de altura, testimonio del inmenso poder del régimen del Faraón.

Todos los datos disponibles nunca podrían haber predicho que una población de esclavos podría desafiar al poderoso régimen egipcio y salir libre. Eso solo pudo suceder, y sucedió, gracias al factor Dios: el poder del Dios que todo lo controla para lograr lo inverosímil, lo improbable y lo imposible.

Milagros hoy

Aunque hemos visto algunas pérdidas dolorosas, aquí en Israel, 3.338 años después del Éxodo, nuevamente estamos presenciando milagros abiertos. Irán ha lanzado más de 300 misiles balísticos contra Israel durante la guerra actual. Un misil balístico mide 12 metros de largo y transporta aproximadamente 900 kg de explosivos, suficiente para destruir un edificio de varios pisos y matar a todos sus ocupantes. Por ejemplo, en enero del 2023, un misil ruso impactó un edificio residencial de nueve pisos en Dnipro, Ucrania, y mató a 46 personas.

En los últimos cuatro días, tres misiles balísticos lanzados desde Irán hacia Israel impactaron directamente en barrios urbanos concurridos, en Dimona, Arad y Tel Aviv. Nuestras defensas aéreas intentaron derribarlos y fallaron. (Las compañías que producen esos sistemas afirman tener solo un 90% de éxito). En los tres impactos directos, el misil aterrizó junto a un complejo de departamentos, pero no sobre él. El número de muertos fue cero.

En Arad, la fuerza de la explosión lanzó a un niño de tres años fuera de una ventana del tercer piso. Los rescatistas encontraron al niño sobre el suelo, acostado en su cama, con solo unos pocos rasguños.

El niño de tres años que voló por la ventana y aterrizó sobre su cama

Un piloto retirado de cazas F-16 de los Estados Unidos, que participó en misiones sobre Irak y Afganistán, dijo en una entrevista tras la guerra de 12 días con Irán el pasado junio:

“Sé lo que es volar miles de kilómetros en territorio enemigo. Lo he hecho. Pero ¿lo que están haciendo los pilotos de la Fuerza Aérea Israelí en Irán? Eso es otro nivel por completo.

“Vuelan distancias el doble de largas que las que nosotros volamos. Reabastecimiento en pleno vuelo, entrando en áreas con sistemas de defensa aérea, realizando ataques precisos —y regresando a casa. Todas las noches. Esto no es normal. Es sobrehumano”.

“En la guerra, estás seguro de que habrá fallas. ¿Y aquí? Nada. Cero”.

Cuando le preguntaron qué era lo que más le sorprendía, respondió: “Cero fallas. En entrenamiento, esperas al menos algunas fallas. En la guerra, estás seguro de que las habrá. ¿Y aquí? Nada. Cero”.

A los judíos se nos prohíbe depender de milagros. Se nos exige realizar un “esfuerzo razonable” para lograr nuestros objetivos. Durante esta guerra, para los civiles eso implica seguir las directivas del Comando del Frente Interno y acudir a un espacio protegido cuando suena la sirena de ataque aéreo. Para las FDI, implica la lucha valiente y constante de una guerra existencial para eliminar la amenaza de Irán.

Pero lo que realmente sucede en esta guerra está, en última instancia, determinado por Dios, porque el mismo Dios que nos sacó de Egipto hace 3.338 años sigue desafiando las probabilidades y sigue teniendo el control.

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Tami
Tami
8 días hace

Maravilloso artículo. Gracias por compartir. Desde Cuba también rezamos por ustedes.
Am Israel Hai !!!

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