El diario del padre de un soldado herido

18/08/2025

12 min de lectura

Después de que su hijo Noam resultara gravemente herido en el Líbano, Rav Moshé Taragin se encontró de repente en medio de una tormenta turbulenta, llena de profundo sufrimiento, incertidumbre y dolor, mientras se aferraba con optimismo a la esperanza y a la fe.

Hospital Rambam, Haifa, Israel, 25 de noviembre de 2024

Ha sido una semana angustiante para mi familia y para mí. Nuestro amado hijo, Noam, sufrió heridas graves mientras servía en el Líbano, defendiendo valientemente a nuestro pueblo y nuestra tierra.

Mientras escribo estas palabras, él permanece intubado y sedado, pero estable. Nosotros, junto con innumerables personas más, seguimos rezando con fervor por su recuperación completa.

Mantenemos una fe firme en que Dios protegerá a nuestro precioso hijo, cuya dedicación inquebrantable y autosacrificio encarnan el espíritu de su generación de gigantes.
Ha sido una semana emocionalmente abrumadora, llena de miedo, lágrimas y profunda incertidumbre. Por momentos apenas podía mantenerme en pie y a menudo, sintiendo el peso de todo, luchaba por recuperar el aliento.

Sufrimos profundamente por nuestro hijo. La angustia de su dolor, el peso de sus dificultades médicas y el desafiante camino que tenemos por delante.

Esta semana ha estado empapada de lágrimas, una cascada de tristeza y desconsuelo que parece no tener fin.

Sin embargo, en medio de este mar de tristeza, nos aferramos con optimismo a la esperanza y la fe de que la misma fuerza que lo sostuvo a él nos guiará a nosotros a través de esta tormenta turbulenta.

Estoy profundamente agradecido con todos los que han tenido a nuestro hijo en sus corazones y plegarias. Cada mensaje, cada bendición, por pequeña que sea, nos inspira e infunde la fuerza que tanto necesitamos.

Esta semana dolorosa ha sido un recordatorio contundente de los complejos desafíos emocionales que la vida nos presenta, poniendo a prueba nuestra resiliencia y nuestra fe. Ha sido extremadamente difícil equilibrar la alegría con la tristeza.

La vida a menudo nos desafía a cargar con una mezcla de emociones contradictorias, sosteniendo alegría y dolor lado a lado en una tensión tan delicada como dolorosa.

El Midrash retrata el estado emocional de Abraham durante la Akeidá (el sacrificio de Itzjak) como una profunda paradoja.

Abraham derramó lágrimas de tristeza ante la posibilidad de sacrificar a su hijo. Sin embargo, su corazón rebosaba de alegría por la oportunidad de cumplir la voluntad divina y dar forma al destino de la historia judía.

A Abraham se le pidió encarnar dos emociones opuestas de forma simultánea.

Quizás por eso, Dios diseñó el corazón como un órgano con múltiples cámaras, capaz de contener sentimientos que parecen contradecirse entre sí, reflejando el complejo equilibrio emocional que la vida a menudo nos exige.

De forma similar, el Talmud en el Tratado de Bava Batra enseña que, ante la muerte de un familiar cercano, se recita la bendición de Daián Haemet (el juez verdadero), aceptando con humildad el decreto divino.

Sin embargo, al recibir la herencia del fallecido, esa misma persona debe recitar la bendición de Hatov Vehametiv (que es bueno y hace el bien), expresando gratitud a Dios.

Esta yuxtaposición tan delicada refleja el desafío profundo que enfrentó Abraham en el Monte Moriá: la capacidad de sostener emociones contrastantes en tensión, equilibrando el duelo y la gratitud, mientras se mantiene una fe inquebrantable en momentos de profunda complejidad.

He luchado intensamente con ese equilibrio delicado entre la alegría y el dolor. A pesar de la gravedad de sus heridas, mi corazón rebosa de gratitud porque la vida de Noam fue salvada y tiene un pronóstico positivo.

Noam sufrió el devastador impacto directo de un ataque con dron. Sin embargo, Dios, en Su infinita bondad, protegió a mi precioso hijo.

Agradezco a Dios por este milagroso regalo de vida y continúo rezando con fervor para que siga cuidando de mi querido Noam, fortaleciéndolo y guiándolo hacia una recuperación completa y duradera.

Sin embargo, mi corazón sigue cargado de dolor. La condición de mi hijo sigue siendo delicada y, con la ayuda de Dios, cuando se recupere, el camino por delante será largo y arduo.

Estoy abrumado por el sufrimiento que debe soportar, un joven tan profundamente entregado al servicio de su pueblo, ahora agobiado por el dolor y la incertidumbre de lo que le espera.

Emociones secundarias

Más allá de la lucha entre la tristeza y el dolor, esta semana me encontré enfrentando emociones complejas, y cada una arrastra consigo respuestas secundarias profundas y cargadas.

Mi gratitud por el hecho de que la vida de mi hijo fue salvada está teñida de culpa al pensar en el soldado que murió en el mismo ataque, y ciertamente al considerar el inmenso dolor y sufrimiento que tantos han soportado durante el último año.

¿Tengo permitido sentir incluso esta pequeña chispa de alegría y gratitud? Parece equivocado sentir aunque sea una mínima satisfacción mientras mi hijo aún sufre, y mientras seguimos viviendo en un estado de estrés constante y lleno de incertidumbre.

Sin embargo, no sentir gratitud hacia Dios es como negar la protección que Él concedió a mi hijo. ¿Cómo no agradecer profundamente a Dios por proteger a mi hermoso Noam de ese ataque mortal?

Una cosa es reconciliar dos emociones opuestas; pero es mucho más difícil cuando cada emoción está revestida de sentimientos secundarios de culpa y preocupación por llegar a ser insensible o estar desequilibrado.

Espero poder encontrar la manera de seguir agradecido por el milagro, sin dejar de lado nuestro sufrimiento ni el inmenso sufrimiento de los demás.

Mayor empatía

Este trauma abrió mi corazón de una forma nueva y visceral al inmenso sufrimiento que ha soportado nuestro pueblo.

Por mucho que intentemos empatizar con el dolor de los demás, por muchas lágrimas que derramemos por su sufrimiento, es difícil comprender la profundidad de su angustia hasta que uno mismo atraviesa una experiencia que se le acerque. Mi propia agonía me hizo comprender con mayor profundidad lo que otros han vivido.

Fue muy importante para nosotros conocer cada paso del trayecto de nuestro hijo hasta el hospital.

Cuando amas profundamente a alguien, no quieres que sufra ni el más mínimo dolor.

Me resultaba muy difícil imaginarlo herido y sufriendo en el campo de batalla sin que yo estuviera allí para ayudarlo. Me dio gran consuelo escuchar a los soldados que le salvaron la vida, cómo respondieron con rapidez y actuaron con tanta precisión para mantenerlo con vida.

De igual manera, hablar con los médicos y el personal del hospital que lo recibió, saber que mi hijo estaba bajo el cuidado de personas que hacían todo lo posible por aliviar su sufrimiento, fue una fuente de consuelo.

Aunque no puedo hablar con él, me consuela profundamente saber que está siendo atendido con amor y preocupación a cada paso del camino.

Pero mi mente no puede escapar al sufrimiento inimaginable de las familias de los secuestrados. No saber nada sobre el destino de tu hijo, y vivir sabiendo que está en manos de terroristas brutales que no respetan la vida humana y están consumidos por el odio, debe ser una carga insoportable, una que requiere una fuerza inmensa sólo para poder despertarse cada día. Les pido disculpas si no he sentido este dolor con la profundidad que debería. Me esforzaré más.

Asimismo, me consuela enormemente saber que la unidad de mi hijo actuó exactamente como debía. Tras ser atacados por un dron, temieron una infiltración terrorista, y mi hijo corrió inmediatamente desde su tienda a custodiar el perímetro.

Después de ser atacado por morteros y buscar refugio, él corrió a un puesto de vigilancia, siguiendo el protocolo, y fue entonces cuando el segundo dron cayó directamente sobre el puesto de guardia.

Sus amigos corrieron rápidamente a brindar atención médica tanto a él como a los demás heridos, mientras los camiones Humvee lo trasladaron con rapidez a los helicópteros que lo llevaron al hospital.

En poco más de una hora, ya estaba en el quirófano. Esa respuesta rápida sin duda salvó su vida. Me da gran fuerza saber que mi hijo y todos los que lo rodean son héroes, y que actuaron con profesionalismo y dedicación.

Estuve atormentado toda la semana pensando en situaciones donde soldados son heridos o mueren por accidentes, fuego amigo o fallos técnicos, Dios no lo permita.

Es dolorosamente angustiante sufrir una pérdida sin una narrativa a la cual aferrarse, sin la claridad de una secuencia definida que pueda ofrecer algo de paz o entendimiento.

La guerra continúa, y nuestra sagrada lucha por resguardar nuestra tierra y proteger a nuestro pueblo permanece firme. Mientras los titulares cambian hacia la política, la diplomacia y las elecciones, es crucial recordar, especialmente para aquellos que están lejos, donde los ecos de la guerra pueden parecer distantes, que el dolor y las dificultades persisten.

Por favor, mantengan el sufrimiento de nuestro pueblo en el centro de su conciencia mientras continúan con sus rutinas diarias.

Y por favor, sigan rezando por mi querido hijo, Noam Abraham ben Atara Shlomit.

Hospital Rambam, Haifa, Israel, 1 de diciembre de 2024

Con la grave herida que sufrió nuestro hijo en el Líbano, mi familia ha enfrentado sus propios desafíos desgarradores. Sin embargo, incluso a la sombra de la dificultad, he intentado aferrarme a la gratitud. Estas son las cosas por las que me siento profundamente agradecido:

Estoy profundamente agradecido a Dios. Con Su ayuda y Su constante cuidado de nuestro hijo Noam, hemos comenzado el largo y arduo camino hacia su recuperación. Aunque el camino que tenemos por delante requerirá resiliencia y fe, sé que con la guía de Dios lo recorreremos juntos.

A medida que supe más sobre el ataque que sufrió nuestro hijo y sobre el complejo proceso de su tratamiento médico, me abruma la cantidad de momentos en los que Dios lo protegió. Cada detalle revela Su mano protegiendo a nuestro hijo de formas que apenas puedo comprender.

No puedo entender del todo por qué se nos han concedido estos milagros, pero rezo por tener la fuerza, la claridad y el coraje para demostrar que soy digno de este regalo extraordinario.

Como escribió tan elocuentemente el poeta Milton: “La gratitud otorga reverencia, permitiéndonos encontrar epifanías cotidianas.”
He sentido esos momentos de revelación divina, y permanezco en reverencia ante la bondad de Dios y Su presencia en nuestras vidas.

Agradecido por Israel

Estoy profundamente agradecido de vivir en Israel y también agradecido por la decisión que tomé hace décadas de trasladar aquí a mi familia.

A algunos lectores puede sorprenderlos este sentimiento. Después de todo, el costo de vivir en esta tierra es alto. Siete de mis hijos y yernos dedicaron gran parte del último año a servir y defender nuestro país, incluido Noam, que resultó gravemente herido.

El precio de vivir en Israel es indudablemente elevado. Sin embargo, el costo de no vivir aquí es aún mayor.

Esta semana, sentí la mirada de mis abuelos sobre mi familia, sus espíritus rebosantes de orgullo. ¿Qué no habrían dado por ver a un soldado judío custodiando un Estado judío soberano?

Sé que, al vivir aquí, estamos invirtiendo en la gran narrativa de la historia judía; un anticipo hacia un futuro que, con la ayuda de Dios, dará frutos por generaciones.

Me he convertido en israelí

Estoy agradecido de sentirme más conectado que nunca con Israel, precisamente porque la pérdida nos une a muchos aquí.

La mayoría de los israelíes, de algún modo, cargan con el peso de luchas personales. Es este mismo sacrificio lo que profundiza nuestra conexión con esta tierra sagrada, ya que cuanto más damos de nosotros mismos, más profundamente la poseemos.

Nuestros sabios enseñan que la Tierra de Israel sólo se adquiere con sufrimiento.

Durante estas dos semanas, mientras daba breves paseos por la costa de Haifa, permitiendo que la brisa marina despejara mi mente, sentí una extraordinaria intimidad con la tierra. Toqué los árboles, inhalé las fragantes brisas, y escuché el canto rítmico del océano. La tierra me abrazó y me acarició, calmó mis preocupaciones y confortó mis temores, recordándome que incluso en la sombra de la pérdida, el latido de nuestra patria sigue firme y fuerte.

El ejército y el amor al prójimo

Estoy profundamente agradecido por nuestro ejército, como un notable unificador de nuestro pueblo. Forja lazos inmediatos y une a toda nuestra nación en una sola familia.

El viernes por la noche, mientras estaba junto a la cama de nuestro hijo, trajeron a Terapia Intensiva a un soldado que había sufrido un accidente militar. Aunque él no era religioso, sus padres y yo conectamos de inmediato por nuestra tragedia compartida. Los invitamos a compartir nuestra comida de Shabat, y durante las siguientes 48 horas compartimos un vínculo que trascendía la religión.

El domingo por la mañana, un soldado herido un mes antes llegó a la sala de Terapia Intensiva para agradecer al personal mientras se preparaba para salir del hospital. Él pasó a saludar a nuestro hijo, que acababa de despertar, y le aseguró que su camino hacia la recuperación sería exitoso. Una vez más, sentí un lazo inmediato con sus padres, a quienes nunca había conocido. Resultó que él había servido en el Líbano con nuestro yerno, así que estábamos conectados de formas que no habíamos imaginado al principio.

Sentirme unido a mi pueblo no es sólo un ideal abstracto de solidaridad: es el núcleo de ahavat Israel, el amor incondicional por cada judío y el compromiso con un destino compartido, que trasciende la etnia o la observancia religiosa.

La gente

Estoy profundamente agradecido por las personas extraordinarias que he encontrado en esta travesía aún en curso.

Haifa, ubicada en el norte, sirve a una comunidad diversa, incluidos muchos árabes israelíes. En Shabat, el personal médico del hospital suele estar compuesto por árabes. Durante mi tiempo aquí, conocí a personas notables que atendieron a nuestro hijo con amor genuino y me brindaron un apoyo emocional sin límites.

Un hombre, un árabe cuyo hijo había sufrido un accidente automovilístico, compartió conmigo semanas de ansiedad e incertidumbre. Celebré con él la recuperación de su hijo, así como él se alegró por la sanación del nuestro.

No podemos darnos el lujo de ser ingenuos. Vivimos en una región donde muchos individuos despiadados y sin corazón planean constantemente hacernos daño, y debemos evitar las ilusiones. Sin embargo, también hay muchas personas buenas, comunes, que desean vivir en paz a nuestro lado. Esta tierra nos ha sido prometida por Dios, y hasta que esas promesas se cumplan, debemos compartirla con quienes aceptan nuestra presencia y nuestro Estado. El nacionalismo jamás debe degenerar en fanatismo.

Vulnerabilidad

Finalmente, vuelvo a agradecer a Dios por la vulnerabilidad que he experimentado. Ojalá no hubiera nacido de la dificultad que estamos atravesando, pero la vulnerabilidad es fuente de dignidad y nobleza humana.

Esta semana traté de conducirme con dignidad, compasión y sensibilidad, plenamente consciente de cuán frágil es la vida y cuán rápidamente puede desmoronarse. El éxito en la vida puede llevarnos a la arrogancia, a la indiferencia y al descuido de las bellezas simples de la vida diaria y de nuestras interacciones. Pero es en nuestra vulnerabilidad donde recordamos estos pequeños y preciosos momentos.

Todos somos como la escalera de Iaakov: soñamos con elevarnos al cielo, pero siempre permanecemos con los pies en la tierra. La gratitud nos mantiene arraigados, ayudándonos a apreciar la belleza sencilla que nos rodea.

Hospital Rambam, Haifa, Israel, 10 de diciembre de 2024

Después de la herida de nuestro hijo, mi vida quedó súbitamente envuelta en una niebla de duda e incertidumbre, en todos los frentes. No tengo idea de cuánto tiempo llevará su recuperación médica ni dónde se desarrollará finalmente. Desde el ataque, hemos estado lejos de casa, viviendo entre pasillos de hospital y moteles modestos, atrapados en la vorágine de una rutina impredecible y agotadora.

Toda mi vida ha quedado en pausa; todos mis planes suspendidos mientras intento ser el mejor padre posible. Incluso lograr asistir a un minián parece un logro raro, ya que la presión del horario diario deja poco espacio para la estabilidad o la normalidad.

Me persiguen profundas dudas internas. ¿Por qué le ocurrió esto a mi hermoso hijo? ¿Por qué debe soportar una lucha tan profunda? En medio de todo el dolor y la angustia, agradezco de todo corazón a Dios por el milagro de que, con Su voluntad, él se recupere por completo. Los incontables milagros que han allanado el camino para este desenlace me dejan asombrado.

Pero junto a esta gratitud llega otra capa de duda. ¿Por qué se me concedió este milagro? ¿Qué espera ahora Dios de mí? ¿Tendré la fuerza y el coraje para estar a la altura de esas expectativas, incluso si logro discernir cuáles son? El peso de esta realidad me abruma. ¿Cómo afectará este trauma a mi familia? ¿Cómo me transformará a mí? Mi vida se siente inestable, como si estuviera de pie sobre arenas movedizas en lugar de terreno firme, buscando equilibrio en medio de la inestabilidad. Estas preguntas me acompañan día y noche, sin una respuesta clara.

Siempre en la puerta

El domingo me recordaron dos veces que la incertidumbre siempre acecha a la puerta. Justo cuando comenzaba a escribir este artículo, llegó la noticia: cuatro soldados más resultaron gravemente heridos en el Líbano. Minutos después, una mujer irrumpió en la sinagoga del hospital donde me encontraba, con el rostro bañado en lágrimas, suplicando entrar a la sección de hombres. Rápidamente le aseguré que podía hacerlo, y la observé mientras se paraba frente al arca, sollozando desconsoladamente.

Con delicadeza me acerqué y le pregunté si podía ayudarla. Gritó, con la voz quebrada por la angustia, que la condición de su hija era crítica. Con la esperanza de consolarla, le dije que era rabino y me ofrecí a recitar Salmos con ella y a bendecir a su hija. Juntos caminamos hasta Terapia Intensiva, donde su hija yacía luchando por su vida, apenas a unos metros del lugar donde mi propio hijo estuvo intubado y sedado durante dos largas semanas.

Al ver la recuperación constante de mi hijo, me había permitido un fugaz momento de alivio, atreviéndome a vislumbrar la posibilidad de estabilidad. Sin embargo, rápidamente me recordaron la tormenta que había atravesado días antes, tanto física como emocionalmente. Su angustia reavivó mi conciencia de que la tempestad de lo impredecible aún ruge, envolviendo a muchos otros en su incesante fuerza.

No estamos acostumbrados a vivir con incertidumbre. Anhelamos tener control sobre nuestros horarios y la capacidad de planificar nuestras vidas con precisión. Planear el futuro y dictar el ritmo de nuestros días nos brinda una reconfortante sensación de estabilidad. La psicología humana prospera con la certeza y la previsibilidad, mientras que nuestros biorritmos naturales están alineados con los ciclos constantes del día y la noche, lo que nos permite funcionar con coherencia y propósito.
Irónicamente, cuando esa estabilidad nos es arrebatada, cuando los horarios y planes en los que confiamos se desvanecen, somos lanzados a un estado más existencial. Nos vemos obligados a enfrentar nuestra identidad en su forma más cruda y desnuda. Privados de la regularidad de la vida cotidiana y de la previsibilidad del futuro, debemos buscar un significado más profundo y aferrarnos a algo más sólido que nos ancle en medio del caos.

Mi Roca

He intentado usar esta duda para acercarme a Dios. En un mundo donde todo puede desaparecer en un instante, la única base duradera es la fe. Me he apoyado intensamente en muchas personas durante este tiempo difícil: amigos de todo el mundo que me enviaron deseos sinceros; desconocidos que me aseguraron que rezaban por mi hijo o cantaban sus canciones favoritas de Shabat; médicos incansables que trabajaron para sanarlo y nos animaron con su optimismo; y, por encima de todo, mi familia extraordinaria, una bendición que nunca podré agradecer lo suficiente.

Sin embargo, en mis momentos más oscuros e inciertos, recurrí a Dios como mi Roca firme. Hablar con Él, confiarle mis pensamientos, y sentir Su mano guiándome me brindó un consuelo y una seguridad que ninguna presencia humana podría ofrecer.

La duda me ha empujado a un espacio más profundo y existencial, obligándome a enfrentar las verdades más crudas de la vida y a anclarme en algo más sólido.
Espero que cuando esta nube de incertidumbre finalmente se disipe, la claridad y la fuerza que he encontrado en este crisol permanezcan grabadas en mi alma, fortaleciendo mi relación con Dios y profundizando mi sentido de propósito y entrega.

Gracias a Dios, nuestro hijo se ha recuperado de su grave herida y ahora trabaja diligentemente en su rehabilitación. Nuestra familia les agradece profundamente por sus continuas plegarias, no sólo por nuestro hijo, sino también por los muchos otros soldados heridos y las incontables personas en Israel cuyas almas y cuerpos necesitan sanación.

Estamos viviendo un capítulo oscuro y desafiante de la historia judía. Que Dios nos conceda fortaleza, visión y el coraje de mantenernos firmes en nuestra fe.

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Ruth Polishuk Melman
Ruth Polishuk Melman
8 meses hace

Refuat Hanefesh y Refuat haguf shlema para Noam y para todos los jayalim de Am Israel.
Un artículo, muy personal, muy humano y reflexivo. Gracias

Martin
Martin
8 meses hace

Llevar todo a la fe (como si se fuera islámico) y sostener la guerra como leimotiv de la vida es complejo porque así piensan los que atacan a Israel. No se debe normalizar la guerra y que eso es el pago por vivir en un país. Estamos en el siglo XXI pero Israel es una sociedad altamente dividida y regida por parámetros cuasi medievales en muchos casos, por lo que pelear por ella, aún siendo judío, sería anacrónico.

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