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El camino espiritual del judaísmo

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24/02/2022 | por Dov Ber Cohen

Mi travesía de la filosofía oriental al judaísmo tradicional me enseñó la importancia de equilibrar el mundo físico y el mundo espiritual.

Dov Ber Cohen creció en Inglaterra y estudió filosofía en la Universidad de Manchester. Buscando más en la vida y antes de encontrar el camino espiritual del judaísmo, Dov Ber pasó seis años extraordinarios inmerso en la filosofía y la tradición oriental: obtuvo un cinturón negro en Tai Kwon Do en una pequeña isla frente a la costa de Corea; entrenó en artes marciales extremas durante 16 horas diarias en Shaolin, China, la capital mundial del Kung Fu; hizo retiros de 10 días de meditación en silencio en la India; senderismo por el Himalaya en Nepal y caminó 1.200 kilómetros alrededor de una isla de Japón. 

Eventualmente, Dov Ber llegó a Israel, donde descubrió sus raíces judías y se sumergió en el estudio de la antigua sabiduría judía. Hoy es un rabino que viaja por el mundo ayudando a las personas a nutrirse de su propio potencial de una forma consciente y alegre. 

Dov Ber es un conocido orador en Aish HaTorá en Jerusalem, director educativo de "Justifi", los viajes de justicia social para estudiantes judíos a Tahilandia, Perú y Nicaragua, y cofundador/director de Rúaj Jaim, centros de auténtica meditación judía.

AishLatino.com tiene el privilegio de compartir algunos extractos del libro de Dov Ber, "Mastering Life: A Unique Guide to Jewish Enlightenment", una crónica de sus extraordinarias historias de supervivencia, desafío y triunfo en culturas y paisajes exóticos. En este manual espiritual, Dov Ber comparte sus ideas respecto a encontrar verdadero significado y felicidad en la vida; perspectivas respecto al cambio de paradignma sobre el pensamiento y la práctica judía, y ejercicios prácticos para efectuar a lo largo del camino hacia la iluminación judía.

Nueve países y un viaje épico. Este libro transporta a los electores a una aventura increíble alrededor del mundo y, lo más importante, hacia lo más profundo de ellos mismos.

Lleva lo que necesitas

Partí de Inglaterra llevando sólo nueve kilos a mis espaldas: un par de pantalones, algunos shorts, algunas remeras, ropa interior y un suéter. Incluso eso era más ropa de lo que tenían la mayoría de las personas que conocí durante mi travesía. Además de eso, tenía una red mosquitera, un trozo de cuerda de 10 metros, una linterna que se fijaba a la cabeza, un bloc de hojas, un candado, un diario, un repelente para mosquitos, una navaja del ejército suizo, un cepillo de dientes y pasta dentífrica, analgésicos, crema antiséptica y un par de libros.

El hombre pobre duerme bien. Él no tiene nada que pueda perder.

En India suelen decir: "El hombre pobre duerme bien". Él no tiene nada que pueda perder. No tiene que preocuparse de que lleguen a rayarle el auto o de que bajen sus acciones. De forma similar, al vivir sólo con una mochila tienes pocas opciones: sólo puedes llevar lo que realmente necesitas, y es sumamente liberador comprender cuán poco uno necesita para poder vivir. Tener "cosas" limitadas me enseñó realmente a apreciar, cuidar y valorar todo lo que tenía. Y también a aprender mucho sobre mí mismo y qué era importante para mí.

Mi cuerda de 10 metros era esencial para colgar la red mosquitera, colgar la ropa lavada para que se secara, construir refugios, y reparar mi mochila. La valoraba inmensamente y la enrollaba y la empacaba con sumo cuidado cada vez que me iba de un lado a otro. En Asia, el repelente para insectos es indispensable si deseas tener paz mental, ya sea al caminar por la jungla, al meditar en una montaña o al sentarte al lado de una fogata en la playa. Creo que podría agregar algo al dicho indio: "El hombre pobre duerme bien… siempre y cuando tenga una red mosquitera".

Dov Ber en el orfanato Baghar en India.

¿Cuánto es demasiado?

En cierto nivel, las posesiones materiales sin duda incrementan los niveles de felicidad. Si no tienes un techo y pasas frío, adquirir un pequeño departamento y un poco de comida caliente sin duda te hará más feliz. Si tienes que subir en tu bicicleta muchas colinas para regresar a casa después de un duro día de trabajo, comprar una bicicleta eléctrica te dará mayor placer.

Sin embargo, la verdad es que una vez que tienes lo básico, agregar más posesiones materiales nunca llegará a satisfacer nuestras necesidades emocionales, intelectuales o espirituales. De hecho, la verdad es más bien la opuesta. Las investigaciones demuestran que este enfoque es el que produce la mayoría de los problemas mentales y emocionales, porque desear más que lo que necesitamos y compararnos con otros implica que nunca nos sentiremos realmente realizados, satisfechos y significativos. Un informe demuestra que hasta que el nivel de ingresos llega a $75.000 por año, los niveles de felicidad incrementan. Pero a partir de allí, tener más dinero no hace absolutamente ninguna diferencia…

Más allá de lo básico, las posesiones materiales no satisfacen nuestras necesidades emocionales, intelectuales y espirituales.

Es importante señalar que de acuerdo con las enseñanzas judías, no hay nada malo en ser rico y tener cosas bellas. Si estudias y trabajas duro, mereces tener posesiones que puedas disfrutar, y es noble proveer a la manutención de tu familia. Algunas filosofías enseñan que no debemos tener dinero, porque el dinero te corrompe, te vuelve codicioso, te llena de preocupaciones, te vuelve arrogante, y te hace tomar parte de cosas en las que no deberías participar. Aunque, por desgracia, así es a menudo, no tiene por qué serlo. Muchos de nuestros grandes sabios (entre ellos Moshé y Rabí Iehudá HaNasí), eran muy ricos. Muchas mitzvot, como la caridad, recibir invitados y redimir a los cautivos, se cumplen con dinero, por lo que el dinero en sí mismo claramente no es el problema.

El verdadero problema tiene lugar cuando la gente comienza a convertir al dinero en su máximo valor a costa de otras personas y del mundo que los rodea, definiéndose a sí mismos y su propio valor en base a su dinero. El Instituto World Watch informó que la cantidad de dinero que se gasta anualmente en Norteamérica en cosméticos es ocho mil millones de dólares, y que otros nueve mil millones de dólares al año proveerían agua pura y servicios sanitarios para todas las personas en todos los países en desarrollo del mundo. El consumismo nos está consumiendo a nosotros y al mundo que nos rodea.

Dov Ber meditando en el campamento en la base de la montaña Anapurna.

 

Definamos el éxito

El éxito, en términos de Torá, no se basa en lo que tienes, sino que se basa en quién eres; cuánto te has perfeccionado en pensamiento, habla y acción, y cuánto das a quienes te rodean. Al imaginar a una persona exitosa, lo que debe venir a nuestra mente no es una persona que tiene mucho dinero. Una persona exitosa es un tzadik, alguien con cualidades personales refinadas, una buena actitud o disposición; alguien que está disponible para los demás y siempre hace lo correcto.

Intuitivamente todos lo sabemos, porque en cada funeral los discursos se enfocan en las buenas cualidades personales y cuánto la persona contribuyó al mundo que lo rodea, y no en cuántos autos tuvo ni cuánto dinero ganó. A qué aspiramos, cómo nos ganamos nuestro propio respecto, qué crea una vida significativa y qué dictamina cuánta alegría tenemos no es cuánto ganamos sino cuánto damos. No se trata de cómo hemos prosperado, sino más bien de cuánto hemos crecido.

No se trata de verse bien sino de ser bueno. Una autoestima sana surge de respetarnos por cuánto hemos crecido y contribuido; no de lo que los demás piensan de nosotros basados en valores superficiales. Lograr el éxito en estos términos es la clave para tener vidas significativas, constructivas y felices.

El camino espiritual del judaísmo: Elevar lo mundano

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Al igual que los monjes budistas, los sannyasins hindúes no se casan, evitan la intimidad física y, en general, comen lo mínimo necesario para mantener el cuerpo, renuncian a todos los placeres mundanos, no tienen dinero, tienen muy pocos bienes y viven en el ascetismo, liberados de todo el estrés de la vida diaria y capaces de concentrarse en la meditación, yoga y otras prácticas espirituales.

El judaísmo nos enseña a equilibrar e integrar los aspectos físicos y espirituales.

Mientras que las filosofías orientales en general nos enseñan que para ser espiritual tenemos que desconectarnos del mundo, y el occidente tiende al materialismo y lo físico, el judaísmo enseña que necesitamos equilibrar e integrar nuestros aspectos físicos y espirituales: nuestro cuerpo y nuestra alma. Nuestros Sabios enseñan que más que ser un ser físico (un cuerpo) que intenta tener una experiencia espiritual y conectarse con nuestra alma, de hecho somos seres espirituales (almas) que tienen un cuerpo, cuyo objetivo es usar lo físico como una herramienta para volvernos espirituales.

A primera vista, como ocurre a menudo, parece que las fuentes judías enseñan dos ideas opuestas en esta área.

Entrenamiento de kung fu Shaolin en China

 

Por un lado, aprendemos que Dios quiere que disfrutemos a pleno de los placeres físicos de este mundo. Dos de las primeras cosas que Hashem le dijo a Adam y a Javá fue "Sean fructíferos y multiplíquense" y "Coman de todos los frutos del Jardín". Nuestras festividades están acompañadas de grandes comidas, debemos tener ropa especial para las ocasiones especiales, y Purim lleva la indulgencia en lo físico a otro nivel.

El Talmud enseña que un nazir, alguien que evita beber vino, debe llevar una ofrenda de pecado al completar su término, porque no se espera que nos separemos de los placeres mundanos. El Talmud de Jerusalem incluso sugiere que al final de nuestro tiempo en este mundo deberemos rendir cuentas por no haber disfrutado de los placeres físicos del mundo. Por lo tanto, vemos que el judaísmo enseña que Hashem, como un padre afectuoso, desea que Sus hijos disfruten un poco de helado de vez en cuando…

Usamos lo físico como una herramienta para conectarnos con niveles espirituales más elevados.

El judaísmo enseña que el camino espiritual más elevado no es escaparse del mundo ni alejarnos de él, ni tampoco perdernos en búsquedas materiales hedonistas. Para estar en un nivel espiritual realmente elevado, necesitamos estar plenamente en este mundo de una forma consciente que realmente nos permita usar lo físico como una herramienta para conectarnos con niveles espirituales más elevados.

¿Cómo se logra esto? Tomemos como ejemplo el hecho de comer. Nos encanta comer y una gran parte de prácticamente todas las festividades y días sagrados es la seudá mitzvá (la comida de mitzvá). Sin embargo, antes de poner comida en nuestra boca, nos aseguramos que sea kósher. Si es láctea, pensamos cuándo fue la última vez que comimos carne. Decimos una bendición específica, comemos conscientemente (o por lo menos deberíamos hacerlo), compartimos palabras de Torá durante la comida, y concluimos con una bendición específica. De esta manera, transformamos el mismo acto de comer en una practica espiritual. Lo mismo ocurre con todos los otros placeres físicos permitidos en el mundo. El placer físico por sí mismo es egoísta, pasajero y nos desconecta de la espiritualidad. El placer como recompensa o consecuencia de nuestro anhelo de elevar el mundo y llevar la consciencia de Dios a todas las actividades mundanas, es el mayor y el más auténtico placer físico que existe.


Durante más de 45 años, Dov Ber y otros rabinos de Aish han ayudado a millones de judíos de todo el mundo a conectarse con sus raíces a través de la eterna sabiduría judía.

Pero aún no hemos terminado nuestra tarea.

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