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El elemento aire: el intelecto inquisitivo

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12/07/2022 | por Rav Shlomo Buxbaum

El desafío de mejorar, profundizar y afinar nuestras creencias.

"Una vida no examinada no es digna de ser vivida". En el siglo V AEC, Sócrates fue acusado de corromper a los jóvenes alentándolos a desafiar las normas y pensar por sí mismos. Pero la historia de un hombre sentenciado a muerte porque desafió al mundo a pensar por sí mismo va mucho más lejos.

Un milenio antes, el patriarca Abraham tuvo que huir de su patria debido a una sentencia de muerte por la misma razón. Él observó el mundo y comprendió que no tenía sentido. Él cuestionó todo y llegó a conclusiones respecto a Dios, el universo y la moralidad que eran muy diferentes de lo que aceptaban en ese entonces. En vez de quedarse callado y guardarse sus ideas, comenzó a compartirlas con quienes lo rodeaban, hasta que logró reunir un grupo de dedicados alumnos.

A lo largo de nuestra vida, constantemente debemos mejorar, profundizar y afinar nuestras creencias respcto a lo que es verdadero y lo que es falso, nuestras perspectivas respecto a lo que es bueno y lo que es malo, y lo que consideramos correcto e incorrecto.

Este proceso de aprendizaje respecto a cómo pensar independientemente se conecta con el elemento interno de aire, el nivel intelectual de nuestro mundo interior. El aire crea movimiento tal como el intelecto tiene la fuerza de crear cambios en una persona. El movimiento del aire también representa el movimiento constante de nuestros pensamientos y el desarrollo de las ideas, porque la persona necesita estar abierta a analizar sus creencias una y otra vez. El aire también representa el habla, que es la manifestación externa de nuestro intelecto, porque el proceso de búsqueda de claridad requiere formular preguntas y mantener un diálogo con otras personas de quienes podemos aprender.

Hay muchos aspectos de nuestro sistema de creencia que constantemente requieren ser actualizados. Entre otros:

  • Cómo entender a Dios y nuestra relación con lo Divino;
  • Cómo determinar nuestros valores y fijar nuestras metas;
  • Por qué causas y derechos creemos que vale la pena luchar;
  • Cómo invertimos nuestro tiempo, energía y recursos;
  • Para qué vivimos y quiénes debemos ser.

La comparación de nuestro intelecto con el aire también presenta un desafío. Así como podemos dejar de lado una falsa creencia y seguir buscando la verdad; de la misma manera somos vulnerables de dejar de lado la verdad cuando nos vemos influenciados o presionados para asumir una nueva postura. También tenemos que ser cuidadosos de no caer en la trampa del pensamiento grupal, siguiendo lo que todos los demás creen sin analizarlo debidamente.

Pero tenemos una desventaja. Para el momento en que llegamos a madurar lo suficiente y nuestro cerebro se desarrolló bastante para pensar realmente de forma independiente, ya hemos sido "indoctrinados" con creencias respecto a cómo "deben y tienen que ser" las cosas; respecto a lo que "se supone que debemos ser", y lo que "es necesario". Para poder observar el mundo con una mirada fresca, es necesario empujar a un lado todas esas creencias limitantes y atrevernos a pensar respecto a quiénes somos y cómo debe verse nuestro mundo. Este es un proceso que no ocurre de forma natural.

A continuación presento algunas de las herramientas que se pueden utilizar en la búsqueda de la superación personal en esta área:

Formula preguntas

Cuestiona todo lo que te rodea. Tienes que saber por qué vives la vida que estás viviendo. Clarifica tus creencias y tu identidad. Explora tus raíces. ¿De qué forma tus creencias se alinean con las de tus padres y abuelos? ¿Qué creencias tienes que no son nada más que ideas que has digerido antes de ser suficientemente maduro como para realmente llegar a procesarlas? Y si llegaste a tus propias perspectivas individuales, ¿eres suficientemente valiente como para actuar de acuerdo con ellas? ¿Estás dispuesto a vivir una vida de individualidad?

Retorna a la fuente de toda verdad: la Torá

Rav Moshé Jaim Luzzato en "Derej Hashem" habla del poderoso efecto que tiene el estudio de la Torá:

He aquí que el Amo del universo reunió una compilación de palabras y frases que constituyen los cinco libros de la Torá, y luego de ellos los Profetas y los Escritos. Y Él invirtió en ellas Su energía Divina de tal manera que cuando estas frases se pronuncian, esta energía baja a quien las pronuncia.

El proceso de estudio de Torá involucra la exploración de las ideas, el análisis de las situaciones y la disección del lenguaje de la Tora y de los Sabios. Es una búsqueda constante de la verdad que involucra un intercambio dinámico de diferentes opiniones y puntos de vista conflictivos. Nada se acepta como es, y nada es blanco y negro.

En la vida judía, fijar cada día tiempo para el estudio de la Torá es parte de la vida incluso para las personas más ocupadas. Muchos acostumbran a levantarse temprano para estudiar Torá, mientras que otros aprovechan el tiempo que viajan a trabajar para consumir toda clase de contenidos de Torá. Las investigaciones han demostrado que uno de los hábitos más comunes de las personas más exitosas y ricas del mundo es que fijan momentos diarios para estudiar algo nuevo. Si las personas más ocupadas pueden reconocer el gran valor de expandir la mente, por cierto vale la pena dedicar grandes porciones de nuestro día a una actividad que no sólo expande la mente sino que despierta al alma.

Conversaciones significativas

El elemento aire es la raíz tanto del intelecto como de la capacidad de comunicarnos. El habla de hecho no es nada más que el aire que fluye desde nuestro interior en forma de voz. Pero esto lleva nuestras ideas abstractas al reino del tiempo y del espacio, para que nuestras ideas puedan tener un impacto en el mundo. Por lo tanto, nuestras conversaciones son oportunidades para articular nuestros pensamientos más valiosos, escuchar a los demás y aprender nuevas ideas.

Como suelen decir: "Las grandes personas discuten sobre ideas. Las personas más pequeñas discuten sobre otras personas". "Las grandes personas" entienden que cada conversación es una oportunidad para aprender algo nuevo, para resolver un problema, para inspirarnos o crear una conexión más profunda con la persona con quien están hablando. Ellas sólo usan las conversaciones mundanas como un punto de partida para llegar a conversaciones más profundas, donde pueden hablar de cosas que son más significativas y valiosas.

Quien va por la vida cuestionando siempre, buscando en la Torá las respuestas más verdaderas, y hablando de esas ideas con otros, sin duda transformará su intelecto en una ráfaga de aire que lo llevará por el camino de la verdad y lo elevará por encima de la confusión y la falsedad del mundo a una vida de claridad y convicción.



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