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El chivo expiatorio

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Ajarei Mot (Levítico 16-18 )

por Rav Jonathan Sacks

El elemento más extraño del servicio de Iom Kipur (Levítico 16:7-22) era el ritual de los dos machos cabríos: uno se ofrecía como sacrificio y el otro era enviado al desierto, "a Azazel". Ambos eran presentados ante el Gran Sacerdote. En todos los aspectos era completamente imposible distinguir a uno del otro. Se elegían lo más similares posible en tamaño y apariencia. Entonces hacían un sorteo con dos placas, en una decía "para el Eterno" y en la otra "para Azazel". El chivo sobre el que recaía la palabra "para el Eterno" se ofrendaba como sacrificio. El Gran Sacerdote confesaba los pecados de la nación sobre el otro chivo y entonces lo llevaban hacia el desierto en las afueras de Jerusalem, donde lo empujaban al abismo para que muriera. La tradición cuenta que le ataban un hilo rojo en los cuernos. La mitad del hilo era retirada antes de enviarlo al desierto. Si el rito había sido efectivo, entonces el hilo rojo se volvía blanco.

Las ofrendas de pecado y culpa eran habituales en la antigua Israel, pero esta ceremonia era única. Por lo general, la confesión se hacía sobre el animal que iba a ser ofrecido como sacrificio. En este caso, la confesión se efectuaba sobre el chivo que no iba a ser sacrificado. ¿Por qué se dividía la ofrenda en dos partes? ¿Por qué usaban dos animales idénticos cuyo destino era decidido a través de un sorteo? ¿Y qué o quién era Azazel?

La palabra Azazel no aparece en ninguna otra parte en las Escrituras y hay tres grandes teorías respecto a su significado. De acuerdo con los Sabios y Rashi, significa "un lugar empinado, rocoso o duro", en otras palabras, una descripción de su destino. De acuerdo con el Ibn Ezra (crípticamente) y con Najmánides (explícitamente), Azazel era el nombre de un espíritu o demonio, uno de los ángeles caídos de los cuales se habla en Génesis 6:2, similar al espíritu de cabra llamado Pan en la mitología griega y Fauno en latín. La tercera interpretación, es que la palabra simplemente significa "el macho cabrío (ez) que fue enviado (azal)".

Maimónides ofrece la explicación más convincente: que el ritual tenía la intención de ser un drama simbólico:

No cabe duda de que los pecados no pueden llevarse como un paquete, ni quitarse de los hombros de uno para colocarlos sobre otro ser. Pero estas ceremonias tienen un carácter simbólico, y sirven para dejar en las personas la impresión de cierta idea, e inducirlas a arrepentirse, como diciendo: "nos hemos liberado de nuestros actos previos, los hemos sacado de nuestras espaldas, y los dejamos lo más lejos posible" (Guía de los perplejos 3:46).

Esto tiene sentido, pero las preguntas quedan. ¿Por qué este ritual era diferente a todas las otras ofrendas de pecado o culpa? ¿Por qué había dos machos cabríos en vez de uno?

La respuesta simple es que el servicio del Gran Sacerdote en Iom Kipur tenía la intención de lograr algo más que los sacrificios comunes de pecado. La Torá especifica dos objetivos, no uno: "Pues en este día él hará expiación por ustedes a fin de purificarlos; de todos sus pecados delante de Hashem serán purificados" (Levítico 16:30). Normalmente, todo lo que se buscaba era expiación, kapará. Pero en Iom Kipur se buscaba algo más: limpieza, purificación, Tahará. La expiación es para los actos; la purificación es para las personas. Los pecados dejan manchas en el carácter de aquellos que los cometen, y esas manchas deben limpiarse antes de poder pasar por una catarsis y comenzar de nuevo.

El pecado contamina. El rey David se sintió "manchado" después de haber cometido adulterio con Batsheva: "Lávame por completo de mi iniquidad y límpiame de mi pecado" (Salmo 51:4). Shakespeare le hizo decir a Macbeth después de su crimen: "¿Acaso estas manos nunca estarán limpias?". La ceremonia más cercana al rito del chivo expiatorio, donde se arrojaba al vacío un animal en vez de sacrificarlo, era el ritual para alguien que necesitaba limpiarse de una enfermedad en la piel:

Si la afección de tzaráat ha sanado del metzorá, el cohen ordenará y para el que se purifica tomarán dos pájaros vivos, puros, y madera de cedro, lana carmesí e hisopo. El cohen ordenará y se degollará uno de los pájaros en un recipiente de barro sobre agua de manantial… En cuanto al pájaro vivo… y enviará al pájaro vivo sobre campo abierto (Levítico 14:4-7).

El pájaro liberado, como el chivo expiatorio, era alejado llevándose la impureza, la mancha. Claramente esto es psicológico. Una mancha moral no es algo físico. Existe en la mente, en las emociones, en el alma. Es difícil liberarse de los sentimientos de impurificación cuando cometes un mal acto. Incluso cuando sabes que has sido perdonado. Parece ser necesario cierto acto simbólico. La supervivencia de esta clase de actos, como por ejemplo Tashlij, arrojar los pecados en Rosh Hashaná, y las Kaparot, las expiaciones de la víspera de Iom Kipur (el primero relativo a las migas, y el segundo a una gallina viva), dan evidencia de esto. Ambas practicas fueron criticadas por las principales autoridades halájicas, sin embargo ambas sobrevivieron por la razón que trae Maimónides. Es más fácil sentir que la impurificación ha desaparecido si tenemos alguna representación visible de su partida. Nos sentimos limpios cuando vemos que se va a otra parte, que algo se lo lleva. Puede que esto no sea racional, pero tampoco nosotros somos racionales la mayor parte del tiempo.

Esta es la explicación más simple. El chivo sacrificado representa la kapará, la expiación. El chivo que se alejaba simbolizaba la tahará, limpiarse de la mancha moral. Pero quizás hay algo más y más fundamental en el simbolismo de los dos machos cabríos.

Una tragedia shakespeariana

El nacimiento del monoteísmo cambió el modo en que la gente ve el mundo. En el politeísmo chocan los elementos, cada uno de los cuales es un dios diferente con una personalidad distintiva. En el monoteísmo, toda la tensión entre justicia y misericordia, retribución y perdón, se encuentra dentro de la mente del Único Dios. Los Sabios a menudo dramatizaron esto en el Midrash como un diálogo entre el Atributo de la Justicia (Midat HaDin), y el Atributo de la Misericordia (Midat HaRajamim). Con este simple cambio, el conflicto externo entre dos fuerzas separadas es reconceptualizado como un conflicto interno, psicológico, entre dos atributos morales.

Esto lleva a cambiar el enfoque de la situación humana. Jack Miles dijo algo sumamente interesante respecto a la diferencia entre la tragedia griega y la shakespeariana:

Todas las tragedias griegas clásicas son versiones de la misma tragedia. Todas presentan la condición humana como una contienda entre lo personal y lo impersonal, y lo impersonal inevitablemente resulta victorioso… Hamlet es otra clase de tragedia… La contienda es diferente a la que tiene lugar entre el noble y condenado Edipo y una cadena de hierro de acontecimientos. En cambio, es el conflicto dentro del propio carácter de Hamlet, entre el "matiz innato de resolución" y "el pálido molde del pensamiento".

El monoteísmo reubicó el conflicto de "afuera" a "adentro", transfiriéndolo de un hecho objetivo sobre el mundo a una contienda interna dentro de la mente. Esto fluye de nuestra creencia en Dios, pero cambia nuestra perspectiva del alma, del yo, de la personalidad humana. No es coincidencia que la lucha entre Iaakov y Esav, que comenzó en el vientre y llevó su relación al límite de la violencia, se resolviera sólo cuando Iaakov luchó de noche con un adversario sin nombre; de acuerdo con algunos comentaristas, una representación de la lucha interna, psicológica. Al día siguiente, Iaacov y Esav se encontraron después de una separación de 22 años y en vez de pelear se abrazaron y se despidieron como amigos. La Biblia pareciera sugerir que si podemos enfrentarnos con nosotros mismos, no necesitamos luchar como enemigos. El conflicto, internalizado, puede ser resuelto.

Recuperar lo salvaje

En la mayoría de las culturas, la vida moral está plagada del peligro de negar la responsabilidad. "Yo no fui", o "si fui yo, no tuve la intención", o "no tuve opción". Eso, en parte, es de lo que se trata la historia de Adam y Javá. Confrontado por su culpa, el hombre culpa a la mujer y la mujer culpa a la serpiente. El pecado sumado a la negación de la responsabilidad, lleva a perder el paraíso.

La expresión suprema de lo opuesto, de la responsabilidad ética, es el acto de la confesión. "Fui yo, y pido disculpas". Simplemente admitirlo, arrepentirse y decidir cambiar. Esto en esencia es lo que hacía el Gran Sacerdote en representación de toda la nación, y lo que ahora hacemos como individuos y comunidades en Iom Kipur.

Por lo tanto, quizás el significado de los dos machos cabríos, idénticos en apariencia, pero con destinos tan opuestos, es simplemente este: ambos somos nosotros. El ritual de Iom Kipur dramatizaba el hecho de que dentro nuestro hay dos inclinaciones, una buena (ietzer hatov) y una mala (ietzer hará). Tenemos dos mentes, una emocional, y una racional, dice Daniel Goleman en "Inteligencia emocional". Más recientemente, Daniel Kahneman demostró cómo la misma dualidad afecta nuestras decisiones en "Pensar rápido, pensar despacio". Es la dualidad más antigua y más nueva.

No negamos nuestros pecados. Asumimos la responsabilidad por ellos.

Los dos machos cabríos, los dos sistemas, la amígdala y la corteza prefrontal, ambos somos nosotros. Uno lo ofrecemos a Dios. Pero al otro lo repudiamos. Lo dejamos irse al desierto, a donde pertenece y donde tendrá una muerte violenta. Ez azal: la cabra ha partido. Renunciamos al ietzer hará, al instinto impetuoso que nos lleva al mal. No negamos nuestros pecados. Los confesamos. Asumimos la responsabilidad. Entonces los dejamos partir. Que nuestros pecados, que hubieran podido llevarnos al exilio, sean exiliados. Que el desierto recupere lo salvaje. Nos esforcemos para mantenernos cerca de Dios.

El monoteísmo creó una nueva profundidad de autoentendimiento humano. Tenemos dentro nuestro tanto el bien como el mal. El instinto lleva al mal, pero podemos conquistar al mal, tal como Dios le dijo a Caín: "El pecado acecha en tu puerta, desea atraparte, pero tú puedes dominarlo" (Génesis 4:6). Podemos enfrentar nuestras faltas porque Dios perdona, pero Dios sólo perdona cuando enfrentamos nuestras faltas. Esto implica la confesión, lo que a su vez habla de la dualidad de nuestra naturaleza, porque si fuéramos sólo malos no nos confesaríamos, y si fuéramos completamente buenos no tendríamos nada que confesar. La dualidad de nuestra naturaleza está simbolizada por los dos machos cabríos idénticos con destinos opuestos: una clara muestra visual de la naturaleza de la vida moral.

Hay aquí una suprema ironía: el chivo expiatorio de Ajarei Mot es exactamente lo contrario del chivo expiatorio al que nos referimos generalmente. Cuando hoy hablamos del "chivo expiatorio", esto significa culpar a otro por nuestros problemas. El chivo expiatorio de Iom Kipur existía para que esta clase de culpa nunca tuviera lugar en la vida judía. No culpamos a otros por nuestro destino. Aceptamos la responsabilidad. Decimos mipnei jataenu – a causa de nuestros pecados.

Quienes culpan a los demás, definiéndose a sí mismos como víctimas, están destinados a permanecer como víctimas. Quienes aceptan su responsabilidad transforman el mundo, porque han aprendido a transformase a sí mismos.




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