La hipocresía de Lamine Yamal ondeando una bandera palestina
4 min de lectura
“Pueblo elegido”. Quizás estas dos palabras han generado más controversia y malentendidos que cualquier otro concepto del judaísmo. Cuando me encontré por primera vez con esta idea durante mi exploración inicial de la herencia judía, me ofendí. ¿Afirmar una superioridad basada simplemente en la ascendencia?
Mi error surgió de confundir elección con privilegio. En la cultura occidental estamos condicionados a pensar en términos de derechos y beneficios. El judaísmo, en cambio, entiende la elección no como un privilegio, sino como una responsabilidad sagrada, abierta a todos los que elijan abrazarla sinceramente, sin importar su origen étnico o sus ancestros.(1)
Ser el “pueblo elegido” significa que cada decisión que tomamos lleva el peso de la reputación de Dios en el mundo. Cuando rechazas una oportunidad lucrativa que implicaría trabajar en Shabat, cuando devuelves dinero que no te pertenece, cuando ayudas a un extraño a pesar de tu agenda ocupada, no solo actúas éticamente: estás revelando lo Divino en un mundo donde Dios elige permanecer oculto.
Esta profunda responsabilidad ocupa el centro de la porción de la Torá de esta semana.
“No profanarás Mi santo nombre, para que Yo sea santificado en medio de los hijos de Israel”.(2) Con estas palabras, la Torá establece Kidush Hashem (la santificación del nombre de Dios) como piedra angular de la existencia judía.
¿Por qué el Creador infinito necesitaría que los humanos santifiquen Su nombre? Nuestros Sabios enseñan que Dios limita deliberadamente Su presencia en el mundo para preservar nuestro libre albedrío. Al dar un paso atrás, crea espacio para que lo revelemos a través de nuestras decisiones, convirtiéndonos en socios en la perfección de la creación.(3)
Al principio, toda la humanidad compartía esta misión, pero tras los errores de Adam y Javá, la generación del Diluvio y la Torre de Babel, Abraham fue el primero en demostrar ser digno de representar el nombre de Dios. Su recompensa fue la promesa de que sus descendientes serían portadores de la reputación Divina a lo largo de la historia. En el Sinaí, el pueblo judío aceptó formalmente su papel como representantes de Dios en la tierra: Su equipo de relaciones públicas para todos los tiempos.(4)
¿Cómo cumplimos esta enorme responsabilidad? El Kidush Hashem opera a través de dos vías principales.
La primera es el autosacrificio. A lo largo de la historia judía, innumerables personas eligieron la muerte antes que profanar el nombre de Dios. Un ejemplo famoso es el de Valentín Potocki, un noble polaco del siglo XVIII que se convirtió al judaísmo. Cuando fue arrestado por apostasía y se le ofreció la libertad a cambio de volver al cristianismo, él se negó. Mientras era quemado en la hoguera, recitó el Shemá con su último aliento. Que un noble con todos los privilegios eligiera el martirio en lugar de renunciar a su fe reveló la luz de Dios en una época de gran oscuridad espiritual.(5)
Aunque pocos enfrentaremos pruebas tan extremas, el autosacrificio se manifiesta diariamente en decisiones más pequeñas. Por ejemplo: Un propietario religioso en Cleveland se negó a fotocopiar un formulario de Blumberg marcado “no copiar” cuando cerraba una venta con un abogado de Judíos por Jesús. Cuando el abogado se rió y dijo:“¡vale un centavo! ¡a nadie le importa!”, el judío se mantuvo firme: “Lo siento, no puedo. Está en el código de la ley judía”. El abogado de los Judíos por Jesús quedó tan impresionado que comenzó a estudiar con él cada semana, eventualmente regresó al judaísmo auténtico y ayudó a otros a hacer lo mismo. Este pequeño acto de integridad logró lo que innumerables programas de acercamiento no pudieron.
El compromiso de este propietario con la integridad (al poner la ley Divina por encima de la conveniencia) ejemplifica el primer aspecto del Kidush Hashem.
El segundo aspecto del Kidush Hashem es hacer que Dios sea amado a través de nuestra conducta.(6) Esto implica mostrar que la Torá forma personas que encarnan cualidades Divinas como la compasión, la sabiduría y el respeto por la dignidad humana. Abraham inició esta tradición al abrir su tienda a los viajeros, demostrando la preocupación de Dios por cada ser humano.
La siguiente historia ilustra cómo seguimos sus pasos hasta el día de hoy. A comienzos de la década de 1930, un periodista judío llamado Samuel Schmidt comenzó a dedicarse a informar a los gobiernos sobre la amenaza nazi y a financiar operaciones de rescate para judíos en peligro. A pesar de que Schmidt no era una persona observante de la Torá, Rav Jaim Ozer Grodzinski (la principal autoridad de Torá en la Europa previa a la guerra) lo invitó a una reunión de una hora para hablar sobre la asignación de fondos de rescate. Al final de la conversación, Rav Jaim sorprendió a Schmidt al preguntarle si podía llamarlo “Reb Shmuel” (un título honorífico).
Sorprendido, Schmidt respondió: “¡Rabino, yo ni siquiera guardo Shabat ni cumplo mitzvot, y usted es el mayor rabino de Europa!”
Rav Jaim respondió: “Reb Shmuel, ¿de verdad cree que un judío que dedica su tiempo, su dinero y su esfuerzo a salvar a otros judíos de una muerte segura no merece honor? ¿De verdad cree que no le da una inmensa alegría a Dios al salvar a Sus hijos?”
Ese reconocimiento del verdadero valor espiritual de Schmidt lo conmovió profundamente y eventualmente lo llevó a regresar a una vida judía observante.
En una era de creciente antisemitismo, nuestro papel como portadores del Nombre Divino adquiere una urgencia renovada. Cada interacción pública es una oportunidad para contrarrestar estereotipos negativos mostrando valores judíos.
No somos solo individuos; somos representaciones vivas de la Torá y de lo divino. Como decimos cada día en la plegaria Aleinu, es nuestra responsabilidad alabar al Creador y reconocer Su grandeza.
Para hacer práctico el Kidush Hashem, identifica una situación recurrente en tu vida diaria donde tus acciones como judío son visibles para otros. ¿Cómo puedes elevar ese momento para reflejar cualidades como la integridad o la compasión?
Dios no nos eligió para tener privilegios, sino para asumir esta responsabilidad sagrada: representar lo divino en un mundo que necesita Su luz. Cuando vivimos con esa conciencia, incluso nuestras decisiones más simples adquieren un significado cósmico.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.