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El coraje de no caer en el conformismo

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Lej Lejá (Génesis 12-17 )

por Rav Jonathan Sacks

Los líderes guían. Esto no significa que no sigan a nadie. Pero lo que ellos siguen es diferente a lo que seguimos la mayoría de las personas. Ellos no se conforman sólo por conformarse. No hacen lo que otros hacen simplemente porque otros lo están haciendo. Ellos siguen una voz interior, una vocación. Tienen una visión, no de lo que es sino de lo que puede llegar a ser. Ellos piensan fuera de los límites conocidos. Marchan con otro ritmo.

Esto nunca quedó reflejado más dramáticamente que en las primeras palabras de Dios a Abraham, las palabras que pusieron en movimiento la historia judía: "Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre a la tierra que Yo te mostraré" (Génesis 12:1).

¿Por qué? Porque la gente se conforma. Adoptan los estándares y absorben la cultura del tiempo y del lugar en donde viven, "tu tierra". En un nivel más profundo, se ven influenciados por amigos y vecinos, "tu lugar de nacimiento". Y todavía más profundamente se ven influenciados por sus padres y la familia en la cual crecen, "la casa de tu padre".

Dios le dijo a Abraham: Yo quiero que tú seas diferente. No por el mero hecho de ser diferente, sino para comenzar algo nuevo, una religión que no adorara el poder ni los símbolos de poder, porque eso es lo que eran y son los ídolos. Yo quiero que tú "enseñes a tus hijos y a su casa después de él que guarden el camino de Hashem para hacer lo que es recto y justo" (Génesis 18:19).

Ser judío es estar dispuesto a desafiar el consenso prevalente cuando, como ocurre a menudo, las naciones caen en la idolatría de los viejos dioses. Eso fue lo que ocurrió en Europa a lo largo del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Eso fue el auge del nacionalismo: la búsqueda de poder en nombre de la nación-estado que llevó a dos guerras mundiales y decenas de millones de muertes. Eso es también lo que vivimos ahora cuando Corea del Norte adquiere e Irán trata de desarrollar armas nucleares para poder imponer sus ambiciones a la fuerza. Eso es lo que ocurre en la actualidad en gran parte del Medio Oriente y África, donde las naciones caen en la violencia y en lo que Hobbes llamó "la guerra de todos contra todos".(1)

Nos equivocamos si pensamos en los ídolos en términos de su apariencia física: estatuas, figuras, íconos. En ese sentido, pertenecen a la antigüedad, a tiempos que ya hemos superado. La manera de pensar sobre los ídolos es en términos de lo que ellos representan. Ellos simbolizan el poder. Eso era lo que era Ra para los egipcios, Baal para los canaanitas, Jemosh para los moabitas, Zeus para los griegos y lo que los misiles y las bombas son para los terroristas y los estados malvados actuales.

El poder nos permite gobernar sobre otros sin su consenso. Como dijo el historiador griego Tucídides: "Los fuertes hacen lo que desean y los pobres sufren lo que deben".(2) El judaísmo es una crítica sustentada contra el poder. Esa es la conclusión a la que llegué después de toda una visa estudiando nuestros textos sagrados. Se trata de cómo puede formarse una nación sobre la base de un compromiso compartido y una responsabilidad colectiva. Se trata de cómo construir una sociedad que honra a la persona humana como la imagen y semejanza Divina. Se trata de una visión, nunca concretada por completo, pero nunca abandonada, de un mundo basado en la justicia y en la compasión, en el cual "No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento de Dios, tal como las aguas cubren el mar" (Isaías 11:9).

Sin ninguna duda, Abraham es la persona más influyente que ha vivido. Hoy es aclamado como el ancestro espiritual de 2.300 millones de cristianos, 1.800 millones de musulmanes y 14 millones de judíos, más de la mitad de las personas que viven en la actualidad., Sin embargo, él no dirigió ningún imperio, no fue comandante de ningún gran ejército, no efectuó milagros ni proclamó tener profecía. Él es el ejemplo supremo en toda la historia de alguien que influye sin tener poder.

¿Por qué? Porque estaba dispuesto a ser diferente. Como dicen nuestros Sabios, él era llamado haivrí, "el hebreo", porque "todo el mundo estaba en un lado (beever ejad), y él estaba del otro lado".(3) El liderazgo, como lo sabe muy bien todo líder, puede ser muy solitario. Pero uno lo sigue haciendo porque es lo que tiene que hacer ya que sabe que la mayoría no siempre tiene razón y que la sabiduría convencional no siempre es sabia. Los peces muertos se dejan llevar por la corriente. Los peces vivos nadan en contra de la corriente. Lo mismo ocurre con la conciencia y el coraje. Eso es lo que ocurre con los hijos de Abraham. Ellos están dispuestos a desafiar a los ídolos de la época.

Después del Holocausto, algunos científicos sociales estaban preocupados preguntándose por qué tantas personas estuvieron dispuestas, ya sea participando de forma activa o con su consentimiento silencioso, a aceptar un régimen que estaba cometiendo grandes crímenes contra la humanidad. Salomón Asch realizó un experimento clave. Él reunió a un grupo de personas y les pidió que realizaran una serie de tareas cognitivas simples. Les mostraron dos tarjetas, una con una línea y la otra con tres líneas de diferentes longitudes, y les preguntaron cuál era del mismo tamaño que la línea de la priemra tarjeta. Sin que un participante lo supiera, Asch había informado a todos los demás que debían dar una respuesta correcta en las primeras tarjetas y luego debían responder incorrectamente a la mayoría de las respuestas. En un número significativo de casos, el sujeto del experimento dio una respuesta que sabía que era incorrecta, porque eso fue lo que respondieron todos los demás. Esa es la fuerza de la presión para conformarnos y acomodarnos: puede llevarnos a decir algo que sabemos que es falso.

Todavía más atemorizante fue el experimento que realizó Philip Zimbardo en Stanford, a comienzos de la década del 70. Los participantes recibieron al azar roles de guardias o prisioneros en una falsa prisión. En unos pocos días, los estudiantes elegidos como guardias se comportaban de forma abusiva, algunos de ellos sometiendo a los "prisioneros" a torturas psicológicas.

Los estudiantes designados como prisioneros lo soportaban pasivamente, incluso apoyando a los guardias contra aquellos que se resistían. El experimento se interrumpió después de seis días. Para ese momento, incluso Zimbardo se había visto atraído hacia la realidad artificial que había creado. La presión para acomodarse a los roles designados es suficientemente fuerte como para llevar a las personas a hacer cosas que saben que son incorrectas.

Esta es la razón por la cual al comienzo de su misión le dijeron a Abraham: "vete por ti de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre", para liberarlo de la presíon por conformarse. Los líderes deben estar dispuestos a no seguir el consenso. Uno de los grandes escritores sobre el liderazgo, Warren Bewnis, escribió: "Cuando llegamos a la pubertad, el mundo nos ha moldeado en mayor medida de lo que pensamos. Nuestra familia, amigos, y la sociedad en general nos han dicho, con la palabra y el ejemplo , cómo debemos ser. Pero las personas comienzan a convertirse en líderes en el momento en que se deciden por sí mismas cómo ser.(4)

Una de las razones por la que los judíos se han convertid en líderes, en casi todas las esperas de actividad humana, fuera de proporción con respecto a su número, es precisamente por esta disposición a ser diferentes. A lo largo de los siglos, los judíos han sido el ejemplo más llamativo de un grupo que se niega a asimilarse a la cultura dominante o a convertirse a la fe dominante.

Hay otro hallazgfo de Salomón Asch que vale la pena mencionar. Él señaló que cuando sólo otra persona estaba dispuesta a apoyar al individuo que podía ver que los otros estaban dando respuestas erróneas, eso le daba fuerzas para mantenerse firme y enfrentar el consenso. Por eso, por pequeño que sea su número, los judíos siempre crearon comunidades. Es difícil liderar solo, mucho menos difícil es liderar en compañía de otros, incluso si se sigue siendo una minoría.

El judaísmo es el contrapunto en la conversación de la humanidad. Como judíos, no seguimos a la mayoría simplemente porque es la mayoría. Era tras era, siglo tras siglo, los judíos estuvieron dispuestos a hacer lo que inmortalizó el poeta Robert Frost:

Dos caminos se abrían en un bosque, y yo, 

Yo elegí el menos transitado.

Y eso fue lo que marcó toda la diferencia.(5)

Eso es lo que hace una nación de líderes.

Shabat Shalom


NOTAS

  1. Thomas Hobbes, El Leviatán, parte 1, capítulo 3
  2. Tucídides 5:89
  3. Génesis Rabá 42:8
  4. Robert Frost, The Road Not Taken, Birches, and Other Poems (New York: H. Holt and Co., 1916), 10.



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