Extraterrestres, Dios y la nueva película de Steven Spielberg


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La historia de Purim es un gran espectáculo de Providencia Divina, que revela a Dios incluso cuando está más oculto.
Decretos de muerte. El cadalso preparado. Un genocidio inminente.
Pero entonces todo se invierte. El villano es colgado en lugar del héroe. El sello del rey, usado para condenar, ahora autoriza la salvación. Una reina que estaba oculta revela su verdadera identidad y salva a su pueblo.
Este giro dramático, este “venahafoj hu”(1) (y todo se dio vuelta), como lo describe el propio Libro de Ester, es la esencia de lo que celebramos durante el mes judío de Adar.
El Talmud declara: “Cuando entra Adar, debemos incrementar nuestra alegría”.(2) El mismo mes de Purim está designado como un tiempo de felicidad intensificada. Pero esto plantea una pregunta desconcertante: ¿cómo logramos invocar la alegría a voluntad? Parece tan práctico como decirle a alguien que está ansioso que “simplemente se relaje”.
Contra toda lógica, para descubrir el secreto de la alegría de Adar primero debemos explorar su opuesto.
El mismo pasaje del Talmud que nos insta a incrementar nuestra alegría en Adar también nos dice que debemos disminuirla en el mes de Av. En Av conmemoramos la destrucción del Templo Sagrado en Jerusalem. Pero nuestro duelo va mucho más allá de la pérdida arquitectónica. El Templo no era solo un edificio. Era la estructura que hacía posible la manifestación física de la Presencia de Dios en nuestro mundo. Nuestros antepasados podían entrar en ese espacio y sentir de manera tangible la Presencia Divina a su alrededor. En Av lamentamos la pérdida de esa conexión inmediata y palpable con Dios.
Si reconocer la distancia Divina en Av disminuye nuestra alegría, entonces reconocer la Presencia oculta de Dios en medio de la oscuridad aparente debe ser el camino para incrementar la alegría en Adar.(3) Durante Adar celebramos Purim con cuatro mitzvot especiales, cada una diseñada para despertar la alegría a su manera. Compartimos un banquete festivo, enviamos regalos a los amigos y damos caridad a los necesitados. Pero es la cuarta mitzvá, la lectura de la Meguilá, la que contiene la clave para desbloquear una alegría verdadera y duradera.
En Purim, los judíos de todo el mundo se reúnen para leer el Libro de Ester, que narra una extraordinaria historia de supervivencia contra probabilidades imposibles. La historia se desarrolla en la antigua Persia: el pueblo judío está disperso y vulnerable. La reina Vashti ha sido depuesta, y una mujer judía llamada Ester se convierte en reina a través de lo que parece ser un concurso de belleza fortuito. Mientras tanto, el villano Hamán asciende al poder y, enfurecido porque Mordejai se niega a inclinarse ante él, convence al rey Ajashverosh de autorizar la aniquilación total del pueblo judío.
La situación parece desesperada. Los judíos enfrentan un genocidio autorizado por el imperio más poderoso del mundo. Ester arriesga su vida al acercarse al rey sin haber sido convocada. Mordejai recorre las calles vestido de saco de arpillera y ceniza. El futuro pende de un hilo.
Y entonces, en una impresionante demostración de orquestación Divina, todo se invierte:
El nombre hebreo “Meguilat Ester” tiene un doble significado: “El rollo de Ester” y “Revelar lo oculto”. La historia es un juego cósmico de escondite donde la firma de Dios no aparece en mares que se abren ni en proclamaciones atronadoras, sino en la perfecta orquestación de lo que parecen meras coincidencias. Aunque el nombre de Dios no se menciona ni una sola vez en el relato, habría que estar ciego para no verlo. La historia de Purim es un enorme espectáculo de Providencia Divina: revela a Dios incluso cuando está más oculto.
Este patrón de inversión no es solo historia antigua: contiene la clave para encontrar alegría en nuestras propias vidas. No vemos a Dios, no tenemos profetas y no tenemos un Templo. Sin embargo, el Libro de Ester nos enseña que nuestras vidas no son una serie de eventos aleatorios, sino historias cuidadosamente diseñadas donde los desafíos de hoy se convierten en la redención de mañana. Dios no está ausente. Él es el Autor invisible que guía cada giro de la trama hacia su conclusión perfecta.
Cuando aprendemos a confiar plenamente en que Dios está orquestando milagros y salvación tras bambalinas, descubrimos una alegría duradera. Esta confianza inquebrantable en la Providencia Divina nos conecta con las fuentes de alegría disponibles en Adar.
Para ayudarnos a darle la vuelta a la narrativa de nuestras luchas, Rav Itzjak Berkovits propone el siguiente ejercicio: antes de Purim, escribe cada dificultad que enfrentas tú y el pueblo judío. Luego, levanta una copa y brinda “Lejaim” por cada una. No con resignación, sino con una confianza radical en que, así como cada amenaza en la historia de Purim se convirtió en un peldaño hacia la redención, también nuestros desafíos actuales no son más que giros de una historia cuyo verdadero significado aún no ha sido revelado.
Que todos merezcamos ver las bendiciones ocultas dentro de nuestros desafíos y presenciar el día en que todas nuestras penas se transformen en salvación.
¡Purim Sameaj! (¡Feliz Purim!)
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