El ejercicio mental de Warren Buffet que puede cambiar tu vida

09/02/2026

3 min de lectura

Si quieres ser admirado, entonces ¿por qué no simplemente comportarte como las personas a las que admiras?

Warren Buffett, uno de los inversionistas más exitosos de la historia, suele compartir con estudiantes universitarios un ejercicio mental fascinante. Les pide que imaginen lo siguiente: pueden elegir a uno de sus compañeros de clase y quedarse con el 10% de sus ganancias futuras durante toda su vida. Pero hay una condición adicional: también deben elegir a otro compañero y vender en corto el 10% de sus ingresos futuros.

¿A quién elegirías?

La pregunta es más profunda de lo que parece a simple vista.

Buffett señala que probablemente no elegirías al compañero con el coeficiente intelectual más alto, ni al que tiene las mejores calificaciones, ni siquiera al más enérgico. Comenzarías a buscar cualidades más sutiles, cualidades de carácter. Elegirías a la persona que inspire confianza, que tenga cualidades de liderazgo, que sea generosa, honesta, que dé crédito a otros incluso por sus propias ideas.

Por otra parte, al momento de elegir a quién vender en corto, tampoco te fijarías en el que tiene el coeficiente intelectual más bajo. Comenzarías a pensar en la persona que te desagrada por otras razones: la persona egocéntrica, la codiciosa, la que es ligeramente deshonesta, la que corta esquinas morales. Todas esas cualidades que simplemente te alejan de alguien.

La revelación sorprendente

Aquí viene lo interesante, la parte que cambia el juego por completo.

Cuando analizas ambas listas, las cualidades que admiras a la izquierda y las que rechazas a la derecha, descubres algo extraordinario: ninguna de esas cualidades depende de habilidades innatas. No se trata de poder lanzar un balón de fútbol a 60 metros de distancia, ni de correr 100 metros en 9.3 segundos, ni de ser la persona más atractiva de la clase.

Son cualidades de comportamiento y carácter que cualquiera puede adquirir.

Si realmente quieres tener las cualidades que están en la lista de la izquierda, puedes tenerlas. No están prohibidas para nadie. Y si examinas las cualidades de la lista de la derecha, las que te desagradan en otros, no hay ni una sola que debas conservar. Puedes deshacerte de ellas, y es mucho más fácil hacerlo a una edad temprana que después.

Las cadenas del hábito

Buffet cita al escritor Samuel Johnson: "Las cadenas del hábito son demasiado ligeras para sentirlas hasta que son demasiado pesadas para romperlas".

Esta frase resume perfectamente por qué este ejercicio es relevante ahora y no después. Buffett observa con frecuencia personas con patrones de comportamiento autodestructivos, individuos que hacen cosas que alejan a otros de su lado constantemente. Y lo hacen sin necesidad. Pero a cierta edad, esos patrones ya están tan arraigados que es extremadamente difícil cambiarlos.

Sin embargo, a una edad joven, puedes elegir cualquier hábito, cualquier patrón de comportamiento que desees. Es simplemente una cuestión de decidir cuáles quieres tener.

El ejemplo de Benjamin Graham

Ben Graham, mentor de Warren Buffett y considerado el padre del análisis de valores, hizo precisamente esto cuando era apenas un adolescente. Observó a las personas que admiraba y se dijo: "Si quiero ser admirado, entonces ¿por qué no simplemente comportarme como las personas a las que admiro?".

Él descubrió que no había nada imposible en comportarse como esas personas que admiraba. E hizo lo mismo en sentido contrario: identificó las cualidades negativas que quería evitar y trabajó activamente para deshacerse de ellas.

La ventaja oculta

El judaísmo enseña que hay muchas cosas que no controlamos: No elegimos dónde nacemos. No elegimos nuestra familia. No elegimos nuestras habilidades innatas. Pero hay algo que sí controlamos completamente: nuestro carácter.

Nuestras decisiones morales. Nuestros valores. La persona que elegimos ser.

Y aquí está la parte más hermosa de todo esto.

Al final de este ejercicio mental, después de identificar todas las cualidades que harían que quisieras comprar el 10% de alguien, descubres algo maravilloso: ¡ya eres dueño del 100% de ti mismo! Estás atrapado contigo de todas formas, te guste o no. Así que más vale que seas esa persona que elegirías, esa persona en la que querrías invertir.

No tienes que esperar a convertirte en esa persona. No tienes que esperar a que las circunstancias cambien. Puedes comenzar hoy mismo a cultivar esas cualidades que admiras y a desechar aquellas que te alejan de la persona que quieres ser.

Escribe en una hoja las cualidades que admiras. En otra columna, escribe las que rechazas. Después, hazte la pregunta más importante: si puedes elegir quién ser, ¿por qué no elegir ser la mejor versión de ti mismo?

Al final de cuentas, esa es la única inversión sobre la cual tienes control absoluto.

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