El agua purificadora

02/03/2026

2 min de lectura

Ki Tisá (Éxodo 30:11-34:35 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

La parashá de esta semana analiza la vasija de cobre que los cohanim utilizaban para lavar sus manos y pies antes de realizar el servicio diario en el Templo. Podríamos preguntarnos por qué esta vasija se presenta recién en esta parashá, cuando la parashá de la semana pasada describió todos los demás utensilios y recipientes del Templo. ¿Por qué se menciona por separado?

Uno de los temas de esta parashá es que “la salvación de Dios llega en un abrir y cerrar de ojos” (basado en el Midrash – Ialkut Shimoni, Netzavim #960). Esta enseñanza la encontramos en la historia principal de la parashá: el Becerro de Oro. Después de este incidente, Dios se enoja tanto con el pueblo judío que incluso dice: “Los aniquilaré” (Éxodo 32:10). Sin embargo, apenas cuatro versículos después, la Torá nos dice: “Y Dios desistió del mal que había dicho que haría a Su pueblo” (Éxodo 32:14). ¡Incluso cuando el pueblo judío participó en una idolatría manifiesta, Dios estuvo dispuesto a perdonarlos y no destruirlos!

En este ejemplo extremo vemos que, sin importar cuán lejos hayamos caído o cuán impuros sintamos que nos hemos vuelto, siempre existe una segunda oportunidad. Dios puede salvar a las personas en cualquier momento. Por lo tanto, no tenemos razón para desesperarnos o angustiarnos, pues la salvación puede estar a la vuelta de la esquina.

Los dos componentes de la vasija de cobre también sugieren esta enseñanza. El interior de la vasija contiene agua. El Rebe de Slonim compara el agua con la teshuvá, basándose en el versículo: “Rociaré sobre ustedes aguas purificadoras” (Ezequiel 36:25). El agua suele asociarse con la pureza y con la capacidad de limpiarse de errores pasados.

El Noam Elimélej analiza el segundo elemento de la vasija: el exterior de cobre (Éxodo 30:18). La palabra hebrea para cobre, nejoshet, comparte la raíz lingüística con la palabra najash, que significa “serpiente”. La serpiente suele compararse con el iétzer hará (inclinación al mal), ya que la serpiente en el Jardín del Edén fue la encarnación original del mal.

Estos dos elementos contrastantes de la vasija transmiten un mensaje importante. La persona que se acerca a la vasija primero toca el cobre (nejoshet), que recuerda la impureza y el mal. Pero justo detrás de esa pared de cobre hay una fuente de agua limpia y purificadora, lista para lavar los errores del pasado. En otras palabras, incluso si una persona ha sido “mordida” (nashaj) por la serpiente (najash, el iétzer hará) y ha cedido a las tentaciones negativas, aun así “la salvación de Dios llega en un abrir y cerrar de ojos”.

Quizás esta sea una de las razones por las cuales la vasija se menciona por separado de los demás utensilios del Templo. Esta parashá, que trata sobre la salvación instantánea de Dios tras el Becerro de Oro, es un lugar apropiado para mencionar la vasija. Sus dos componentes (agua y cobre) nos muestran que la fuente de pureza y sanación puede limpiarnos de la oscuridad en un instante.

Que todos seamos bendecidos con la conciencia de esta enseñanza, para que incluso si hemos tropezado, no caigamos en la desesperación o la tristeza, sino que recordemos que la salvación puede llegar en un abrir y cerrar de ojos. Y por este mérito, que pronto seamos dignos de ver la reconstrucción del Templo y la restauración de la vasija, para purificarnos y elevarnos a los niveles más altos.

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