Discutir con Dios

26/08/2025

4 min de lectura

En el judaísmo, luchar con Dios no es rebelión. Es relación.

El judaísmo tiene una larga tradición de héroes bíblicos que desafiaron a Dios, desde Abraham, que negoció sobre Sodoma, hasta Moshé, que suplicó misericordia después del Becerro de Oro. El Talmud transmite incluso conversaciones más picantes con Dios, en las que figuras rabínicas no sólo cuestionan a Dios, sino que directamente discuten con Él, presionándolo y provocándolo.

Aquí hay tres relatos inolvidables de rabinos que discutieron con Dios, y las lecciones prácticas que nos dejan.

Joni el que dibujó el círculo: la jutzpá de la plegaria

Cuando el pueblo necesitaba desesperadamente lluvia, acudieron a Joni, conocido por hacer milagros. Joni no sólo rezó. Él dibujó un círculo, se paró dentro y declaró que no se movería hasta que Dios le respondiera. (Mishná, Taanit 3:8)

Cuando cayó una llovizna ligera, Joni objetó: “¡No pedí una llovizna!”

Cuando la lluvia se volvió violenta, Joni dijo: “¡Tampoco a esto me refería!”

Sólo cuando cayó una lluvia agradable y vivificante Joni aceptó finalmente el resultado.

El tono inflexible de Joni incomodó a algunos sabios. Rabí Shimon ben Shetaj le dijo: “De no ser porque eres Joni, te excomulgaría. Pero, ¿qué puedo hacer? Molestas a Dios como un hijo, y Él cede como un padre amoroso”.

Joni nos enseña que la plegaria no es pasiva. Su historia nos reta a pedir con audacia, incluso con insistencia, cuando creemos que la causa es justa. La fe puede incluir insistencia, siempre que fluya del amor y no de la arrogancia. A veces Dios quiere que recemos como un niño que se aferra a un padre, no sólo con sumisión, sino confiando que somos escuchados y amados lo suficiente como para insistir.

Vencer a Dios

Rabí Eliezer tenía una disputa legal con sus colegas (ver Talmud, Bava Metzía 59b). Él estaba seguro de tener razón, pero no lograba convencer a los otros sabios. Entonces pidió refuerzos.

“¡Si tengo razón, que el río fluya hacia atrás!”, decretó Rabí Eliezer. Y, efectivamente, eso ocurrió.

Pero los rabinos no se impresionaron. “No escuchamos a los ríos”, replicaron.

Cada milagro que presentó Rabí Eliezer recibió una respuesta similar, hasta que Rabí Eliezer invocó al mismo Cielo. Entonces resonó una voz Divina: “¡La ley sigue la opinión de Rabí Eliezer en todos los casos!”

Pero Rabí Iehoshúa se levantó y citó la Torá: “No está en el cielo” (Deuteronomio 30:12). Una vez que la Torá fue entregada a la humanidad, no seguimos milagros ni siquiera voces celestiales: seguimos la regla de la mayoría entre los sabios de la Torá.

¿Cuál fue la respuesta de Dios? Rio y dijo: “¡Mis hijos me han vencido!”

Esta historia nos recuerda que Dios eligió confiarnos la Torá. Dentro del marco de la ley judía, la interpretación humana sincera (anclada en un profundo compromiso con la observancia de la Torá, la fidelidad a la tradición y al precedente legal, y un análisis riguroso y honesto) supera a los signos sobrenaturales. Es una poderosa afirmación de que Dios quiere nuestra participación personal y perspectivas únicas en la aplicación de los principios eternos de la Torá, no sólo nuestra obediencia ciega.

Abraham: el primero que discutió con Dios

Antes de Joni y de Rabí Eliezer, estuvo Abraham, el primer judío que discutió con Dios.

Cuando Dios le informó de Su plan de destruir Sodoma y Gomorra, Abraham no respondió con silencio, sino con protesta. “¿También destruirás al justo junto con el malvado?”, preguntó. “¡Lejos de Ti tal cosa! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no ha de hacer justicia?” (Génesis 18:23–33)

El argumento de Abraham no es rebelión sino devoción. Él cree tan profundamente en la justicia de Dios que, cuando parece ausente, lo ve como una invitación a defender a las víctimas y desafiar el decreto. Abraham se convierte en el abogado defensor en el tribunal de Dios, no porque desconfía de Él, sino porque confía en Su bondad.

A través de esa confianza, Abraham demuestra algo profundo: Dios quiere que seamos Sus socios en dar forma al mundo, y la sociedad requiere comunicación. Abraham fijó el tono del coraje moral judío: una tradición de alzar la voz por lo correcto, incluso en conversación con la Divinidad.

Luchar con Dios

Esta clase de discusión sagrada no es una nota al pie en la tradición judía sino su corazón mismo. El nombre Israel significa “el que lucha con Dios”. Este nombre proviene del encuentro de Iaakov con el ángel (Génesis 32:28), y define nuestro ADN espiritual. Los judíos luchan y cuestionan, regresando una y otra vez a la conversación, incluso cuando es dolorosa y el resultado incierto.

Como escribió Rav Jonathan Sacks:

“La existencia de Israel nunca ha sido fácil, ni en tiempos bíblicos ni hoy. Siempre ha sido un país pequeño rodeado de grandes imperios, sin los recursos naturales, la riqueza, la extensión territorial ni la fuerza demográfica para convertirse jamás, en términos mundanos, en una superpotencia. Todo lo que tenía, entonces y ahora, era la fuerza individual y el ingenio de su pueblo, además de su fe y su modo de vida. La relación entre Dios y el pueblo judío ha sido tensa. Hubo momentos en que el pueblo se apartó de Dios. Hubo tiempos en que Dios ‘ocultó Su rostro’ del pueblo. Pero el mismo nombre ‘Israel’, de acuerdo con la Torá (Génesis 32:28), significa aquel que lucha con Dios y con los hombres y prevalece. Nunca dejamos de luchar con Dios, ni Él con nosotros”.

La historia del pueblo judío no es de fe pasiva y obediencia ciega. Es una relación irrompible, anclada en el coraje, la honestidad e incluso un poco de jutzpá.
Somos un pueblo que le responde a Dios. Y Él nos ama por ello.

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Sara Levy
Sara Levy
4 meses hace

Así es como yo veo a Dios, cómo hablo con El aunque no sean oraciones oficiales, yo hablo con El como hablaba y a veces discutía con mi padre. Yo sé que Dios está ahí y me escucha aunque algunas veces las cosas no salgan como yo quisiera, pero no tengo dudas de Su existencia que me va a tratar como un Padre.

jaime zalchendler
jaime zalchendler
4 meses hace

Hace menos de tres meses falleció mi esposa. No luche con Hashem, pero me pregunté y pregunto cada día y todos los días...¿por qué? Hashem tiene suficientes almas en su Vastedad Infinita para haber tomado tan pronto la de ella. Pero lo hizo, e inexorablemente ella no está más en Olam Hazé. Honestamente pensé que ella se recuperará, pero no fue así. Y cada día la extraño igual. Pero luchar con Hashem no me la devolverá a la vida. Los seres humanos sólo podemos aceptar, más allá del dolor, las decisiones de Hakadosh Baruj Hu. No nos queda otra.

Alicia G. Serfaty
Alicia G. Serfaty
4 meses hace

En mi limitada capacidad de ser humano, y a pesar de conocer nuestra historia como Pueblo, El pueblo Judío, se me hace difícil, aunque comprensible, citar a D-os ente metafísico , filosóficamente hablando, como si fuera un ser humano. Pero claro está nuestras explicaciones son humanas. Gracias.

Abner Vertiz
Abner Vertiz
4 meses hace

Muy interesante artículo. Yo creo lo mismo. Aunque mortales, somos parte de la misma fuente.

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