3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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Su libro cambió mi vida por completo… y puede cambiar la tuya también.
"Hostage", el libro de Eli Sharabi, su relato de los 491 días que pasó como cautivo de Hamás en Gaza, es el libro más vendido en la historia de Israel. Aunque Eli se define como judío no religioso, sus acciones en las profundidades del infierno son como "fotos instantáneas" de la esencia del judaísmo. Imágenes mentales de verdadera nobleza, generosidad y responsabilidad, que podemos evocar cada vez que nos sentimos desanimados o agotados, y pueden aliviar la desesperanza tan propagada en nuestra era de anti-héroes.
Eli fue secuestrado de su hogar en el Kibutz Beeri el 7 de octubre. No descubriría hasta casi un año y medio después, cuando fue liberado, que su esposa y sus dos hijas fueron asesinadas ese mismo día.

Tras ser llevado a través de multitudes de civiles gazatíes que intentaban lincharlo, Eli finalmente fue encarcelado en la casa de una familia, en el piso superior de un edificio. Con las piernas encadenadas y los brazos atados con fuerza detrás de él con una cuerda que le cortaba la piel, fue sometido a humillaciones repetidas. Otro rehén estaba con él: un hombre tailandés llamado Khun, un trabajador agrícola del kibutz. A pesar de su propio trauma y dolor físico, Eli asumió una misión: ayudar a Khun. Él escribe:
"A Khun le está resultando realmente difícil. Hay momentos en que llora mucho, golpea su cabeza contra la pared, pierde el control. A diferencia de mí, no puede asimilar la situación. La barrera del idioma, la división cultural… todo es mucho más difícil para él. Intento protegerlo, en la medida de lo posible, para animarlo. Desde el principio, entendí que tengo un papel con Khun, y lo acepté: mediar en la situación para él, darle fuerza".
Este sentido de misión, de mejorar la situación, de “amar al extraño”, como dice la Torá, es fundamentalmente judío. La Torá no solo ordena actos de bondad, como dar caridad, sino que también nos insta a actuar cuando alguien sufre: “No te quedarás de brazos cruzados cuando la sangre de tu prójimo sea derramada” (Levítico 19:16).
Una instantánea: Eli Sharabi, con dolor físico y trauma psicológico, en lugar de centrarse en sí mismo, se compromete a ayudar a un desconocido.
Desde que leí Hostage, cuando estoy demasiado cansada o absorta en mí misma para ayudar a alguien más, evoco la imagen de Eli asumiendo la misión de ayudar a Khun.
Tras 50 días en el departamento, los terroristas de Hamás le dicen a Eli que será trasladado. Escoltado por un terrorista armado al que ha apodado “el Limpiador”, es llevado a una mezquita cercana. Eli se tensa. ¿Por qué una mezquita? ¿Por qué no otra casa?
En una habitación lateral de la mezquita, su captor abre una trampilla. Debajo hay un conducto que conduce a un túnel oscuro. Eli tiembla. “Me abrazo y sacudo la cabeza: No. No, no. No es un túnel… Por favor, que no sea un túnel”. Eli siente miedo, pero no impotencia.
Miro al Limpiador. "No voy a bajar".
"Es por tu propio bien," responde el Limpiador.
"No voy."
"¡Vas a bajar!"
"No voy."
El Limpiador le lanza una mirada amenazante. “Baja ahora mismo”, gruñe. Lo miro. Tengo una elección: entrar en el túnel… o morir. Siempre hay una elección. Siempre hay una elección. Siempre. Hay. Una. Elección. Puedo elegir acabar con mi vida aquí y ahora. Resistir hasta que el Limpiador me dispare y caiga sangrando en el suelo de la mezquita. Puedo elegir eso. Igual que podría haber elegido resistir en mi refugio antiaéreo hasta que me dispararan y me mataran. Algunos tomaron esa elección. Es una elección. Incluso cuando no tienes control sobre ti mismo, siempre tienes una elección. Miro al Limpiador, y elijo: voy a bajar".
"Siempre. Hay. Una. Elección". Esta es la esencia del judaísmo. Mientras los científicos sociales proclaman que todo está determinado por la herencia y el entorno, mientras los profesores enseñan la filosofía de la victimización, y mientras los darwinistas sociales afirman que los seres humanos son meros animales, inexorablemente guiados por su instinto, el judaísmo siempre ha enseñado que los seres humanos son almas divinas con libre albedrío en la esfera moral. Como ordena la Torá: “Hoy pongo ante ti la vida y el bien, la muerte y el mal… Escoge la vida” (Deuteronomio 30:15).
Eli con su esposa y sus hijas.
Una instantánea: Eli Sharabi, prisionero en manos de terroristas brutales, frente a la entrada de un conducto que conduce a un túnel oscuro en Gaza, afirmando para sí mismo que tiene una elección.
Desde que leí Hostage, cada vez que siento que las circunstancias o las personas intentan obligarme a actuar de cierta manera, evoco la imagen de Eli Sharabi en la entrada del túnel de Hamás y recuerdo que tengo una elección. “Siempre. Hay. Una. Elección.”
En el túnel, Eli, de 51 años, se une a tres rehenes más jóvenes: Elia, Or y Alón. Están hambrientos, reciben una sola comida al día: una pita y media dura. Son humillados rutinariamente. A veces deben suplicar para usar el baño. Solo se les permite lavarse con un balde de agua fría una vez cada seis semanas. En una ocasión, un terrorista de Hamás golpeó brutalmente a Eli, le rompió las costillas.
De nuevo, Eli asume una misión: brindar apoyo emocional a los rehenes más jóvenes. Él reflexiona:
"Soy padre, así que durante años he practicado el arte del autosacrificio y de vivir con personas que me necesitan… Para bien o para mal, tengo un papel aquí. Ellos necesitan que maneje esta situación. Para asumir responsabilidad no solo por mí, sino por ellos. Los demás también son parte de mi misión de supervivencia. Cada uno necesita algo diferente de mí".
Logra que cada uno le cuente “algo hermoso de su vida”, llevándolos a recuerdos preciosos de familia y viajes.

Cada mañana comienzan el día con las plegarias matutinas judías. Se ponen de pie, con los pies encadenados, y Elia, que tuvo educación religiosa, recita las oraciones de memoria. Los otros tres responden: “Amén”. En la noche de Shabat, sin vino ni jugo de uva, hacen Kidush sobre un vaso de agua. Hacen Hamotzi sobre un trozo de pita que han guardado para Shabat. Cuando termina el Shabat el sábado por la noche, aunque no tienen la vela de Havdalá, vino ni especias, recitan la Havdalá.
No sé si siento la presencia de Dios en esos momentos. Pero sí siento poder. Siento conexión. Con mi pueblo. Con nuestra tradición. Con mi identidad. Me conecta con mi familia. Con mi infancia. Con mis raíces. Me recuerda por qué debo sobrevivir, para quién sobrevivo y para qué sobrevivo.
Raíces. El fenómeno emergente de los “judíos del 8 de octubre”, judíos de la Diáspora que, tras el ataque de Hamás, descubrieron quiénes son y quiénes quieren ser. Algunos judíos posteriores al 7 de octubre dejaron que el antisemitismo creciente los distanciara de identificarse con la comunidad judía amenazada. Para otros, en cambio, su vínculo con el pueblo judío se fortaleció al buscar rituales y conexiones comunitarias judías que antes habían ignorado.
Una instantánea: Eli Sharabi, judío que se autodefine como “no religioso”, haciendo Kidush sobre agua en los túneles de Gaza porque así se conecta con su identidad judía.
Una tarde, Eli tiene espontáneamente la idea de “elevar el ánimo de todos”. Anima a sus compañeros cautivos a pensar en algo bueno que haya ocurrido ese día y a compartirlo.
Al principio, nos esforzamos por pensar en una sola cosa buena. Luego, con el tiempo, nos retamos a encontrar tres. A veces es muy difícil, a veces fácil, y hasta seguimos con cuatro o cinco… Por ejemplo, si de repente nos dejan tomar té. O si el té estaba dulce. Otra cosa buena podría ser que un guardia particularmente cruel que no nos gusta no aparezca ese día. O que el día transcurra sin humillaciones. O que recibamos de uno de nuestros captores un pequeño trozo de fruta. Poco a poco, esta rutina comienza a afectar todo nuestro día. Nos encontramos buscando las cosas buenas por las que podemos expresar gratitud en la noche".
La palabra hebrea para “judío” es iehudí, de la raíz que significa agradecer. La gratitud es un pilar del judaísmo. Como dice la plegaria de la Amidá, recitada tres veces al día: "Te agradecemos por nuestras vidas, que están entregadas a Tu poder, y por nuestras almas que confiamos a Ti; por Tus milagros que nos acompañan cada día; y por Tus maravillas y favores en cada estación, noche, mañana y tarde".
Una instantánea: Al final de un día difícil, cuando me cuesta pensar en algo por lo que agradecer a Dios, evoco la imagen de Eli Sharabi en los túneles de Gaza, agradecido por una taza de té o un trozo de fruta.
En siglos anteriores, para inspirarse la gente leía biografías de santos. Mi versión del siglo XXI de la hagiografía es un judío ordinario en el infierno de los túneles de Hamás, mostrando la potencia extraordinaria de un alma judía.
Imagen del título por Blake Ezra. Visita su sitio web: https://www.blakeezraphotography.com/
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