¿Por qué el judaísmo se obsesiona con los detalles?


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El paralelismo más conmovedor, y casi escalofriante, lo encontramos precisamente en la parashá de esta semana.
Hace tan solo unas horas, las Fuerzas de Defensa de Israel localizaron el cuerpo del último rehén, Ran Gvili, en un cementerio de Gaza, y en estos precisos instantes, lo están trayendo de vuelta a Israel para darle sepultura judía. La noticia, en medio del dolor que conlleva, nos recuerda algo profundo sobre quiénes somos como pueblo.
El paralelismo más conmovedor, y casi escalofriante, lo encontramos precisamente en la parashá de esta semana, cuando los judíos están por fin saliendo de Egipto: "Y Moshé tomó consigo los huesos de Iosef, pues este había hecho jurar solemnemente a los hijos de Israel..." (Éxodo 13:19).
En medio del caos del Éxodo, con cientos de miles de personas corriendo hacia la libertad, Moshé consideró prioritario localizar y cargar los restos de Iosef. Él entendió que el viaje hacia la Tierra Prometida no estaría completo si un miembro de la familia quedaba abandonado en tierra ajena.
Los hermanos de Iosef le prometieron siglos antes del Éxodo que lo traerían de vuelta a casa. Al traer a Ran de regreso a Israel para darle sepultura judía, la nación está cumpliendo una versión moderna de aquel "solemne juramento".
En el judaísmo, la muerte no es el final del relato. La forma en que tratamos a nuestros muertos revela quiénes somos realmente. El hecho de que un ejército en medio de una guerra, con todos los desafíos operativos y los peligros que eso conlleva, dedique recursos ilimitados para localizar y recuperar el cuerpo de un solo hombre, es una declaración moral.
Es la declaración de que cada vida importa. Que cada alma tiene un valor infinito. Y que dentro del pueblo judío nadie —absolutamente nadie— se queda atrás.
Cuando Moshé cargó los huesos de Iosef a través del Desierto, no lo hizo porque era conveniente o porque tenía tiempo de sobra. Lo hizo porque era lo correcto. Porque la promesa hecha a un hermano no caduca, ni siquiera después de generaciones.
La historia de Ran Gvili nos recuerda que esa promesa sigue vigente. Que el pueblo judío no abandona a uno de los suyos, ni en vida ni en muerte. Y que incluso en los momentos más oscuros, cuando todo parece perdido, seguimos buscando. Seguimos cumpliendo. Seguimos trayendo a casa a los nuestros.
Además de este increíble paralelismo, la parashá Beshalaj está definida por la transición desde el "lugar estrecho" (Mitzraim) hacia la libertad, y finalmente a la Tierra de Israel.
Para la familia Gvili, la incertidumbre sobre el paradero de Ran era su propio Mitzraim, su propio "lugar estrecho". Traerlo de vuelta a la Tierra de Israel no es sólo un "cruce" físico, sino también espiritual, que finalmente permitirá que el proceso de duelo comience.
Que su memoria sea para bendición.
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HaShem conceda fortaleza a el pueblo Israel, que el alma de Ran sea elevada y su memoria para buen recuerdo
Como diría mi nieta de 7 años: hoy mi peor , mejor día💔.Que la memoria de nuestro último heroe sea bendicion y luz para nuestro pueblo💔🙏🔯