El colapso silencioso del Reino Unido
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Esta es la última porción de la Torá. La última palabra es “Israel”. La última letra, por lo tanto, es la letra hebrea “lamed”. La primera letra comienza con la letra hebrea “Bet”, formando al unirse la palabra hebrea “lev” o corazón.
Curiosamente, es como si toda la Torá se resumiera en “lev”. ¿Cuál es el propósito de la Torá? Que esté contenida en nuestros corazones. Dios nos dice una y otra vez a lo largo de toda la Torá que Él quiere nuestros corazones. (Sólo en los dos últimos párrafos de la plegaria del Shemá, Dios menciona nuestros corazones cinco veces.) ¿Qué tiene el corazón que es tan integral a toda la Torá?
La Torá no es un libro de historia que narra generaciones, cronología y genealogía, ni es un libro de cuentos relatando conflictos y triunfos. Contenido en la Torá, desde la primera letra hasta la última, está el corazón del pueblo judío, que no sólo define quiénes somos, sino que nos mantiene vivos.
Dios nos dio la Torá con amor como un manual para cumplir nuestro propósito y responder todas las preguntas que uno pueda tener. ¿Por qué fuimos creados? ¿Cuál es mi misión? ¿Cómo respondo en ciertas (o todas) situaciones? ¿Cómo obtengo el mayor placer? ¿Cómo descubro quién soy y quién puedo llegar a ser? ¿Cómo desarrollo mi potencial? ¿Cómo me conozco a mí mismo? ¿Cómo puedo tener relaciones profundas y significativas con otros? ¿Cómo puedo tener una relación con mi Creador?
Dios nos dio todo. Nos dio la vida. Hizo cada detalle de nosotros con precisión: cada célula de nuestro cuerpo es conocida y funciona correctamente porque Dios lo creó así. Como padres, amamos a nuestros hijos, pero no decidimos nada sobre ellos. Los tenemos y los amamos porque son nuestros. Pero Dios creó cada detalle de ellos. Cada detalle: sus rasgos físicos, la disposición de sus facciones, su composición emocional, sus fortalezas y talentos, sus debilidades, etc. Dios nos creó a todos por amor hacia nosotros. Nos creó y nos da vida para nuestro placer y beneficio.
Pero, ¿cómo sabemos cómo responder? ¿Qué hacer? Dios nos da la Torá para indicárnoslo. Dios quiere una relación con nosotros. A veces es difícil imaginar que el Creador del Mundo se preocupe por mí, pero Él te creó porque te ama. De otro modo, no estaríamos aquí. ¡Él nos quiere! ¡Nos ama! Nos dice una y otra vez que quiere una relación con nosotros… y eso requiere corazón.
No se trata de una relación donde simplemente hacemos cosas por rutina. Muy bien Dios, yo hago mitzvot, mandamientos, ¿no es suficiente? ¡No! ¡Dios quiere nuestros corazones! Quiere que estemos realmente en una relación donde lo sintamos. No queremos que un niño sólo siga reglas porque un padre dijo, sin importarle el padre. Queremos que nuestros hijos confíen en nosotros y sepan y sientan que los amamos, y por eso les damos reglas. Queremos que nos amen porque los amamos.
Lo mismo ocurre con Dios. Él nos ama y por eso quiere que lo amemos. Dios no quiere simplemente imponernos un montón de reglas esperando que las sigamos ciegamente como robots. Dios nos da la Torá por amor y para nuestro beneficio. Cuando podemos sentirlo realmente — sostener la Torá en nuestro corazón — entonces cumplimos el propósito de la entrega de la Torá y complacemos a Dios.
El siguiente nivel es sentirlo con nuestro cuerpo. A menudo, las cosas comienzan en lo alto y bajan, desde la cabeza, y luego debemos interiorizarlas en nuestro corazón. Pero una vez que nuestros corazones lo comprenden, podemos trabajar para incorporarlo en cada célula de nuestro cuerpo, incluso en las partes más bajas de nosotros. Iaakov, cuyo otro nombre es Israel, y la última palabra de la Torá, derivada de la palabra “talón”. Tal vez él pudo incorporar y sintetizar el punto de la Torá y del judaísmo en todo su ser, que incluso sus partes más humildes, sus talones, irradiaran santidad. Este es el nivel: impregnar cada fibra de nuestro ser; primero con la cabeza, luego con el corazón, y luego con el cuerpo, para que pulse con el conocimiento y la sensación de que no hay nada más allá de Dios, que el Creador me ama, se preocupa por mí y quiere una relación conmigo.
Piensa en algo que puedas hacer para fortalecer tu relación con Dios. ¡Hazlo desde tu corazón!
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