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El bebé que nació en un gueto y milagrosamente sobrevivió el Holocausto

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14/09/2022 | por Yvette Alt Miller

El Dr. Charles Silver nació en el gueto de Radom y fue escondido en un orfanato. Así logró sobrevivir al Holocausto.

“Nací en diciembre de 1942, en el gueto de Radom”, explicó el Dr. Charles Silver en una entrevista con AishLatino.com. El amor de Charles por los Estados Unidos y su fuerte identidad judía cobraron forma en la primera etapa de su vida, cuando logró sobrevivir en contra de todas las probabilidades durante el Holocausto.

En la década de 1930, la ciudad de Radom, al sur de Varsovia, contaba con una gran población judía. De una población de alrededor de 90.000 personas, 30.000 eran judíos. La comunidad judía de Radom era increíblemente activa. Contaban con más de 20 escuelas, 12 periódicos, un teatro judío y una sociedad artística y literaria. Los judíos de Radom pertenecían a un amplio espectro religioso, perteneciendo a toda la gama de organizaciones judías ortodoxas, socialistas y sionistas.

Cierran los muros de la prisión

El final de la década de 1930 trajo inquietud. El archivista polaco Sebastián Platkowsi señala que “las organizaciones polacas de derecha frecuentemente realizaban acciones antisemitas, incluyendo boicots a negocios judíos y agresiones físicas”.

El 1 de septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia y, una semana después, las tropas alemanas llegaron a Radom. Al principio, los alemanes deportaron a judíos individuales desde Radom a campos de trabajos forzados. Para 1941, los alemanes ya habían comenzado a implementar su “solución final al problema judío” en Radom y por todo Europa. Los oficiales nazis locales construyeron dos guetos en Radom: uno grande en el centro de la ciudad y otro más pequeño en un suburbio cercano. Miles de judíos fueron hacinados en los guetos, prohibiéndoles salir bajo amenaza de muerte.

Mercado al aire libre en la calle Walowa en el gueto de Radom, entre abril de 1941 y agosto de 1942. (Cortesía de Lukasz Biedka)

Las condiciones eran espantosas. Los guetos estaban tan sobrepoblados que tenían que vivir doce o más personas en una habitación. Los judíos de Radom resistieron de formas grandes y pequeñas. Desarrollaron en los guetos una red de organizaciones judías, establecieron escuelas judías secretas, un teatro judío clandestino y sociedades literarias. La población aumentaba a medida que las autoridades nazis traían a los guetos de Radom más judíos cuando los deportaban de los pueblos aledaños. Los nazis organizaron dentro de los guetos un consejo directivo judío, que era responsable de proveer cada día 1.500 adultos judíos para trabajar como esclavos de los nazis.

Casi todos los judíos de Radom fueron asesinados.

A comienzos de 1942, los nazis deportaron a algunos de los judíos de Radom para ser asesinados en Auschwitz. El 5 de agosto de 1942 llegó la orden de liquidar el gueto pequeño de Radom. Con la ayuda de tropas ucranianas, los nazis dispararon a los judíos, enviaron a algunos a campos de trabajos forzados y deportaron a la vasta mayoría al campo de exterminio de Treblinka. El 16 de agosto, comenzaron con el gueto grande de Radom, determinados a asesinar a la mayoría de los judíos en el campo y deportar al resto a campos de exterminio.

Cientos escaparon a los bosques cercanos. Algunos judíos de Radom lucharon más tarde en el gran levantamiento del gueto de Varsovia en 1944. Casi todos los judíos de Radom fueron asesinados. Unos 3.000 fueron mantenidos con vida para servir como esclavos, forzados a realizar trabajos agotadores y tortuosos para los nazis.

Rehusarse a perder la esperanza

En medio de ese infierno, los padres de Charles se aferraron a la esperanza. “Mi mamá y mi papá eran ardientes sionistas y activaban en el club de Hashomer HaTzair de Radom. Cuando Alemania ocupó su ciudad, ellos se rehusaron a caer en la desesperación. Eran jóvenes, estaban enamorados y sabían que se acercaban varias nubes muy oscuras”, explica Charles. “Ellos dijeron: ‘Enfrentemos esto juntos’”.

Judíos forzados a mudarse al pequeño gueto de Glinice, en Radom (USHMM).

Henry y Edzia, los padres de Charles, se casaron en 1940. Al año siguiente, junto con otros 30.000 judíos, fueron forzados a entrar a los guetos de Radom.

Un bebé en el gueto

“Mi madre estaba embarazada de mí en la época de la liquidación del gueto, en 1942”. Tener un bebé en el gueto era una sentencia de muerte. “Si los alemanes encontraban bebés, les disparaban, los atacaban con bayonetas o los asesinaban de formas incluso más horrorosas. Los niños no sufrían un daño colateral, sino que eran el objetivo. Heinrich Himmler dijo que tenían que extinguir las raíces del pueblo judío. Eso significaba aniquilar a los niños judíos”.

Mi madre consideró seriamente la posibilidad de abortar, pero su madre le dijo que continuara con el embarazo.

Cuando Edzia se dio cuenta que estaba embarazada, no supo qué hacer. Acudió a pedir el consejo de su madre, Frymeta. “Mi madre consideró seriamente la posibilidad de abortar. Esa era una opción. Pero Frymeta le dijo que continuara con el embarazo”. Edzia era muy menuda y estaba desnutrida, así que nadie adivinó que estaba esperando un bebé.

Después de que liquidaran los guetos de Radom en 1942, los padres de Charles estaban entre los 3.000 judíos que mantuvieron con vida para realizar trabajos forzados, mientras que alrededor de 30.000 de sus amigos y parientes fueron enviados a campos de exterminio. Charles acredita la supervivencia de su madre a la bondad de campesinos polacos que le contrabandeaban comida durante el embarazo. “Mamá tenía muchos amigos polacos”, explica Charles. “Muy pocos bebés judíos sobrevivieron en Polonia”.

Charles nació en diciembre de 1942, en medio del congelado invierno polaco. Sus padres lo llamaron Jazkel. “Mi madre dijo que ella me amamantaba a la mañana, luego se iba a trabajar 12 horas y volvía a alimentarme a la noche”. Charles no era el único bebé. Durante su investigación sobre el gueto y el campo de trabajo de Radom, Charles descubrió que por lo menos había cinco bebés judíos escondidos en el campo en ese momento.

Frymeta

Los guardias nazis inspeccionaban regularmente el gueto. La madre de Charles le contó que un día, durante una inspección, un bebé lloró. “El alemán preguntó: ‘¿De quién es ese bebé?’” Sin doblegarse, la madre de Charles le respondió que era de ella. “No sé por qué dijo eso”. Admitir que estaba escondiendo un bebé en las barracas, sin dudas provocaría su muerte. Pero esa vez, milagrosamente, no fue así.

“El oficial de la SS que inspeccionaba el gueto por alguna razón tuvo un momento de compasión y sensibilidad y no hizo que se presentara con el bebé. Esa fue la segunda vez que me salvé”. (La primera vez fue cuando su madre decidió seguir adelante con el embarazo).

Escondiendo a su bebé

Después de esa escena, los padres de Charles comprendieron que tenían que encontrarle un escondite fuera del gueto. “Había una mujer polaca que había trabajado en el negocio de la familia de mi padre. Una mujer joven llamada Mariana”. Los padres de Charles le pidieron que los ayudara a esconder a su bebé.

“Esconder niños judíos en Polonia era más difícil que en Europa Oriental. En Polonia, la única forma de esconder a un bebé judío era pagar mucho dinero o ponerlo en un convento”. Se estima que miles de niños judíos estuvieron escondidos durante el Holocausto, a menudo en conventos, en donde crecieron desconociendo su identidad judía.

Charles en 1945

El Museo del Holocausto de los Estados Unidos señala que “Para muchos de los que tuvieron la fortuna de ser protegidos en instituciones religiosas o adoptados por familias gentiles, la supervivencia muchas veces tuvo lugar a costas de perder su verdadera identidad. Al final de la guerra, a muchos niños nunca les contaron sobre su vida e identidad previa, e impidieron los intentos de reunirlos con miembros adultos de sus familias de nacimiento. Muchos adultos que sobrevivieron enfrentaron búsquedas infructuosas y nunca pudieron localizar a sus hijos”. Charles señala que “la gran mayoría de esos padres nunca regresaron y la mayoría de esos niños ocultos se perdieron del judaísmo”.

En un primer momento, Mariana planeó esconder a Charles con una amiga ucraniana que no tenía hijos. A último minuto, la amiga se arrepintió. “En Polonia, esconder niños judíos era una sentencia a muerte”, explica Charles.

El orfanato lo aceptó y, eventualmente, Charles fue adoptado por una pareja polaca.

Mariana logró ubicarlo en un orfanato católico. “Ayudó el hecho de que todavía no había sido circuncidado. De haberlo estado, mis probabilidades de sobrevivir hubieran sido mucho menores”. Con sus rasgos arios, fue fácil que el orfanato lo hiciera pasar por un niño no judío. “Yo sospecho que la monja que dirigía el orfanato debe haber sabido que yo era judío. A mediados de los años 40, nadie dejaba un bebé en un orfanato a menos que fuera un niño judío”.

El orfanato lo aceptó y, eventualmente, Charles fue adoptado por una pareja polaca.

Sobrevivir el Holocausto

En contra de todas las probabilidades, los padres de Charles lograron sobrevivir el Holocausto. Su padre, Henry, fue enviado al campo de concentración Majdanek. De allí lo enviaron al campo de concentración Plaszow, en donde fue reclutado para trabajar en la fábrica de Oscar Schindler. Él nunca le contó a nadie su historia hasta que hicieron la película "La lista de Schindler" en 1993, cuando finalmente le contó a su familia que él había sido uno de los 1.098 judíos salvados por Oscar Schindler.

Charles cuando era un niño pequeño

Edzia, la madre de Charles, fue enviada primero a Auschwitz y luego al campo de concentración Ravensbruk. “Cuando Auschwitz cerró sus cámaras de gas al final de la guerra, los nazis transfirieron a las mujeres a Ravensbruk para poder seguir usándolas para los esfuerzos de guerra”, explica Charles. Su madre se enfermó gravemente en el campo y eventualmente fue evacuada en las semanas finales de la guerra por la Cruz Roja sueca.

Sus familias no tuvieron tanta suerte. Henry era uno de once hermanos: siete fallecieron en el Holocausto, así como sus padres Leibel y Nejuma. También los padres de Edzia, Shmuel y Freymeta, fueron asesinados.

El encuentro y la búsqueda de su hijo

Después de la guerra, lo primero que hizo Henry, el padre de Charles, fue regresar a Radom a buscar a su hijo. Encontró a Mariana, quien le dijo que el bebé había sido adoptado. Cuando Henry habló con la pareja, le dijeron que estarían dispuestos a separarse de su hijo adoptivo por la enorme suma de 5.000 zlotys. Era una suma de dinero inmensa para un sobreviviente del Holocausto que no tenía ni un centavo.

Charles con sus padres, probablemente en Alemania, 1947

Henry también buscó a Edzia, preguntándose si era posible que ella también hubiera sobrevivido. “La Cruz Roja y los campos para refugiados ayudaron”, comenta Charles. Después de casi un año de búsqueda, pudieron reunirse. Al estar nuevamente juntos, el padre de Charles comenzó a operar en el mercado negro para poder reunir el dinero que necesitaban para redimir a su hijo. Eventualmente juntó la cantidad necesaria y la pareja entregó a Charles. “Me compraron”.

Intentando construir una nueva vida

Como refugiados sin una patria, los padres de Charles no sabían qué hacer. “Decidieron que no se iban a quedar en Polonia. Había mucho antisemitismo ahí”. (En 1946 hubo un pogromo en la ciudad polaca de Kielce, cerca de Radom, cuando los sobrevivientes del Holocausto regresaron a sus casas: 42 judíos fueron asesinados por los habitantes locales y más de 40 judíos fueron heridos).

“Mis padres querían ir a Palestina. Los Estados Unidos eran una segunda opción”. Pero no pudieron conseguir visa para ninguno de los dos destinos.

Mientras esperaban recibir permiso para emigrar a los Estados Unidos o a Israel, la familia vivió en un campamento para refugiados en Stuttgart, luego en un edificio de departamentos en Múnich donde vivían muchos otros sobrevivientes del Holocausto. “Nadie quería quedarse tampoco en Alemania, pero era más seguro quedarse en Alemania porque estaba en la zona ocupada por los Estados Unidos. Así que muchas familias de sobrevivientes del Holocausto se quedaron allí después de salir de los campamentos para refugiados, mientras esperaban conseguir una visa para ir a Israel o a los Estados Unidos”. Su hermana menor nació en Múnich mientras la familia estaba allí.

Esperaron un año y medio hasta que finalmente recibieron una visa. Edzia tenía una tía que había emigrado a Baltimore 25 años antes. Ella logró reunir el dinero para patrocinar a 12 o 13 parientes. Charles tenía casi siete años cuando él y sus padres volaron a Baltimore a comenzar allí sus nuevas vidas.

La vida en los Estados Unidos

En Estados Unidos, la familia cambió sus nombres. Su apellido se convirtió en Silver y Edzia era conocida como Edith. Charles recuerda que él hablaba ídish y alemán, pero no inglés. En Baltimore, aunque ellos no eran religiosos, sus padres lo inscribieron en una escuela judía ortodoxa.

Dr. Charles Silver

Charles estudió medicina en la Universidad de California, se convirtió en cirujano y trabajó como oficial médico en Vietnam. Henry trabajaba en un supermercado, era dueño de parte de una tienda de embutidos kasher y tenía un negocio de bienes raíces. “Sólo había estudiado en la escuela primaria, pero era un triunfador”. Sus padres vivieron más de 90 años. Su padre falleció en el 2008 y su madre en el 2013.

Charles se casó, tuvo tres hijos, y vivió primero en Nueva Orleans y luego en Dallas. “El judaísmo siempre ha sido una gran parte de mi vida”, explica. “Nos aseguramos de que nuestros hijos recibieran la mejor educación judía que pudieran. Todos mis nietos tienen una fuerte identidad judía y van a escuelas judías… Mi esposa acaba de hacer nuestra cocina kasher”.

Le debo mi supervivencia a la voluntad de Dios y a la ayuda de muchas personas.

Contar su historia

En los últimos años, Charles comenzó a hablar frente a grupos sobre las experiencias de su familia en el Holocausto. “Yo solía decir que algo así nunca podría ocurrir en los Estados Unidos… Amo a los Estados Unidos y tiendo a ser de las personas que ven el vaso medio lleno”, explica. Sin embargo, la reciente alza del antisemitismo lo tiene preocupado. Su padre siempre decía que una explosión de odio contra los judíos puede ocurrir en cualquier parte. Charles solía insistir que algo así nunca podría pasar en los Estados Unidos. Ahora está menos seguro. “Creo que nos acercamos al umbral mucho más de lo que yo pensé que pudiera ser posible”.

Charles también señala que no se debe usar terminología nazi de forma descuidada. “Odio cuando las personas usan terminología nazi a la ligera. Eso es menospreciar la historia del Holocausto”.

Su propia supervivencia le da fe en Dios y en la bondad humana. “Le debo mi supervivencia a la voluntad de Dios y a la ayuda de muchas personas”, explica.

Charles tiene un consejo claro para las futuras generaciones. “Debemos apoyar a Israel. Mantener la fe judía. Mantener el amor por nuestra patria histórica. No dejarnos oprimir. En donde sea que se levante el antisemitismo, no hay que esconderse, sino ser proactivos”.




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