El hombre que acuñó el término "genocidio" se horrorizaría ante esto


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¿Por qué a pesar de la abrumadora evidencia, algunos arqueólogos afirman que Jebrón no estaba habitada en tiempos de Moshé y Iehoshúa?
La ciudad de Jebrón presenta un problema al arqueólogo bíblico. La antigua Jebrón, ubicada a pocos kilómetros al oeste del mar Muerto y a unos 32 km al sur de Jerusalem, figura prominentemente en la Biblia hebrea, siendo mencionada más de 70 veces. Jebrón es reconocida como una de las ciudades más antiguas del mundo. Josefo Flavio, el célebre historiador judío del siglo I EC, afirmó que en su época Jebrón ya tenía 2.300 años de antigüedad.(1)
La ciudad moderna de Jebrón
La ciudad, con sus colinas ondulantes y viñedos, está estrechamente ligada al patriarca Abraham. Cuando murió Sará, la esposa de Abraham, él compró un lugar de sepultura para ella en Jebrón.(2) La tumba se encontraba en una cueva que a lo largo de las generaciones ha sido conocida como la Cueva de los Patriarcas. La tradición judía sostiene que también Adam y Javá están enterrados allí. Después de Sará, todos los patriarcas y matriarcas (Abraham, Itzjak, Iaakov, Rivká y Leá) fueron sepultados en ese sitio. Sólo Rajel, la segunda esposa de Iaakov, fue enterrada en otro lugar, en Beitlejem (Belén). Durante el reinado del rey Herodes (siglo I AEC), la Cueva de los Patriarcas fue completamente rodeada por una estructura fortificada, que aún hoy permanece en pie.
Exterior de la Cueva de los Patriarcas. La construcción que rodea la cueva fue construida por Herodes al comienzo de la Era Común.
La Biblia relata que durante el viaje de los israelitas por el desierto hacia la Tierra Prometida, Moshé envió a doce hombres a explorar la tierra de Canaán. La última ciudad que inspeccionaron fue Jebrón. En el valle que se extendía fuera de la ciudad crecían uvas en racimos enormes. Los espías cortaron uno de esos racimos y lo llevaron de vuelta al campamento israelita.(3)
Interior de la Cueva de los Patriarcas. Un cenotafio marca el sitio debajo del cual se cree que se encuentran las tumbas de cada patriarca y matriarca
Tras la muerte de Moshé, Iehosúa lideró al pueblo de Israel en una serie de batallas para conquistar Canaán. El rey de Jebrón desempeñó un papel destacado en la batalla fallida contra Iehoshúa.(4) Años más tarde, Jebrón sirvió como capital del recién ungido rey David. Durante siete años y medio, Jebrón fue el centro político de Israel, hasta la conquista de Jerusalem.(5) Jerusalem se convirtió entonces en la nueva capital, pero la reverencia por Jebrón, con su legado espiritual e histórico, se mantuvo y perdura hasta el día de hoy.
Jebrón fue excavada por primera vez por Philip Hammond, del Seminario Teológico de Princeton, en 1963.(6) Su trabajo fue interrumpido por la Guerra de los Seis Días en 1967. Debido a que Hammond fue llamado a Jordania para realizar una nueva expedición, sólo logró reescribir y publicar una pequeña parte de sus hallazgos en Jebrón; el resto de sus notas quedaron guardadas en un cajón de su escritorio. Los trabajos publicados de Hammond hablaron de hallazgos de la Era del Bronce Medio (era patriarcal, de Abraham) en Jebrón y una abundancia de descubrimientos que datan de la Edad de Hierro, la época del rey David. No se mencionó ningún hallazgo de la Edad del Bronce Tardío, la época en que los espías fueron enviados a Jebrón y el tiempo de la conquista por Iehoshúa. Los arqueólogos concluyeron apresuradamente que no hay duda de que Jebrón fue una ciudad habitada durante la era patriarcal, en tiempos de Abraham. Igualmente, no hay duda de que estuvo habitada en la época del rey David. Sin embargo, hay muchas dudas respecto a si Jebrón estuvo habitada en tiempos de Moshé y sus espías o durante la conquista de Iehoshúa, lo que cuestiona parte del relato bíblico.
¿Está justificado el escepticismo académico, o es posible que esté motivado por alguna agenda oculta?
Varios historiadores y arqueólogos prominentes se subieron al tren del escepticismo bíblico y proclamaron audazmente que Jebrón no estaba habitada durante la Edad del Bronce Tardío (1550–1250 AEC), cuando tuvo lugar el episodio de los espías, ni durante la Edad del Hierro Temprana (1250–1000 AEC), periodo en el que Iehoshúa conquistó Canaán.(7) William Stiebing Jr., profesor de historia en la Universidad de Nueva Orleans, escribe: “La ausencia de restos de la Edad del Bronce Tardío en Jebrón indica... que los relatos bíblicos de esos eventos no son históricamente precisos”.(8) Su escepticismo fue compartido por muchos otros críticos bíblicos, historiadores y arqueólogos.(9)
¿Está justificado el escepticismo académico, o es posible que esté motivado por alguna agenda oculta? Al investigar, descubriremos que los académicos antes mencionados han cometido un total de seis errores graves.
Error número uno: Jebrón no es un único sitio arqueológico, sino un área arqueológica extensa compuesta por siete sitios distintos. Estos son:
El hecho es que sólo uno de los sitios arqueológicos de Jebrón, a saber, Tel Jebrón, fue parcialmente excavado por Hammond. Que no se haya encontrado evidencia que coincida con la época de los espías de Moshé y la conquista de Iehoshúa no es una prueba convincente de que esos episodios no ocurrieron. Seis de los siete sitios aún están por investigarse.
Es sabido que las ciudades antiguas solían trasladarse, cambiando de ubicación según las necesidades. Dibon, en la Jordania moderna, es un ejemplo clásico. Allí se hallaron evidencias de habitación antigua en dos lugares cercanos pero distintos. En un tiempo, la ciudad fue construida en la cima de un montículo elevado. Tras una invasión enemiga, los escombros hicieron difícil reconstruir sobre las ruinas, así que la ciudad fue trasladada a la base del montículo. Esa ciudad también fue invadida, debido en gran parte a su ubicación vulnerable. Entonces se decidió reubicarla nuevamente en la cima. Es totalmente concebible que la Jebrón de la era patriarcal se haya trasladado a uno de los otros sitios arqueológicos de Jebrón durante la era de los espías y la conquista, y que aún permanezca por descubrir.
Error número dos: No es necesario molestarse en especular si Jebrón existía o no en la Edad del Bronce Tardío y la Edad del Hierro Temprano. Hay pruebas muy concluyentes de que sí existía.
Uno de los conjuntos más famosos de inscripciones antiguas es conocido como las Cartas de Amarna egipcias. Estas salieron a la luz gracias a la peculiar serendipia que está detrás de muchos hallazgos arqueológicos. En 1887, una mujer egipcia estaba cavando en busca de compost cerca de la ciudad de El-Amarna, a unos 300 km al sur de El Cairo. En la tierra, descubrió unas 350 pequeñas tabletas de arcilla con una curiosa escritura en forma de cuña. Con la esperanza de venderlas por una buena suma, llevó las tabletas a varios comerciantes de antigüedades, quienes le dijeron que eran falsificaciones sin valor. Muchas de las tabletas fueron destruidas, pero algunos ejemplares llegaron a manos de E.A. Wallis Budge, del Museo Británico. Casi de inmediato, reconoció que eran tabletas auténticas escritas en cuneiforme acadio, el idioma de Babilonia, la lingua franca del siglo XIV AEC. Resultaron ser misivas enviadas por varios reyes vasallos a los faraones Amenhotep III y Akenatón, junto con copias de las respuestas de los faraones. Amenhotep III y Akenatón fueron faraones de la Edad del Bronce Tardío.
kenatón (Museo de El Cairo) y Amenhotep (Louvre)
Las Cartas de Amarna son, en su mayoría, correspondencia diplomática entre reyes menores y gobernantes de Siria, Líbano y Canaán con sus amos egipcios. Las cartas muestran que, durante el reinado de Amenhotep III, Egipto tenía un control político estricto sobre Siria y Palestina, pero que durante el reinado de Akenatón, la influencia egipcia estaba colapsando. Numerosos puestos egipcios estaban siendo invadidos por enemigos y los reyes vasallos y los comandantes no podían detenerlos. El caos aumentaba a medida que los reyes se volvían unos contra otros; las fortalezas de antiguos aliados se convertían en fortalezas enemigas. Hubo numerosos ruegos a Akenatón en busca de ayuda, pero los clamores quedaron sin respuesta.
Los ruegos suelen comenzar con un saludo servil. Típico de las Cartas de Amarna es el siguiente, enviado por Abi-Milku de Tiro:
“Al rey, mi señor, mi dios, mi Sol: Mensaje de Abi-Milku, tu siervo. Caigo a los pies del rey, mi señor, siete veces y siete veces. Soy el polvo bajo las sandalias del rey, mi señor. Mi señor es el Sol que sale sobre todas las tierras día tras día, según el modo de ser del sol, su padre bondadoso, que da vida con su dulce aliento y regresa con su viento del norte; quien establece la paz en toda la tierra con el poder de su brazo”.(12)
Sobrveivieron diez correspondencias entre el rey Shuwardata y Akenatón. Shuwardata era el rey del distrito de Jebrón, como él mismo declara en la carta EA#281. Tras los saludos requeridos a Akenatón, Shuwardata escribe:
“Mis ciudades se están rebelando contra mí... se necesitan arqueros... como en la ciudad de Jebrón... temblaron ante el Faraón... me postro ante el Faraón... sepa que las hostilidades son grandes contra mí... envíe arqueros...”
Si hay correspondencia entre el rey de Jebrón y un faraón de la Edad del Bronce Tardío, Akenatón, entonces Jebrón debió existir en esa época.
Esta traducción e interpretación ha sido confirmada por los distinguidos académicos W.F. Albright y James B. Pritchard.(14) Si hay correspondencia entre el rey de Jebrón y un faraón de la Edad del Bronce Tardío, entonces Jebrón debió existir en esa época.
Error número tres: Hay pruebas adicionales de que Jebrón existía en la Edad del Hierro Temprana (1250–1000 AEC), la era de la conquista de Iehoshúa. En las cercanías de Luxor, Egipto, se encuentra el gran templo de Medinet Habu, construido por el último gran faraón del antiguo Egipto, Ramsés III (c. 1175 AEC). Parece más una ciudad fortificada, con numerosos edificios, palacios y templos. El templo más grande se llama la Mansión de los Millones de Años de User-Maat-Re-Meriamum (Ramsés III). ¡Más de 7.000 metros cuadrados de grabados e inscripciones jeroglíficas cubren sus muros!
El templo mortuario de Medinet Habu.
Algunos de esos jeroglíficos registran diversas rutas comerciales utilizadas por el ejército egipcio. Algunas de esas rutas estaban en la tierra de Canaán, y una en particular corría de sur a norte, paralela a la costa occidental del Mar Muerto. Se enumeran las ciudades, en su orden correcto, que estaban a lo largo de la ruta. Una de esas ciudades es Jebrón.(15)
Si Jebrón aparece mencionada en la Edad del Hierro Temprana como una ciudad en una ruta comercial principal, seguramente existía en ese momento. No tendría sentido registrar un punto de referencia si ya no existiera.
De hecho, Hammond encontró evidencia de ocupación en la Edad del Bronce Tardío en seis áreas distintas del Tel Jebrón.
Error número cuatro: Un descubrimiento importante sobre Jebrón ocurrió en años recientes. Como mencionamos anteriormente, la excavación de Jebrón por parte de Hammond, iniciada en 1963, fue interrumpida por la guerra de 1967 y no se reanudó. Muchos de los hallazgos de Hammond no fueron evaluados ni publicados. Sin embargo, el Dr. Hammond animó a su estudiante, Jeffery R. Chadwick, a examinar cuidadosamente el material de Jebrón y a continuar con excavaciones in situ. No fue sino hasta septiembre de 2005 que se hicieron públicos los resultados de sus trabajos.(16) Chadwick, que actualmente es investigador principal del Instituto de Investigación Arqueológica William F. Albright de Jerusalem, reveló que Hammond, en efecto, había encontrado evidencia de ocupación de la Edad del Bronce Tardío en seis zonas diferentes del Tel Jebrón.
Error número cinco: Durante una nueva expedición en 1998, el arqueólogo israelí Yuval Peleg encontró más de 50 sitios de entierros con ajuares funerarios que datan de la Edad del Bronce Tardío. En cuanto a la evidencia de ocupación de la Edad del Hierro Temprana, se ha encontrado una gran cantidad de cerámica, mucha de ella en el estilo israelita de borde colapsado, típico de esa época. La arquitectura y las técnicas de enlucido de los estratos que contenían esa cerámica correspondían a una construcción convencional de la Edad del Hierro Temprana.(17)
Como ya mencionamos, Jebrón fue una de las ciudades visitadas por los doce espías enviados por Moshé. De acuerdo con la Biblia, cuando los espías regresaron a Moshé, afirmaron: “...el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades están fortificadas y muy grandes, y además vimos allí a los hijos de los gigantes... y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas, y así les parecíamos a ellos”.(18)
¿Qué llevó a los espías israelitas a pensar que la tierra estaba habitada por gigantes? La arqueología puede aportar una respuesta.
La muralla y las torres de vigilancia de Jebrón en la Edad del Bronce Tardío fueron construidas enteramente con enormes bloques de piedra, algunos de más de dos metros de largo y con un peso superior a las 10 toneladas. Estas se conocen como piedras ciclópeas, en nombre de Cíclope, el gigante mitológico griego. Una torre que custodiaba la puerta de la ciudad, aunque la mayor parte de su altura ha desaparecido, aún se eleva 6 metros. La torre original probablemente tenía unos 20 metros de altura. Sólo podemos imaginar cuán altas eran las murallas de Jebrón. También podemos imaginar lo que debió pasar por las mentes de los doce espías de Moshé al ver por primera vez las imponentes murallas de Jebrón. ¡Seguramente pensaron que esas murallas estaban allí para proteger la ciudad de gigantes!
Error número seis: A medida que la Edad del Bronce Tardío daba paso al inicio de la nueva Edad del Hierro, la muralla de la ciudad y sus puertas colapsaron. Una de las piedras ciclópeas cayó sobre una casa que había sido destruida por un incendio intenso. Las piedras caídas, la devastación y los signos de conflagración durante la Edad del Hierro Temprana dan testimonio del relato bíblico de la conquista de Iehoshúa.(19)
La evidencia es irrefutable. Decir que no se encontraron artefactos de la Edad del Bronce Tardío o de la Edad del Hierro Temprana en Jebrón es simplemente falso. Sin embargo, si hay tanta evidencia de que Jebrón fue habitada durante la era de la conquista, ¿por qué algunos arqueólogos e historiadores siguen afirmando que no existe tal evidencia?
El actual portavoz del grupo que sostiene que “Jebrón no estuvo habitada” es el arqueólogo israelí Dr. Avi Ofer. Él mismo descubrió fragmentos de cerámica de la Edad del Bronce Tardío.(20) Restándole importancia como un hallazgo peculiar, algo que habría llegado desde otro lugar y no originado donde fue encontrado, él afirma abiertamente que la ciudad no estuvo habitada durante esa época.
¿Por qué un arqueólogo negaría sus propios hallazgos? El Dr. Ofer no es sólo un arqueólogo; también es un líder del movimiento israelí "Paz Ahora". Esta organización política de izquierda cree en la paz a cualquier costo, y está a favor de ceder tanto territorio como sea necesario a los palestinos a cambio de promesas de buen comportamiento. Jebrón, por supuesto, es un punto muy disputado en el actual debate sobre Medio Oriente. Ofer admite que su importancia es grande, pero está a favor de cederla a lo que él considera será pronto el estado palestino.
Si se descarta la conquista judía histórica de Jebrón, entonces el reclamo judío sobre la zona pierde validez.
Ofer ha dicho: “Tel Jebrón [el sitio de la Cueva de los Patriarcas, que es sagrado para las tres religiones monoteístas] es el segundo sitio arqueológico más importante de Israel, sólo superado por Jerusalem y el Monte del Templo. Sin embargo, por desafortunado que sea, el sitio pertenece a los palestinos”. Por ello se opone firmemente a que los judíos vivan en Jebrón,(21) y presta gustosamente su voz académica a quienes sostienen que Jebrón no fue una de las ciudades conquistadas por Iehoshúa. En palabras simples, si se descarta la conquista judía histórica de Jebrón, entonces el reclamo judío sobre esa zona no es válido.
Si te preguntas cómo puede un científico desdecirse del significado de su propio descubrimiento, es importante entender que la arqueología no es la ciencia exacta que el público en general supone que es. Es un arte interpretativo basado en la lógica, la deducción y la intuición. Los hallazgos tangibles como inscripciones, cerámicas, cimientos de edificios y evidencias de destrucción deben ser dotados de vida y significado para poder encajar dentro de un contexto histórico, social, religioso y económico. Es en esta interpretación donde entra en juego la verdadera pericia del arqueólogo. Pero, como cualquier arte interpretativo, puede estar sujeto a presiones y prejuicios políticos, sociales y religiosos, tanto externos como internos dentro de los círculos académicos. Adam Mikaya escribió en Biblical Archaeological Review:(22) “Como sabe cualquiera que haya trabajado en el ámbito académico, [la arqueología] es una jungla política... De hecho, cuanto más altas son las apuestas, más intensas son las animosidades políticas”.
Y Jebrón es el ejemplo perfecto. Antes del hallazgo de evidencias concretas, Jebrón era presentado como contradictorio con el relato bíblico de la conquista israelita de Canaán. Con el descubrimiento de artefactos en años recientes, Jebrón ahora cuenta con pruebas irrefutables de dicha conquista. Pero no debemos contener la respiración esperando que los antibíblicos admitan su error. En palabras de Jonathan Swift: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.(23)
Josefo Flavio, Guerras de los Judíos, libro 4, capítulo 9, párrafo 7.
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