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El antídoto para una generación que piensa que merece recibir todo

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09/10/2022 | por Slovie Jungreis-Wolff

Sucot es la festividad que necesitan las familias judías.

En una carta a los padres de una afluente escuela privada de la ciudad de Nueva York, el director de la escuela describió cómo la escuela se convirtió en una peligrosa incubadora de indulgencia, donde las ostentosas demostraciones de que "uno tiene todos los derechos" pasan de largo, sin ser cuestionadas.

Él escribió sobre "familias consumistas que tratan a los maestros y a la escuela… exclusivamente de la forma que promueve los intereses personales de sus hijos". El director advirtió a los padres que están educando niños que son una "elite cognitiva egoísta, insensible y espiritualmente estéril".

Los padres dan prioridad a las metas académicas de sus hijos, a menudo a expensas de sus almas. El respeto ha quedado en el olvido a medida que los niños adquieren más, consumen más y quieren más. ¿A qué precio seguimos dando sin pedir nada a cambio?

Los padres se preocupan por obtener un cupo en las universidades, pasantías y logros. Las actividades extracurriculares y las tutorías consumen las noches. ¿Cuándo fue la última vez que esos mismos padres exigieron hacer algo por los demás, responsabilidad comunitaria, activismo o trabajo de caridad, cosas que requieren cierto sentido de sacrificio?

¿Cuál es nuestro mensaje respecto a nuestras prioridades? ¿En dónde entra la espiritualidad?

El judaísmo nos enseña que todos somos responsables los unos por los otros; somos partes de un mismo cuerpo. Si tú sientes dolor, entonces yo también me siento mal. Si he sido dotado con destreza atlética, popularidad, una buena cabeza o recursos económicos, entonces debo tomar conciencia de que esos dones me los dio Dios. La pregunta que enfrento es: ¿Qué haré con esos dones para mejorar el mundo? ¿O se trata simplemente de preocuparme por obtener el primer premio, el trofeo, y tener cosas de marca?

No podemos separar los valores del aprendizaje. Necesitamos reevaluar cómo nutrimos las almas de nuestros hijos. ¿Podemos invertir tanto esfuerzo en el desarrollo de su carácter como ponemos en sus logros académicos? ¿Nos tomamos el tiempo para enfocarnos en los valores? ¿Cómo podemos infundir fe en nuestros hijos?

La lección de Sucot

No podemos quedarnos tranquilos mientras crece su apetito por el materialismo y su sensación de que tienen derecho a recibir todo lo que desean. La festividad de Sucot brinda a las familias judías la inspiración que tanto necesitan para llegar a tocar los corazones de sus hijos.

La lección de la sucá tiene eco. La mayoría de las personas se sienten seguras viviendo en la comodidad de sus propios hogares. Cuando todo nos resulta conocido y estamos dentro de nuestras habitaciones, no nos sentimos vulnerables.

Durante Sucot, entramos al refugio de la fe. Salimos de las murallas de nuestra casa y nos sentamos debajo de las estrellas. Cada vez que entramos a la sucá, declaramos nuestra confianza en Dios. Dejamos todo lo que nos resulta familiar para habitar en residencias temporales para no llegar a ser arrogantes y encontrar toda nuestra felicidad con nuestros bienes materiales. Nos sentimos protegidos en el santuario de la Presencia Divina.

Esta es la verdadera seguridad. Entender que no se trata de riqueza, marcas famosas, premios ni tecnología. Todo lo que importa en la vida está aquí mismo, en nuestra sucá debajo del cielo abierto. Nuestra familia, nuestros seres amados, tiempo para compartir juntos… Todo dentro de las murallas de esa cabaña temporaria.

La sucá nos permite transmitir a la nueva generación esta creencia que puede cambiarnos la vida. Se nos pide dejar de enfocarnos en los confines de lo material y experimentar una alegría más profunda. Entender que a pesar de nuestros mayores esfuerzos, no podemos garantizar nada en la vida.

En un mundo en el cual los niños constantemente desean adquirir más, donde la lente raramente se enfoca en otros sino que, por lo general, se enfoca en nosotros mismos, Sucot nos provee una experiencia tangible para conectarnos con la espiritualidad y con el Creador, la Fuente de la verdadera seguridad.

Lleva la sucá a tu hogar. Protegidos debajo de las alas Divinas, muéstrales a tus hijos la alegría eterna de nuestra fe.




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