¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


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Este Rosh Hashaná, atrévete a dar el salto. Sal de tu zona de confort, aprovecha la neuroplasticidad y ábrete al cambio.
Hace un año compré una bañera de hielo y me enorgullece decir que casi no me he perdido ni un día: tres minutos sumergido en agua a 7°C. Numerosos estudios muestran los beneficios para la salud de la exposición al frío: desde la salud cardiovascular y el control de la inflamación hasta la recuperación muscular y el aumento del metabolismo. Un baño de hielo activa la respuesta de lucha o huida; el cuerpo sabe que no puede permanecer allí, y el frío provoca una liberación de epinefrina (adrenalina) y dopamina. Estas sustancias neuroquímicas nos hacen sentir alerta, despiertos y llenos de energía. Después de mi inmersión diaria siento como si hubiera tomado tres tazas de café y pudiera levantar un camión.
Todo eso está bien, pero no es lo que me inspira a hacerlo.
Durante mucho tiempo, los científicos creyeron que el cerebro estaba “cableado” de manera fija: rígido, inmutable y limitado. Más recientemente, la neurociencia ha demostrado que el cerebro tiene plasticidad: podemos cambiarlo y reconfigurarlo. No nacemos con un conjunto fijo de emociones, pensamientos, capacidades, habilidades, fortaleza y concentración. Por el contrario, hemos recibido el regalo de la neuroplasticidad.
La neuroplasticidad describe la capacidad del cerebro para cambiar a lo largo de nuestra vida. Como escribe el Dr. Norman Doidge en El cerebro que se cambia a sí mismo, la plasticidad cerebral existe desde la cuna hasta la vejez. Pueden abrirse nuevas conexiones neuronales; podemos modificar nuestro cerebro mediante nuestros hábitos, comportamientos, decisiones y esfuerzos. Incluso una persona de 100 años puede seguir moldeando su cerebro; nunca es demasiado tarde. Podemos recrearnos y reconfigurarnos… si realmente lo deseamos.
Rosh Hashaná no corresponde al primer día de la creación sino al sexto. No al momento en que fue creado el cielo y la tierra sino cuando la humanidad entró al mundo. Sólo entonces el mundo tbo significado y propósito y pudo considerarse completo. En el Majzor de Rosh Hashaná no decimos “hoy fue creado el mundo”. No es simplemente un cumpleaños o un aniversario; no estamos conmemorando un acontecimiento del pasado. De hecho, ni siquiera estamos siendo juzgados por lo que hemos hecho con nuestro tiempo desde la creación hasta ahora. El juicio no se centra en nuestro pasado.
Decimos: “hoy es la concepción del mundo”. Hoy está siendo concebido tu nuevo mundo, y por eso hoy seremos juzgados por lo que hacemos con la oportunidad de reiniciar, comenzar de nuevo y renovarnos. No podemos cambiar el pasado; no podemos regresar y tomar decisiones diferentes. Por supuesto, debemos asumir responsabilidad por lo ocurrido y sentir arrepentimiento. Pero su verdadera importancia está en lo que aprendemos de él: cómo cambiamos para evitar repetirlo y cómo creamos un futuro nuevo a partir de esta oportunidad de empezar de nuevo.
En Rosh Hashaná se nos pregunta: ¿Estás estancado o estás creciendo?
El Talmud enseña que no somos juzgados por el pasado (Rosh Hashaná 16b). Somos responsables del presente, por quienes somos ahora mismo, en este momento. No somos evaluados por el aniversario de nuestro nacimiento, sino por nuestro “día de nacimiento”: el día en que renacemos y comenzamos nuevamente.
Rosh Hashaná como un regalo de nuevos comienzos y nuevas oportunidades no es solo una verdad metafísica. También es evidente en el mundo físico. No somos evaluados por lo que hemos hecho desde la creación, sino por si elegimos abrazar la creación: el poder de crear una y otra vez, de moldear, reconfigurar y transformar nuestro cerebro y a nosotros mismos.
En Rosh Hashaná se nos pregunta: ¿Estás estancado o estás creciendo? ¿Eres un producto terminado o una obra en proceso? ¿Estás atrapado en el pasado o mejorando para el futuro? ¿Neuroestancado o neuroplástico?
Cada vez que entro en el baño de hielo, no quiero hacerlo. Pero lo hago de todos modos, y cuando lo hago, literalmente estoy reconfigurando y cambiando mi cerebro. Existe una parte de la corteza cerebral que está relacionada con la fuerza de voluntad llamada corteza cingulada media anterior (CCMA). Cuando realizamos una tarea que no queremos hacer, la CCMA crece, se vuelve más fuerte y más capaz de completar acciones fuera de nuestra zona de confort. El desafío es que debe renovarse diariamente. Si volvemos a nuestra zona de comodidad, la CCMA vuelve a reducirse hasta acercarse a su tamaño original.
Hacer cosas difíciles nos vuelve capaces de hacer cosas aún más difíciles.
Vivimos en una época de “trucos para la vida”, soluciones rápidas para todo. Puede haber atajos en la tecnología y en las mejoras del hogar, pero no en la vida. El único verdadero atajo es hacer lo difícil. Hacer cosas difíciles nos vuelve capaces de hacer cosas aún más difíciles. Podemos permanecer tres minutos en agua a 7°C. Podemos reconfigurarnos para ser generosos en lugar de egoístas, tranquilos en lugar de iracundos, pacientes en lugar de apresurados, personas que dan en lugar de personas que toman; podemos vivir la vida que siempre soñamos vivir.
Deja que este Rosh Hashaná sea un día de neuroplasticidad. Tómate un tiempo para reflexionar: ¿Cómo voy a cambiar mi manera de pensar?
¿Qué voy a reprogramar? ¿Qué desafío voy a aceptar? ¿Qué zona de confort voy a dejar atrás? ¿Te atreverás a dar el salto, a cambiar tu mente y permitir que tu mente cambie?
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