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Dios, las paradojas y el Holocausto: cuando nuestras mentes no lo pueden entender

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06/02/2022 | por Rav Nejemia Coopersmith

La incapacidad de captar la naturaleza de Dios es frustrante, y nos obliga a "vivir con la pregunta".

"Planilandia", el alucinante libro de Edwin Abbot, describe a un personaje atrapado en un mundo bidimensional, tratando de enfrentar la realidad de un universo tridimensional. No lo logra.

Dado que todo lo que él percibe está limitado por su plano bidimensional de existencia, le resulta imposible entender algo que tiene altura o profundidad.

Esta es una buena metáfora para la relación entre las dimensiones finita e infinita. Dado que los seres humanos estamos inmersos en un mundo finito limitado por el espacio y el tiempo, no podemos entender la esencia de un Ser Infinito. Nuestros cerebros son finitos, nuestro mundo es finito, todo lo que percibimos es finito.

Dado que los seres humanos estamos inmersos en un mundo limitado por el espacio y el tiempo, no podemos entender la esencia de un Ser Infinito.

Pero no nos quedamos en la más absoluta oscuridad. Tal como un personaje bidimensional puede percibir un dedo tridimensional que interseca con su mundo, también nosotros podemos entender aspectos de lo infinito a través de nuestro prisma finito. Desde lo finito, podemos inferir un entendimiento parcial de lo infinito. Por ejemplo, si una entidad tiene un comienzo o un fin, por definición debe ser finita. Tiene un límite, tiene una frontera. Por lo tanto, podemos inferir que un Ser Infinito no tiene comienzo ni fin. A esto nos referimos cuando decimos que Dios es eterno. Él no tiene un punto de comienzo: nada le dio existencia porque no existe un "antes" de él. La existencia le es intrínseca. Asimismo, Dios no puede morir. Él trasciende al tiempo.

Esta definición de lo eterno tiene sentido, a pesar de que no podemos captar por completo lo que significa. La negación de lo finito está dentro de nuestro reino de entendimiento. Se refiere al mundo finito que podemos captar. Pero el otro lado, la descripción positiva de lo que eso significa, está más allá de nuestra capacidad de comprensión. Incluso la misma palabra "infinito" sólo declara lo que Dios no es: infinito, no finito, y no lo que Él realmente es.

La incapacidad de captar por completo la naturaleza de Dios es frustrante. En nuestro mundo acelerado con cantidad de información al alcance de la mano, nos irrita la idea de que existe un límite insuperable para nuestro conocimiento. El dinero, la educación y las conexiones adecuadas no ayudarán en este caso. Chocamos contra una pared, no somos Dios. Sólo hay determinadas cosas que podemos entender.

A veces, comprender que la respuesta que buscamos está más allá de nuestra capacidad, es la respuesta intelectualmente más honesta que podemos asumir.

Reconocer la incómoda realidad de que no podemos percibir todo nos obliga a "vivir con la pregunta". A veces, comprender que la respuesta que buscamos está más allá de nosotros mismos es la posición intelectual más honesta que podemos asumir. Puede que no nos deje satisfechos, aborrecemos el vacío que deja a su paso una pregunta sin respuesta. Pero no es una evasión, es un reconocimiento honesto de nuestra limitación.

Aquí hay dos ejemplos que ilustran este punto.

La paradoja del libre albedrío

Tomemos este conocido enigma: Si Dios lo sabe todo ¿Cómo tenemos libre albedrío?

Maimónides formula la pregunta de esta forma:

Si Dios, el Santo bendito sea, sabe todo lo ocurrirá antes de que ocurra, ¿Él sabe o no sabe si una persona será recta o malvada?

Si Él sabe que alguien será recto, [parece] imposible que esa persona no sea recta. Sin embargo, si decimos que a pesar de que Él sabe que será recta, es posible que sea malvada, entonces Su conocimiento sería incompleto (Leyes de la teshuvá, 5:5)

O que el hombre no tiene libre albedrío, lo cual niega el pilar del judaísmo,* o que el conocimiento de Dios es incompleto, lo que va en contra de Su naturaleza Infinita. ¿Cómo es posible que tanto el entendimiento de Dios como el libre albedrío del hombre sean verdad?

En síntesis, el Rambam explica que en verdad tanto el libre albedrío del hombre como el conocimiento completo de Dios existen simultáneamente, pero dado que nosotros no podemos captar la naturaleza del entendimiento de Dios, porque es parte de Su esencia Infinita, no podemos entender la naturaleza de Su entendimiento y entender cómo pueden coexistir las dos cosas.

No podemos entender la verdadera naturaleza de lo Infinito, lo cual es necesario captar para entender cómo pueden coexistir las dos dimensiones. Sólo Dios lo entiende. Literalmente.

Esta es la naturaleza de la paradoja. Cada vez que tratamos de cerrar la brecha entre las dimensiones finita e infinita, llegamos al límite de nuestra comprensión. No podemos entender la verdadera naturaleza de lo Infinito, lo cual es necesario para entender cómo pueden coexistir las dos dimensiones. Sólo Dios lo entiende. Literalmente.

Estar atrapados en un mundo finito con cerebros finitos nos lleva a vivir con paradojas. Es frustrante, pero tolerable. Contrasta esto con encontrar una contradicción, lo cual es intolerable. La contradicción implica que dos cosas no pueden existir simultáneamente porque una de ellas es errónea. Dado que ambos elementos están dentro de nuestro alcance, necesitamos desarraigar la noción errónea y resolver el conflicto. El Talmud está repleto de feroces debates que intentan resolver las contradicciones, con el objetivo de llegar a una correcta comprensión de la verdad.

Dios y el Holocausto

A muchas personas no les molestan las paradojas. A la mayoría le molesta el Holocausto. ¿Cómo podemos reconciliar el amor y la bondad innata de Dios con el asesinato de seis millones de judíos?

El tema del sufrimiento, personal y nacional, es extremadamente complejo, y aquí no podemos referirnos a su alcance completo. Pero quiero señalar el siguiente punto. Hay cierta arrogancia en asumir que podemos entender todo, que conocemos toda la información y los factores relevantes, y que podemos juzgar sobre cualquier tema. Hay demasiado que no conocemos ni podemos entender. Es presuntuoso concluir que entendemos mejor que Dios.

Vivimos en una franja de tiempo. Nos resulta imposible ver la imagen completa. Imagina a una persona que mira por el ojo de una cerradura y se sorprende por lo que ve. ¡Una persona está a punto de asesinar a otra apuñalándola en el pecho! Él abre la puerta y grita: "¡Deténgase!"

De inmediato se da cuenta que está en un quirófano en el cual el cirujano está por efectuar una operación a corazón abierto para salvar la vida de esa persona. Lo que pensó que era un asesinato, debido a su falta de perspectiva, era en verdad una cirugía que le podía salvar la vida.

Nuestras vidas son un pequeño hilo que forma parte del tapiz de la historia.

Nuestras vidas son un pequeño hijo que forma parte del tapiz de la historia. En este momento no podemos captar la historia completa: está por encima nuestro. Tenemos que "vivir con la pregunta" y confiar que "el Creador Infinito que guía todo con amor, sabe lo que está haciendo y mueve cada pieza exactamente donde necesita estar, de alguna manera culminando con el cumplimiento de Su visión perfecta".

Nada está fuera del alcance de Dios. Todo ocurre por una razón, incluso cuando no podemos entenderlo.

Rav Moshé Jaim Luzzatto escribió en "Daat Tevunot":

No hay acto, grande o pequeño, cuyo fin no sea la perfección universal, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Brajot 60b): "Todo lo que hace el Cielo es para bien". Porque cuando llegue el momento, el Santo, Bendito Sea, dará a conocer Sus caminos, demostrando cómo incluso los reproches y las tribulaciones fueron precursores de lo bueno y de hecho la preparación para la bendición. Porque el Santo, Bendito Sea, desea sólo la perfección de Su creación.

En este momento, no podemos ver cómo semejante tragedia puede ser parte del plan perfecto de Dios. Incluso podemos sentirnos ofendidos ante ese pensamiento. Pero la historia sigue adelante y al final de la historia, cuando todas las piezas ocupen su lugar, podremos mirar hacia atrás y decir: "Ahora lo entiendo" (Como la sensación que tienes al ver el final de la película El sexto sentido, cuando todo se acomoda y encaja, obligándote a repensar todo lo que acaba de suceder).

Mientras tanto, estamos estancados en esta franja de tiempo, incapaces de conectar los puntos y entender. Así que tenemos que vivir con la pregunta, seguros en el entendimiento de que Dios, Quien nos ama por encima de toda medida y hace todo para nuestro bien está en el asiento del conductor.

*Como escribe el Rambam: "Este principio [de libre albedrío] es un concepto fundamental y un pilar sobre el cual se apoya la totalidad de la Torá y de las mitzvot, como está escrito: 'He aquí que coloco ante ti la vida [y lo bueno, la muerte y el mal]' (Deuteronomio 11:26), lo que implica que la elección está en tus manos". Cualquier acto humano que la persona desee hacer, puede hacerlo, ya sea bueno o malo, Leyes de la teshuvá, 5:3.




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