El camino de un maestro musulmán para llegar a entender a Israel y al pueblo judío

17/06/2025

3 min de lectura

No escribo esto para provocar, sino para invitar a la reflexión. La justicia exige que reconozcamos la verdad: el pueblo judío es indígena de la Tierra de Israel.

Crecí en Garissa, una región predominantemente musulmana de Kenia. Mi comprensión inicial de la historia judía provino de fuentes islámicas: el Corán y los Hadices. Estos textos, leídos desde una lente tradicional, a menudo retratan a los judíos de forma negativa. Sin embargo, con el tiempo, comencé a estudiar más profundamente y con una visión más amplia, histórica, espiritual y políticamente. Lo que descubrí desafió muchas de las suposiciones con las que crecí.

Como musulmán, creo en la búsqueda de la verdad y la justicia. Y ese camino me ha llevado a un profundo respeto por el pueblo judío, su resiliencia y su legítima conexión con la Tierra de Israel.

Una historia olvidada: los judíos en Arabia

Muchos musulmanes no saben (o eligen olvidar) que mucho antes del islam, prosperaban comunidades judías en la península arábiga. La literatura de los hadices reconoce a las tribus judías como agricultores, artesanos y propietarios de pozos en Medina y sus alrededores. No eran forasteros, sino pueblos semitas autóctonos, como los árabes. Lamentablemente, la historia también nos cuenta que estas comunidades fueron masacradas o expulsadas a medida que el dominio islámico se expandía.

Sin embargo, la relación no siempre fue hostil. Un ejemplo revelador es el Día de Ashurá. Cuando el profeta Mahoma (la paz sea con él) llegó a Medina, encontró a los judíos ayunando. Al preguntar por qué, ellos respondieron que conmemoraban el día en que Moshé condujo a los israelitas fuera de Egipto. El profeta respondió honrando la práctica e incluso recomendó que los musulmanes observaran también ese día, mostrando reverencia por una historia profética compartida.

Cuestionando la negación del derecho de Israel a existir

Dada esta historia compartida, resulta profundamente inquietante que hoy tantos países islámicos no sólo nieguen la conexión del pueblo judío con su tierra ancestral, sino que trabajen activamente para deslegitimar al estado de Israel. Más de 50 países de mayoría musulmana se niegan a reconocer diplomáticamente a Israel, apoyan una retórica hostil o, en algunos casos, respaldan la resistencia armada contra la mera existencia de Israel.

¿Qué está haciendo Israel que tantos de estos países no hacen? ¿Defenderse con demasiada fuerza? ¿O su mera supervivencia como estado judío es vista como una provocación?

Esto me lleva a una verdad incómoda: el odio hacia Israel a menudo proviene menos de la solidaridad con los palestinos y más de una profunda negativa a aceptar la soberanía judía en Medio Oriente.

¿Quién traicionó realmente a los palestinos?

No me falta empatía por el pueblo palestino. Pero creo que su mayor traición no vino de Israel, sino de las mismas naciones árabes que afirman defender su causa.

Cuando Israel declaró su independencia en 1948, aceptó una solución de dos estados. Pero los países árabes lanzaron una guerra para eliminar al estado judío. Cuando perdieron, los árabes desplazados (que más tarde serían conocidos como palestinos) fueron rechazados por sus propios hermanos árabes. Se les confinó en campos de refugiados en El Líbano, Siria y Jordania, se les negó la ciudadanía y sus derechos durante generaciones, todo para ser usados como símbolos de agravio.

Creo que la paz sólo llegará cuando nosotros, en el mundo musulmán, seamos honestos sobre la historia y dejemos de demonizar a Israel simplemente por ser judío.

Compárese esto con los palestinos que emigraron a Occidente: muchos se han convertido en ciudadanos, funcionarios electos y miembros respetados de la sociedad. La diferencia es clara: un camino busca la paz y el progreso; el otro se aferra al victimismo y la venganza.

Un llamado a la justicia y al entendimiento

No escribo esto para provocar, sino para invitar a la reflexión. Sigo siendo un musulmán comprometido. Pero mi fe me enseña a ser justo, incluso con aquellos con quienes no estoy de acuerdo. Y la justicia exige que reconozcamos la verdad: el pueblo judío es indígena de la Tierra de Israel. No son colonos. No son invasores extranjeros. Están regresando a casa.

Creo que la paz sólo llegará cuando nosotros, en el mundo musulmán, seamos honestos sobre la historia y dejemos de demonizar a Israel simplemente por ser judío. Eso significa alzarse contra el odio, reconocer el sufrimiento y los derechos judíos, y buscar un diálogo real, no una guerra perpetua.

A mis hermanos musulmanes: podemos apoyar los derechos palestinos sin negar los derechos judíos. Podemos buscar la justicia sin alimentar el odio. Y podemos, si Dios quiere, ser parte de un futuro en el que nuestros dos pueblos —descendientes de Abraham— puedan vivir con respeto mutuo.

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