El antropólogo que combate el antisionismo

05/07/2026

11 min de lectura

Adam Louis-Klein, un antropólogo formado en Yale, emergió de la Amazonía y descubrió que el mundo académico celebraba un movimiento de odio. Ahora utiliza su formación en antropología para combatir el antisionismo.

Adam Louis-Klein era un graduado en Filosofía de Yale con orientación izquierdista que realizaba trabajo de campo entre pueblos indígenas amazónicos para su doctorado en Antropología. Tras haber estado totalmente aislado del mundo, cuando finalmente pudo conectarse a Internet, las atrocidades del 7 de octubre lo golpearon como un tren de carga. Sin embargo, lo que vio en sus propios círculos académicos lo conmocionó aún más. Hoy dirige una de las organizaciones más activas del mundo judío dedicadas a combatir el antisionismo. Esta es la historia de cómo llegó hasta allí.

Adam nació en Londres y creció en Seattle. Celebró su Bar Mitzvá, visitó Israel y participó activamente en la vida judía durante sus años en Yale. Sin embargo, tras terminar la universidad, se fue alejando por completo del judaísmo.

Adam en la universidad

"Me uní a un grupo de extrema izquierda llamado Alternativa Socialista", recuerda. "Estaba muy involucrado con el comunismo". Su licenciatura fue en Filosofía y quedó fascinado con Alain Badiou, filósofo francés de orientación maoísta. Después de Yale cursó una maestría en Filosofía y luego otra en Antropología. En ese proceso descubrió The Amazonian Cosmos, del antropólogo Gerardo Reichel-Dolmatoff, una compleja obra sobre la cosmología de un antiguo pueblo indígena. El libro lo cautivó.

Cuando comenzó su doctorado en la Universidad McGill, en Montreal, Adam decidió dedicar su tesis al pueblo desano, descrito en el libro de Reichel-Dolmatoff. Gracias a unos misioneros cristianos estadounidenses que trabajaban en la región, logró llegar a una pequeña aldea desano en lo profundo de la Amazonía.

Adam en Amazonía

Las condiciones de vida allí eran extremadamente austeras. "Bebía agua de lluvia almacenada en un enorme recipiente. Me bañaba todos los días en el río". Vivía en un deteriorado puesto de salud destinado a médicos visitantes, con ventanas que no cerraban y murciélagos en el techo. Era un extraño en todos los sentidos. "Probablemente fue la experiencia más solitaria de mi vida. Me veían como un ser completamente ajeno". Cada día caminaba hasta el pabellón de la aldea para escuchar a los ancianos narrar las historias de su pueblo.

Resultó que los desano se consideran un pueblo elegido y sienten una afinidad especial por los judíos. Algunas tribus indígenas incluso sostienen que descienden de las Diez Tribus Perdidas de Israel. "Cuando le dije al jefe que era judío, así fue como conectamos", cuenta Adam.

La convivencia con el pueblo desano le permitió a Adam comprender la condición indígena desde una perspectiva completamente nueva. Los desano relatan que proceden de una tierra sagrada donde antiguamente vivían bajo un único jefe. Eventualmente hubo conflictos, dispersión y diáspora; incluso desplazaron a otra tribu durante ese proceso. "Hay inmigración, guerra y desplazamiento", explica Adam, "pero nadie va a llamar a los desano 'colonizadores', porque la inmigración, el desplazamiento y la guerra forman parte de la historia de todos los pueblos".

Adam comprendió que lo que define a un pueblo indígena no es que nunca se haya desplazado, sino que exista un territorio sagrado que constituya el eje de su identidad, su historia y su cultura. Esa idea pronto se convertiría en el centro de todo.

El regreso a la civilización

El 9 de octubre del 2023, Adam logró conectarse a Internet por primera vez en varios meses. "Lo primero que vi fue la noticia de la masacre. Lo segundo fue la reacción de las personas de mis círculos académicos de izquierda. Lo que vi fue tan impactante y tan inmoral que comprendí que estaba frente a un movimiento de odio. Nunca había visto algo similar en toda mi vida".

Lo observaba desde dentro del mundo académico. Poco después del 7 de octubre, su departamento de Antropología comenzó a organizar conferencias sobre un supuesto genocidio en Gaza, cuando Israel ni siquiera había iniciado una respuesta militar significativa. Fuera del ámbito académico todavía nadie utilizaba esa palabra. "Poco a poco, esa narrativa terminó llegando al New York Times", dice Adam.

Su formación como antropólogo le dio una claridad inmediarta que otros no tenían. Toda la narrativa antisionista descansa sobre una sola afirmación: que los judíos son colonizadores extranjeros en la Tierra de Israel. "No se trata de una idea marginal. Es el elemento fundacional de la ideología antisionista".

Y para alguien que acababa de pasar meses estudiando pueblos indígenas, aquella afirmación no tenía sentido. "La interpretación basada en el colonialismo de asentamiento borra la condición indígena del pueblo judío. Los judíos se dispersaron por el mundo, pero Israel es su patria ancestral; el lugar sagrado a través del cual han definido su identidad a lo largo de la historia. Los judíos constituyen un pueblo etnorreligioso, no simplemente una religión desconectada de un pueblo".

Tomar una postura

Aunque en sus círculos sociales se desestimaba cualquier idea que desafiara su ideología, Adam decidió alzar la voz. "Pensé que era importante utilizar las herramientas críticas que había aprendido en la academia (el poscolonialismo, la antropología y el concepto de indigeneidad) para responder a este movimiento de odio".

Adam abordó el antisionismo del mismo modo en que estudiaría cualquier sistema cultural: como un antropólogo formado que analiza una ideología. Así comenzó a identificar lo que él denomina las omisiones y distorsiones fundamentales sobre las que se construye el antisionismo.

Cuando Adam comenzó a compartir sus escritos en las redes sociales, fue bombardeado con mensajes de odio. "Algunas personas me dijeron que ya no querían volver a hablar conmigo. Otras me acosaron y me gritaron. Algunos de mis mentores y de mis héroes intelectuales me humillaron públicamente. Poco a poco fui expulsado de toda mi comunidad. Ya no hablo con nadie del ámbito académico".

Lo que lo mantuvo firme fue comprender exactamente cómo se había construido aquella narrativa. "No fue la evolución de la guerra lo que hizo inevitable que la gente concluyera que se estaba produciendo un genocidio. La narrativa ya existía. La academia le otorgó autoridad y los grandes medios de comunicación la adoptaron y la explotaron".

Adam hablando frente a las oficinas del New York Times durante la protesta organizada por MAAZ tras la publicación del líbelo de la violación de perros difundida por Nicholas Kristof.

Al principio sintió que hablaba en el vacío. Luego volvió a conectarse con la comunidad judía y sus escritos comenzaron a difundirse. Resonaban porque utilizaban el propio lenguaje de la academia antisionista para desmontar el antisionismo desde dentro. Algunos de sus artículos se hicieron virales.

Al mismo tiempo, Adam se iba reconectando con su judaísmo. "Mi identidad judía prácticamente me fue impuesta. Sentí una enorme solidaridad con los israelíes después del 7 de octubre y mi apoyo a Israel se volvió mucho más explícito. Pero cuando me señalaron como un sionista malvado, entendí que aquello era una manera de atacar mi identidad judía. Fue un momento de confrontación y de regreso que finalmente abracé. Volví a un judaísmo mucho más activo y observante".

De regreso en Montreal, comenzó a asistir regularmente a la sinagoga. Hoy estudia Torá todos los días. "Para mí es importante arraigarme en la Torá, en sus valores morales y éticos, así como en su dimensión mística y cabalística. Eso también me ayuda a comprender lo que hago y cuál es el propósito de todo esto. ¿Por qué Dios me llamó a realizar esta labor? Intento entenderlo mediante el estudio de la Torá. El aspecto religioso es en realidad el eje de todo; después uno debe proyectarlo hacia el exterior e intentar mejorar y reparar el mundo sobre la base de ese sólido fundamento en la Torá".

A medida que aumentó el número de personas que seguían su trabajo, comenzó a publicar en medios de mayor alcance, como The Free Press y The Atlantic. Un grupo de activistas que había leído sus artículos se puso en contacto con él. En el enfoque de Adam encontraron algo que no habían visto en otra parte: una atención directa y coherente al antisionismo, y no al antisemitismo clásico, como la principal forma contemporánea de odio contra los judíos. Querían construir un movimiento basado en el análisis que Adam había desarrollado para abatir el antisionismo.

Un movimiento contra el antisionismo

En octubre del 2025, Adam y otros activistas fundaron el Movimiento contra el Antisionismo (MAAZ – Movement Against Antizionism). "Queremos desarrollar un lenguaje que la gente común pueda utilizar", explica Adam. "Nuestro objetivo es educar tanto a la comunidad judía como al público en general sobre lo que realmente es el antisionismo".

Hasta hace poco, la comunidad judía había concentrado sus esfuerzos en combatir el antisemitismo clásico, que proviene principalmente de la extrema derecha y frente al cual se han logrado importantes avances. El antisionismo es un fenómeno diferente. "Procede del eje nazi-islamista, pero se consolidó realmente en la Unión Soviética, el nacionalismo árabe y posteriormente en la teoría occidental del colonialismo de asentamiento. Tiene su propia genealogía, su propia estética y sus propios tropos. Hoy constituye la forma hegemónica del odio contra los judíos; es el problema sistémico. El antisemitismo clásico no es verdaderamente sistémico. Está resurgiendo, pero el antisionismo ha creado la estructura de legitimación que permite ese regreso".

MAAZ centra todos sus esfuerzos en combatir el antisionismo, lo que define como "la intolerancia normalizada y la acusación permanente contra Israel". Su objetivo es que la comunidad judía reoriente su lucha, pasar del combate exclusivo contra el antisemitismo clásico a denunciar el antisionismo como un movimiento de odio. "La comunidad judía debe movilizar todos sus recursos y convertir el antisionismo en el eje central de su acción".

Detrás de MAAZ existe una red de base integrada por académicos, abogados, docentes y activistas que trabajan para impulsar ese cambio cultural. Organizan programas de formación para estudiantes universitarios, profesionales y cualquier persona interesada en aprender cómo responder al discurso antisionista. "Cuando las personas participan en estos cursos, de repente empiezan a ver todo el problema desde una perspectiva completamente distinta y sienten que tienen las herramientas necesarias para responder directamente al antisionismo".

Seis meses después de su creación, Adam afirma que ya observa resultados. Importantes influencers judíos han comenzado a adoptar este nuevo lenguaje. Judíos comunes hablan del tema con mayor claridad y eficacia, mientras que los activistas antisionistas se encuentran cada vez más a la defensiva. "La siguiente etapa es institucional. Necesitamos que las grandes organizaciones judías se sumen para que este cambio cultural pueda consolidarse". Actualmente mantienen conversaciones con diversas organizaciones históricas de la comunidad judía para animarlas a nombrar explícitamente el antisionismo y tratarlo como una categoría propia.

Las 3 calumnias principales del antisionismo

Adam explica que el antisionismo se sustenta sobre tres calumnias fundamentales: colonialismo, apartheid y genocidio.

"Forman una narrativa sencilla. La calumnia del colonizador sostiene que los judíos eran europeos extranjeros que llegaron a una tierra que no les pertenecía. Como no tenían ningún derecho sobre ella, tuvieron que ser racistas para justificar el desplazamiento de la población nativa. De ahí surge la calumnia del apartheid: que los judíos construyeron un estado racista para someter a esa población. Y cuando esa población se resistió, los colonizadores tuvieron que eliminarla por completo. Ese es el líbelo del genocidio. Cada una conduce lógicamente a la siguiente y todas aumentan progresivamente en intensidad".

Lo que hace especialmente engañosa la acusación de colonialismo cuando se aplica a Israel es que el sionismo no se parecía en nada al colonialismo histórico. "No se trataba de extraer recursos. No hubo esclavos, ni explotación de minas de oro, ni campañas de evangelización, como ocurrió en prácticamente todos los demás casos de colonialismo. Simplemente había personas que inmigraban y construían una comunidad. Por eso cambiaron el significado del colonialismo. Pasó a significar un sentimiento xenófobo: estas personas son extranjeras y no pertenecen aquí".

Estas calumnias se difunden deliberadamente, pero también encuentran un terreno fértil en el marco moral de la izquierda progresista. "Cuando se le dices a alguien que existe un estado colonial blanco de apartheid, que está cometiendo un genocidio contra un pueblo indígena, cualquier estudiante universitario responderá inmediatamente diciendo: 'Estoy en contra de eso; debo acudir a esta protesta'. Hay agentes de propaganda deliberados, pero también existe una corriente cultural más amplia que impulsa esa narrativa".

Una vez que se identifica la estructura de esas calumnias, toda la narrativa comienza a desmoronarse. "Todas las principales versiones de la acusación de genocidio desde el 7 de octubre, desde Francesca Albanese, Human Rights Watch, Amnistía Internacional o el Journal of Genocide Research, dependen de la teoría del colonialismo de asentamiento y de la calumnia del colonizador. No se trata de una afirmación basada en hechos; está construida sobre la negación de la condición histórica del pueblo judío".

Historia del antisionismo

El antisionismo no es un fenómeno nuevo. Adam explica que sus orígenes se remontan a la alianza entre los Hermanos Musulmanes, el Gran Muftí de Jerusalem y los nazis.

Los nazis presentaban a los judíos como invasores en Europa: orientales extranjeros, hordas asiáticas procedentes del Este. Cuando esa ideología llegó al Oriente Medio simplemente invirtió su dirección: los judíos pasaron a ser descritos como europeos extranjeros que colonizaban tierras árabes. La misma acusación, pero invertida. El historiador Jeffrey Herf documentó en el Medio Oriente propaganda radial nazi en lengua árabe durante la Segunda Guerra Mundial en las que ya aparecían estos mismos argumentos: que los judíos pretendían exterminar o cometer genocidio contra los árabes. Las calumnias quedaron sembradas desde entonces.

El antisionismo como ideología organizada terminó de consolidarse con la alianza entre la Unión Soviética y el nacionalismo árabe. Hacia 1956, la Unión Soviética respaldó al nasserismo y al nacionalismo árabe, presentándolos como una lucha socialista contra el imperialismo occidental. En ese marco, el sionismo pasó a ser descrito como la punta de lanza de dicho imperialismo. "Los nacionalistas árabes no eran realmente comunistas", explica Adam. "En realidad se trataba de oponerse a Occidente, y la Unión Soviética incorporó una ideología antisionista como parte de su campaña ideológica contra Estados Unidos".

El punto de inflexión llegó en 1965, cuando Fayez Sayegh, miembro de la OLP que colaboraba con los soviéticos, fundó el Centro de Investigación Palestino e introdujo el concepto de "teoría del colonialismo de asentamiento". En sus escritos argumentó que los judíos eran intrínsecamente extranjeros en la Tierra de Israel, que el sionismo era racista porque los judíos se consideraban un pueblo elegido y que el sionismo pretendía eliminar a los árabes. Los tres líbelos quedaron plenamente formulados.

La izquierda secular adoptó rápidamente esas ideas. El propio Sayegh participó en la elaboración de la resolución de la ONU de 1975 que declaró que "el sionismo es una forma de racismo", la cristalización del antisionismo soviético-árabe reformulado como un discurso de izquierda de derechos humanos.

Los Acuerdos de Oslo redujeron temporalmente el impulso del antisionismo, al abrir la posibilidad de un proceso de paz. Pero cuando dicho proceso fracasó y estalló la Segunda Intifada, el movimiento volvió a cobrar fuerza. La Conferencia de Durban del 2001 reintrodujo con gran intensidad en Occidente los argumentos antisionistas desarrollados durante la época soviética. Después surgió el movimiento BDS, que integró el antisionismo en la cultura política progresista. Finalmente llegó el 7 de octubre. "El complejo antisionista detonó", afirma Adam. "Ahora forma parte de la cultura dominante en Occidente. Es el ambiente ideológico en el que vivimos".
Durante todo ese proceso, la comunidad judía fue tomada con la guardia baja. No existió una respuesta organizada, ni un lenguaje común, ni un marco conceptual para responder. "Nunca se enseñó realmente al público qué era el antisionismo. Eso es precisamente lo que debemos hacer ahora".

Consejos para combatir el antisionismo

Los consejos de Adam son prácticos y directos. Recomienda utilizar siempre la palabra "antisionismo", y escribirla sin guion. También aconseja no dejarse arrastrar hacia debates interminables sobre la historia de Israel. "No se trata de un debate basado en hechos. Reconózcanlo como un abuso, como una calumnia destinada a perjudicarlos. Pónganle fin. Si alguien empieza con ese discurso, simplemente respondan: 'El antisionismo es un movimiento de odio'".

No intenten justificarse. Mantengan el foco sobre ellos. "Su poder consiste en sentar constantemente a Israel en el banquillo de los acusados. Ignoren lo que digan sobre Israel y devuelvan la atención al propio antisionismo".

Según Adam, el objetivo es desacreditarlos moralmente, porque eso es precisamente lo que ellos intentan hacer con los judíos. "Ellos intentan poner en tela de juicio el estatus moral de los judíos. Nuestro objetivo debe ser cuestionar su estatus moral. No tengan miedo de señalarlos directamente, porque no manejan bien la culpa ni la vergüenza. Eso desmantela por completo la estructura de incentivos que sostiene su comportamiento".

Perseverar

Actualmente continúa siendo estudiante de doctorado y está terminando su tesis. El hecho de que no fuera expulsado constituye, en sus propias palabras, "un milagro". Hubo personas que llamaron a su director de tesis y escribieron al director de su departamento, copiándolo a él en muchos de esos mensajes para que pudiera leerlos. "Simplemente repetían: Es un sionista blanco y racista; apoya el asesinato de niños palestinos. ¿Por qué sigue siendo estudiante en McGill?".

Lo que más le sorprendía era la seguridad con la que actuaban. "Realmente creían que estaban en una posición moral superior. En determinados ambientes su postura está legitimada por expertos, y eso les da la confianza para hacer cosas que resultarían inimaginables".

A pesar de toda esa presión,, la administración de la Universidad McGill respaldó a Adam. Adam espera concluir su doctorado a comienzos del 2027. Reconoce que tuvo suerte. Muchos otros no fueron tanb afortunados. "Hubo israelíes que fueron abiertamente boicoteados, que no pudieron terminar sus doctorados o perdieron a sus directores de tesis. Yo fui afortunado".

Mirando hacia el futuro, Adam cree que el antisionismo terminará siendo socialmente estigmatizado, del mismo modo que ha ocurrido con otros movimientos de odio, mediante la educación pública, la presión cultural y los cambios institucionales. Le gustaría que existieran museos dedicados a las víctimas del antisionismo: los judíos expulsados de los países árabes, los judíos perseguidos en la Unión Soviética y las víctimas de atentados terroristas en todo el mundo. "Ese es el lugar en el que me gustaría ver a la comunidad judía dentro de diez años".

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