SpaceX y la pregunta de los 1.770 billones de dólares


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El tema central de Rosh Hashaná es coronar a Dios como Rey. ¿Qué significa esto y cómo puedes conectarte a esta idea de manera práctica?
La palabra “coronar” implica colocar algo sobre la cabeza. La palabra “rey” en hebreo es mélej. Cuando reorganizas las letras, obtienes una nueva palabra: klum. Nada.
La corona de Inglaterra pesa unos 2 kilos, una carga bastante pesada de llevar con gracia. Pero el rey o la reina llevan esta corona con orgullo. En lugar de ver la corona como una carga, la consideran un gran honor, responsabilidad y privilegio.
La corona de Dios se expresa a través de nuestro compromiso para observar Sus mandamientos. Como Sus leales súbditos, nos sentimos obligados a obedecer al Rey. ¿Ves el peso de los mandamientos de Dios como una carga o como un privilegio? ¿Convertir a Dios en tu Rey es una carga pesada, o se siente ligero, klum, como nada?
En términos prácticos, ¿qué significa hacer a Dios Rey?
Una corona se posa sobre la cabeza de una persona, llamando la atención al poder de la mente de quien la lleva, distinguiéndolo como líder en pensamiento y acción. La mente es realmente poderosa. De hecho, hay dos partes en el cerebro: el cerebro pensante y el cerebro emocional.
El cerebro emocional es responsable de tus emociones. Su función es protegerte con emociones como miedo e ira. El cerebro emocional crea impulsos y deseos presentando imágenes en tu mente de cosas que quieres. Mientras tanto, el cerebro pensante aporta lógica para ayudarte a planear y resolver problemas.
Estructuralmente, el cerebro pensante está por encima del cerebro emocional. En otras palabras, el cerebro pensante “corona” al cerebro emocional.
De la misma manera, una forma de coronar a Dios como nuestro Rey es permitir que tu cerebro pensante tenga precedencia sobre tu cerebro emocional. Cuando controlamos nuestros impulsos y elegimos lo correcto, estamos coronando a Dios como nuestro Rey. Tu cerebro emocional, aunque te ayuda y protege, a veces puede meterte en problemas si le falta el adecuado control de impulsos. Es imperativo permitir que el cerebro pensante tenga precedencia, porque tu cerebro pensante te permite comportarte de manera más refinada y moral, lo que en última instancia refleja más la divinidad. Cuando usas tu cerebro pensante para mantener tu comportamiento en el buen camino y permitir que guíe a tu cerebro emocional, esa es una manera de coronar a Dios como Rey.
Aquí hay tres maneras prácticas de coronar a Dios como Rey con tu cerebro pensante:
Cuando hace un calor sofocante afuera, tu cuerpo responde activando las glándulas sudoríparas y comienzas a sudar. De manera similar, la ira es sólo la respuesta del cerebro a un estímulo molesto, activando ciertos patrones cerebrales. La ira es una ilusión. Si esperas un momento y respiras, tu cerebro pensante tiene tiempo de entrar en acción y hacer control de daños.
Según el judaísmo, la ira es comparable a la idolatría. Los pensamientos que producen ira gritan: “¡Esto no es justo para mí!” o “¡Esto no es lo que yo quiero!”.
Las palabras clave aquí son “yo” y “mí”.
La ira generalmente empuja a todos y todo a un lado hasta que el mundo gira en torno a ti, y sólo tú. En el marco de la ira, Dios se reduce a ser tu sirviente con la expectativa de que cumpla cada uno de tus caprichos. Dios es sacado de la escena y tú te conviertes en “rey”. Cuando las cosas no salen como quieres, explotas.
Cuando te calmas y evitas la ira, vuelves a invitar a Dios a la escena. Él está a cargo. Tu perspectiva se amplía y aprendes a ser humilde y reconocer tus límites, porque Dios es Rey, tú eres Su siervo. Ese momento de superar la ira lo corona a Él como Rey.
No tienes control sobre el tráfico, tu éxito financiero o las molestias diarias que encuentras. Pero siempre puedes controlar tu mente. Allí arriba, tienes pleno control para calmarte y reconocer tu lugar en el mundo.
Esa gracia que muestras cuando te calmas también te corona a ti y te conviertes en un reflejo de Dios.
La vida es agitada y a veces apenas tienes tiempo de respirar.
Pero todo ese “ajetreo” en realidad es una distracción. Sólo hay una cosa que hacer en todo momento: tomar la decisión correcta que está justo delante de ti en ese momento.
Pregúntate: ¿Qué es lo correcto en este momento? ¿Qué quiere Dios de mí ahora mismo? Esa es tu tarea principal.
Puedes estar abrumado en el trabajo cuando recibes una llamada de la escuela. Tu hijo pequeño está enfermo y necesita que lo vayas a buscar. De repente, eso es todo lo que hay que hacer en ese momento. Te detienes, dejas todo y atiendes a tu hijo.
Cada momento en tu vida presenta una elección. Las elecciones pueden llevarte a un lugar de conexión o de desconexión. Elige la conexión, ya sea con amigos y familiares, o con Dios. Desglosarlo en decisiones momento a momento simplifica las cosas.
Una agitada mañana de viernes, llevé a los niños mayores a la escuela, el bebé estaba durmiendo, y tenía algo de tiempo a solas para rezar. Sentí la tentación de trabajar un poco y racionalicé: Rezaré más tarde… está bien.
Me detuve y me pregunté: ¿Qué quiere Dios de mí ahora mismo?
Decidí rezar en lugar de trabajar porque… ¿a quién engañaba? Dios es quien tiene el control, y Él puede hacer que el día fluya sin problemas si esa es Su voluntad.
Coronar a Dios significa renunciar a lo que tú quieres en el momento por lo que Dios quiere. Él viene primero.
La mente es como un músculo; cuanto más la usas, más fuerte se vuelve. Cuando usas tu mente para la conexión espiritual, disfrutas de una dicha profunda con la que muy pocas cosas pueden compararse.
La meditación, el estudio del judaísmo o la plegaria son otra forma de coronar a Dios como Rey utilizando tu cerebro pensante.
Comienza con algo llamado hitbodedut, rezar a Dios con tus propias palabras. Este mes, pon un temporizador por un minuto cada día y dile lo que quieras.
Dios, estoy asustado porque…
Dios, me siento solo…
Dios, necesito llegar a fin de mes este mes…
Hablar con Dios un minuto puede sonar fácil, pero te sorprendería cuánto divaga la mente. Si logras enfocar tu mente y concentrarte durante un minuto al día, y luego vas aumentando poco a poco, comenzarás a conectarte más profundamente con Dios y a coronarlo naturalmente como tu Rey.
Cuando Dios se convierta en tu Rey en lugar de tu siervo, te sentirás liviano. Pensar que controlas el mundo crea estrés; soltar y dejar que Dios controle libera esa carga. Cuando usas tu mente para servir a Dios y permites que el cerebro pensante corone al cerebro emocional, ahí comienza la verdadera coronación.
Este Rosh Hashaná trabaja en hacer a Dios Rey controlando tu ira, preguntándote “¿qué quiere Dios de mí ahora mismo?”, y rezando a Dios diariamente.
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